La verdad está en el inconsciente

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“Atribuimos a la cultura y a la educación una gran influencia sobre el despliegue de la represión, y suponemos que sobreviene en la organización psíquica una alteración, a consecuencia de la cual lo que antes se sentía agradable aparece ahora desagradable y es desautorizado con todas las fuerzas psíquicas”

(S. Freud en El chiste y su relación con lo inconsciente, AE VIII, p 95)

El trabajo en un psicoanálisis consiste en desvelar -quitar el velo- que cubre el deseo del ser humano. ¿Por qué es necesario esto? Porque precisamente ese conflicto que se da entre lo que sucede en el interior del ser humano y lo que se le ha impuesto trae consigo el malestar.

La experiencia analítica encuentra su lugar cuando el paciente se permite decir todo cuanto se le ocurra, de esa manera el paciente se convierte en un analizante, es decir, en una persona que se va escuchando poco a poco y va construyendo un sujeto del inconsciente. ¿Cuál es la función del analista? El analista está allí para ser testigo de que se está llevando a cabo un análisis. La atención flotante del analista escucha lo que el inconsciente intenta trasmitir, ya sea a través de un lapsus, un olvido, un chiste, un sueño, que son propiamente las manifestaciones del inconsciente.

¿Por qué podríamos estar tan seguros de que en el inconsciente está la verdad? Recientemente leyendo el libro “El chiste y su relación con lo inconsciente” (1905) de Sigmund Freud, en donde escribe el famoso chiste del “famillonarmente”, un juego de palabras en donde se mezcla “familiar” con “millonario” es decir, a un sujeto lo trataron familiarmente por confundirlo con un millonario. Tratando de comprender el chiste, recurro a otra fuente: “El sur como disculpa” de Federico J. C. Soriguer Escofet, en donde nos cuenta que él había leído el chiste en una edición que por error había traducido la palabra “famillonarmente” por “familiarmente” perdiendo con ello el chiste.

Lo que llama la atención es la analogía que ocurre de ese error de edición. Así trabaja nuestra estructura psíquica. Dentro del ser humano existe una instancia que se va a encargar de censurar, corregir, borrar, reprimir, editar, etc. El Yo y lo que se desprende a la postre de él, el Superyó, hacen la función, entre otras cosas, de ser un “corrector de estilo” en donde dedica gran parte de su fuerza a corregir los “malos pensamientos y deseos” del sujeto, hasta en muchos casos hacerlo sentir miserable.

El yo cumple la función de editar el deseo que habita al ser humano. Se encarga de traducirlo, otras censurarlo, desplazarlo, sustituirlo, suplirlo, etc., pero muchas de las veces se le escapa y es allí donde el analista pone atención; el material que la razón desdeña, el analista lo recupera para ir construyendo junto con el paciente en su devenir como sujeto del inconsciente.

Por lo tanto, podríamos decir que el ser humano es un ser auténtico cuando se equivoca, cuando olvida algo, cuando cambia una palabra por otra, cuando está enojado y dice lo que siente. El ser humano es auténtico cuando duerme y sueña su deseo. El ser humano deja ver su parte auténtica cuando cuenta un chiste y deja entrever por dónde es que anda su inconsciente. El error, el olvido, el lapsus, el acto fallido nos dicen más de la persona que cualquier otra cosa.

El chiste, el sueño, el error, el acto fallido, un lapsus, un olvido, peculiaridades que son inservibles para el sistema, forman la piedra angular para el psicoanálisis. No hay lugar para la verdad en un sistema que se ufana de ser la sociedad del espectáculo, la cultura de la vacuidad, la civilización líquida.

La verdad está en el inconsciente. Diga todo cuanto se le ocurra, que tarde o temprano el inconsciente hará de las suyas.

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

Manifestaciones del inconsciente

 

¿Cómo saber qué es lo que tenemos en nuestro inconsciente? y más importante aún: ¿para qué nos podría servir saber qué es lo que tenemos en nuestro inconsciente?

Sigmund Freud al intentar comprender ese rostro oculto de nuestro ser denominado “inconsciente” se dio cuenta de que se manifestaba a través de los sueños, específicamente a través de la interpretación de los sueños, “la vía regia para acceder al inconsciente”, el sueño como la realización de un deseo inconsciente y que tiene mucho que ver con nuestra infancia. Es a través del sueño que se nos revelan nuestros deseos más arcaicos, nuestra condición humana, de lo que estamos hechos, de pulsión de vida y también pulsión de muerte.

