La separación de los amantes; hasta que la muerte nos separe

 

Toda separación implica un duelo. Hay duelos sanos y duelos patológicos. ¿Cuándo podríamos estar hablando de un duelo patológico? Cuando la persona después de la separación, ya sea un divorcio, el fallecimiento de un ser querido, la pérdida de estatus laboral, y otros acontecimientos que marcan en la vida, no ha podido superar ese trago amargo por más de dos años.

La muerte de un ser amado es uno de los motivos por los cuales se recomienda que la persona comience a elaborar un proceso de duelo. No es recomendable iniciar un proceso de duelo inmediatamente después del fallecimiento del ser amado, es sano dejar a la persona que viva el sufrimiento que conlleva la separación, algunas personas ocupan seis meses o hasta un año para llorar la pérdida, pasado ese tiempo, es aconsejable iniciar un proceso de duelo, un proceso de acompañamiento para dejar ir a la persona amada.

Una situación similar acontece cuando la pareja de enamorados llega a su fin, cuando la pareja decide separarse, pasa por etapas similares del proceso de duelo que en el presente texto serán comentadas. “La separación de los amantes” un libro emblemático del psicoanalista Igor Caruso aborda dicho laberinto, en donde hace ver que la ruptura afectiva implica precisamente transitar un proceso doloroso (duelo) por la persona amada para poder seguir viviendo a través de la resiliencia. Hay rupturas amorosas que no se superan nunca precisamente porque no se dio el tiempo necesario de elaborar el duelo, es decir, dejar ir y continuar la vida; se dice fácil pero en la práctica clínica son las situaciones por las que más acuden nuestros pacientes.

Al hablar de proceso de duelo necesariamente nos remitimos al texto escrito por el Dr. Sigmund Freud titulado “Duelo y melancolía” en donde postula que la separación será dolorosa de acuerdo al grado de libido que hayamos depositado en el otro. Otro punto de referencia para realizar el abordaje del proceso de duelo es la Dra Elisabeth Kübler Ross, que se dio a la tarea de investigar a los enfermos terminales y propuso que todo proceso de duelo ocurre a través de etapas.

Todo proceso de duelo inicia con un mecanismo de defensa denominado “negación” en donde tanto el paciente ante la muerte como el amado ante la separación, trata de negar el impacto emocional; “esto no me está sucediendo a mí”, “yo no tuve la culpa en la separación” y otros pensamientos similares rodean este primer momento. Un segundo momento llega cuando la persona experimenta enojo, ira; es cuando grita, cuando la negación cumple su parte y la persona se enfrenta ante la realidad. Todo proceso de pérdida implica un desajuste y por lo tanto una incomodidad que se ve reflejada en el enojo de esta segunda etapa. Cabe señalar que las etapas pueden ser experimentadas linealmente o también pasar de la primera a la última y de ésta a la segunda y luego a la tercera y regresar a la primera, etc. Un tercer momento del proceso de duelo está marcado por el intento de negociar, en donde la persona trata de negociar con Dios por otra oportunidad ante la inminente muerte o en el caso de la separación amorosa, la persona intenta negociar con la otra parte para ver la posibilidad de reanudar el vínculo afectivo.

El cuarto momento del proceso de duelo está signado por la depresión, es cuando el paciente se resigna a su realidad, o el amoroso cae en cuenta de que ese vínculo que sostenía ya no puede seguir. La depresión ocurre y es un proceso normal, por lo tanto no hay que alarmarse o asustarse, la dificultad es cuando el proceso de duelo llega hasta ese momento y sólo se alcanza la resignación sin dar entrada al quinto momento.

Para terminar, el quinto y último momento del proceso de duelo es la aceptación, en donde, si se elaboró un buen acompañamiento a través de un proceso psicoterapéutico, la persona sale adelante, acepta y aprende a vivir con esa pérdida. La diferencia entre resignación y aceptación es precisamente el manejo de la actitud ante la vida y el tiempo que se le dedicó a elaborar la pérdida. No es lo mismo “hacerse el fuerte” y decir “aquí no pasó nada” que asumir la pérdida/separación y comenzar a sanar. Un duelo no trabajado a tiempo trae repercusiones a la larga, en donde se creía que ya se había resuelto pero los fantasmas del pasado atosigan al sujeto hasta que logran ser escuchados.

 

Carlos Arturo Moreno De la Rosa

Lic. En Psicología por la UANL

Maestría en Psicoterapia

Diplomado en Tanatología por la Universidad Iberoamericana-Campus Monterrey

Catedrático universitario Universidad Vizcaya de las Américas – Campus Monclova

Amor y resiliencia

imagen tomada de derekwinnert.com

 

“Sólo el amor alumbra lo que perdura,

sólo el amor convierte en milagro el barro”

Silvio Rodríguez

 

Hay una imagen de Hulk en donde termina su rabia porque su amada lo abraza. ¿Qué sucede en una experiencia analítica? El ser humano acude a psicoanálisis porque se da cuenta de que algo en su vida no anda.

Podríamos decir que en un primer momento el paciente se da cuenta que su vida carece de sentido porque aprendió a vivir la existencia de una determinada manera que le provoca síntoma, malestar, como dijera Freud, hacemos cosas inconscientemente para arruinarnos la vida, pero uno no decide eso, es el discurso de ese Otro que nos habita. ¿Para el Psicoanálisis quién es ese Otro que nos habita? Indiscutiblemente ese Otro es el discurso introyectado de nuestros padres, las escenas de la más tierna infancia que aún perviven en nuestra memoria, las palabras escuchadas que retumban como significantes: “eres un burro” “un bueno para nada” “nunca llegarás a nada”… dicen que las palabras se las lleva el viento, en psicoanálisis no es así, las palabras se quedan impregnadas en la personalidad del sujeto, cargadas de afecto.

Es entonces ese primer momento en donde el paciente se da cuenta que ha vivido una vida prestada, que ha amado de acuerdo a cómo aprendió a amar y que su vida es el fruto de los desaguisados, del caos experimentado en su historia de vida.

El psicoanálisis trascurre y el paciente da cuenta de eso, de que su imposibilidad de amar tiene su origen precisamente en el allá y el entonces, por decirlo de alguna manera, estamos programados para amar de cierta manera, no sabemos de otra; predestinados desde la infancia.

¿Qué sucede en análisis? ¿Se puede revertir la historia? ¿Dar un giro? Si, y es precisamente cuando el paciente se da cuenta de que sus decisiones estaban siendo tomadas de acuerdo a lo predestinado en su inconsciente, que estaba viviendo una vida prestada, al servicio del deseo inconsciente de sus padres y muchas de las veces eso causa estragos ya que el ser humano no descansa hasta encontrar su propio deseo. Si esto no sucede, somos testigos de desenlaces fatales, de vidas desdichadas por no poder romper con ese discurso que lo habita.

¿Qué hacer? ¿Cuál es la propuesta del psicoanálisis? Precisamente Lacan menciona que si de algo cura el psicoanálisis es de la ilusión y vivimos en una ilusión; ¿en cuál? en la ilusión de lo imaginario, en creer que somos seres completos, en una relación simbiótica imaginaria con la madre, en donde no ha operado la castración. ¿Qué significa eso? La incapacidad de amar va de la mano del narcisismo, en donde el ser humano vive la imposibilidad de amar, de poder entregarse al otro, de saber que mucho de la felicidad consiste en poder cruzar la delgada línea de ese narcisismo, del egoísmo exacerbado.

Sigmund Freud postulaba al incesto y al parricidio como los dos deseos inconscientes que habitaban en lo más profundo de nuestra subjetividad. ¿Cómo poder entender el incesto y el parricidio en la vida cotidiana? El incesto tiene que ver con la idea que tiene el bebé de ser único para su madre y a la vez la madre tiene la fantasía de tener a su bebé solo para ella. La función del padre es la castración de esa ilusión y es cuando ocurre este segundo momento, el deseo del parricidio: “ojalá y no estuvieras para ser uno solo con mi madre”. Esa castración es necesaria para que el niño voltee a ver hacia afuera y comience a desear más allá de su madre.

Es pues el incesto y el parricidio que habitan en nuestro inconsciente y desde allí causan estragos. ¿Cómo? El incesto se manifiesta en la vida del adulto en esa incapacidad de amar porque nadie puede ocupar el lugar de su madre/padre. Elaborar ese deseo cuesta mucho tiempo, horas y horas de análisis para poder trascenderlo. Así mismo ocurre con el deseo del parricidio que nos habita; todos en potencia somos un criminal, ese deseo del parricidio es el que nos dicta la agresividad, la frustración para con el otro, desde allí se alimenta; elaborarlo implica también su tiempo, pero al final se comprende que el odio al prójimo tiene su origen en el deseo original del parricidio, poder elaborarlo nos quita la banda de los ojos y podemos ver al otro en su justa dimensión.

Tenemos pues que mucho del malestar que aqueja al ser humano es producto de situaciones inconscientes no resueltas que aún habitan en nuestra historia de vida. Comenzar a procurar entender y analizar que dicho malestar es causado por nuestra propia carencia es ya dar un gran paso hacia la vida que se desea vivir.

