Sólo el amor nos salvará

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen de elproyectomatriz.wordpress.com

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Recuerdo una frase que tuvo una gran influencia en mi manera de ver el mundo durante mi juventud: “Si el problema tiene solución, para qué te preocupas, y si no tiene solución entonces para qué te preocupas”. También  recuerdo haber escuchado que muchos de los inventos que en la actualidad utilizamos fueron producto de un error, una equivocación, producto del azar. Eureka. Serendipia.

¿Qué tienen en común estos dos recuerdos? Leyendo la biografía de Freud escrita por Ernest Jones, menciona cuando Sigmund Freud en sus primeras incursiones dentro de la ciencia quería investigar los procesos neurológicos, el trabajo con las células. ¿Cómo fue a parar en lo que ahora es conocido? ¿cómo fue el paso de la neurología al psicoanálisis? Mucho de ello tuvo que ver la escucha del discurso de sus pacientes, el cambio de la hipnosis por una escucha atenta del inconsciente, el paso de la sugestión hacia una propuesta de acceso hacia el origen del malestar a través de la asociación libre.

Si tiene solución, para qué te preocupas, si no tiene para qué te preocupas. Las cosas en la vida se van dando, se van acomodando, existen factores en los cuales uno tiene que poner mucha atención, el “chiste” de la vida (como cualquier otro chiste) es poner atención, no estar distraído, ¿qué significa esto? estar haciendo las cosas sin angustia, procurando la estabilidad, la paz, la armonía.

La vida (para los que creen) es como un rompecabezas, las piezas se van acomodando conforme avanza el juego. También la vida es como un juego de ajedrez en donde hay que estar atentos a los propios “movimientos” que llevamos a cabo y las posibles consecuencias de esos movimientos. Hago énfasis en señalar en el enunciado la frase “para los que creen”, ya que recuerdo también haber escuchado ese adagio: “todo sucede para bien” añadiendo “para aquellos que buscan el Bien”. La vida es eso, una construcción, lenta, muy lenta, pausada, a su tiempo, a su momento. La evolución de la especie humana está llena de episodios en donde la paciencia ha tenido un factor protagónico.

Uno en su vida, si está atento a “los signos de los tiempos” puede acceder a ese estado de quietud, de paz, aminorar la angustia que conlleva la misma existencia. La “iluminación” (por llamarlo de alguna manera) o el “insight” o el “Eureka” es más probable que llegue a nosotros si estamos allí, constantemente en esa búsqueda, en el camino, sin quitar el dedo del renglón; picando piedra.

La vida, Dios, el destino, el inconsciente, (como gusten) tiende a manifestarse, a revelarse, (epifanías-teofanías) para algunos como “una brisa suave” a otros como una tormenta, una sacudida, pero todo humano al final obtiene lo que en su vida ha buscado.

Quizá será por eso la actitud de contemplación que adquieren nuestros abuelos, llenos de sabiduría que da la vida, una actitud de contemplación ante la vida, saben que al final es la Vida misma la que se impone, que por más caprichos que se quieran, uno obtiene lo que necesitaba. También está la otra cara de la moneda, el abuelo que vive atormentado por los fantasmas de su pasado, por los estragos de ese goce* que lo arrastra irremediablemente hacia la angustia, al vacío, a la nada, a la muerte.

 Y allí están, contemplando la existencia, sonriéndole, reconciliándose con sus ángeles y demonios; el abuelo sabe que ángeles y demonios  no eran más que sus deseos. Al final, ángeles y demonios duermen juntos, como cuando termina una pastorela, dejan de actuar, se quitan el disfraz y se van a dormir. El abuelo hace un silencio, mira hacia el horizonte y continúa en silencio, contemplando el misterio que los humanos hemos llamado Vida.

*El concepto de goce implica la idea de una transgresión de la ley: desafío, sumisión o burla. El goce reside en el intento permanente de exceder los límites del principio de placer y conlleva inevitablemente al sufrimiento. El goce se sostiene en la obediencia del sujeto a un mandato del Gran Otro. (Definición tomada del diccionario tuanalista.com)

 

La Conquista de la Felicidad

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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La felicidad del hombre tiene por nombre “yo quiero”
Federico Nietzsche

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Dicen que la felicidad está a la vuelta de la esquina ¿en qué consiste la felicidad?

Muchos prominentes psicólogos, psiquiatras, psicoanalistas, filósofos, teólogos y músicos de rock and roll tienen su propia versión sobre la conquista de la felicidad.

Recuerdo haber escuchado que la felicidad se encontraba comiendo un puñado de almendras o de nueces, otros afirmaban que comiendo chocolate. Sigmund Freud nos dijo que evitáramos hasta cierto punto la represión y viviéramos a plenitud nuestra sexualidad, consejo que en la posmodernidad se ha llevado al extremo al tal punto de que varios psicólogos afirman lo contrario, un poco de represión no nos caería mal. Erich Fromm afirmaría que ahora lo que está reprimido no es la sexualidad, sino el amor, el compromiso con el otro, el construir. Bertrand Russell afirmaba que la felicidad se tiene que conquistar, que no solamente se busca y que no solamente se da; se tiene que conquistar.

¿Por qué la gente vive con problemas? Epicteto afirmaba que  los hechos o la realidad no tiene nada que ver con el malestar del hombre, que es más bien la percepción de la realidad lo que le fastidia la existencia al ser humano. La felicidad como cuestión de percepción, cuestión de actitud, cuestión de hábitos.

Para poder vivir de acuerdo a las normas que rigen la convivencia de la sociedad es necesario hacer solamente una cosa, pero esa sola cosa debe tener tres características. El ser humano, de acuerdo a la época en la que estamos viviendo (la posmodernidad) debe encontrar una actividad que le apasione, pero esa actividad que le apasiona debe ser socialmente aceptada y además debe percibir alguna utilidad.

