Vínculos afectivos

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

“Transferencia es volver a vivir el pasado reprimido,

más exactamente, el pasado rechazado”1

Ralph R. Greenson

¿De qué se tratan los vínculos afectivos? De transferencia. En un primer momento la transferencia hace referencia a esos fantasmas con los que nos vinculamos en las relaciones interpersonales, es decir, nos dirigimos al otro como en su momento nos vinculábamos con nuestros padres. Dentro de la experiencia psicoanalítica, la transferencia también se da, como en toda relación interpersonal, con la salvedad de que dentro del consultorio esa transferencia (depositar en el otro los fantasmas de la infancia) se analizan.

En la experiencia analítica el movimiento de la transferencia implicaría un des-vincularse de una relación inicial (con padre/madre) para luego hacer un vínculo con el analista; ese vínculo es similar al vínculo inicial, muchas cosas se pondrán en juego, muchos fantasmas se harán presentes, se repetirá esa manera de amar al padre/madre. El resultado final de llevar a cabo ese vínculo con el psicoanalista nos recuerda que no se puede andar por la vida haciendo vínculos afectivos de los cuales se espera la redención,  sin embargo, sabemos que es el vínculo transferencial es necesario para establecer el principio de la cura.

Al final del análisis el paciente da cuenta de que así como es posible desapegarse del vínculo inicial con el padre/madre, que posteriormente lo re-editó en el consultorio a través de la transferencia con su analista, eso le permite dar cuenta de que los vínculos subsecuentes estarán alimentados por esa ilusión otorgada por el primer vínculo. Por lo tanto, la cura analítica implica un saber vincularse con el otro ya no más a través del fantasma ¿qué quiere decir esto? Que el vínculo se establece con el otro tal cual es.

Muchas de nuestras relaciones afectivas están predeterminados por un vínculo primario e intentamos que ese vínculo se repita, por eso constantemente estamos demandando amor a personas que no lo pueden propiciar. El análisis permite eso, dar cuenta que detrás de cada vínculo se esconde un fantasma y que es preciso atravesarlo para poder acceder al otro en lo que es y no en lo que proyectamos de nosotros mismos en él.

Si de algo cura el psicoanálisis, escribió Lacan, es la cura de la ilusión, y precisamente qué mayor ilusión que la de creer que el otro proveerá la felicidad tan preciada. El psicoanálisis como ese dispositivo que permite ver al otro no como el producto de un conglomerado de introyecciones y proyecciones. El psicoanálisis abre la puerta para poder apreciar al otro tal cual, sin los restos que inconscientemente deseamos que se encarnen en él o ella.

Los vínculos afectivos tienen mucho de esto. Mucho de los pleitos, desacuerdos, desavenencias en las relaciones de pareja tiene que ver con lo que aquí se comenta, la pareja espera que la felicidad provenga del otro, como alguna vez la felicidad provino de ese vínculo que se estableció con el padre/madre. También sucede que los reclamos dentro de la relación de pareja obedecen a conflictos no resueltos con el vínculo primario establecido con el padre/madre. ¿Qué hacer? Precisamente el psicoanálisis permite ese paso necesario para elaborar la ilusión del Edipo y poder acceder a un vínculo afectivo con mayor plenitud.

1 Greenson, Ralph. Técnica y práctica del psicoanálisis. ed. Siglo XXI, tercera reimpresión, 2014, p. 182

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

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¿De qué se trata la existencia?

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“Freud mostró una arraigada adhesión a la ética judaica

como práctica milenaria de la otredad”

(Betty B. Fuks en “Freud y la judeidad, la vocación del exilio” p. 92)

 

¿Qué es la existencia? ¿Qué es vivir? ¿Qué entendemos por “existir”? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Cómo podríamos intentar responder al por qué y para qué estamos aquí en este mundo, en este lugar, en este espacio y en este preciso momento? Muchas voces se han lanzado intentando dar lugar a dicha interrogante, sobre todo los dos discursos que han acompañado a lo largo de la instauración cultural de la humanidad, a saber, la filosofía y la religión.

Dentro de las posibles posturas que encontramos frente a la vida, frente al lugar que ocupamos en el mundo, está la ética, como esa fundamentación que da lugar a nuestra responsabilidad de existir. La ética precisamente retoma el concepto de la “otredad”, es decir, se vive siendo libre pero también siendo responsable del otro, llámese familia, prójimo, hijos, esposa o esposo, madre y padre, extranjero, etc.