Durante un análisis, uno da cuenta de que la manera de relacionarse con el otro tiene mucho que ver con los fantasmas que nos atosigan, fantasmas que se construyeron en nuestros primeros vínculos amorosos. Cruzar esa línea a través del análisis de la transferencia en un proceso psicoanalítico nos hace ver que se puede amar de diferentes maneras, de maneras más sanas, que la felicidad puede estar, “a la vuelta de la esquina”. Solo el amor cura. Dejar de pagar esa deuda y hacerse responsable, en el sentido de tener la capacidad de responder al llamado de la existencia, un llamado a una vida plena.

Los estragos del inconsciente

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“En el inconsciente a nada pude ponerse fin, nada es pasado ni está olvidado” 

S. Freud

Somos el resultado de los deseos que nos habitan. Vivimos la existencia de acuerdo al deseo que habita en nuestro inconsciente. Como escribiera Sigmund Freud en su libro La interpretación de los sueños: “En el inconsciente a nada pude ponerse fin, nada es pasado ni está olvidado1, es decir, líneas más arriba, en la misma página Freud escribe: “Los deseos inconscientes permanecen siempre alertas”,2 y yo añadiría, alertas esperando manifestarse, y así lo hacen, se manifiestan a través de los sueños y del síntoma en general, claro, en este último, el deseo se topa con una contrafuerza que le obliga a utilizar una máscara, precisamente lo que conocemos como síntoma.

El deseo en psicoanálisis ha sido un referente constante para poder desentrañar la condición humana. “Sujeto deseante” pareciera ser la definición quiditativa del ser humano. ¿Por qué deseamos? Porque vivimos en la constante y eterna carencia, en la falta consustancial.

¿Qué implicaciones tiene el deseo en la vida cotidiana? Freud explica que precisamente es el deseo el motor de nuestras acciones, por ejemplo, si aceptamos el deseo que nos constituye quizá podemos encontrar algo de bienestar, sin embargo, si no se acepta el deseo que nos habita, muy probablemente surja un mecanismo que lo sofoque, un mecanismo que lo trasforme en lo contrario, con esto podemos comprender mejor los casos de homofobia, en donde el sujeto al sentir un deseo homosexual, no lo acepta y lo transforma en su contrario. Lo mismo puede ser en los seres humanos que hacen de su vida una constante lucha por algún ideal, etc. Mismo caso sucede con las madres sobreprotectoras que su proceder se pudiera explicar de la siguiente manera: al sentir el deseo de muerte hacia su hijo, lo transforman en lo contrario y se convierten en madres que sobreprotegen, ¿por qué? no vaya a salir el demonio que se lleva dentro y el cual ya dio señales de que allí está, listo para emerger.

El mismo mecanismo opera en las ideas obsesivas o delirantes, en donde el sujeto ya se percató de que le brotan pensamientos que son mal vistos por la sociedad; “opta” por reprimirlos, y en el intento de negarlos es cuando surge como resultado de la disputa un compromiso: las ideas obsesivas, que nos estarían indicando que se está tratando de ocultar lo que realmente se piensa.

Cuanto más empuje el deseo, mayor será la defensa: entre mayor sea el deseo, mayor gasto se tendrá que hacer para sofocarlo, eso provocará en el sujeto una inhibición y por lo tanto un síntoma que se vivirá como angustia. “Contra un deseo desenfrenado se eleva una poderosa moción de defensa.”3

Por lo tanto, ¿en qué consisten esos estragos del inconsciente? escribe Freud: “solamente un deseo puede impulsar a trabajar a nuestro aparato anímico4, es decir, con esto se comprende que todo síntoma, toda decisión, la vida misma está sustentada en el deseo que nos habita y que desde allí dirige nuestro proceder. Vivimos la vida que deseamos, no hay de otra, y si esa existencia que se vive es tormentosa, hasta allá habrá que ver por qué se desea vivir así.

¿Qué nos queda? Quizá tratar de comprender el deseo que habita a cada uno y ver la manera de darle cumplimiento, y si no se puede tal cual, encontrar la manera de sublimar; “un rodeo para el cumplimiento de deseo.5

¿Y qué es ese deseo que nos habita? “Es el intento de restablecer la situación de la satisfacción primera. Una moción de esa índole es lo que llamamos deseo6

Nadie escapa al deseo que le habita.

1 Freud, S. La interpretación de los sueños, 1900, AE, V, p. 569

2 ídem, p. 569

3 ídem, p. 561

4 ídem, p. 559

5 ídem, p. 558

6 ídem, p. 557

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

La función paterna

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

¿Qué es lo que sucede cuando un padre o madre de familia decide trasgredir la norma y sus hijos son testigos de dicho acto? Analicemos la fenomenología del acto de trasgresión por parte de los padres partiendo del caso de una familia tradicional, es decir, una familia constituida por un padre, una madre y los hijos; estoy consciente de que existen otros tipos de familias pero para ejemplificar lo que ahora expongo me permito delimitar el universo a una familia tradicional.

Supongamos como ejemplo de trasgresión el acto en donde uno de los cónyuges decide romper el pacto de fidelidad en la monogamia, o dedicarse al hurto, ser un político perverso, o más aún, trasgredir las normas establecidas por la Ley.

 Detengámonos un momento en ese ejemplo real, de la vida cotidiana, de la consulta cotidiana, cuando el hijo se da cuenta de que en su casa el encargado de imponer las reglas, las normas, la moral, la conciencia y en cierta manera la ética, se encarga a su vez de transgredirlas. El padre de familia que actúa con semejante actitud, es decir, no es coherente con su decir y su hacer causará en el hijo una ruptura en su jerarquía de reglas y normas de urbanidad, en su compromiso con su pareja y en su diario vivir.

Sabemos que el padre de familia tradicional es el que en los últimos años se ha encargado de “criar” al hijo bajo reglas, normas, leyes etc. y omito voluntariamente a la madre porque si de entrada digo que es la madre la que se encarga de las reglas es que hay ausencia de la función del padre, pero para este caso supongamos que sí hay tal, (recordemos que el caso que aquí se comenta se instaura en una “familia tradicional”).

Enfoquémonos en un acontecimiento por el cual la pareja acude a psicoterapia. Por lo regular solicitan la consulta para intentar reanudar el matrimonio, sin embargo, hay una cuestión de peso que se ha dejado de soslayo: ¿qué se puede esperar de un hijo que se da cuenta de que su padre o su madre ha decidido romper el vínculo pactado? El hijo va a crecer con una consciencia laxa; en su diálogo interno siempre habrá lugar para: “si mi padre lo hizo y era el que me decía que no lo hiciera, qué más da que yo también lo haga”. Se instaura un Superyó débil. El hijo que vio que su padre trasgredió las normas sociales en turno va a tener más permisividad en sus conductas que aquél hijo que vive bajo el yugo de un padre (instauración del Superyó) que fue coherente hasta el último minuto de su existencia, en donde la operación de la “castración simbólica” se instauró a la letra.

¿Qué repercusiones puede haber cuando un hijo da cuenta de que el padre trasgrede la ley? Quizá podríamos ser testigos de una sociedad en donde la ley ya no se respeta, en donde los pactos contraídos no implican gran cosa, vemos en la sociedad cada vez más jóvenes y adolescentes que trasgreden la norma quizá porque viven con el ejemplo en su propia casa. Se les hace fácil acceder a la trasgresión como el paso lógico dentro de un camino ilógico; si él lo hizo yo también lo haré. Hay escuela en el hogar.

Ser padre o madre implica dejar un legado cultural a los hijos. Quizá el malestar en la cultura lo tendríamos que buscar precisamente en la dinámica que sucede dentro de las familias, esas reglas no establecidas o cuando sí se ha establecido el primero en violentarlas son los mismos padres de familia. La función del padre implica un compromiso. No hay que perder de vista que el matrimonio es un acto que conlleva la pérdida de individualidad para ganar en un “nosotros”. O como bien dijera Lacan en El Seminario IV: “Todo matrimonio lleva con él la castración”.

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

Todos tenemos una historia de vida que contar

Todos tenemos una historia de vida que contar. Que lance la primera piedra quien esté libre de un trauma de la infancia. Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis puso el dedo en la llaga, puso sobre la mesa de discusión el por qué del sufrimiento del ser humano.

¿Por qué sufre el ser humano? El origen del malestar lo podremos rastrear en la más tierna infancia, en ese periodo de la vida cuando somos indefensos ante los embates de la realidad y requerimos el apoyo de nuestros padres. El ya conocido aforismo: “Infancia es destino”.

¿Se puede revertir nuestro destino? Entendiendo destino como eso que se construye desde la más tierna infancia a través de los vínculos amorosos con papá y mamá o con quien haya estado cumpliendo esa función.

Cada uno de nosotros tenemos una historia de vida que contar, un acontecimiento (o muchos) que han sido parte fundamental a lo largo de nuestra existencia; eventos desagradables, acontecimientos, traumas, complejos, experiencias frustrantes pero también experiencias agradables y fructíferas. Todo eso se ha quedado guardado en alguna parte de nosotros y desde allí lo retomamos y con eso interactuamos. No tanto el acontecimiento sino la percepción que tenemos de lo que nos sucedió. A eso Sigmund Freud le denominó inconsciente o Lacan también le llamó “historia de vida” que forma parte de lo que somos.

