La separación de los amantes; hasta que la muerte nos separe

 

Toda separación implica un duelo. Hay duelos sanos y duelos patológicos. ¿Cuándo podríamos estar hablando de un duelo patológico? Cuando la persona después de la separación, ya sea un divorcio, el fallecimiento de un ser querido, la pérdida de estatus laboral, y otros acontecimientos que marcan en la vida, no ha podido superar ese trago amargo por más de dos años.

La muerte de un ser amado es uno de los motivos por los cuales se recomienda que la persona comience a elaborar un proceso de duelo. No es recomendable iniciar un proceso de duelo inmediatamente después del fallecimiento del ser amado, es sano dejar a la persona que viva el sufrimiento que conlleva la separación, algunas personas ocupan seis meses o hasta un año para llorar la pérdida, pasado ese tiempo, es aconsejable iniciar un proceso de duelo, un proceso de acompañamiento para dejar ir a la persona amada.

Una situación similar acontece cuando la pareja de enamorados llega a su fin, cuando la pareja decide separarse, pasa por etapas similares del proceso de duelo que en el presente texto serán comentadas. “La separación de los amantes” un libro emblemático del psicoanalista Igor Caruso aborda dicho laberinto, en donde hace ver que la ruptura afectiva implica precisamente transitar un proceso doloroso (duelo) por la persona amada para poder seguir viviendo a través de la resiliencia. Hay rupturas amorosas que no se superan nunca precisamente porque no se dio el tiempo necesario de elaborar el duelo, es decir, dejar ir y continuar la vida; se dice fácil pero en la práctica clínica son las situaciones por las que más acuden nuestros pacientes.

Al hablar de proceso de duelo necesariamente nos remitimos al texto escrito por el Dr. Sigmund Freud titulado “Duelo y melancolía” en donde postula que la separación será dolorosa de acuerdo al grado de libido que hayamos depositado en el otro. Otro punto de referencia para realizar el abordaje del proceso de duelo es la Dra Elisabeth Kübler Ross, que se dio a la tarea de investigar a los enfermos terminales y propuso que todo proceso de duelo ocurre a través de etapas.

Todo proceso de duelo inicia con un mecanismo de defensa denominado “negación” en donde tanto el paciente ante la muerte como el amado ante la separación, trata de negar el impacto emocional; “esto no me está sucediendo a mí”, “yo no tuve la culpa en la separación” y otros pensamientos similares rodean este primer momento. Un segundo momento llega cuando la persona experimenta enojo, ira; es cuando grita, cuando la negación cumple su parte y la persona se enfrenta ante la realidad. Todo proceso de pérdida implica un desajuste y por lo tanto una incomodidad que se ve reflejada en el enojo de esta segunda etapa. Cabe señalar que las etapas pueden ser experimentadas linealmente o también pasar de la primera a la última y de ésta a la segunda y luego a la tercera y regresar a la primera, etc. Un tercer momento del proceso de duelo está marcado por el intento de negociar, en donde la persona trata de negociar con Dios por otra oportunidad ante la inminente muerte o en el caso de la separación amorosa, la persona intenta negociar con la otra parte para ver la posibilidad de reanudar el vínculo afectivo.

El cuarto momento del proceso de duelo está signado por la depresión, es cuando el paciente se resigna a su realidad, o el amoroso cae en cuenta de que ese vínculo que sostenía ya no puede seguir. La depresión ocurre y es un proceso normal, por lo tanto no hay que alarmarse o asustarse, la dificultad es cuando el proceso de duelo llega hasta ese momento y sólo se alcanza la resignación sin dar entrada al quinto momento.

Para terminar, el quinto y último momento del proceso de duelo es la aceptación, en donde, si se elaboró un buen acompañamiento a través de un proceso psicoterapéutico, la persona sale adelante, acepta y aprende a vivir con esa pérdida. La diferencia entre resignación y aceptación es precisamente el manejo de la actitud ante la vida y el tiempo que se le dedicó a elaborar la pérdida. No es lo mismo “hacerse el fuerte” y decir “aquí no pasó nada” que asumir la pérdida/separación y comenzar a sanar. Un duelo no trabajado a tiempo trae repercusiones a la larga, en donde se creía que ya se había resuelto pero los fantasmas del pasado atosigan al sujeto hasta que logran ser escuchados.