Si se quisiera simplificar las cosas se podría afirmar que el lugar que ocupa el ser humano en el mundo se resume a cuidar de su salud, ya sea haciendo ejercicio o alimentándose de sustancias nutritivas, procurando la salud física y también la salud del alma.

Otra de las características que se debería de tomar en cuenta para intentar dar razón de nuestro lugar en el mundo es la búsqueda de la verdad, esa verdad que los filósofos aman o que los religiosos cultivan con tanto ahínco. La búsqueda de la verdad también es un acto propio de la experiencia analítica, en donde el paciente acude al consultorio porque está cansado de mentirse a sí mismo o porque simplemente va en busca de su verdad, de su infancia, de su historia.

El encuentro con la verdad tiene que replantearse con la ética que existe para la sana convivencia en sociedad. La instauración de la ley obedece a una necesidad del ser humano de respetar el contrato social. No podemos andar por el mundo viviendo como unos salvajes, como diría Sigmund Freud, preferimos sacrificar parte de nuestra felicidad en aras de la civilización. Respetar al prójimo sería también un buen indicio de que se está dentro del juego de la existencia de acuerdo a las reglas establecidas.

Es por eso la importancia de la función paterna, ya que son los papás los encargados de la trasmisión de la cultura en los hijos. La salud de los seres humanos se juega en gran parte en ese proceso de socialización que implica la educación en el hogar. Si el hijo se ha convencido de que lo que se le invita a creer, a vivir, a anhelar, eso dará sentido a su vida, es un gran comienzo, ya después quizá el hijo crecerá y tendrá la posibilidad de re-plantear su jerarquía de valores, pero si la voz de la conciencia se ha instaurado a través del amor, tendrá mayor seguridad en optar por las bondades de la cultura como lo es el arte, la escritura, la poesía, la música, la danza, la lectura, el deporte, en fin, todo aquello que ennoblece al ser humano y hace de él un ser en potencia hacia la sublimación.

Otro de los puntos básicos que intentan responder al para qué de nuestra existencia en la tierra lo podremos encontrar quizá haciendo caso a lo que llamamos “vocación”. Saber para qué se está convocado, para qué se está llamado; encontrar una actividad en donde se pueda sentir feliz, realizado, haciendo lo que le agrada, una profesión, una labor, una actividad y encontrar satisfacción, bienestar y paz interior en la elección.

Por último y no menos importante, en lo que coincide la filosofía, la religión y el psicoanálisis es que el paso por este mundo se disfruta más amando. Amar en lo concreto, una pareja, unos hijos, una vocación, una comunidad. Amar a Dios. Amar una profesión. Amarse uno mismo.

Es pues este breve recorrido que hacemos en nuestro paso por este mundo. Procurar nuestra salud física y mental, saber a qué queremos dedicar nuestra existencia, vivir una vida observado la ética del contrato social y amar.

Saber que la vida se nos va de las manos, en un abrir y cerrar de ojos, somos finitos. No esperar a tener la muerte tan cerca para comenzar a vivir la vida que se desea. Dar cuenta de que un día habremos de morir indica la pauta para comenzar a vivir una vida con sentido.

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

El Sentido de la Vida

Autor: Carlos Moreno

"Cabaret de 1950" by Carlos Orduña Barrera

En la sociedad se hace lo que se debe y no lo querido,
las consecuencias son estados de insatisfacción.
Jorge Munguía Espitia.

El hombre, el ser humano, existe por y para el sexo, para eso fue creado, para eso evolucionó, para sentir placer, para experimentar el placer, y es de todos sabido que el máximo placer se obtiene en el acto sexual;  pero como eso no está bien visto en sociedad o en nuestra cultura en específico pues nos ocupamos en otros menesteres, como la lucha por los derechos de los animales, marchas lésbico-gays, política, escribir, leer, trabajar, activismo, etc.