Ahora bien, lo que quiero poner a consideración del lector es lo siguiente: ¿qué pasa cuando esa “historia de vida” nuestro inconsciente lo traduce como “historia debida”? muchas de las veces nos damos cuenta que nuestra vida se la debemos a alguien, inconscientemente estamos en deuda con alguien, nuestra vida se la debemos a alguien y es por eso que no se vive la vida que se desea, se vive la vida con ataduras, se vive la vida de acuerdo a los patrones establecidos por nuestro pasado y no somos capaces de comenzar nuestra propia existencia porque el mandato sigue en el inconsciente, es cuando esa “historia de vida” se ha convertido en “historia debida”, se la debemos a alguien más, ya sea a nuestros padres, a nuestro pasado, a un trauma y la estamos pagando, ¿cómo? pagando lentamente, poco a poco con inseguridades, con lamentos, quejas, y muchas de las veces ese pago lo hacemos con “intereses” es decir, cuando contraemos una deuda, cuando debemos un pago, existen los “intereses” el pago sobre el pago; acá la interpretación iría encaminada de una manera similar; es cuando no contentos con vivir una “historia debida”, le añadimos esos “pagos de intereses”. Hay una doble connotación en esa palabra, se paga con “intereses” pero también significa que hay algo de “interés” en juego en eso de lo que tanto nos quejamos.

Es cierto que se “sufre porque se quiere” es decir, el que sufre muy probablemente está allí porque está obteniendo una ganancia secundaria, algún beneficio inconsciente está obteniendo al no moverse de ese lugar, al no terminar con esa relación poco sana, al no dejar ese vicio que lo arrastra hacia la autodestrucción, algo lo sigue manteniendo en ese lugar de trabajo en donde encuentra poca o nula insatisfacción.

Todo eso forma parte de nuestra “historia de vida” que se ha convertido para nuestra desdicha en “historia debida”. Se “sufre porque se quiere” entendido como esa manera de no moverse del lugar, pero también se entiende ese “se sufre porque se quiere” es decir, se sufre porque se ama. ¿Qué se ama? Se ama el vínculo que nos tiene atados al pasado.

Una vida que se debe y además se paga con intereses a alguien más. ¿A quién? De eso se trata el psicoanálisis, de comenzar a indagar en lo más recóndito de nuestro inconsciente y tratar de hacer consciente esos fenómenos de nuestra historia de vida.

¿Se puede revertir el malestar? Ya a cada uno le toca responder esa pregunta. El diván es un buen lugar para comenzar esas cuestiones que lo tienen a uno en la depresión, en la queja constante, viviendo una existencia “debida”. ¿Y por qué es necesario contar esa historia de vida? Porque es a través de la palabra en donde el ser humano puede simbolizar lo que angustia, eso que atormenta y que no tiene nombre, sólo a través de la palabra puede ir encontrando un cauce, en donde puede fluir libremente la pulsión de vida.

El proceso de convertirse en persona

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

.

imagen de la película "Noviembre"

imagen de la película “Noviembre”

.

Hay un video en YouTube muy divertido titulado “el ventrílocuo humano”, un comediante haciendo la rutina de invitar a dos personas del público a que lo acompañen y lleven a cabo el performance en donde el comediante hace la voz de las personas que simplemente mueven la boca.

El “chiste” de esa escena consiste en que las personas solamente tienen que abrir la boca cuando el comediante les apriete la mano, ellos obedientemente abren la boca y el comediante se encarga de hablar con una voz que incita a la risa. En sí la actividad provoca un momento agradable, pero ¿qué hay detrás del chiste? Como bien dijera Freud: “el chiste y su relación con el inconsciente”.

La vida se parece mucho al performance acá descrito. Las personas que hacen de muñeco tienen una semejanza con el sujeto que presenta un padecimiento del alma, alguna depresión, una tristeza agobiante, un sufrimiento moral, una compulsión a la repetición, síntomas obsesivos, fobias, trastornos psicosomáticos, narcisismo o cualquier otro malestar que no le permite al sujeto vivir la existencia deseada.

Sucede lo mismo en la vida real. Cuántas veces no nos topamos con que nuestros deseos en realidad son deseos de algún Otro, que simplemente movemos la boca y de nuestro ser surgen palabras, acciones, comportamientos que no van acorde a nuestro deseo. La vida del ser humano se ve reflejada en esa escena del comediante en la medida en que las personas simplemente viven la vida al servicio de algún Otro que al mínimo señalamiento (apretón de manos, mirada, introyección de reglas, normas, filosofía de vida ajena) intentan responder a la solicitud del Otro (del Amo).

Parecería pues que el ser humano vive una vida prestada, su historia de vida es una “historia debida”, una vida prestada que se debe, una existencia como una marioneta, como un títere de algún Otro, llámese sociedad, llámese figuras materna y paterna introyectadas que en su momento le permitieron desarrollarse pero llega un momento en que ya no se puede seguir viviendo bajo el señalamiento o el apretón de manos como en el performance del video.

El proceso de convertirse en persona implica precisamente hacer consciencia de esa realidad, saberse un sujeto carente al servicio de algún fantasma, pero eso ya no puede seguir así, no se puede vivir la vida bajo el designio del titiritero.

El proceso de psicoterapia (específicamente la psicoterapia analítica y aún más el psicoanálisis) permite precisamente al ser humano hacer consciencia de ese juego, permite hacer consciencia de que el síntoma que presenta (miedos, tristeza, ansiedad, depresión) están al servicio de un malestar original, al servicio de “algo” de lo que no sabemos porque precisamente pertenece al orden de lo inconsciente.

La propuesta de la psicoterapia psicoanalítica es atravesar ese fantasma, tomar nuestra propia voz (ya no más la voz del titiritero) pero ese proceso de separación es doloroso; imaginemos el desprendimiento de ese vínculo (representado por el apretón de manos entre el comediante y los personajes), diluir ese vínculo no es cosa fácil, implica romper con ciertos prejuicios, con pensamientos que se han anidado por años y años en nuestra vida; separarse de la mano del titiritero implica un nuevo nacimiento, un desprenderse para comenzar una nueva vida guiada por el deseo genuino, buscar nuestros propios sueños, anhelos, aspiraciones y no seguir siendo el muñeco del ventrílocuo.

Es cierto que nuestra infancia nos marca; “infancia es destino” pero no todo está determinado, es necesario escucharse, analizarse, dejar de engañarse, saber qué representa cada cosa en la vida, qué cosas seguimos repitiendo de nuestra infancia en la vida adulta, repetimos para no recordar eso que duele.

La propuesta del psicoanálisis es que el ser humano pueda hacer algo con eso de lo que se queja, primero saber hasta dónde está implicado en ese malestar, qué tanta responsabilidad hay en eso que lo llevó al consultorio para que después pueda re-elaborar, es decir, re-significar eso que lo ha moldeado desde la infancia, esas carencias, frustraciones, satisfacciones y traumas que han quedado allí guardadas en el inconsciente y que tienden a salir a la consciencia pero salen de una forma disfrazada a través de los sueños, el chiste, el olvido, el lapsus, el acto fallido. El inconsciente constantemente se quiere manifestar, habrá que darle la palabra, algo bueno tiene que decir; quizá ese será el inicio de una vida con sentido, una existencia propia, ya sin la necesidad de seguir atado a la mano del Titiritero, del Otro, del Discurso del Amo, del “qué dirán”, del síntoma, de la queja. Hacerse responsable de la propia existencia y el primer paso es reconocer nuestra propia voz y no tomar prestada la voz de alguien más. Seguir nuestro propio deseo y no el deseo del ventrílocuo.

Es cierto que la psicoterapia implica tiempo, esfuerzo, dedicación, compromiso, responsabilidad; es cuestión de poner en una balanza la vida misma, seguir padeciendo ese malestar u optar por empezar a hacer algo con eso que nos paraliza y que no nos atrevemos a decir porque es muy penoso, vergonzoso, o creemos que no tiene nada que ver  con nuestro malestar. En el consultorio se dará cuenta de que eso que se creía tan insignificante estaba guiando nuestra existencia. Deshacerse de los fantasmas que no nos pertenecen, aceptar lo que no podremos cambiar y decidir comenzar a construir la vida que hay en lo más profundo de nuestro deseo; un deseo que se descubre a través de la propia palabra, de nuestra propia palabra; de tu propia palabra.

*Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo y Psicoterapeuta
Monclova, Coah. Mx
psicologocarlosmoreno@gmail.com

Experiencias cumbre

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

.

imagen de artistasdelatierra.com

imagen de artistasdelatierra.com

.

El ser humano atraviesa la vida experimentando situaciones cotidianas, del trabajo al hogar, horas incontables de estudio, diversión, comer, dormir, ritos sociales y un cúmulo de actividades más que hacen de la vida algo llevadero, algo soportable.

La vida del ser humano adquiere sentido cuando se topa con lo que los psicoterapeutas humanistas han denominado “experiencias cumbre” es decir, acontecimientos en la vida fuera de lo ordinario que a la postre dan un giro a la existencia del humano. Como experiencias cumbre por antonomasia están las que se rigen por el acontecimiento de la vida y el suceso de la muerte. Cuando nace un hijo o cuando muere un ser amado. Esas dos experiencias definen la existencia del sujeto.

Vida y muerte; Eros y Tánatos siempre presentes en la existencia del ser humano. Manifestaciones de vida como el amor, la amistad, el compañerismo, el compromiso, la familia, la construcción de una vida con sentido. Manifestaciones de muerte como la destrucción, el odio, la muerte misma, el suicidio, el homicidio, la violación, el secuestro, el robo, el acoso, la amenaza.