 

Carlos Arturo Moreno De la Rosa

Lic. En Psicología por la UANL

Maestría en Psicoterapia

Diplomado en Tanatología por la Universidad Iberoamericana-Campus Monterrey

Catedrático universitario Universidad Vizcaya de las Américas – Campus Monclova

Anuncios

Amor y resiliencia

imagen tomada de derekwinnert.com

 

“Sólo el amor alumbra lo que perdura,

sólo el amor convierte en milagro el barro”

Silvio Rodríguez

 

Hay una imagen de Hulk en donde termina su rabia porque su amada lo abraza. ¿Qué sucede en una experiencia analítica? El ser humano acude a psicoanálisis porque se da cuenta de que algo en su vida no anda.

Podríamos decir que en un primer momento el paciente se da cuenta que su vida carece de sentido porque aprendió a vivir la existencia de una determinada manera que le provoca síntoma, malestar, como dijera Freud, hacemos cosas inconscientemente para arruinarnos la vida, pero uno no decide eso, es el discurso de ese Otro que nos habita. ¿Para el Psicoanálisis quién es ese Otro que nos habita? Indiscutiblemente ese Otro es el discurso introyectado de nuestros padres, las escenas de la más tierna infancia que aún perviven en nuestra memoria, las palabras escuchadas que retumban como significantes: “eres un burro” “un bueno para nada” “nunca llegarás a nada”… dicen que las palabras se las lleva el viento, en psicoanálisis no es así, las palabras se quedan impregnadas en la personalidad del sujeto, cargadas de afecto.

Es entonces ese primer momento en donde el paciente se da cuenta que ha vivido una vida prestada, que ha amado de acuerdo a cómo aprendió a amar y que su vida es el fruto de los desaguisados, del caos experimentado en su historia de vida.

El psicoanálisis trascurre y el paciente da cuenta de eso, de que su imposibilidad de amar tiene su origen precisamente en el allá y el entonces, por decirlo de alguna manera, estamos programados para amar de cierta manera, no sabemos de otra; predestinados desde la infancia.

¿Qué sucede en análisis? ¿Se puede revertir la historia? ¿Dar un giro? Si, y es precisamente cuando el paciente se da cuenta de que sus decisiones estaban siendo tomadas de acuerdo a lo predestinado en su inconsciente, que estaba viviendo una vida prestada, al servicio del deseo inconsciente de sus padres y muchas de las veces eso causa estragos ya que el ser humano no descansa hasta encontrar su propio deseo. Si esto no sucede, somos testigos de desenlaces fatales, de vidas desdichadas por no poder romper con ese discurso que lo habita.

¿Qué hacer? ¿Cuál es la propuesta del psicoanálisis? Precisamente Lacan menciona que si de algo cura el psicoanálisis es de la ilusión y vivimos en una ilusión; ¿en cuál? en la ilusión de lo imaginario, en creer que somos seres completos, en una relación simbiótica imaginaria con la madre, en donde no ha operado la castración. ¿Qué significa eso? La incapacidad de amar va de la mano del narcisismo, en donde el ser humano vive la imposibilidad de amar, de poder entregarse al otro, de saber que mucho de la felicidad consiste en poder cruzar la delgada línea de ese narcisismo, del egoísmo exacerbado.

Sigmund Freud postulaba al incesto y al parricidio como los dos deseos inconscientes que habitaban en lo más profundo de nuestra subjetividad. ¿Cómo poder entender el incesto y el parricidio en la vida cotidiana? El incesto tiene que ver con la idea que tiene el bebé de ser único para su madre y a la vez la madre tiene la fantasía de tener a su bebé solo para ella. La función del padre es la castración de esa ilusión y es cuando ocurre este segundo momento, el deseo del parricidio: “ojalá y no estuvieras para ser uno solo con mi madre”. Esa castración es necesaria para que el niño voltee a ver hacia afuera y comience a desear más allá de su madre.