La vida no tiene sentido, uno vive para sí mismo, egoístamente, pensando en su bienestar, pero la vida nos hace una jugarreta, la vida misma nos estira las orejas y nos quita lo hedonista. La vida adquiere sentido en dos dimensiones: una, cuando a un mortal le nace una criatura, allí ya se chingó, si tiene “conciencia moral” ese sujeto hedonista, egoísta, pachanguero, lisonjero y trovador se convertirá en un padre de familia respetable, trabajador, coherente, educará a sus hijos para hacer de ellos unos buenos ciudadanos, bajo la pedagogía del amor. Eso en un escenario deseable, ya que si volteamos un poco a ver la realidad, los padres de familia de desentienden de sus hijos, no los soportan, no los toleran, no los quieren ver, los mandan a guarderías hasta las seis de la tarde, “allí entreténgamelo un ratito mientras yo me voy a vivir” (o a dormir, da igual), o ya en el peor de los casos los abandonan a su suerte, no les dan amor y ya vemos las consecuencias, pequeños sicarios en potencia, pequeños traficantes de droga, pequeños perversos, pequeños psicópatas en potencia. Sin amor ¿qué esperamos de esas criaturas? Actuarán como fueron tratados.

La segunda dimensión es cuando el sujeto se enfrenta a la muerte, y no una muerte abstracta, no a una muerte del “otro” ajeno, del minero, del hijo del poeta, del hijo o del hermano del activista, del vecino… me refiero a la muerte de un ser en concreto, un familiar cercano, es allí cuando la vida misma nos vuelve a increpar, a cuestionar nuestro ser-en-el-mundo, cuando un familiar muere, muere junto con él algo de nosotros.

Mientras el sujeto no ha experimentado ser padre comprometido con la existencia de sus hijos o no ha experimentado la muerte de un familiar amado, su vida carece de total sentido, y existe un grupo que por lo regular no se ha curtido estas dos grandes dimensiones, son los jóvenes hijos del posmodernismo, que en estos momentos están en las aulas de algún bachillerato o alguna Universidad, que dedican su efímera existencia en oblación al Dios Baco, que forman parte de orgías demenciales, que fuman, toman, se emborrachan, andan de parranda en parranda, sin medir las consecuencias, viven al día, viven el hoy, aman sin ver a quién.

¿Queda claro que la vida no tiene sentido? ¿Queda claro que la vida adquiere sentido cuando el sujeto se hace responsable de la existencia del otro o cuando muere el objeto del amor? Así que jóvenes, díganle a sus mamás que vengan a leer esto, vivan su vida carente de sentido hasta las últimas consecuencias, derrochen sus energías, desvélense, gocen, disfruten, amen, forniquen, lloren, sonrían, atásquense sabedores que un día, no muy lejano, la Vida misma le mandará llamar y en ese preciso momento dejarán de vivir una vida baladí para vivir una vida en plenitud.

Escrito por Carlos Arturo Moreno De la Rosa (Monclova, Coahuila. Mx)

La decadencia de la simulación humana

La humanidad indefectiblemente está podrida, huele mal. ¿Por qué? ¿Cuál es el origen de este cáncer social en el que estamos sumergidos? ¿Cuál es la Fuente Q? ¿De dónde proviene? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué? y nos atreveríamos a mencionar la irreverente pregunta teleológica anticientífica: ¿para qué?

Comencemos con lo particular, con el núcleo familiar, principio y fundamento de toda psicopatología Universal. Sabemos que el constructo “Familia” ha ido sufriendo una metamorfosis a lo largo de la Historia, la idea ha ido permutando, por lo  tanto observemos a la familia de los últimos cien años:

¿Qué se puede esperar de un hijo que no ha vivido con su padre? Odio, Carencia, Rencor. Ese hijo crece y  se casa,  tiene hijos. ¿Cómo va a educar con esa carencia existencial a sus hijos? Con sus hijos repite el patrón, “educa” a sus hijos con esa carencia, los educa sin amor. Esos hijos crecen y tienen sus propios hijos, ¿cómo los educarán? Con la carencia que viene acumulando de su abuelo y de su padre. ¿Y esos hijos cómo educarán a sus hijos? Con las carencias afectivas acumuladas en la cadena filogenética y ontogenética. ¿Qué nos queda?

La civilización que ahora tenemos, la civilización posmoderna heredera de la cultura de las carencias afectivas de los abuelos, los padres, ellos y sus hijos.