Ante un acontecimiento emanado de la representación simbólica del Eros (vida-amor) no hay mucho que re-plantearse, pero ¿qué hacer cuando se sufre la manifestación de la pulsión de muerte, ya sea la propia o ya sea la del “Otro”? La propuesta de la psicoterapia es muy clara: re-significar la existencia a partir de dicho acontecimiento, no sabemos si eso que sucedió es bueno o malo sino a partir de las consecuencias y la capacidad de re-significar la vida, a través de la resiliencia.

Un paciente sufre un robo en el cual comenta que su vida corrió peligro, en donde los ladrones pudieron golpearlo, secuestrarlo. Víctima del terror el paciente en cuestión agradece haber salido con vida de esa experiencia; re-significa su existencia a raíz de lo allí vivido, pone en una balanza su proceder y comienza a vivir una existencia nueva sabiendo la fragilidad de su paso por este mundo o citando a Milan Kundera: “La insoportable levedad del ser”.

El paciente en cuestión ha abandonado el síntoma que lo mantenía maniatado, ha re-valorado su existencia, piensa la vida desde otra perspectiva, claro que siente odio hacia sus agresores pero también se siente agradecido con la vida (o con Dios, que lo protegió con su “manto sagrado” en propias palabras del paciente) y pudo salir adelante después de ese trago amargo que le suscitó dicha experiencia. Tomó el teléfono público para avisar a sus seres queridos que todo estaba bien. Cuando tomó el teléfono público señala que fue como si hubiese cerrado una etapa de su vida, algo que había quedado abierto precisamente con una llamada de teléfono hace más de quince años.

La vida, Dios, el destino, la oración de la madre, la enseñanza del padre, todo se conjuga para que el ser humano pueda acceder a una vida con sentido. Es a partir de una “experiencia cumbre” que en su momento no sabemos si es “buena” o “mala” como la anécdota del padre de familia que tenía un hijo que fue atravesando diversas situaciones de la vida a las cuales el padre solo respondía: “esto es bueno, esto es malo, quién sabe”.

Re-significar la existencia a raíz de un acontecimiento que cimbra la consciencia, re-plantearse el lugar que se tiene en el mundo, saber valorar la vida y comenzar a vivir una vida con sentido. No quedarse en el discurso de “¿por qué me pasó esto a mí?” sino a partir de eso re-plantear las prioridades, saber qué es eso que constantemente se está repitiendo y que no deja avanzar, ese síntoma que entorpece y no deja vivir una existencia plena.

Me quedo pensando en eso que comenta el paciente: en esa experiencia en la que estuvo su vida en peligro. Quizá Dios estira las orejas de manera drástica a sus hijos que requieren de medidas extremas para tomar consciencia de su vida (“tocar fondo” dirán algunos). Dios, el destino, la vida misma, la consecuencia de sus actos, serendipia, cualquier cosa, lo importante es lo que se va a hacer a partir de eso, la vida que desea vivir siendo un hombre nuevo. En esta ocasión fueron unos ladrones, para otras personas el llamado a la vida puede ser a través de acontecimientos trágicos como una violación, un secuestro, la muerte de un ser querido. Vivir el duelo correspondiente y acompañado de un proceso de psicoterapia poder salir adelante; re-significar el acontecimiento y no quedarse en la posición de víctima, preguntarse qué es lo que se está haciendo mal y comenzar a re-plantearse su lugar, su ser-en-el-mundo. El replanteamiento de la existencia puede ser a través de dichos acontecimientos (que cualquiera quisiera estar exento de eso) pero también la vida llama con susurros al oído; a través del acompañamiento amoroso de la pareja, del cuidado amoroso de los padres, de la amistad brindada, un encuentro con Dios (de acuerdo a la creencia del sujeto) o también se puede re-significar la existencia precisamente a través de un proceso de psicoterapia, un proceso de análisis en donde el ser humano va y se escucha y logra saber eso que tanto le viene perjudicando la existencia sin necesidad de exponer su vida. Más vale un buen análisis a tiempo que lamentarse por las consecuencias de ese síntoma que no se quiso escuchar.

.

*Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo y Psicoterapeuta. Miembro de APPCAC y SMP. 
Consulta privada en Monclova, Coah. Mx

El laberinto del deseo

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

.

Le escucho

Le escucho

 .

 

“Cuando descubre que el Otro miente, que el Otro no existe,
el sujeto adviene al encuentro con su deseo.”
(Isidoro Vegh)

 .

¿De qué estamos hechos? Estamos hechos de la misma naturaleza del mundo, de la naturaleza somos y a la naturaleza vamos, nuestro destino es la entropía, “polvo somos y en polvo nos convertiremos” resuena constantemente en nuestro pre-consciente cada mes de abril. El narcisismo de la especie humana ha sabido contener esos tres golpes asestados por Copérnico, Darwin y Freud: no somos el centro del universo, no somos una especie única y no somos conscientes de nuestros actos. El ser humano como un sujeto errante por el mundo buscando darle sentido a su existencia.

La cuestión de lo humano ha intentado ser interpretada desde la filosofía, el psicoanálisis, la biología, la sociología y hasta la poesía.

Para poder entender la cuestión de qué es el ser humano, primero tendremos que responder a la pregunta ¿quién es ese “Otro” que está a mi lado? ¿quién es ese “Otro” que está frente a mi? Y es a partir de allí y sólo entonces que podemos descifrar ese acertijo de lo que es el humano. El ser humano surge a través de la respuesta que demos a la interrogante ¿quién es ese “Otro”?

El Otro es el que inevitablemente viene a dar la estructura al Sujeto. El Otro es el que estructura; la madre en su momento, luego la Familia, luego la Institución Educativa, la Iglesia, la sociedad misma, el matrimonio y la muerte. Siempre vamos a tener a ese “Otro” representado en esas instituciones que darán forma y estructura al sujeto.

En un principio existe el binomio “Madre-Padre” que da estructura al sujeto; luego eso se desplaza en las instituciones que ya se señalaron. Si no estuviera el “Gran-Otro” ¿qué seríamos? Sin la mirada deseante del Otro simplemente seríamos objetos, cosas, cuerpos. El deseo del otro es el que encarna al sujeto, el deseo del Otro abre la posibilidad de que el niño pueda convertirse en algo, encarne la expectativa del Padre-Madre; si no hubiera Otro nos desestructuraríamos. Un ejemplo concreto: ¿qué sucede cuando no existe la mirada del Otro, cuando estamos solos en nuestro hogar y no está la mirada del Otro, la palabra, la presencia de ese Otro que nos estructura? El niño se atreve a soltar improperios, se convierte en una pequeña bestia salvaje que pide a gritos reglas y normas, alguien que lo estructure, que le diga qué hacer, que le diga cómo debe comportarse, alguien que lo ame. El adolescente ante la misma situación de soledad, ante la ausencia de ese “Otro” aprovecha para practicar el goce, piensa en hacerse daño, en sentir algo, experimentar placer ya sea cortando su cuerpo, ya sea explorándolo, el adolescente sin el Otro se topa con el vacío, con la nada, con la ausencia, avasallado por la angustia se refugia en lo que cree encontrará satisfacción momentánea. Llega el Otro y el sujeto vuelve a la estructura: el niño se pone a jugar sin maldecir, se re-conoce ante la mirada del Otro; el adolescente regresa a sus menesteres del estudio, prende el estéreo y apacigua sus deseos más primitivos y con una sonrisa complaciente se sabe estructurado por la mirada del Otro.

Tenemos pues que lo que da estructura, lo que hace ser humano al sujeto es el Otro, la mirada del Otro, la presencia del Otro y todo lo que eso conlleva. El “Gran-Hermano” que todo lo ve, que todo lo sabe, omnisciente, omnisapiente, el “Panóptico” siempre presente por los siglos de los siglos, desde que el hombre es hombre, desde que la especie humana construyó eso llamado consciencia (consciencia: “sea lo que fuere” dijo Freud).

El Sujeto se va a estructurar precisamente ante la mirada de la madre y del padre, es decir, ante la mirada amorosa de la madre y la mirada que castra del padre. La madre que ama y el padre que rompe, que castra, que impone su ley, que obliga al infante a buscar su propio “falo”, a desear más allá de la madre. Y a partir de eso el Sujeto se estructura.

Tenemos pues el primer axioma: el Ser humano se estructura a partir del deseo de sus padres. El sujeto surge a partir del deseo, de la catectización, de la mirada, de la Ley, de la expectativa que los padres depositan en sus hijos, en muchos de los casos la ecuación resulta favorable, si no, ya no tendríamos civilización. El punto toral de la presente argumentación es que el ser humano “es” a partir del deseo del Otro.

¿Qué pasa cuando el ser humano se cuestiona, se queja de eso que no sabe, cuando la existencia le resulta insoportable, cuando la piel que le heredaron sus padres le ha quedado insuficiente? Muchas de las veces el ser humano se topa con que hay algo en lo profundo de su ser que lo impulsa a cuestionar si en verdad está viviendo la vida que desea vivir, si está viviendo la vida de acuerdo a su deseo. Cuando se da cuenta de que no está siendo él sino una proyección, un síntoma de sus padres, (la encarnación de los sueños frustrados de sus padres, el “goce” negado en la vida de sus padres), comienza a elaborar esos síntomas molestos, ese malestar cotidiano, esa angustia, esa queja, esa demanda y es cuando acude al consultorio, cuando ya la vida no da para más, cuando sabe que por más “fuerza de voluntad” que tenga no puede salir adelante, que hay “algo” que lo detiene, que lo inmoviliza; y por lo regular ese “algo” no se sabe, ese “algo” pertenece a otro orden, al orden de lo inconsciente.

