¿De qué se trata la existencia?

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“Freud mostró una arraigada adhesión a la ética judaica

como práctica milenaria de la otredad”

(Betty B. Fuks en “Freud y la judeidad, la vocación del exilio” p. 92)

 

¿Qué es la existencia? ¿Qué es vivir? ¿Qué entendemos por “existir”? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Cómo podríamos intentar responder al por qué y para qué estamos aquí en este mundo, en este lugar, en este espacio y en este preciso momento? Muchas voces se han lanzado intentando dar lugar a dicha interrogante, sobre todo los dos discursos que han acompañado a lo largo de la instauración cultural de la humanidad, a saber, la filosofía y la religión.

Dentro de las posibles posturas que encontramos frente a la vida, frente al lugar que ocupamos en el mundo, está la ética, como esa fundamentación que da lugar a nuestra responsabilidad de existir. La ética precisamente retoma el concepto de la “otredad”, es decir, se vive siendo libre pero también siendo responsable del otro, llámese familia, prójimo, hijos, esposa o esposo, madre y padre, extranjero, etc.

Si se quisiera simplificar las cosas se podría afirmar que el lugar que ocupa el ser humano en el mundo se resume a cuidar de su salud, ya sea haciendo ejercicio o alimentándose de sustancias nutritivas, procurando la salud física y también la salud del alma.

Otra de las características que se debería de tomar en cuenta para intentar dar razón de nuestro lugar en el mundo es la búsqueda de la verdad, esa verdad que los filósofos aman o que los religiosos cultivan con tanto ahínco. La búsqueda de la verdad también es un acto propio de la experiencia analítica, en donde el paciente acude al consultorio porque está cansado de mentirse a sí mismo o porque simplemente va en busca de su verdad, de su infancia, de su historia.

El encuentro con la verdad tiene que replantearse con la ética que existe para la sana convivencia en sociedad. La instauración de la ley obedece a una necesidad del ser humano de respetar el contrato social. No podemos andar por el mundo viviendo como unos salvajes, como diría Sigmund Freud, preferimos sacrificar parte de nuestra felicidad en aras de la civilización. Respetar al prójimo sería también un buen indicio de que se está dentro del juego de la existencia de acuerdo a las reglas establecidas.

Es por eso la importancia de la función paterna, ya que son los papás los encargados de la trasmisión de la cultura en los hijos. La salud de los seres humanos se juega en gran parte en ese proceso de socialización que implica la educación en el hogar. Si el hijo se ha convencido de que lo que se le invita a creer, a vivir, a anhelar, eso dará sentido a su vida, es un gran comienzo, ya después quizá el hijo crecerá y tendrá la posibilidad de re-plantear su jerarquía de valores, pero si la voz de la conciencia se ha instaurado a través del amor, tendrá mayor seguridad en optar por las bondades de la cultura como lo es el arte, la escritura, la poesía, la música, la danza, la lectura, el deporte, en fin, todo aquello que ennoblece al ser humano y hace de él un ser en potencia hacia la sublimación.

Otro de los puntos básicos que intentan responder al para qué de nuestra existencia en la tierra lo podremos encontrar quizá haciendo caso a lo que llamamos “vocación”. Saber para qué se está convocado, para qué se está llamado; encontrar una actividad en donde se pueda sentir feliz, realizado, haciendo lo que le agrada, una profesión, una labor, una actividad y encontrar satisfacción, bienestar y paz interior en la elección.

Por último y no menos importante, en lo que coincide la filosofía, la religión y el psicoanálisis es que el paso por este mundo se disfruta más amando. Amar en lo concreto, una pareja, unos hijos, una vocación, una comunidad. Amar a Dios. Amar una profesión. Amarse uno mismo.

Es pues este breve recorrido que hacemos en nuestro paso por este mundo. Procurar nuestra salud física y mental, saber a qué queremos dedicar nuestra existencia, vivir una vida observado la ética del contrato social y amar.