Otra de las vías de acceso para saber por dónde anda nuestro inconsciente es el chiste; Freud escribió todo un texto para analizar cómo es que el inconsciente se manifiesta a través del chiste, de la genialidad, de la curiosidad. Es a través del chiste como podemos expresar lo que muchas veces intentamos decir pero decidimos callar, lo decimos a través del chiste “que al cabo es un chiste”, lo mismo sucede en el sueño, nos atrevemos a decir lo soñado “que al cabo es un sueño y no tiene nada que ver con nuestra vida real”, sin embargo, el chiste y el sueño revelan mucho de nuestra propia vida y específicamente de nuestro deseo.

Otra manera de manifestarse nuestro inconsciente es a través del “lapsus lingüe” en donde decimos una cosa por otra; en donde comúnmente se dice “me traicionó el inconsciente”, por ejemplo al decir “vete a morir” cuando se quería decir vete a dormir, o “ya no aguanto a mi madre” cuando se quería decir no aguanto a mi esposa, o “es que yo cedí” cuando en realidad se quería decir yo decidí, y así muchos otros ejemplos en donde el inconsciente hace de las suyas y utiliza el lenguaje como vía para salir a la luz.

El inconsciente está estructurado como un lenguaje, diría Lacan. Con el tiempo nos damos cuenta de que en realidad el consciente es quien está constantemente traicionando al inconsciente, ya que en el inconsciente está la verdad y constantemente se le intenta reprimir, que no salga a la luz porque lastima.

Otra de las vías para acceder al inconsciente es la asociación libre, en donde el paciente (analizante) sigue la regla básica fundamental de todo análisis: diga todo cuanto pase por su cabeza, toda ocurrencia, por más disparatada o incoherente. Pensar en voz alta. Hablar sin filtros, sin censura. Es por eso que en psicoanálisis se le denomina “analizante” y no paciente, ya que es él mismo quien se hará responsable de su propia cura y no esperar “pacientemente” la solución de parte de su psicoanalista.

Por último, tenemos el caso de los “actos fallidos”, en donde el ser humano comete un acto que va en contra de su voluntad, como por ejemplo un olvido, un accidente, extraviar o perder algo. En estos casos del acto fallido imaginemos el diálogo interno de nuestro inconsciente: “así que quieres mucho eso eh, sería una lástima que lo perdieras” o este otro: “mira qué conveniente es que olvidaras esa fecha tan “importante para ti”… por lo tanto, ese “acto fallido” se ha convertido certeramente en acto logrado, es decir, el inconsciente ha logrado su cometido.

Las manifestaciones del inconsciente. ¿Por qué entonces es importante saber qué tenemos en nuestro inconsciente? Porque allí está nuestro verdadero deseo, allí se encuentra nuestra verdad.

Todos tenemos una historia de vida que contar

Todos tenemos una historia de vida que contar. Que lance la primera piedra quien esté libre de un trauma de la infancia. Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis puso el dedo en la llaga, puso sobre la mesa de discusión el por qué del sufrimiento del ser humano.

¿Por qué sufre el ser humano? El origen del malestar lo podremos rastrear en la más tierna infancia, en ese periodo de la vida cuando somos indefensos ante los embates de la realidad y requerimos el apoyo de nuestros padres. El ya conocido aforismo: “Infancia es destino”.

¿Se puede revertir nuestro destino? Entendiendo destino como eso que se construye desde la más tierna infancia a través de los vínculos amorosos con papá y mamá o con quien haya estado cumpliendo esa función.

Cada uno de nosotros tenemos una historia de vida que contar, un acontecimiento (o muchos) que han sido parte fundamental a lo largo de nuestra existencia; eventos desagradables, acontecimientos, traumas, complejos, experiencias frustrantes pero también experiencias agradables y fructíferas. Todo eso se ha quedado guardado en alguna parte de nosotros y desde allí lo retomamos y con eso interactuamos. No tanto el acontecimiento sino la percepción que tenemos de lo que nos sucedió. A eso Sigmund Freud le denominó inconsciente o Lacan también le llamó “historia de vida” que forma parte de lo que somos.

Ahora bien, lo que quiero poner a consideración del lector es lo siguiente: ¿qué pasa cuando esa “historia de vida” nuestro inconsciente lo traduce como “historia debida”? muchas de las veces nos damos cuenta que nuestra vida se la debemos a alguien, inconscientemente estamos en deuda con alguien, nuestra vida se la debemos a alguien y es por eso que no se vive la vida que se desea, se vive la vida con ataduras, se vive la vida de acuerdo a los patrones establecidos por nuestro pasado y no somos capaces de comenzar nuestra propia existencia porque el mandato sigue en el inconsciente, es cuando esa “historia de vida” se ha convertido en “historia debida”, se la debemos a alguien más, ya sea a nuestros padres, a nuestro pasado, a un trauma y la estamos pagando, ¿cómo? pagando lentamente, poco a poco con inseguridades, con lamentos, quejas, y muchas de las veces ese pago lo hacemos con “intereses” es decir, cuando contraemos una deuda, cuando debemos un pago, existen los “intereses” el pago sobre el pago; acá la interpretación iría encaminada de una manera similar; es cuando no contentos con vivir una “historia debida”, le añadimos esos “pagos de intereses”. Hay una doble connotación en esa palabra, se paga con “intereses” pero también significa que hay algo de “interés” en juego en eso de lo que tanto nos quejamos.