Es pues el incesto y el parricidio que habitan en nuestro inconsciente y desde allí causan estragos. ¿Cómo? El incesto se manifiesta en la vida del adulto en esa incapacidad de amar porque nadie puede ocupar el lugar de su madre/padre. Elaborar ese deseo cuesta mucho tiempo, horas y horas de análisis para poder trascenderlo. Así mismo ocurre con el deseo del parricidio que nos habita; todos en potencia somos un criminal, ese deseo del parricidio es el que nos dicta la agresividad, la frustración para con el otro, desde allí se alimenta; elaborarlo implica también su tiempo, pero al final se comprende que el odio al prójimo tiene su origen en el deseo original del parricidio, poder elaborarlo nos quita la banda de los ojos y podemos ver al otro en su justa dimensión.

Tenemos pues que mucho del malestar que aqueja al ser humano es producto de situaciones inconscientes no resueltas que aún habitan en nuestra historia de vida. Comenzar a procurar entender y analizar que dicho malestar es causado por nuestra propia carencia es ya dar un gran paso hacia la vida que se desea vivir.

Durante un análisis, uno da cuenta de que la manera de relacionarse con el otro tiene mucho que ver con los fantasmas que nos atosigan, fantasmas que se construyeron en nuestros primeros vínculos amorosos. Cruzar esa línea a través del análisis de la transferencia en un proceso psicoanalítico nos hace ver que se puede amar de diferentes maneras, de maneras más sanas, que la felicidad puede estar, “a la vuelta de la esquina”. Solo el amor cura. Dejar de pagar esa deuda y hacerse responsable, en el sentido de tener la capacidad de responder al llamado de la existencia, un llamado a una vida plena.

Los estragos del inconsciente

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“En el inconsciente a nada pude ponerse fin, nada es pasado ni está olvidado” 

S. Freud

Somos el resultado de los deseos que nos habitan. Vivimos la existencia de acuerdo al deseo que habita en nuestro inconsciente. Como escribiera Sigmund Freud en su libro La interpretación de los sueños: “En el inconsciente a nada pude ponerse fin, nada es pasado ni está olvidado1, es decir, líneas más arriba, en la misma página Freud escribe: “Los deseos inconscientes permanecen siempre alertas”,2 y yo añadiría, alertas esperando manifestarse, y así lo hacen, se manifiestan a través de los sueños y del síntoma en general, claro, en este último, el deseo se topa con una contrafuerza que le obliga a utilizar una máscara, precisamente lo que conocemos como síntoma.

El deseo en psicoanálisis ha sido un referente constante para poder desentrañar la condición humana. “Sujeto deseante” pareciera ser la definición quiditativa del ser humano. ¿Por qué deseamos? Porque vivimos en la constante y eterna carencia, en la falta consustancial.

¿Qué implicaciones tiene el deseo en la vida cotidiana? Freud explica que precisamente es el deseo el motor de nuestras acciones, por ejemplo, si aceptamos el deseo que nos constituye quizá podemos encontrar algo de bienestar, sin embargo, si no se acepta el deseo que nos habita, muy probablemente surja un mecanismo que lo sofoque, un mecanismo que lo trasforme en lo contrario, con esto podemos comprender mejor los casos de homofobia, en donde el sujeto al sentir un deseo homosexual, no lo acepta y lo transforma en su contrario. Lo mismo puede ser en los seres humanos que hacen de su vida una constante lucha por algún ideal, etc. Mismo caso sucede con las madres sobreprotectoras que su proceder se pudiera explicar de la siguiente manera: al sentir el deseo de muerte hacia su hijo, lo transforman en lo contrario y se convierten en madres que sobreprotegen, ¿por qué? no vaya a salir el demonio que se lleva dentro y el cual ya dio señales de que allí está, listo para emerger.

El mismo mecanismo opera en las ideas obsesivas o delirantes, en donde el sujeto ya se percató de que le brotan pensamientos que son mal vistos por la sociedad; “opta” por reprimirlos, y en el intento de negarlos es cuando surge como resultado de la disputa un compromiso: las ideas obsesivas, que nos estarían indicando que se está tratando de ocultar lo que realmente se piensa.