¿Eso quiere decir que viviremos siempre repitiendo el deseo de nuestros padres? ¿Seguiremos siendo una representación cómica del “ideal del Yo”? Desde el punto de vista del psicoanálisis y la psicoterapia psicoanalítica existe la posibilidad de un segundo momento, de re-estructurar la personalidad, de re-significar eso que constituyó al sujeto.

Cuando el ser humano se da cuenta de que “esa piel” ya no le queda, ya no le acomoda, que su deseo es otro, que la vida que ha estado viviendo ya no le satisface, llega el momento en que el sujeto se interroga,  sospecha de que cuenta con otros intereses, con otro deseo, ya no el de sus padres sino su propio deseo. Es cuando la psicoterapia propone esa transición. La psicoterapia como el proceso en donde el sujeto re-nace y se re-significa su estructura y su historia de vida.

El sujeto se estructura ante la mirada siempre del Otro. Lo mismo sucede en un proceso de psicoterapia, el Sujeto se va a estructurar ante la mirada de su psicoterapeuta. ¿Pero cuál entonces sería la diferencia? ¿Siempre va a existir el Otro que impone su deseo? La diferencia es que en la psicoterapia el sujeto se estructura frente a otro que lo escucha, ya no más frente al deseo de su madre y la mirada inquisidora de su padre, ahora se estructura bajo su propio deseo y bajo la escucha del psicoterapeuta.

La estructura de personalidad se moldea bajo la mirada de los padres, bajo el deseo de los padres. Lo que sucede en el consultorio psicoterapéutico es algo similar: vuelve a haber una “estructuración” (re-estructuración) de la personalidad con la salvedad de que ahora ya no es bajo el deseo del padre (mucho menos bajo el deseo del analista) sino ahora esa estructura de personalidad se crea a partir del deseo del propio paciente; y ya no bajo la mirada que tenía que civilizar o educar, sino ahora a través del propio discurso del paciente y la escucha atenta del analista.

La psicoterapia como ese necesario cambio de piel; algunos lo hacen poniendo piel sobre piel (tatuajes) otros intentando matar a ese otro introyectado, la desventaja es que en ese intento se llevan como consecuencia su vida misma (suicidio), otros cambian de piel sometiéndose al discurso de Otro Amo. En la psicoterapia no se trata de eso: de lo que se trata es ese volver a nacer, ese cambio de piel signado por su propio deseo ante la presencia del otro (el otro siempre presente, siempre estructurando) pero ese otro no está allí para juzgar, ese otro (psicoterapeuta) no está para decir “eso está bien, eso está mal”, al contrario, es en esa escucha en donde el sujeto encuentra su deseo inconsciente y lo que le toca es saber qué hacer con esa verdad esclarecida.

El paciente acude a la psicoterapia porque sabe que falla algo, porque la manera que ha venido solucionando sus problemas ya no le resulta, porque la angustia lo avasalla, porque ya no puede más con la culpa o con ese deseo que lo atormenta o ese goce que lo inmoviliza, acude a psicoterapia por ese conflicto inconsciente que se manifiesta a través de un síntoma que paraliza, que inmoviliza, que angustia. Y es en ese encuentro con su psicoterapeuta en donde empieza a andar algo, algo de lo que sospechaba o de lo que no tenía ni la más remota idea; se comienza a gestar una existencia que el paciente o la paciente está decidiendo. El proceso es doloroso, implica quitarse la piel con la que se ha vivido, implica muchas de las veces cuestionar lo que hasta ese momento ha creído, implica cuestionar, dudar, poner en el crisol la ideología que daba hasta ese momento sentido a su existencia. Pero al final se obtiene la gratificación, el resultado de haber construido la vida que desea vivir a partir de su propia decisión, no a partir del deseo de sus padres, del “Gran-Otro” o de su psicoterapeuta. El fin del análisis implica un sujeto nuevo, un re-nacer, una existencia experimentada de acuerdo a su propio deseo; parafraseando a Jacques Lacan: “El deseo, función central de toda la experiencia humana”.

No todo está perdido, hay una apuesta a otra cosa, hay una apuesta a “desmitificar” lo establecido, hay algo más allá de la mera ilusión. En el consultorio se lleva a cabo la enseñanza de Sigmund Freud: “Nos negamos de manera terminante a hacer del paciente que se pone en nuestras manos en busca de auxilio un patrimonio personal, a plasmar por él su destino, a imponerle nuestros ideales y, con la arrogancia del creador, a complacernos en nuestra obra de haberlos formado a nuestra imagen y semejanza”

Vivir la vida que uno desea es posible, solo basta escucharse con atención, con auto-observación, con honestidad, sinceridad, llegar hasta donde tope, hasta lo insospechado. Esclarecer lo turbio, traducir el mensaje acotado por el síntoma. Conocerse, aceptarse, poder cambiar lo que es posible cambiar y saber vivir con la condición humana que nos caracteriza. La cura por la palabra; no la palabra del “Otro”, sino la propia palabra, el propio inconsciente. Vivir la vida con menos sufrimiento, consciente de nuestras limitaciones pero también consciente de nuestro deseo. “La acción eficaz del análisis consiste en que el sujeto llegue a reconocer y a nombrar su deseo” (Jacques Lacan)

En el inconsciente está la verdad y dicha verdad quizá nos hará vivir nuestro paso por este mundo con un tanto cuanto de libertad. Viviendo con lo estrictamente personal, con lo que a uno le toca, sin la necesidad de estar cargando asuntos, pleitos, culpas que no nos pertenecen. Vivir de cara a la verdad, a nuestra verdad tejida por nuestra historia de vida, es un proceso doloroso, quizá también implica un proceso que lleve tiempo, pero sino se vive la vida que se desea vivir, entonces ¿vale la pena seguir viviendo una existencia prestada?

*Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa, Psicólogo y Psicoterapeuta. Miembro de APPCAC y de SMP. Consulta en Monclova, Coah. Mx. psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

 

El pequeño Freud

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

.

imagen de allposters.com

imagen de allposters.com

.

“Lo que se calla en la primera generación… la segunda lo lleva en el cuerpo”
F. Dolto

.

 “Infancia es Destino” ¿Qué hay detrás de este apotegma? Dicha frase hace referencia a que lo que sucede en los primeros años de nuestra existencia va a marcar nuestra vida futura; lo que sucede en la primera infancia es la vida original, lo demás es una re-edición de  esas experiencias y acontecimientos del allá y el entonces; por eso la gran importancia que dentro de una psicoterapia se aborde la experiencia del paciente respecto a los recuerdos que tiene de su niñez, que pueda acceder a dichas vivencias a través de su propia palabra.

¿Por qué querer hablar del “Pequeño Freud”? quizá para poder entender el origen del psicoanálisis; remontarnos a la niñez de Freud, a la primera infancia, a sus primeros recuerdos, sus primeras “imagos”, sus fantasmas, sus recuerdos, sus experiencias que quedaron troqueladas en su inconsciente y que a la postre daría material para crear el psicoanálisis que tanto ha aportado para comprender la concepción de la naturaleza del ser humano, sus patologías, sus deseos; todo esto a través de la escucha del discurso del paciente que sufre e intenta saber el porqué de ese malestar.

De entrada pensemos en Sigmund Freud como el creador del psicoanálisis, ¿cómo llegó a construir dicha propuesta? Tuvieron que pasar demasiados acontecimientos en su vida y en su obra para por fin “parir” dicha teoría que en la actualidad continúa vigente sobre todo por su aportación a la comprensión del ser humano a través de la escucha del inconsciente y sus manifestaciones.

Sabemos que Sigmund Freud constantemente buscaba ser reconocido, admirado, ya sea por algún descubrimiento, alguna aportación, o algo que catapultara su nombre hacia la inmortalidad. Quizá por el mensaje que quedó cincelado en su inconsciente que su madre Amalia constantemente le repetía; que sería un hombre grande, un hombre de éxito. Recordemos que “Nadie puede traicionar el deseo inconsciente de una madre”. Y por otro lado estaba su padre Jakob, el que lo reprendía, su padre del cual recuerda aquel acontecimiento en donde se baja de la banqueta ante la afrenta de un peatón insultándolo por su condición de judío.

Sigmund Freud recuerda que su padre lo reprendió alguna vez (por orinar deliberadamente en el cuarto de sus padres, a los siete años de edad) y las palabras que utilizó fueron: “este niño nunca llegará a nada”. Quizá de aquí se puede desprender la siguiente hipótesis: la teoría de Sigmund Freud como una respuesta al reto que el padre le auguraba como destino manifiesto; el psicoanálisis como el éxito ante la predicción fallida de frustración del padre.

La teoría de Freud se centra en la importancia del vínculo madre-hijo; su teoría como una hipótesis en donde la madre es el centro y lo demás girará en torno a ella. Se deduce por lo tanto que el “Complejo de Edipo” propuesto por Freud tiene su más arcaico origen precisamente en su vivencia como hijo. Sabemos que la hipótesis del complejo de Edipo le surge a través de un sueño, pero también es importante señalar cómo fue construyendo su idea del complejo de Edipo a través de las vivencias y palabras que le decían sus padres: su madre palabras de aliento (amor) y su padre palabras de realidad, de castración. Es así como Freud comenzó a construir la universalidad del complejo de Edipo: Amor hacia la madre y rivalidad hacia el padre. (Estos últimos deseos de parricidio que Alejandro Jodorowsky señalaría como un delirio de Freud).