Por eso vemos levantones, secuestros, vejaciones, humillaciones, narcotráfico, adicciones, prostitución, mala vida, muertes, asesinatos, homicidios, suicidios. Y todo por la falta de Amor que se viene instaurando, troquelando en lo más recóndito de nuestra esencia, es lo que últimamente nos está constituyendo, lo quiditativo del Hombre en este proceso de dialéctica espiral evolutiva que nos lleva lentamente y lamentablemente al nihilismo, a la auto-aniquilación, a la entropía como Humanidad, como Civilización, como entes que un día razonaban y amaban, eso quedará en los textos de historia.

La Realidad permuta. La realidad nos avasalla. Estamos metidos en esto, es imposible salir, solo la “Era del Acuario” u otra jalada de esas podrá salvarnos, mientras seguimos sobreviviendo en esta selva de asfalto, en donde querer existir está vedado, en donde el constructo de felicidad ha quedado reservado solo para unos cuantos. ¿Qué nos queda? ¿Hacer propuestas? ¿Intentar otra sociedad con otros paradigmas, con otras maneras de vivir?

La decadencia es la manera original de existir, se vive una simulación, se vive simulando que se es feliz, los niños juegan sin preocuparse por el mañana, los adolescentes corren uno detrás de otro literalmente jugando en su presente, no les da para más su percepción de la realidad. Los jóvenes compiten por ser el líder, el rey del antro, el más follador, el que más ha estado en diversas preparatorias o universidades. El adulto sigue obcecado en descuidar a su familia para relucir en medio de la sociedad. El docente hace como que trasmite el conocimiento o  hace como que trabaja  en el proceso enseñanza-aprendizaje. El político sigue empecinado en el Poder. ¿Qué nos queda?…

Narcisismo, depresión, muerte y amor

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¿Por qué se deprime el ser humano?

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) la depresión se instaurará como pandemia en el año 2020.

¿Qué cosa latente se encuentra detrás de un caso de depresión? ¿Será el ser humano un ente que tiende a la depresión?

La depresión es consustancial al ser humano, es decir, es parte de la esencia de lo humano. Existen dos factores ampliamente determinantes en la predisposición a la Depresión. Uno es el factor Histórico-Contemporáneo  de la Humanidad y el otro es el factor ontogenético (relación madre-hijo). En este artículo nos enfocaremos en el primer factor.

Iniciemos entendiendo el factor Histórico-Contemporáneo sobre la Depresión:

Hubo un tiempo en la Histórica Contemporánea de la Humanidad en que el ser humano se vanagloriaba de ser único e irrepetible, de ser el amo, rey, dueño y señor del universo y de todo cuanto existía, pasaba por las calles con un ego triunfalista, todo lo veía desde la óptica egocéntrica, narcisista, consciente de su existencia porque su vida tenía un sentido y si se portaba bien se le recompensaría con la entrada al Reino de los Cielos.

Antes de 1543 la humanidad creía en la postura “Geocéntrica” en donde la Tierra y por lo tanto nosotros sus habitantes seríamos el Centro del Universo, eso nos hacía sentir muy bien, imaginemos esa realidad, los consentidos de todo lo que existía, pero aparece en la Historia un joven clérigo de nombre Nicolás que basándose en las ideas filosóficas de Aristarco de Samos propone debatir la posición de la Tierra en el Universo, ya sabemos el desenlace, hoy vivimos bajo la premisa Heliocéntrica.

La Humanidad ya no sería la misma después de haber escuchado las posturas de Copérnico, imaginen a los seres humanos que vivieron ese Golpe al Narciso, creer toda su vida que eran el Centro de todo lo que existía para saberse como un planeta más de los tantos existentes en el Universo.

Pero el ser humano supo salir adelante, como bien dicen, lo que no te destruye te hace más fuerte y así salió de esa depresión histórica, lo que le consolaba era el soliloquio que a diario practicaba: “Bueno, no seré el centro del Universo pero si soy creado directamente por Dios”.

Y cuando en la historia de la Humanidad todo parecía ir bien, surge un investigador que después de hacer un viaja por la Isla Galápagos escribe un libro en 1859, titulado “El origen de las Especies” otro golpe al Narciso de la Humanidad, no solo ya no éramos el centro del universo, si no que ahora se cuestionaba la creación como seres únicos, casi divinos; supimos que formamos parte del reino animal, que somos primos de otras especies en la escala Filogenética, ese vendría a ser el segundo golpe al Narciso. Depresión total, años creyéndonos criaturas de un Ser Superior para que llegue Darwin y nos haga ver la realidad, somos animales racionales.