Cuanto más empuje el deseo, mayor será la defensa: entre mayor sea el deseo, mayor gasto se tendrá que hacer para sofocarlo, eso provocará en el sujeto una inhibición y por lo tanto un síntoma que se vivirá como angustia. “Contra un deseo desenfrenado se eleva una poderosa moción de defensa.”3

Por lo tanto, ¿en qué consisten esos estragos del inconsciente? escribe Freud: “solamente un deseo puede impulsar a trabajar a nuestro aparato anímico4, es decir, con esto se comprende que todo síntoma, toda decisión, la vida misma está sustentada en el deseo que nos habita y que desde allí dirige nuestro proceder. Vivimos la vida que deseamos, no hay de otra, y si esa existencia que se vive es tormentosa, hasta allá habrá que ver por qué se desea vivir así.

¿Qué nos queda? Quizá tratar de comprender el deseo que habita a cada uno y ver la manera de darle cumplimiento, y si no se puede tal cual, encontrar la manera de sublimar; “un rodeo para el cumplimiento de deseo.5

¿Y qué es ese deseo que nos habita? “Es el intento de restablecer la situación de la satisfacción primera. Una moción de esa índole es lo que llamamos deseo6

Nadie escapa al deseo que le habita.

1 Freud, S. La interpretación de los sueños, 1900, AE, V, p. 569

2 ídem, p. 569

3 ídem, p. 561

4 ídem, p. 559

5 ídem, p. 558

6 ídem, p. 557

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

La función paterna

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

¿Qué es lo que sucede cuando un padre o madre de familia decide trasgredir la norma y sus hijos son testigos de dicho acto? Analicemos la fenomenología del acto de trasgresión por parte de los padres partiendo del caso de una familia tradicional, es decir, una familia constituida por un padre, una madre y los hijos; estoy consciente de que existen otros tipos de familias pero para ejemplificar lo que ahora expongo me permito delimitar el universo a una familia tradicional.

Supongamos como ejemplo de trasgresión el acto en donde uno de los cónyuges decide romper el pacto de fidelidad en la monogamia, o dedicarse al hurto, ser un político perverso, o más aún, trasgredir las normas establecidas por la Ley.

 Detengámonos un momento en ese ejemplo real, de la vida cotidiana, de la consulta cotidiana, cuando el hijo se da cuenta de que en su casa el encargado de imponer las reglas, las normas, la moral, la conciencia y en cierta manera la ética, se encarga a su vez de transgredirlas. El padre de familia que actúa con semejante actitud, es decir, no es coherente con su decir y su hacer causará en el hijo una ruptura en su jerarquía de reglas y normas de urbanidad, en su compromiso con su pareja y en su diario vivir.

Sabemos que el padre de familia tradicional es el que en los últimos años se ha encargado de “criar” al hijo bajo reglas, normas, leyes etc. y omito voluntariamente a la madre porque si de entrada digo que es la madre la que se encarga de las reglas es que hay ausencia de la función del padre, pero para este caso supongamos que sí hay tal, (recordemos que el caso que aquí se comenta se instaura en una “familia tradicional”).

Enfoquémonos en un acontecimiento por el cual la pareja acude a psicoterapia. Por lo regular solicitan la consulta para intentar reanudar el matrimonio, sin embargo, hay una cuestión de peso que se ha dejado de soslayo: ¿qué se puede esperar de un hijo que se da cuenta de que su padre o su madre ha decidido romper el vínculo pactado? El hijo va a crecer con una consciencia laxa; en su diálogo interno siempre habrá lugar para: “si mi padre lo hizo y era el que me decía que no lo hiciera, qué más da que yo también lo haga”. Se instaura un Superyó débil. El hijo que vio que su padre trasgredió las normas sociales en turno va a tener más permisividad en sus conductas que aquél hijo que vive bajo el yugo de un padre (instauración del Superyó) que fue coherente hasta el último minuto de su existencia, en donde la operación de la “castración simbólica” se instauró a la letra.