Otro rasgo de la indudable seguridad que Sigmund Freud tenía sobre su influencia en el pensamiento contemporáneo es cuando en abril de 1885 le escribe a su amada Marta que quemó todos sus diarios de los últimos catorce años (esa sería la primera vez, la segunda fue en 1907). ¿Por qué estaba tan seguro Sigmund Freud que sus “biógrafos” lamentarían ese acto? Aquí la respuesta en las propias palabras de Freud: “Cuando un hombre ha sido el favorito indiscutido de su madre, logra conservar durante toda la vida un sentimiento de vencedor, esa confianza en el éxito que a menudo conduce realmente al éxito”. La madre así lo creyó y el hijo solo se encargó de llevar ese deseo a buen puerto.

El padre de Freud bien pudo haber pasado por su abuelo. Jakob Freud ya había estado casado pero enviudó, tuvo a Sigmund a los 40 años, se casó con Amalia Nathansohn que aún no cumplía los 20 años. Sigmund Freud fue el primogénito y tuvo cinco hermanas y dos hermanos, de los cuales Julius, el hermano que le seguía falleció a los 8 meses. Este dato resulta ser revelador en la biografía de Freud ya que desde pequeño se topó con la realidad de la muerte. Así, la muerte, el nacimiento (la vida) y el amor formarían parte importante en la constante construcción de su teoría psicoanalítica.

Jakob Freud y Sigmund Freud tenían algo en común: la elección de una mujer que estructuraba la personalidad del marido a tal grado de “dejarse conducir por ella” según palabras de Ernest Jones.

Sigmund Freud narra un acontecimiento que marcaría sus ulteriores relaciones interpersonales, menciona que tenía un sobrino (de nombre Hans, por cierto, el nombre de “Hans” lo acompañaría por siempre) con quien jugaba pero también discutía, esto lo llevó a la conclusión de que en la vida de adulto re-editaba aquél juego con su sobrino de amor-odio, en donde en un primer momento elegía a sus amistades pero posteriormente se convertían en sus archirrivales. (Como ejemplo está la relación ambivalente que sostuvo con Fliess, Breuer, Ferenczi, Jung). “Un amigo íntimo y un odiado enemigo fueron siempre indispensables a mi vida emocional”. Ernest Jones escribe que esa relación con su sobrino Hans “constituye el primer signo de que la constitución sexual de Freud no era exclusivamente masculina”.

Por lo tanto, partiendo del axioma básico en psicoanálisis de que el infante es el síntoma de los padres, que es la encarnación de los conflictos psíquicos inconscientes no resueltos de los padres; ¿qué síntoma introyectó Freud de sus padres? ¿acaso ese desafortunado suceso en donde ve a su padre caer del lugar del héroe para posteriormente él superarlo y resarcir aquella afrenta? ¿Toda su vida como una oblación hacia sus padres con el intento de revertir esa exclusión emanada del repiqueteo de las campanas que escuchaba en su infancia, que llamaban a los cristianos al culto y a ellos, a los judíos, los mantenía en el ostracismo? ¿El psicoanálisis como una respuesta que vendría a desmitificar esas reglas por las cuales fue excluido por su condición de judío, él y toda su familia?

Sigmund Freud, un hombre insatisfecho que no se conformó con lo establecido, que sospechó de la moral, que sospechó de las reglas de convivencia de la sociedad y que descubrió la naturaleza del hombre, la bestia que se escondía detrás de esas reglas que dictaba la sociedad. Sigmund Freud, el favorito de su madre, le hizo caso y le fue bien. Muy bien. Políglota que desde pequeño (a los ocho años) leía en inglés las obras de William Shakespeare, que por cierto, no creía que el escritor fuera de Inglaterra, más bien era de la opinión que alguna vez habría escuchado a un maestro suyo, que en realidad William Shakespeare era un ciudadano francés de nombre “Jaques Pierre”.

La vida de Sigmund Freud está íntimamente ligada con su propuesta teórica. Olvidar este detalle sería perder de vista la subjetividad por la cual atraviesa la propuesta freudiana; una propuesta que no considera ser legitimada por el discurso de cualquier “Amo”, una propuesta que concibe al hombre desde su más recóndita naturaleza. Las ideas de Freud siguen vigentes hoy en día, tanto para comprender la “miseria” humana como también para escuchar lo que el paciente desea saber a través de su propia palabra. El psicoanálisis como esa brújula para acceder al inconsciente, al deseo más recóndito, al sueño enigmático, al síntoma que causa malestar pero que a la vez encierra un gran significado que al comprenderse dará sentido a la existencia. Re-significar la vida misma a través de la escucha, escuchar los propios demonios, comprender a los propios fantasmas y dejar de luchar contra ellos, reconciliarse con lo que uno es y a partir de eso construir lo que uno desea llegar a ser.

La infancia de Sigmund Freud como fiel reflejo de lo que sucede en el acto analítico. La infancia de Freud que preparó con mucho cuidado lo que a la postre lo inmortalizaría. El psicoanálisis como el legado de esa historia que comenzó a gestarse en la más pequeña y tierna infancia de Sigmund Freud.

Referencias:

Freud, Sigmund “Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Sigmund Freud” en Obras Completas Tomo I Amorrortu Ed.

Freud, Sigmund “Estudios sobre la Histeria” Obras Completas Tomo II Amorrortu Ed.

Freud, Sigmund “Presentación autobiográfica” Tomo XX Obras Completas Amorrortu Ed.

Jones, Ernest “Vida y obra de Sigmund Freud” (I) Ed. Anagrama

 

Autor: Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo y Psicoterapeuta
Miembro de la Sociedad Mexicana de Psicología
Miembro de la Asociación de Psicólogos y Psicoterapeutas de Coahuila A.C.
Egresado de la UANL (Monterrey, N.L.)
Consulta privada en la ciudad de Monclova, Coah. Mx. 

Hasta donde la pasión te lleve

Carlos Arturo Moreno De la Rosa

@CarlosLector

Imagen tomada de 3.bp.blogspot.com

[…] hacer lo que venimos a hacer aquí, a vivir lo que más vale de vivir y encontrar tu segunda identidad. […] confundidos no sabemos mirar, hasta que eres sincero y dices…
Fernando Delgadillo.

 .

-Oye, ¿y a ti, te gusta tu trabajo?“Pues… me da para comer”.

Cuántas veces no hemos escuchado en los domingos a adultos que espetan estentóreamente la  siguiente frase: “chin, ya mañana es lunes, a trabajar.”

Tal parece que la sociedad actual se empeña en frustrar los sueños, deseos y anhelos de los habitantes del planeta tierra. Educamos para que nuestros hijos cuando lleguen a ser adultos sean unos sujetos que encajen perfectamente en el engranaje de la Gran Maquinaria que dicta la economía en turno.

Los papás en la actualidad se espantan cuando su hijo les dice que quiere ser pintor, bailarín, escultor, filósofo o músico de rock and roll. Entrenamos a los infantes para que sean productivos, los disuadimos de sueños tan “irreales e infructuosos” como pensar ser artista, fisicoculturista, futbolista, beisbolista, escritor. Educamos a los pequeños con el firme propósito de que adquieran las competencias básicas para que sean sujetos productivos para la Sociedad.

¿Qué le apasiona a tu hijo? ¿Qué le apasiona a tu alumno? ¿A qué se quiere dedicar toda su vida? ¿Qué le hace feliz? ¿Qué quisiera estar haciendo el día entero? Parece ser que los que trabajamos para la Educación hemos perdido esa brújula, nos dedicamos a que nuestros alumnos completen los contenidos, a que logren los aprendizajes esperados, a que adquieran las competencias estipuladas por la OCDE. Lentamente nos estamos olvidando de la esencia de la existencia: venir al mundo a disfrutar. Venir al mundo a ser feliz. Será quizá tal vez por eso el gran incremento de jóvenes que afirman que su existencia no tiene sentido, es por eso que vemos jóvenes deprimidos, es por eso que a muchos esta vida, la vida que se les ha planteado e impuesto no les satisface y deciden retirarse antes de tiempo.

Recientemente me comentaba un colega que si él tuviera un hijo y ese hijo descubriera que le apasiona algo en la vida, como por ejemplo pintar, escribir, ser artista, escultor, músico, que él le pagaría esa pasión: “Qué importa que esa pasión no le dejara dinero para vivir, pero sin duda mi hijo sería inmensamente muy feliz, porque estoy seguro que si sigue haciendo lo que le apasiona tarde que temprano eso le dará para vivir”… como a Fernando Botero, por ejemplo.

Quizá tenga razón mi colega, habrá que ver detenidamente cuál es la pasión de nuestros hijos, cuál es la pasión de nuestros alumnos, ver qué les hace ser felices, ver qué les hace vibrar de emoción.

Vivir la vida haciendo lo que te apasiona, lo que te gusta, claro, esa pasión de preferencia debe estar socialmente aceptada evitando en lo posible crear conflictos con el contexto en el que vivimos.

La vida ofrece oportunidades para re-pensar y re-plantear nuestra existencia, deshacernos de situaciones, eventos y prejuicios que solamente afligen a uno.

