Los estragos del inconsciente

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“En el inconsciente a nada pude ponerse fin, nada es pasado ni está olvidado” 

S. Freud

Somos el resultado de los deseos que nos habitan. Vivimos la existencia de acuerdo al deseo que habita en nuestro inconsciente. Como escribiera Sigmund Freud en su libro La interpretación de los sueños: “En el inconsciente a nada pude ponerse fin, nada es pasado ni está olvidado1, es decir, líneas más arriba, en la misma página Freud escribe: “Los deseos inconscientes permanecen siempre alertas”,2 y yo añadiría, alertas esperando manifestarse, y así lo hacen, se manifiestan a través de los sueños y del síntoma en general, claro, en este último, el deseo se topa con una contrafuerza que le obliga a utilizar una máscara, precisamente lo que conocemos como síntoma.

El deseo en psicoanálisis ha sido un referente constante para poder desentrañar la condición humana. “Sujeto deseante” pareciera ser la definición quiditativa del ser humano. ¿Por qué deseamos? Porque vivimos en la constante y eterna carencia, en la falta consustancial.

¿Qué implicaciones tiene el deseo en la vida cotidiana? Freud explica que precisamente es el deseo el motor de nuestras acciones, por ejemplo, si aceptamos el deseo que nos constituye quizá podemos encontrar algo de bienestar, sin embargo, si no se acepta el deseo que nos habita, muy probablemente surja un mecanismo que lo sofoque, un mecanismo que lo trasforme en lo contrario, con esto podemos comprender mejor los casos de homofobia, en donde el sujeto al sentir un deseo homosexual, no lo acepta y lo transforma en su contrario. Lo mismo puede ser en los seres humanos que hacen de su vida una constante lucha por algún ideal, etc. Mismo caso sucede con las madres sobreprotectoras que su proceder se pudiera explicar de la siguiente manera: al sentir el deseo de muerte hacia su hijo, lo transforman en lo contrario y se convierten en madres que sobreprotegen, ¿por qué? no vaya a salir el demonio que se lleva dentro y el cual ya dio señales de que allí está, listo para emerger.

El mismo mecanismo opera en las ideas obsesivas o delirantes, en donde el sujeto ya se percató de que le brotan pensamientos que son mal vistos por la sociedad; “opta” por reprimirlos, y en el intento de negarlos es cuando surge como resultado de la disputa un compromiso: las ideas obsesivas, que nos estarían indicando que se está tratando de ocultar lo que realmente se piensa.

Cuanto más empuje el deseo, mayor será la defensa: entre mayor sea el deseo, mayor gasto se tendrá que hacer para sofocarlo, eso provocará en el sujeto una inhibición y por lo tanto un síntoma que se vivirá como angustia. “Contra un deseo desenfrenado se eleva una poderosa moción de defensa.”3

Por lo tanto, ¿en qué consisten esos estragos del inconsciente? escribe Freud: “solamente un deseo puede impulsar a trabajar a nuestro aparato anímico4, es decir, con esto se comprende que todo síntoma, toda decisión, la vida misma está sustentada en el deseo que nos habita y que desde allí dirige nuestro proceder. Vivimos la vida que deseamos, no hay de otra, y si esa existencia que se vive es tormentosa, hasta allá habrá que ver por qué se desea vivir así.

¿Qué nos queda? Quizá tratar de comprender el deseo que habita a cada uno y ver la manera de darle cumplimiento, y si no se puede tal cual, encontrar la manera de sublimar; “un rodeo para el cumplimiento de deseo.5

¿Y qué es ese deseo que nos habita? “Es el intento de restablecer la situación de la satisfacción primera. Una moción de esa índole es lo que llamamos deseo6

Nadie escapa al deseo que le habita.

1 Freud, S. La interpretación de los sueños, 1900, AE, V, p. 569

2 ídem, p. 569

3 ídem, p. 561

4 ídem, p. 559

5 ídem, p. 558

6 ídem, p. 557

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

Dime lo que sueñas y te diré quién eres

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

“El estado del dormir posibilita la formación del sueño por cuanto rebaja la censura endopsíquica”.