La historia avanza, la humanidad también, dos golpes al Narciso en un lapso menor a 500 años fue una experiencia trágica, pero como todo buen ser  humano practicante de la resiliencia pudimos continuar, el consuelo que nos quedaba era el siguiente: “Bueno, no seré el centro del Universo, no seré una criatura diferente a las demás, pero soy consciente de mis actos”.

Y fue precisamente el tercer golpe al Narciso el que se dio con la teoría psicoanalítica, Sigmund Freud nos hizo ver que nuestros actos, nuestra personalidad, está al servicio de deseos inconscientes, con la famosa metáfora del iceberg, en donde el hielo que se ve es la consciencia pero lo que lo sustenta, el gran pedazo de hielo en la profundidad representaría al inconsciente.

Tercer golpe al Narciso. No soy el Centro del Universo, no soy único y no soy consciente. ¿Qué me queda?

Pero allí no termina, cuando la humanidad creía que todo se había descubierto en el plano ontológico, llegan los existencialistas y nos confirman “La vida no tiene sentido” y la Segunda Guerra Mundial como fiel icono de lo que los existencialistas profesaban.

¿Qué nos queda? Es por eso que la Humanidad está sumida en una depresión colectiva, tanto golpe al narcisismo humano nos ha dejado cansados, desilusionados, abatidos, por eso ahora nos entretenemos consumiendo, emborrachándonos, tratando de evadir el compromiso existencial, distrayéndonos con nimiedades, sumergidos en un profundo dolor que se quiere mitigar con unas gotas de felicidad, aunque sea un placebo, pero algo en qué creer, en que distraer la vida misma. En ese goce que nos arrastra hacia la autodestrucción, que nos aniquila, nos fulmina, nos excluye; nos dirige en ese camino seguro hacia la nada.

Después de esto somos conscientes de nuestra finitud, sabedores de la “insoportable levedad del ser”. Por eso lo normal, lo esperado es que el ser humano esté deprimido, por eso tanta barbarie, tanto salvajismo, el reto está claro, sabedores de nuestra esencia, remar contra la corriente y vivir el aquí y el ahora, disfrutar la compañía, modificar las ideas irracionales, procurar el bienestar. Amar es lo único que nos queda ya que aún no ha nacido el sabio que venga a desmentirnos esa idea. Por lo pronto está vigente la idea del amor como acto rescatable de nuestro paso por el mundo como antídoto existencial contra la depresión.

Psicología del divorcio

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“Uno debería estar siempre enamorado,
por eso jamás deberíamos casarnos”.
Oscar Wilde 

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(El presenta artículo es de valioso interés para las personas que dentro de poco quieran casarse, o para los recién casados, o para los matrimonios que han perdido la brújula o para los solteros que no saben si casarse o no casarse).

¿Por qué se divorcian los que se divorcian? O tendríamos que sugerir más bien la siguiente pregunta: ¿por qué se sigue casando la gente?  a pesar de lo que vemos en los matrimonios tanto de famosos como de gente mortal, no aprendemos la lección, queremos experimentar de todo aunque eso nos haga daño, qué diría Albert Bandura y su hipótesis sobre el Aprendizaje Vicario (aprendizaje por imitación) y hablo del matrimonio tanto civil como religioso, algo pasa en ese contrato, todos sabemos de muchos casos en donde la pareja vivía en unión libre por muchos años y eran una pareja feliz, pero deciden casarse y ¡oh sorpresa! después de la luna de miel saben que algo no anda funcionando y piensan en la opción del divorcio. Esto nos lleva a la pregunta inicial: ¿por qué se divorcia los que se divorcian?

Una respuesta a bote-pronto la encuentro en la sabiduría humorística de Groucho Marx: “El Matrimonio es la principal causa de Divorcio”.

Existen razones de peso por las cuales una pareja decide terminar el compromiso matrimonial: el dinero, la infidelidad, la  “incompatibilidad de caracteres” o “la quiero mucho pero no puedo vivir con ella”.