Deberíamos hacerle caso a lo que hace tiempo escribió Simone De Beauvoir: “Si no vives la vida que deseas vivir, es mejor morir”.

Roxana

.

Se llama Roxana. Roxana me dice que tiene novio. Ella tiene 16. Dice que ya debería estar en la prepa pero que la reprobaron cuando estaba en segundo grado de primaria y que perdió otro año porque no la aceptaron cuando sus papás decidieron cambiarla de escuela, que por eso aún está en la Secundaria, en tercer grado.

Dicen los psicólogos que Roxana tiene discapacidad intelectual, pero eso a ella ni le aflige ni le acongoja y mucho menos le quita el sueño. Lo de ella es estar enamorada de su novio. Excesivamente enamorada de su novio. Su novio tiene 20 años, Roxana no sabe cuándo va a cumplir los 21. Roxana dice que ya tiene seis meses con él. Ella dice que está muy enamorada de él. Perdidamente enamorada de él.

Él, su novio, trabaja con su padrastro, le ayuda a construir casas, creo que es albañil, dice Roxana que su novio ya no siguió estudiando porque lo corrieron de la prepa en donde estaba.

La semana pasada Roxana cumplió sus dieciséis, me dice que su novio le dio un regalo que jamás olvidará. Roxana está embarazada. Roxana tiene dieciséis, está en tercero de secundaria, tiene discapacidad intelectual y pronto será mamá. Ella está muy contenta, no deja de platicarme de su novio, pero dice que no lo ha visto últimamente, que lo siente muy distanciado, que ya no es el mismo, no sabe si es por lo del embarazo o si es porque ahora le gusta convivir mucho con su prima; –“bueno, él me dice que es su prima, ella es más joven que yo, yo no sabía que eran primos ¿a poco los primos se besan en sus bocas?”.

@CarlosLector

Fenomenología tragicómica en torno a la educación.

 

A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto,
y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.
Oscar Wilde

 

Homo ludens. Hombre que juega. Al principio todo era juego, después vinieron las responsabilidades. Al principio era el disfrute, el placer, después vino la realidad. Los niños corren, juegan, se divierten, se asombran, creen. Los niños lloran, se ilusionan, sonríen, se apasionan, gritan, brincan, discuten, aman.

Llegan dos alumnos que están en el programa de Educación Especial que oferta LA USAER a la que pertenezco, “profe, nos deja jugar”, y pues como estábamos en vísperas del día de la independencia pues dije qué caray, que jueguen un rato y yo interpretaré el juego, sus reglas, el orden, la estructura, los roles, quién es la autoridad, quién es el sumiso, quién es el activo, quien tiene el rol pasivo, quién pone las reglas y sobre todo cómo pone las reglas.

Al principio todo iba bien, jugaban a construir una casa, yo era el hijo, ellos los papás, después se olvidaron de mí y ellos siguieron en su actividad (se olvidaron de mi, que curioso, yo hacía el rol de “hijo”).

Encontraron una caja llena de material didáctico, fichas, billetes falsos, maracas, construyeron la casa con paredes de nieve seca. Hubo un momento de tensión cuando querían repartirse los “bienes privados”. Luego todo volvió a la tranquilidad.

Recordé la propuesta de Alexander Sutherland Neill en su libro “Summerhill” en donde propone que el niño aprenderá cuando él sienta la necesidad, dejarlo en libertad para explorar lo que la curiosidad nata le dicte, construir su realidad en base a sus genuinos intereses. Proponía Neill que el niño se acercaría al docente cuando tuviera la necesidad de aprender algo, algún oficio, saber escribir, saber leer, etc.

Para sostener la teoría tendríamos que remontarnos a los principios antropológicos que constituyen la idea de lo humano: ¿es bueno por naturaleza como afirmaba categóricamente Jean-Jacques Rousseau? o al contrario ¿el hombre es malo por naturaleza como aseveraba Thomas Hobbes? ¿El ser humano viene al mundo como una “tábula rasa” según el filósofo inglés John Locke? o acaso llega al planeta tierra solamente con reflejos sin ningún juicio diferencial entre el bien y el mal como afirmaba Jean Piaget? ¿es una bestia a la que tenemos que domesticar como bien lo decía Sigmund Freud? ¿o es totalmente bueno, hecho de la misma esencia de Dios pero la sociedad se encarga de malearlo? Saber con qué postura nos identificamos nos permite abordar la praxis con los educandos.

Los alumnos jugaban plácidamente, al principio eran tres; a uno se le ocurrió invitar a dos amiguitos, y luego llegaron mas, lo que antes era un juego de roles se convirtió en un pandemónium, todos contra todos, gritos, insultos, improperios, esto ya no se parecía a la propuesta de Summerhill, la masa se convirtió en una horda salvaje, la imagen de una propuesta basada en la lectura de Summerhill fue avasallada por otra escena, una del libro-película “El Señor de las moscas”. Se instauró la anarquía. Se dejaron llevar por su “Ello”. Hasta un pelotazo recibí.

¿Cómo le harán los profesores frente a grupo, con 40 alumnos? Esto es cuestión de vocación…

Uno es un absurdo, dos es perfección, tres es multitud… cuatro es un desmadre…

@CarlosDasein

Ese niño es un “desmadre”

 

-“Oiga, ¿Usted es Psicólogo verdad?, necesito que me diga cómo regañar a mi hija, no me hace caso y ya no se qué castigo ponerle.”

Recuerdo que entre broma y veras un conocido insistía en un dicho: “no lo regañes, mejor edúcalo”.

Educar (decía Freud) es una tarea imposible, al igual que gobernar y psicoanalizar. Estoy de acuerdo que educar a los peques en plena era de la posmodernidad se ha convertido en un “Deporte Extremo”, bien nos lo dijo el Cura “Gofo” cuando bautizó a nuestro segundo hijo; “hay que pedirle a Dios que les de pilas renovadas para aguantar el ritmo de los chamacos de hoy”.

¿Qué significa educar? Educar no solamente es una tarea de cualquier Institución Educativa, la etimología de “educar” lleva implícito el acto de guiar, conducir, así como formar e instruir. A mí me gusta más decir que Educar es “domar a la bestia” o para que no se escuche tan feíto: “socializar a la bestia”. Educar implica el aforismo freudiano: “allí donde se lee “Ello” debe leerse Yo”. Que se traduce en: “allí donde nace una bestia debe instaurarse (o estructurarse) un ser humano”.

El hombre nace siendo un animal, un cachorro. Afirmaba Piaget que solo venimos a este mundo con los reflejos como herramienta en potencia. Sabemos que un recién nacido llora, duerme, come y hace sus necesidades fisiológicas, se rige por el principio del placer; imagina (o fantasea) que él y su madre “son uno mismo”. Conforme pasa el tiempo va diferenciando la realidad de la fantasía y se da cuenta de que él y su madre son dos entes diferentes, separados, haciendo realidad aquello que Melanie Klein denominó el “pecho bueno y el pecho malo” que a la postre nos hará sentir culpables irredentos por portarnos mal con ese pecho al cual defecamos y mordisqueamos creyendo que era “el pecho malo” porque no nos satisfizo a la hora que nosotros queríamos. Nos dimos cuenta de que en realidad no era uno un pecho bueno y el otro un pecho malo, que en realidad eran parte de un mismo objeto, el Objeto de amor denominado “la madre”.

El pequeño se desarrolla y crece bajo el manto de la protección de la madre (y en el mejor de los casos también del padre). ¿Quién no recuerda el primer regaño, la primera nalgada, el primer pellizco, el primer “no”, la primera advertencia o la primera mirada “fea” dirigida a su primogénito? ¿En qué momento ese amor romántico, esa simbiosis entre madre e hijo se rompió, se fue al traste? Precisamente ese es el momento exacto de la génesis del proceso que conlleva a “socializar a la bestia” ya que no es posible que el bebé siga con los mismos patrones de egocentrismo; tiene que saber que existe otra realidad, que existen otras personas y es allí cuando termina la felicidad y comienza la neurosis, el conflicto, la realidad.

¿Qué implica educar? Es dejar de pertenecer al pequeño grupo de los “hedonistas a perpetuidad” para pertenecer al mundo real. Sometimos nuestros deseos más preclaros en aras de una civilización. El proceso de educar a los niños es un asunto en donde la represión es el acto que rige la agenda, “pórtate bien”, “no digas eso”, “ahí deja”, “cállate”, “no corras”, “no le pegues”. La idea es reprimir al niño y que ya de grande acuda con un psicoterapeuta o un psicoanalista y destrabe lo que se haya quedado fijado.

Educar es difícil, es complicado, es una tarea ardua, consiste en explicar a detalle cada acto, cada conducta, cada exigencia, no quedarnos simplemente en esa etapa de reprimir, existe otra opción, pero cuesta más trabajo, es lo que han denominado “Educación por consecuencias”, educar al hijo instruyéndolo en que su conducta tendrá una consecuencia. El proceso implica la escucha, el diálogo, pero sobre todo implica una “pedagogía en el amor”.

Educar en consecuencias significa que si alguien violenta las reglas internas estipuladas en la familia esa conducta tendrá su consecuencia y la tendrá que acatar, por eso es necesario desde un principio que en el Hogar exista un reglamento interno y que se mencionen las sanciones a las que se pude sujetar sus conductas, pero sobre todo (y aquí viene lo bueno) debe de existir la figura de autoridad que se encargue de vigilar que la consecuencia de la conducta se lleve a cabo. ¿De qué sirve poner un reglamento si no vamos a estar ahí precisamente para hacer efectiva la consecuencia de sus actos?