¿Qué repercusiones puede haber cuando un hijo da cuenta de que el padre trasgrede la ley? Quizá podríamos ser testigos de una sociedad en donde la ley ya no se respeta, en donde los pactos contraídos no implican gran cosa, vemos en la sociedad cada vez más jóvenes y adolescentes que trasgreden la norma quizá porque viven con el ejemplo en su propia casa. Se les hace fácil acceder a la trasgresión como el paso lógico dentro de un camino ilógico; si él lo hizo yo también lo haré. Hay escuela en el hogar.

Ser padre o madre implica dejar un legado cultural a los hijos. Quizá el malestar en la cultura lo tendríamos que buscar precisamente en la dinámica que sucede dentro de las familias, esas reglas no establecidas o cuando sí se ha establecido el primero en violentarlas son los mismos padres de familia. La función del padre implica un compromiso. No hay que perder de vista que el matrimonio es un acto que conlleva la pérdida de individualidad para ganar en un “nosotros”. O como bien dijera Lacan en El Seminario IV: “Todo matrimonio lleva con él la castración”.

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

Todos tenemos una historia de vida que contar

Todos tenemos una historia de vida que contar. Que lance la primera piedra quien esté libre de un trauma de la infancia. Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis puso el dedo en la llaga, puso sobre la mesa de discusión el por qué del sufrimiento del ser humano.

¿Por qué sufre el ser humano? El origen del malestar lo podremos rastrear en la más tierna infancia, en ese periodo de la vida cuando somos indefensos ante los embates de la realidad y requerimos el apoyo de nuestros padres. El ya conocido aforismo: “Infancia es destino”.

¿Se puede revertir nuestro destino? Entendiendo destino como eso que se construye desde la más tierna infancia a través de los vínculos amorosos con papá y mamá o con quien haya estado cumpliendo esa función.

Cada uno de nosotros tenemos una historia de vida que contar, un acontecimiento (o muchos) que han sido parte fundamental a lo largo de nuestra existencia; eventos desagradables, acontecimientos, traumas, complejos, experiencias frustrantes pero también experiencias agradables y fructíferas. Todo eso se ha quedado guardado en alguna parte de nosotros y desde allí lo retomamos y con eso interactuamos. No tanto el acontecimiento sino la percepción que tenemos de lo que nos sucedió. A eso Sigmund Freud le denominó inconsciente o Lacan también le llamó “historia de vida” que forma parte de lo que somos.

Ahora bien, lo que quiero poner a consideración del lector es lo siguiente: ¿qué pasa cuando esa “historia de vida” nuestro inconsciente lo traduce como “historia debida”? muchas de las veces nos damos cuenta que nuestra vida se la debemos a alguien, inconscientemente estamos en deuda con alguien, nuestra vida se la debemos a alguien y es por eso que no se vive la vida que se desea, se vive la vida con ataduras, se vive la vida de acuerdo a los patrones establecidos por nuestro pasado y no somos capaces de comenzar nuestra propia existencia porque el mandato sigue en el inconsciente, es cuando esa “historia de vida” se ha convertido en “historia debida”, se la debemos a alguien más, ya sea a nuestros padres, a nuestro pasado, a un trauma y la estamos pagando, ¿cómo? pagando lentamente, poco a poco con inseguridades, con lamentos, quejas, y muchas de las veces ese pago lo hacemos con “intereses” es decir, cuando contraemos una deuda, cuando debemos un pago, existen los “intereses” el pago sobre el pago; acá la interpretación iría encaminada de una manera similar; es cuando no contentos con vivir una “historia debida”, le añadimos esos “pagos de intereses”. Hay una doble connotación en esa palabra, se paga con “intereses” pero también significa que hay algo de “interés” en juego en eso de lo que tanto nos quejamos.

Es cierto que se “sufre porque se quiere” es decir, el que sufre muy probablemente está allí porque está obteniendo una ganancia secundaria, algún beneficio inconsciente está obteniendo al no moverse de ese lugar, al no terminar con esa relación poco sana, al no dejar ese vicio que lo arrastra hacia la autodestrucción, algo lo sigue manteniendo en ese lugar de trabajo en donde encuentra poca o nula insatisfacción.