Abordemos la cuestión del divorcio desde una perspectiva poco estudiada, una idea que me parece muy interesante proviene directamente de la Metafísica, esta hipótesis nos indica que “El demonio habita en una parte del techo del Hogar”, me explico: un hombre y una mujer, se conocen, inician el flirteo, el coqueteo, él se le declara, son novios; allí los vemos, la pareja ideal, acurrucados, él siendo todo para ella y ella siendo todo para él, comprenden muy bien a Einstein y Lacan sobre sus postulados a cerca del tiempo y su esencia relativa. Los amorosos callan, como dijera Jaime Sabines.

Pero… ¿qué es lo que pasa? él le propone matrimonio, ella acepta y allí es cuando surge el origen del Malestar en la Cultura, llegan a la Iglesia o al Registro Civil, cada quien dice su reparto, cumplen con el rito amatorio, se van de Luna de Miel, pero cuando regresan… llegan a casa y ¡oh desdicha! comienzan los roces, los disgustos, las desilusiones, el sujeto idealizado se ha convertido en un ser de carne y hueso, con sus defectos, con sus manías, sus vicios y demás; y se preguntan ¿pero por qué, si todo iba bien? ¿en qué fallamos? es pues aquí en donde entra la hipótesis metafísica de la que les hablo, el Diablo habita en el techo de la casa, “los problemas comenzaron cuando comenzamos a vivir bajo el mismo  techo”…

Y es que los nuevos matrimonios no se han enterado de ciertas cosas:

Los nuevos matrimonios fueron educados bajo la premisa de los psicólogos que mal-aconsejaban: “Los problemas se solucionan con comunicación” ¡oh error garrafal! De hecho la comunicación es la que ha dado al traste con gran parte de los matrimonios de nuestra época, para ejemplificar, trascribo unas líneas del célebre psicoterapeuta Paul Watzlawick, erudito en el tema de la Comunicación Humana:

«¿Ha llegado?» El marido, a pesar de no tener la menor idea de qué se trataba, contestó: «Sí.» Ella siguió inquiriendo: «¿Y dónde lo has metido?» Él respondió: «Con los otros.» Por primera vez en su vida matrimonial pudo trabajar horas enteras sin ser molestado.

Sabemos que las dificultades en la relación de pareja son por la comunicación, y aquí está la estadística que nunca falla: “el 90% de las discusiones se origina no por lo que se dice si no por el cómo se dice”. Alfred Adler decía que el ser humano pasa la mayor parte de su vida intentando convencer al otro de que él y nadie más qué él tiene la razón.

Un dato muy importante para que el matrimonio funcione es el concepto de “obediencia” y su contrario la “desobediencia”. La cosa en sí es muy clara: si un miembro de la familia sugiere hacer o no hacer algo, el miembro complementario tiene, debe o hará el intento por seguir las instrucciones, como por ejemplo: tener el celular siempre prendido, no chatear, no salirse con sus amigos o amigas, dejar la ropa sucia en la lavandería, tirar la basura, cosas tan insignificantes que si se procurara obedecer la petición del cónyuge, del ser amado, el matrimonio tendría otros derroteros, pero ¿qué es lo que vemos? pareciera que se vive una eterna competencia; no hacen equipo, andan malhumorados, casi ni se hablan. No ha quedado gran cosa de aquel amor que se profesaban, lo que antes los unía ahora se ha esfumado, y llegan al extremo de transformar el amor en odio, “durmiendo con el enemigo”, todo por no saber negociar o simplemente llamémoslo por no obedecer. Recordemos que la desgracia humana comenzó con eso, con la desobediencia de un Adán y una Eva.

Una manera de sobrevivir al matrimonio y a la familia posmoderna es verlo como lo que es: un “Deporte extremo” con todo lo que conlleva, no puedes distraerte ni un instante porque ya los hijos se están golpeando, o por un error al pronunciar un adjetivo y tu mujer cree que estás insinuando algo, o te pones guapa y ya tu marido cree que andas coqueteando con otro, es por eso que vivir en una familia posmoderna se ha convertido en un deporte extremo, no hay tregua, no hay descanso; desde las seis de la mañana hasta las once, doce o una de la madrugada del otro día; pero no hay que perder de vista la parte buena del deporte extremo: hace que te sientas vivo, lo disfrutas y al día siguiente quieres más. Así es la familia, al final del día los ves allí dormidos, todos unos angelitos, soñando en ser ellos spider-man, o ellas Blanca Nieves.