El problema más frecuente con el que nos hemos topado en la consulta psicológica es el “Síndrome de Peter Pan”, en donde los papás no se han dado cuenta (o no se quieren dar cuenta) de que ya no son ellos nada más; quieren seguir viviendo la vida que vivían cuando eran jóvenes, solteros, guapos, amigables, dicharacheros. Quieren seguir “agarrando la jarra”. Quieren seguir viéndose los “miércoles de amigos” o los “jueves de generación”. Los hijos como mera extensión de sus cuerpos, los hijos como un estorbo, los hijos como causantes de estrés. Y es allí cuando la madre o la maestra dicen “ese niño es un desmadre”, pues sí, precisamente es eso, su hijo no tiene madre, tiene nana, tiene tele, tiene amigos imaginarios pero madre no, ella anda en el Casino, en los pocitos, en el spa, o con sus amigas tomándose un daiquirí.

De lo que escribo aquí ya comenzamos a observar los primeros síntomas de esa enfermedad. El sistema económico en turno nos vendió la idea de “no importa la cantidad sino la calidad” y ya somos testigos silenciosos de los resultados.

La familia es el núcleo de la sociedad en donde se forman los futuros médicos, profesores, héroes del deporte, filántropos, altruistas, músicos, pero también allí, en la familia, es en donde se forja el carácter de un futuro psicópata, que le valga “madres” el otro. Ya estamos viviendo las primeras consecuencias de eso, esperemos que no sea demasiado tarde.

@CarlosDasein

 

Infancia es Destino

 
 
En uno de cada tres hogares Existe maltrato
CNDH

 

Lo hijos son el sentido de la vida, los hijos son dadores de felicidad, si le preguntas a una señora cuál ha sido el día más feliz de su vida te dirá sin pensarlo que cuando dio a luz a su primogénito, cuando lo vio en sus brazos.

Los recuerdos más bonitos de la infancia se remontarán al momento de la primer sonrisa, o cómo olvidar el reflejo de prensión, o cuando aprendió a gatear, cuando aprendió a aplaudir, cuando dio sus primeros pasos, o cuando comenzó a decir “papá” o “mamá”.

¿En qué momento se perdió la magia? ¿en qué momento se esfumó el encanto? ¿en qué momento dejaron de ser aliado para convertirse en enemigos? ¿cuándo se rompió esa simbiosis? ¿cuándo el papá o la mamá deciden socializar a la bestia? ¿en qué momento optan los papás reprimir el “Ello” de su hijo para que surja el “Yo” y dejarle el terreno preparado para la instauración del “Superyó”? o en otras palabras ¿en qué momento se cortan las alas del infante y lo convierten en un engranaje más de la sociedad?

Según las estadísticas ocho de cada diez niños sufren maltrato infantil ya sea psicológico físico o sexual.

La sociedad en su intento por reparar los daños cometidos a sus ciudadanos más vulnerables les ha inventado unos días de festejo, es así que tenemos el día del niño, el día de la madre, el día de la mujer, el día del abuelo por mencionar solo algunos.

¿Qué hay detrás de esos festejos? En psicoanálisis conocemos un término que se denomina “reparación”, en donde el sujeto que ha dañado al otro (llámese pareja, hijo, madre etc.) intenta “reparar” o “resarcir” el daño, es decir el motor que guía la conducta altruista es el sentimiento de culpa.

Tenemos pues la culpa como el motor que guía la conducta humana, para entender un poco mejor lo aquí esbozado pondré un ejemplo: llega el señor  -que por lo regular es muy parco en sus expresiones- con un ramo de rosas, así nomás porque sí, abraza y llena de besos a su esposa (cuando antes ni la volteaba a ver).

¿Qué hay detrás de un regalo? Un sentimiento de culpa, las mujeres muy entendidas en el asunto ya lo han sospechado, cuando el marido llega con un presente (rosas, chocolates, dinero…) lo primero que la mujer piensa es: “! ¿Y este que trae?!”  “¿y ahora que mosco le picó?”

Se acerca el día del niño, los papás preparan los regalos, los juguetes, lo sacan a pasear para compensarle los golpes, las vejaciones, al “Rey del Hogar”, o también podemos comprobar lo aquí escrito yendo un domingo a cualquier parque; allí se ven los papás todos desvelados, por haber llegado en estado inconveniente al hogar a las cinco de la mañana, pero eso sí, al hijo hay que cumplirle.

Es inevitable la doble moral de la sociedad en turno, es el eterno ensayo reiterado, es la “compulsión a la repetición”, la puesta en escena de la obra magistral “El extraño caso del Dr. Jeckill y Mr Hyde”. ¿Se puede hacer algo? la respuesta es muy ambigua, cada quien puede hacer bien su trabajo como padre de familia, educarlos bajo la pedagogía del amor, si todos hiciéramos lo que nos incumbe otra sociedad tendríamos, pero ¿qué es lo que tenemos?

El resquebrajamiento que estamos viviendo en la actualidad tiene su génesis allí, precisamente en la familia. Lo que estamos viviendo (narcotráfico, violaciones, pederastas, secuestros) todos son perpetrados por miembros  que alguna ves compartieron el espacio y el tiempo con algo denominado familia. La familia como núcleo de la sociedad. Es ahí en el Hogar, ese lugar sacrosanto en donde se dan los mejores festejos, en donde se reúne toda la familia extensa a festejar las mejores reuniones, los más exquisitos aquelarres en honor al niño, al abuelo, a la madre, a la mujer… es en la familia en donde se engendra tanto el remedio como el veneno, el paliativo o el ántrax y el cianuro, lo que pudre o lo que alivia a la Sociedad…

psicologocarlosmoreno@gmail.com

http://www.facebook.com/psicologocarlosmoreno

@CarlosMorenoMx

El efecto del ataque de tiburón

Mucho se ha hablado sobre el hombre salvaje y su lugar privilegiado en la conquista de la felicidad, estadísticas nos confirman lo que sospechábamos: el que más sabe, el que más conoce es el que más se va arruinando su propia existencia; “Parece que a los sabios les está llegando el momento de la angustia” dijo Jaques Lacan, o dicen que dijo Borges: “He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer… no he sido feliz”, o cuando Vicente Fox fue a un pueblito y le preguntó a una señora que qué opinaba de su mandato y la señora le respondió “no pues no se leer”, a lo que nuestro querido ex – presidente, (el arquetipo del hombre bragado) le contestó: “pues que bien, está mejor, así va a ser más feliz”.

El conocimiento nos da la infelicidad. ¿Qué pasa con el individuo que por un chequeo de rutina le diagnostican un padecimiento? cuando no sabía que lo padecía su existencia era de lo más normal, pero un día se le ocurrió realizarse un chequeo médico de rutina, le diagnosticaron cáncer y al momento de saberlo, de conocerlo, se deprimió.

O ¿qué pasa en los matrimonios enraizados en el posmodernismo?, sabemos que antiguamente la mujer permitía al hombre departir con sus amigos hasta altas horas del día siguiente y ella ni se enteraba de lo que hacía o simplemente fingía amnesia y la vida seguía su derrotero, pero qué vemos ahora, la mujer ha apostado por un rol más activo dentro del matrimonio, le da permiso de salir a su marido pero no se queda contenta con eso, hurga en su celular, en su cartera, le hace llamadas, entra a su facebook, hasta que se entera de que su pareja le está siendo infiel. Sabemos que eso de la infidelidad no es nuevo, a lo largo de los tiempos ha existido, tal vez con otras epifanías, pero la diferencia es que ahora la mujer sabe, la mujer conoce y por eso la ruptura en le matrimonio. Una vez más, el conocer nos fastidia la vida.

¿Qué fenómeno sustenta lo que aquí asevero? Leyendo el libro “Freakonomics” escrito al alimón por Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner, me entero de un fenómeno que los medios de comunicación se han encargado de compartir a la sociedad, este fenómeno casi siempre escatológico  lo podemos aplicar a cualquier acontecimiento que si lo vemos desde el punto de vista que aquí comento tendrá su razón y su justificación, me estoy refiriendo a lo que en los pasillos de cualquier medio o escuela de comunicación se conoce como el “efecto del ataque de tiburón”.

¿En qué consiste el efecto del ataque del tiburón? El libro lo define afirmando lo siguiente: “Los ataques de tiburones permanecen más o menos constantes, pero el temor a éstos aumenta drásticamente cuando los medios de comunicación deciden informar acerca de ellos”.

Así que antes de querer saber algo o conocer “algo” acerca de “algo” es mejor pensarlo dos veces, no nos vaya ese conocimiento a amargar la existencia, mejor sigamos distrayendo nuestras conciencias y rindamos tributo al dios Baco, con un aquelarre, una guarapeta o ya de perdis conectarnos al televisor y ver programas que lo anestesian a uno, salirnos de la realidad aunque sea por un momento, ya que la realidad, según la conocemos, no está como para adentrarnos en ella, eso dejémoselo a los políticos, con sus caras de seriedad, o a los intelectuales con sus diatribas, eufemismos, exégesis y hermenéuticas,  yo mejor me voy a ver el programa de “Muévete”, a ver si con tanto confeti me distraigo de esa “epistemología como antítesis del eudemonismo”, o lo que es lo mismo, el conocimiento te fastidia la existencia.