Todo eso forma parte de nuestra “historia de vida” que se ha convertido para nuestra desdicha en “historia debida”. Se “sufre porque se quiere” entendido como esa manera de no moverse del lugar, pero también se entiende ese “se sufre porque se quiere” es decir, se sufre porque se ama. ¿Qué se ama? Se ama el vínculo que nos tiene atados al pasado.

Una vida que se debe y además se paga con intereses a alguien más. ¿A quién? De eso se trata el psicoanálisis, de comenzar a indagar en lo más recóndito de nuestro inconsciente y tratar de hacer consciente esos fenómenos de nuestra historia de vida.

¿Se puede revertir el malestar? Ya a cada uno le toca responder esa pregunta. El diván es un buen lugar para comenzar esas cuestiones que lo tienen a uno en la depresión, en la queja constante, viviendo una existencia “debida”. ¿Y por qué es necesario contar esa historia de vida? Porque es a través de la palabra en donde el ser humano puede simbolizar lo que angustia, eso que atormenta y que no tiene nombre, sólo a través de la palabra puede ir encontrando un cauce, en donde puede fluir libremente la pulsión de vida.

El proceso de convertirse en persona

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

.

imagen de la película "Noviembre"

imagen de la película “Noviembre”

.

Hay un video en YouTube muy divertido titulado “el ventrílocuo humano”, un comediante haciendo la rutina de invitar a dos personas del público a que lo acompañen y lleven a cabo el performance en donde el comediante hace la voz de las personas que simplemente mueven la boca.

El “chiste” de esa escena consiste en que las personas solamente tienen que abrir la boca cuando el comediante les apriete la mano, ellos obedientemente abren la boca y el comediante se encarga de hablar con una voz que incita a la risa. En sí la actividad provoca un momento agradable, pero ¿qué hay detrás del chiste? Como bien dijera Freud: “el chiste y su relación con el inconsciente”.

La vida se parece mucho al performance acá descrito. Las personas que hacen de muñeco tienen una semejanza con el sujeto que presenta un padecimiento del alma, alguna depresión, una tristeza agobiante, un sufrimiento moral, una compulsión a la repetición, síntomas obsesivos, fobias, trastornos psicosomáticos, narcisismo o cualquier otro malestar que no le permite al sujeto vivir la existencia deseada.

Sucede lo mismo en la vida real. Cuántas veces no nos topamos con que nuestros deseos en realidad son deseos de algún Otro, que simplemente movemos la boca y de nuestro ser surgen palabras, acciones, comportamientos que no van acorde a nuestro deseo. La vida del ser humano se ve reflejada en esa escena del comediante en la medida en que las personas simplemente viven la vida al servicio de algún Otro que al mínimo señalamiento (apretón de manos, mirada, introyección de reglas, normas, filosofía de vida ajena) intentan responder a la solicitud del Otro (del Amo).

Parecería pues que el ser humano vive una vida prestada, su historia de vida es una “historia debida”, una vida prestada que se debe, una existencia como una marioneta, como un títere de algún Otro, llámese sociedad, llámese figuras materna y paterna introyectadas que en su momento le permitieron desarrollarse pero llega un momento en que ya no se puede seguir viviendo bajo el señalamiento o el apretón de manos como en el performance del video.

El proceso de convertirse en persona implica precisamente hacer consciencia de esa realidad, saberse un sujeto carente al servicio de algún fantasma, pero eso ya no puede seguir así, no se puede vivir la vida bajo el designio del titiritero.

El proceso de psicoterapia (específicamente la psicoterapia analítica y aún más el psicoanálisis) permite precisamente al ser humano hacer consciencia de ese juego, permite hacer consciencia de que el síntoma que presenta (miedos, tristeza, ansiedad, depresión) están al servicio de un malestar original, al servicio de “algo” de lo que no sabemos porque precisamente pertenece al orden de lo inconsciente.