Es cierto que se “sufre porque se quiere” es decir, el que sufre muy probablemente está allí porque está obteniendo una ganancia secundaria, algún beneficio inconsciente está obteniendo al no moverse de ese lugar, al no terminar con esa relación poco sana, al no dejar ese vicio que lo arrastra hacia la autodestrucción, algo lo sigue manteniendo en ese lugar de trabajo en donde encuentra poca o nula insatisfacción.

Todo eso forma parte de nuestra “historia de vida” que se ha convertido para nuestra desdicha en “historia debida”. Se “sufre porque se quiere” entendido como esa manera de no moverse del lugar, pero también se entiende ese “se sufre porque se quiere” es decir, se sufre porque se ama. ¿Qué se ama? Se ama el vínculo que nos tiene atados al pasado.

Una vida que se debe y además se paga con intereses a alguien más. ¿A quién? De eso se trata el psicoanálisis, de comenzar a indagar en lo más recóndito de nuestro inconsciente y tratar de hacer consciente esos fenómenos de nuestra historia de vida.

¿Se puede revertir el malestar? Ya a cada uno le toca responder esa pregunta. El diván es un buen lugar para comenzar esas cuestiones que lo tienen a uno en la depresión, en la queja constante, viviendo una existencia “debida”. ¿Y por qué es necesario contar esa historia de vida? Porque es a través de la palabra en donde el ser humano puede simbolizar lo que angustia, eso que atormenta y que no tiene nombre, sólo a través de la palabra puede ir encontrando un cauce, en donde puede fluir libremente la pulsión de vida.

Psicoanálisis en la vida cotidiana

En esta nueva temporada como colaborador de este sitio electrónico, quisiera abordar las problemáticas que se nos presentan en la vida cotidiana y ofrecer una mirada desde el psicoanálisis. El saber cómo es que estamos constituidos y lo que eso conlleva nos puede ofrecer otro punto de vista con el cual asumamos nuestra existencia, en el trabajo, en el amor, en las relaciones interpersonales. Sabemos desde Freud que todo ser humano posee una estructura psíquica que se compone por un Ello, un Yo y un Superyó, así como de un consciente, preconsciente e inconsciente y es en esta estructura de la personalidad desde donde tomamos las decisiones, elegimos nuestra vida, amamos y sufrimos y demás vericuetos propios del diario acontecer.

La idea de este espacio es dar a conocer cómo se trabaja dentro de una sesión de psicoanálisis, qué cosas ocurren dentro de la experiencia analítica y que puede ayudar a comprender algunas cosas del diario vivir como lo son el “lapsus lingüe” los errores, accidentes, motivaciones, deseos, olvidos, etc. es decir, tratar de poner al servicio del lector algunas consideraciones propias de la clínica para ir comprendiendo por qué actuamos como actuamos.

En esta primera entrega quisiera abordar, a manera de apertura, cómo es que estamos constituidos, cuál es nuestra condición humana, de qué estamos hechos. Algunas respuestas las podemos encontrar en la religión o en la ciencia y la filosofía. Pero como en este lugar estaremos hablando de psicoanálisis, será desde allí que intentaremos encontrar algunas pistas para que cada uno encuentre respuestas a sus interrogantes existenciales.

¿Por qué un psicoanálisis? Sigmund Freud fue el padre del psicoanálisis, se dio cuenta de que sus pacientes enfermaban porque reprimían cosas; ¿qué cosas? deseos, pensamientos, palabras, sobre todo mociones (movimientos, inclinaciones, pensamientos reiterativos) que entraban en conflicto con la moral de la sociedad en turno. Muchas de sus primeras pacientes acudían a él y platicaban de frustraciones, represiones, sueños y anhelos frustrados. Poco a poco Sigmund Freud se fue dando cuenta de que había algo más, de que en cada ser humano existía “algo de lo que nadie quiere hablar” y a eso el Dr. Freud le llamó “lo inconsciente”, que después, conforme fue elaborando su teoría, años después coincidiría mucho con lo que en 1920 llamaría el “Ello”. Así tenemos que la primera tópica freudiana (Consciente, Preconsciente e Inconsciente) se entrelaza con la segunda tópica freudiana (Ello, Yo y Superyó) de lo que estaremos hablando en el transcurso de estas entregas.

