La Felicidad en tiempos de la Posmodernidad

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa 

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“El secreto de la felicidad no esta en hacer siempre lo que se quiere
sino en querer siempre lo que se hace.”
Leon Tolstoi

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A lo largo de la historia de la Humanidad, el homo sapiens se ha cuestionado por el sentido de su existencia. Desde que el hombre se precia de serlo, desde que el cerebro hizo un acto de introspección se ha preguntado por su lugar en el Cosmos. Unos dijeron que la esencia de la existencia sería “conocerse a sí mismo”, otros afirmarían categóricamente que la vida adquiere sentido cuando somos capaces de amar al prójimo; otros aseveran desde su propio inconsciente colectivo que venimos a este mundo a adorar a alguna divinidad; muchas voces optan por el hedonismo, otros por el eudemonismo, otros por el sinsentido. En fin, tantas y tantas respuestas a la incógnita del Ser-en-el-mundo.

En la sociedad contemporánea ¿en qué consiste ese sentido? Los psicólogos, filósofos, poetas, teólogos y músicos de rock and roll y uno que otro candidato de cualquier República de cualquier partido, han dicho que el hombre viene a este mundo a ser feliz.

Para dar respuesta a semejante incógnita, debemos de recordar la era en la que estamos inmersos; hemos dejado atrás varias eras de la humanidad que se han caracterizado por sus propios síntomas, como por ejemplo la Era de los orígenes de la civilización en donde el sentido de la vida era simplemente trabajar y adorar a los diversos dioses, posteriormente, con el paso de los años, el ser humano se dedicó a filosofar, después pasamos por un período oscuro denominado “Edad Media” en donde el sentido de la vida era precisamente conservar lo más preciado de lo humano: el contacto de Dios con su máxima creación: El Hombre. Llega un momento en la Historia de la humanidad en que el ser humano pone en duda los múltiples dogmas que rigen su existencia y es cuando entramos al período de la Ilustración, posteriormente a la modernidad y el imperio de la Razón y así llegar a lo que hoy conocemos como la Posmodernidad en la que estamos inmersos.

En la actualidad, y después de haber reflexionado durante siglos y siglos, el ser humano ha llegado a la conclusión de que la felicidad se encuentra sencillamente en estar en una posición corporal que denominaremos “estar-semi-acostado”; esa posición puede ser en un sofá, en una mecedora (excesivamente cómoda), o en la misma cama, pero sobre todo, y he aquí la receta de la felicidad posmoderna, se debe estar semi-acostado con una laptop en las piernas, de preferencia después de un buen baño reparador y si se puede también después de haber cumplido con los deberes del día.

Bueno, eso en el mejor de los casos en donde se pudiera encontrar algo de “sublimación” porque la verdad, la felicidad estaría ciertamente en estar semi-acostado y en las piernas no precisamente una lap-top, en las piernas mejor una mujer, una mujer amada o simplemente una mujer. O en su defecto estar acostado y en las piernas nada, pero en la mano el control remoto. Esas son las tres variantes de la felicidad del hombre posmoderno. Las tres tienen un común denominador: el ser humano ha evolucionado a tal grado que ha dejado atrás esa representación “vertical” que conquistó en un tiempo de su evolución filogenética, pero lo de hoy y lo de el futuro no muy lejano es estar acostado, dejar descansar la columna “vertebral” y optar por la posición horizontal. Bendita posmodernidad.

@CarlosLector

¿Hay lugar para Cristo en la Posmodernidad?

Autor: Carlos Moreno

imagen tomada de m.aciprensa.com

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¿De qué se trata la existencia? ¿De qué se trata la instancia del hombre en la tierra? ¿De qué se trata su paso efímero en esta parte del Cosmos? ¿La vida tiene sentido, o lo adquiere o uno se lo inventa o simplemente somos un error filogenético? ¿Tenía razón Milán Kundera cuando inventó ese título de “La insoportable levedad del ser”?

Me dicen que todo se reduce a la percepción, que todo depende con el cristal con que se mira, que es cuestión de actitud, que la realidad no te afecta sino la manera en que percibes. Otros más alegóricos afirman científicamente que “cada quien habla como le fue en la feria” o en el baile, dependiendo de la afición del hablante.

Tal parece que para unos el sentido de su existencia es vivir briagos, “el que vino al mundo y no tomó vino entonces a qué chingados vino” dice un axioma de nuestra cultura mexicana. Y no solo es ponerse borracho, además es aderezarlo con la música ad hoc: “ando bien pedo, bien loco”. Esa sería una respuesta existencial a la interrogante sobre el sentido de nuestra estadía terrenal.

Otros que van de la mano de dicho grupo de libadores son los llamados “hedonistas posmodernos”. Sabemos que el sujeto hedonista existe desde que el hombre hizo del pensamiento una forma de vida, como los pre-socráticos, acordémonos de la eterna lucha entre los “hedonistas” y los “eudemonistas”; los primeros decían que el sentido de la existencia era el placer corporal, el aquí y el ahora, lo efímero, lo espontáneo, lo momentáneo. En cambio los “eudemonistas” opinaban que el sentido de la existencia se obtenía cuando el sujeto buscaba la felicidad en compañía de sus seres queridos; es decir el hedonista buscaba una “felicidad” egoísta y el eudemonista buscaba una felicidad comunitaria. Hoy ya no existen o más bien no hay lugar para los eudemonistas, están desterrados, lejos de los planes actuales, lo de hoy es ser hedonista, vivir bajo el principio del placer, “lo hago porque me da placer, si exige de mí algo de sacrificio ni me lo menciones”, parece ser el eslogan de los hedonistas posmodernos. El hedonista posmoderno busca el placer en la televisión, en el sexo desenfrenado, en internet, chateando, comiendo, etc. entre menos esfuerzo exija la cuestión es mejor. Tal parece que de humanos poco nos queda. Los placeres que están en boga están íntimamente relacionados con las necesidades fisiológicas: dormir, comer, hacer pipí y popó y fornicar.

Ante tal panorama: ¿existe un lugar para Cristo? Tal parece que la existencia actual se vive tan aprisa que no volteamos o más bien no queremos voltear a ver la propuesta del Nazareno. Muchos afirman que el Sentido de la Vida es encontrarse con la Divinidad, tener ese encuentro con Dios aquí en la Tierra, pero dicho discurso no va de la mano o más bien es antagónico con los preceptos de la moral en turno. Pocos años tenemos como sujetos civilizados, y también en pocos años las reglas de la vida se han trastocado; si seguimos así, que no nos extrañe que formemos parte de la última Generación de mortales que habitaron un día este planeta pequeñito llamado Tierra.

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa (Monclova, Coahuila. Mx.)