La propuesta de la psicoterapia psicoanalítica es atravesar ese fantasma, tomar nuestra propia voz (ya no más la voz del titiritero) pero ese proceso de separación es doloroso; imaginemos el desprendimiento de ese vínculo (representado por el apretón de manos entre el comediante y los personajes), diluir ese vínculo no es cosa fácil, implica romper con ciertos prejuicios, con pensamientos que se han anidado por años y años en nuestra vida; separarse de la mano del titiritero implica un nuevo nacimiento, un desprenderse para comenzar una nueva vida guiada por el deseo genuino, buscar nuestros propios sueños, anhelos, aspiraciones y no seguir siendo el muñeco del ventrílocuo.

Es cierto que nuestra infancia nos marca; “infancia es destino” pero no todo está determinado, es necesario escucharse, analizarse, dejar de engañarse, saber qué representa cada cosa en la vida, qué cosas seguimos repitiendo de nuestra infancia en la vida adulta, repetimos para no recordar eso que duele.

La propuesta del psicoanálisis es que el ser humano pueda hacer algo con eso de lo que se queja, primero saber hasta dónde está implicado en ese malestar, qué tanta responsabilidad hay en eso que lo llevó al consultorio para que después pueda re-elaborar, es decir, re-significar eso que lo ha moldeado desde la infancia, esas carencias, frustraciones, satisfacciones y traumas que han quedado allí guardadas en el inconsciente y que tienden a salir a la consciencia pero salen de una forma disfrazada a través de los sueños, el chiste, el olvido, el lapsus, el acto fallido. El inconsciente constantemente se quiere manifestar, habrá que darle la palabra, algo bueno tiene que decir; quizá ese será el inicio de una vida con sentido, una existencia propia, ya sin la necesidad de seguir atado a la mano del Titiritero, del Otro, del Discurso del Amo, del “qué dirán”, del síntoma, de la queja. Hacerse responsable de la propia existencia y el primer paso es reconocer nuestra propia voz y no tomar prestada la voz de alguien más. Seguir nuestro propio deseo y no el deseo del ventrílocuo.

Es cierto que la psicoterapia implica tiempo, esfuerzo, dedicación, compromiso, responsabilidad; es cuestión de poner en una balanza la vida misma, seguir padeciendo ese malestar u optar por empezar a hacer algo con eso que nos paraliza y que no nos atrevemos a decir porque es muy penoso, vergonzoso, o creemos que no tiene nada que ver  con nuestro malestar. En el consultorio se dará cuenta de que eso que se creía tan insignificante estaba guiando nuestra existencia. Deshacerse de los fantasmas que no nos pertenecen, aceptar lo que no podremos cambiar y decidir comenzar a construir la vida que hay en lo más profundo de nuestro deseo; un deseo que se descubre a través de la propia palabra, de nuestra propia palabra; de tu propia palabra.

*Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo y Psicoterapeuta
Monclova, Coah. Mx
psicologocarlosmoreno@gmail.com

Experiencias cumbre

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

.

imagen de artistasdelatierra.com

imagen de artistasdelatierra.com

.

El ser humano atraviesa la vida experimentando situaciones cotidianas, del trabajo al hogar, horas incontables de estudio, diversión, comer, dormir, ritos sociales y un cúmulo de actividades más que hacen de la vida algo llevadero, algo soportable.

La vida del ser humano adquiere sentido cuando se topa con lo que los psicoterapeutas humanistas han denominado “experiencias cumbre” es decir, acontecimientos en la vida fuera de lo ordinario que a la postre dan un giro a la existencia del humano. Como experiencias cumbre por antonomasia están las que se rigen por el acontecimiento de la vida y el suceso de la muerte. Cuando nace un hijo o cuando muere un ser amado. Esas dos experiencias definen la existencia del sujeto.

Vida y muerte; Eros y Tánatos siempre presentes en la existencia del ser humano. Manifestaciones de vida como el amor, la amistad, el compañerismo, el compromiso, la familia, la construcción de una vida con sentido. Manifestaciones de muerte como la destrucción, el odio, la muerte misma, el suicidio, el homicidio, la violación, el secuestro, el robo, el acoso, la amenaza.