¿Por qué es importante saber esto? ¿Cómo repercute en el diario vivir del ser humano? Pondré un ejemplo: en la mayoría de los casos (y me atrevería a decir que en todos los casos) es muy frecuente que el ser humano tenga conflictos con el prójimo, llámese pareja, amigos, patrón, jefe, etc. es entonces cuando la gente se pregunta ¿por qué me cae tan mal? o “desde que lo vi sentí la mala vibra”. Eso tiene su explicación: andamos por la vida con conflictos no resueltos y muchas de las veces los conflictos que tenemos en la edad adulta vienen a remover esos conflictos que traemos arrastrando desde la más tierna infancia. Es por eso que una persona ante una situación reacciona de alguna manera y otra persona reacciona distinto, como por ejemplo ante una ruptura amorosa, un despido laboral, etc.

¿Por qué se suicidan los que se suicidan? ¿Por qué la gente se vuelve “loca”? Estos y muchos puntos más el psicoanálisis ha intentado investigar e intenta dar alguna luz para poder vivir la vida ligero de equipaje. Estos y otros asuntos de la vida cotidiana iremos abordando en este espacio.

Fue sin querer queriendo

El presente escrito surge al leer en facebook una idea que nos comparte el psicoanalista Camilo Ramírez sobre la frase que usaba la “Chimoltrufia”: “yo cuando digo una cosa digo otra”.

Yo me detengo en la siguiente frase: “fue sin querer queriendo”. Esta frase la popularizó un personaje de Chespirito, quizá todos recordamos cuando el “Chavo del ocho” golpeaba a “El Señor Barriga” y remataba diciendo: “fue sin querer queriendo” ¿qué hay detrás de tan semejante frase?

Una: se habla del querer, pero en un término de acción. Todos por acá sabemos que el “querer” también lo podemos utilizar como acto de amar “te quiero” por lo tanto al mencionar o articular las palabras de la siguiente manera la frase proviene directamente del inconsciente manifestándose así: “fue sin querer” es decir, lo que realmente se “quiso” decir es “fue sin amor”.

Demos un ejemplo: leemos en el periódico el testimonio de una mujer que dice “mi hijo se quemó,  es que fue sin querer”, lo que realmente está diciendo la señora es que “mi hijo se quemó es que no le quiero”. O este otro: “es que estaba estacionando el carro y atropellé al hijo de mi comadre, fue un accidente, fue sin querer”, a lo que insisto debemos de leer textualmente lo que el hablante intenta trasmitir o comunicar: “estaba estacionando el carro y como pasó el hijo de mi comadre por atrás pues lo atropellé por que no lo quería”. O para que quede ya muy comprendido el uso del “fue sin querer” recordemos cómo murió la pequeña Paulette: “murió entre las cobijas, fue un accidente, fue sin querer”.

Ahora bien, añadamos a ese frase de “fue sin querer” lo que Chespirito en su cosmovisión nos compartía: “fue sin querer queriendo” es decir, lo que hacemos, lo que nos permitimos hacer en la vida diario siempre tiene que ver con un propósito, pero lo interesante del asunto es analizar al servicio de qué está ese hacer, por lo tanto cuando un mortal te salga con la frase de “fue sin querer queriendo” ¿qué te está diciendo o que intenta decirte?

Volvamos a los ejemplos: si el esposo va caminando por el pasillo de la casa y le pega a su esposa con la escalera que va cargando en sus hombros y le dice a su amada esposa en tono de juego y broma: “discúlpame amada mía, fue sin querer queriendo” ¿Qué tantos significados encierra dicha frase? Qué tanto le está diciendo el amado a su amada? Si continuamos con lo líneas arriba esbozado la interpretación quedaría de la siguiente manera: “Te pegué porque no te quiero, no te amo, estoy hasta la madre de ti, te pegué porque realmente necesitaba pegarte, era una necesidad ontológica y fisiológica, te pegué para decirte cuanto te odio y rematé diciendo esa estúpida frase de Chespirito para que no te enojaras” y así la mujer acostumbrada a ver los programas de Chespirito en lugar de molestarse solo soltó una risotada al escuchar semejante frase:  “fue sin querer queriendo”.

Cuántas cosas guarda nuestro inconsciente, de vez en cuando hay que hablar con él, preguntarle cómo está, para que no se acumulen los resabios y quiera salir como el del ejemplo del señor que como no podía expresar su molestar lo hizo por medio de un chiste al puro estilo de Chespirito.

En el ejemplo que anteriormente se dio, en lugar de la esposa muy bien se puede acomodar el nombre de la suegra, la vecina, el amigo, la amante, etc. y los resultados serán los mismos.

Por lo tanto el lenguaje siempre, (el inconsciente está estructurado como un lenguaje) siempre se saldrá con la suya, como cuando escuchamos “lo que realmente quise decir”… lo que realmente se quiere decir es lo primero que se dice, lo primero que se escapa a la consciencia, lo primero que se hace presente a través de la lengua, ya lo demás es mera diplomacia…