Saber que la vida se nos va de las manos, en un abrir y cerrar de ojos, somos finitos. No esperar a tener la muerte tan cerca para comenzar a vivir la vida que se desea. Dar cuenta de que un día habremos de morir indica la pauta para comenzar a vivir una vida con sentido.

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

El Sentido de la Vida

Autor: Carlos Moreno

"Cabaret de 1950" by Carlos Orduña Barrera

En la sociedad se hace lo que se debe y no lo querido,
las consecuencias son estados de insatisfacción.
Jorge Munguía Espitia.

El hombre, el ser humano, existe por y para el sexo, para eso fue creado, para eso evolucionó, para sentir placer, para experimentar el placer, y es de todos sabido que el máximo placer se obtiene en el acto sexual;  pero como eso no está bien visto en sociedad o en nuestra cultura en específico pues nos ocupamos en otros menesteres, como la lucha por los derechos de los animales, marchas lésbico-gays, política, escribir, leer, trabajar, activismo, etc.

La vida no tiene sentido, uno vive para sí mismo, egoístamente, pensando en su bienestar, pero la vida nos hace una jugarreta, la vida misma nos estira las orejas y nos quita lo hedonista. La vida adquiere sentido en dos dimensiones: una, cuando a un mortal le nace una criatura, allí ya se chingó, si tiene “conciencia moral” ese sujeto hedonista, egoísta, pachanguero, lisonjero y trovador se convertirá en un padre de familia respetable, trabajador, coherente, educará a sus hijos para hacer de ellos unos buenos ciudadanos, bajo la pedagogía del amor. Eso en un escenario deseable, ya que si volteamos un poco a ver la realidad, los padres de familia de desentienden de sus hijos, no los soportan, no los toleran, no los quieren ver, los mandan a guarderías hasta las seis de la tarde, “allí entreténgamelo un ratito mientras yo me voy a vivir” (o a dormir, da igual), o ya en el peor de los casos los abandonan a su suerte, no les dan amor y ya vemos las consecuencias, pequeños sicarios en potencia, pequeños traficantes de droga, pequeños perversos, pequeños psicópatas en potencia. Sin amor ¿qué esperamos de esas criaturas? Actuarán como fueron tratados.

La segunda dimensión es cuando el sujeto se enfrenta a la muerte, y no una muerte abstracta, no a una muerte del “otro” ajeno, del minero, del hijo del poeta, del hijo o del hermano del activista, del vecino… me refiero a la muerte de un ser en concreto, un familiar cercano, es allí cuando la vida misma nos vuelve a increpar, a cuestionar nuestro ser-en-el-mundo, cuando un familiar muere, muere junto con él algo de nosotros.

Mientras el sujeto no ha experimentado ser padre comprometido con la existencia de sus hijos o no ha experimentado la muerte de un familiar amado, su vida carece de total sentido, y existe un grupo que por lo regular no se ha curtido estas dos grandes dimensiones, son los jóvenes hijos del posmodernismo, que en estos momentos están en las aulas de algún bachillerato o alguna Universidad, que dedican su efímera existencia en oblación al Dios Baco, que forman parte de orgías demenciales, que fuman, toman, se emborrachan, andan de parranda en parranda, sin medir las consecuencias, viven al día, viven el hoy, aman sin ver a quién.

¿Queda claro que la vida no tiene sentido? ¿Queda claro que la vida adquiere sentido cuando el sujeto se hace responsable de la existencia del otro o cuando muere el objeto del amor? Así que jóvenes, díganle a sus mamás que vengan a leer esto, vivan su vida carente de sentido hasta las últimas consecuencias, derrochen sus energías, desvélense, gocen, disfruten, amen, forniquen, lloren, sonrían, atásquense sabedores que un día, no muy lejano, la Vida misma le mandará llamar y en ese preciso momento dejarán de vivir una vida baladí para vivir una vida en plenitud.

Escrito por Carlos Arturo Moreno De la Rosa (Monclova, Coahuila. Mx)