Ante un acontecimiento emanado de la representación simbólica del Eros (vida-amor) no hay mucho que re-plantearse, pero ¿qué hacer cuando se sufre la manifestación de la pulsión de muerte, ya sea la propia o ya sea la del “Otro”? La propuesta de la psicoterapia es muy clara: re-significar la existencia a partir de dicho acontecimiento, no sabemos si eso que sucedió es bueno o malo sino a partir de las consecuencias y la capacidad de re-significar la vida, a través de la resiliencia.

Un paciente sufre un robo en el cual comenta que su vida corrió peligro, en donde los ladrones pudieron golpearlo, secuestrarlo. Víctima del terror el paciente en cuestión agradece haber salido con vida de esa experiencia; re-significa su existencia a raíz de lo allí vivido, pone en una balanza su proceder y comienza a vivir una existencia nueva sabiendo la fragilidad de su paso por este mundo o citando a Milan Kundera: “La insoportable levedad del ser”.

El paciente en cuestión ha abandonado el síntoma que lo mantenía maniatado, ha re-valorado su existencia, piensa la vida desde otra perspectiva, claro que siente odio hacia sus agresores pero también se siente agradecido con la vida (o con Dios, que lo protegió con su “manto sagrado” en propias palabras del paciente) y pudo salir adelante después de ese trago amargo que le suscitó dicha experiencia. Tomó el teléfono público para avisar a sus seres queridos que todo estaba bien. Cuando tomó el teléfono público señala que fue como si hubiese cerrado una etapa de su vida, algo que había quedado abierto precisamente con una llamada de teléfono hace más de quince años.

La vida, Dios, el destino, la oración de la madre, la enseñanza del padre, todo se conjuga para que el ser humano pueda acceder a una vida con sentido. Es a partir de una “experiencia cumbre” que en su momento no sabemos si es “buena” o “mala” como la anécdota del padre de familia que tenía un hijo que fue atravesando diversas situaciones de la vida a las cuales el padre solo respondía: “esto es bueno, esto es malo, quién sabe”.

Re-significar la existencia a raíz de un acontecimiento que cimbra la consciencia, re-plantearse el lugar que se tiene en el mundo, saber valorar la vida y comenzar a vivir una vida con sentido. No quedarse en el discurso de “¿por qué me pasó esto a mí?” sino a partir de eso re-plantear las prioridades, saber qué es eso que constantemente se está repitiendo y que no deja avanzar, ese síntoma que entorpece y no deja vivir una existencia plena.

Me quedo pensando en eso que comenta el paciente: en esa experiencia en la que estuvo su vida en peligro. Quizá Dios estira las orejas de manera drástica a sus hijos que requieren de medidas extremas para tomar consciencia de su vida (“tocar fondo” dirán algunos). Dios, el destino, la vida misma, la consecuencia de sus actos, serendipia, cualquier cosa, lo importante es lo que se va a hacer a partir de eso, la vida que desea vivir siendo un hombre nuevo. En esta ocasión fueron unos ladrones, para otras personas el llamado a la vida puede ser a través de acontecimientos trágicos como una violación, un secuestro, la muerte de un ser querido. Vivir el duelo correspondiente y acompañado de un proceso de psicoterapia poder salir adelante; re-significar el acontecimiento y no quedarse en la posición de víctima, preguntarse qué es lo que se está haciendo mal y comenzar a re-plantearse su lugar, su ser-en-el-mundo. El replanteamiento de la existencia puede ser a través de dichos acontecimientos (que cualquiera quisiera estar exento de eso) pero también la vida llama con susurros al oído; a través del acompañamiento amoroso de la pareja, del cuidado amoroso de los padres, de la amistad brindada, un encuentro con Dios (de acuerdo a la creencia del sujeto) o también se puede re-significar la existencia precisamente a través de un proceso de psicoterapia, un proceso de análisis en donde el ser humano va y se escucha y logra saber eso que tanto le viene perjudicando la existencia sin necesidad de exponer su vida. Más vale un buen análisis a tiempo que lamentarse por las consecuencias de ese síntoma que no se quiso escuchar.

.

*Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo y Psicoterapeuta. Miembro de APPCAC y SMP. 
Consulta privada en Monclova, Coah. Mx