(S. Freud)

 

“Dime lo que sueñas y te diré quién eres”. ¿Qué nos puede aportar la interpretación de los sueños al conocimiento propio? “Conócete a ti mismo” decía Sócrates. Sigmund Freud postula en su libro La interpretación de los sueños que tanto un síntoma como un sueño nos dicen mucho de nuestra condición humana. En el prefacio del libro “Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción” podemos leer: “Sólo mediante las formaciones del inconsciente (sueño, acto fallido, síntoma) sabemos quiénes somos. Si no atendemos a lo que estas revelaciones nos anuncian, estamos destinados a vivir como ignorantes de nuestra verdadera naturaleza (condición humana). Es por eso que la vía regia al inconsciente se convierte también en la vía regia al conocimiento de nosotros mismos. El sueño, lo mismo que la locura, nos desenmascara, nos arranca la careta de la “normalidad” y nos muestra tal como somos.” 1

El ser humano es un perverso, sólo que a través de la cultura se ha convertido en sujeto, en persona capaz de sublimar, reprimir, desplazar su perversión; sin embargo, la condición humana se manifiesta constantemente durante el sueño. Lo que el neurótico sueña el perverso lo lleva a cabo. Quizá será por eso el odio que el neurótico tiene al perverso, porque el neurótico no se permite el goce al cual el perverso tiene acceso. El neurótico sólo tiene acceso al goce a través de la fantasía.

El epígrafe que utilizo para el presente texto, el aforismo freudiano: “El estado del dormir posibilita la formación del sueño por cuanto rebaja la censura endopsíquica”,2 ciertamente nos plantea que el ser humano necesita de una autocensura para poder acceder a la cultura, pero que es durante el sueño en donde se muestra tal cual, sin filtro. Será en el dispositivo psicoanalítico donde se desentrañan los deseos inconscientes reprimidos que se esconden detrás de la “figurabilidad” que se nos presenta como sueño manifiesto.

El psicoanalista Carlos Gaos escribe en el prólogo al libro Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción: “Freud propuso una nueva fórmula que inscribía el relato de esa experiencia insensata en las coordenadas de un historial ominoso, irreconocible para el propio narrador”.3 Precisamente eso fue lo que le llamó la atención a Freud, que dentro de cada uno de los seres humanos habita algo que aterra, pero que a la vez encanta.

Continuando con lo que escribe Carlos Gaos: “había una historia que hablaba por él, a través de él e incluso en su contra”. Es así como resulta el encuentro con el propio inconsciente, muchas de las veces no se está de acuerdo con el deseo que a uno le habita, pero ¿qué se le va a poder hacer a eso? ¿Ha usted actuado en conformidad con el deseo que lo habita?4 pregunta Lacan, para después rematar: “La única cosa de la que se puede ser culpable es de haber cedido en su deseo.”,5 es decir, saber y reconocer la propia condición humana, de qué se está hecho y tratar, en la medida de lo posible vivir de acuerdo al propio deseo tomando en cuenta la ética y la responsabilidad. ¿Qué hago con esto que tanto me aterra? Quizá aterra porque encanta.

Por lo tanto, la interpretación de los sueños, siguiendo con el discurso de Carlos Gaos: “Se trata de descender a los infiernos, de desentrañar la maligna podredumbre humana tras sus disfraces de insensatez o inocencia”.6 Nadie se salva de eso.

Por último, recurro una vez más al prologo escrito por el psicoanalista Carlos Gaos (Miembro fundador del Taller de Investigaciones Psicoanalíticas A.C.): “La interpretación de los sueños tiene la característica de que deja al humano en el desamparo ante las demoníacas fuerzas que lo habitan”,7 es decir, el inconsciente traza nuestro destino, como la tragedia de Edipo, así esa historia que se nos presenta como una “historia alterna” a la propia que vamos viviendo. Poner atención a los propios sueños y su interpretación desde el psicoanálisis, puede dar luz para poder comprender el propio malestar que aqueja.

¿Por qué la importancia de interpretar el sueño? Porque precisamente es allí donde nos topamos con nuestro verdadero deseo, que está íntimamente ligado a nuestra infancia.

Conforme el sujeto vaya adentrándose al análisis de su inconsciente, en esa medida podrá tener acceso a esa parte de sí mismo que no ha explorado, quitará poco a poco la censura y por consiguiente vivir en la apertura de dejar de engañarse a sí mismo.

1 España, Pablo y Alquicira, Mario. Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción, ed. CPM, 2001, p. 18

2 Freud, S. La interpretación de los sueños, 1900, AE, tomo V, p. 520

3 Carlos Gaos en prólogo al libro Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción, CPM, 2001, p. 13.

4 Lacan, J. El Seminario VII, p. 373

5 Lacan, J. El Seminario VII, p. 382

6 Gaos, Carlos, ídem, p. 13

7 Gaos, Carlos, ídem, p. 14

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com