El ser humano debe tener muy en claro qué es lo que le apasiona en esta vida, como por ejemplo ser bombero, artista, profesor, médico, vendedor de algo o músico de rock and roll, encontrar eso que te apasiona, pero eso que te apasiona debe estar socialmente bien aceptado y que le paguen por ello ya que por ejemplo algún lector despistado podría aseverar que lo que le apasiona sería por ejemplo ver la televisión, estaría cumpliendo solamente con el primer requisito que sería encontrar algo que le apasiona, pero faltarían los otros dos requisitos, que es lo socialmente aceptado y el pago por la actividad; ver la televisión gran parte del día no está socialmente bien visto y no creo que alguien pague para que te dediques a ver la televisión, claro, hay sus excepciones como por ejemplo el trabajo que tiene Álvaro Cueva. O también otro despistado lector diría “a mi me apasiona estar todo el día en Twitter”, estaría cumpliendo con el primer axioma, encontrar una pasión, pero estar tuitenado todo el día no es bien visto y a muy pocos les pagan por eso. Otro diría “a mi me gustaría tener sexo todo el día”; estaría cumpliendo con la primera regla, haría lo que le apasiona, estaría cumpliendo con la tercer característica que es el pago por ello pero no estaría cumpliendo con el segundo punto que es hacer una “actividad socialmente aceptada”.

Es por eso que aquí usted va a encontrar el secreto de la felicidad: la felicidad consiste en tomar suficiente agua durante el día (dependiendo del peso y estatura de la persona), hacer ejercicio y no cenar.  Creo que eso ya lo había dicho Spiderman, palabras más, palabras menos.

En eso radica la felicidad, en lo básico, haciendo estas tres cosas (tomar agua, ejercicio y no cenar) sería el principio de la conquista de la felicidad, claro, después llevar a cabo las tres reglas básicas de la elección de vida (hacer lo que me plazca, que sea socialmente aceptado y que perciba dinero por ello) y por último hacerle caso a Epicteto: “Lo que te fastidia en la vida no son los hechos, si no la percepción de ellos”. Por lo tanto, como dijeran muchos colegas psicólogos: “La felicidad se resume a esto: Todo es cuestión de actitud”.

Twitter: CarlosLector

La Felicidad en tiempos de la Posmodernidad

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa 

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“El secreto de la felicidad no esta en hacer siempre lo que se quiere
sino en querer siempre lo que se hace.”
Leon Tolstoi

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A lo largo de la historia de la Humanidad, el homo sapiens se ha cuestionado por el sentido de su existencia. Desde que el hombre se precia de serlo, desde que el cerebro hizo un acto de introspección se ha preguntado por su lugar en el Cosmos. Unos dijeron que la esencia de la existencia sería “conocerse a sí mismo”, otros afirmarían categóricamente que la vida adquiere sentido cuando somos capaces de amar al prójimo; otros aseveran desde su propio inconsciente colectivo que venimos a este mundo a adorar a alguna divinidad; muchas voces optan por el hedonismo, otros por el eudemonismo, otros por el sinsentido. En fin, tantas y tantas respuestas a la incógnita del Ser-en-el-mundo.

En la sociedad contemporánea ¿en qué consiste ese sentido? Los psicólogos, filósofos, poetas, teólogos y músicos de rock and roll y uno que otro candidato de cualquier República de cualquier partido, han dicho que el hombre viene a este mundo a ser feliz.

Para dar respuesta a semejante incógnita, debemos de recordar la era en la que estamos inmersos; hemos dejado atrás varias eras de la humanidad que se han caracterizado por sus propios síntomas, como por ejemplo la Era de los orígenes de la civilización en donde el sentido de la vida era simplemente trabajar y adorar a los diversos dioses, posteriormente, con el paso de los años, el ser humano se dedicó a filosofar, después pasamos por un período oscuro denominado “Edad Media” en donde el sentido de la vida era precisamente conservar lo más preciado de lo humano: el contacto de Dios con su máxima creación: El Hombre. Llega un momento en la Historia de la humanidad en que el ser humano pone en duda los múltiples dogmas que rigen su existencia y es cuando entramos al período de la Ilustración, posteriormente a la modernidad y el imperio de la Razón y así llegar a lo que hoy conocemos como la Posmodernidad en la que estamos inmersos.

En la actualidad, y después de haber reflexionado durante siglos y siglos, el ser humano ha llegado a la conclusión de que la felicidad se encuentra sencillamente en estar en una posición corporal que denominaremos “estar-semi-acostado”; esa posición puede ser en un sofá, en una mecedora (excesivamente cómoda), o en la misma cama, pero sobre todo, y he aquí la receta de la felicidad posmoderna, se debe estar semi-acostado con una laptop en las piernas, de preferencia después de un buen baño reparador y si se puede también después de haber cumplido con los deberes del día.

Bueno, eso en el mejor de los casos en donde se pudiera encontrar algo de “sublimación” porque la verdad, la felicidad estaría ciertamente en estar semi-acostado y en las piernas no precisamente una lap-top, en las piernas mejor una mujer, una mujer amada o simplemente una mujer. O en su defecto estar acostado y en las piernas nada, pero en la mano el control remoto. Esas son las tres variantes de la felicidad del hombre posmoderno. Las tres tienen un común denominador: el ser humano ha evolucionado a tal grado que ha dejado atrás esa representación “vertical” que conquistó en un tiempo de su evolución filogenética, pero lo de hoy y lo de el futuro no muy lejano es estar acostado, dejar descansar la columna “vertebral” y optar por la posición horizontal. Bendita posmodernidad.

@CarlosLector

¿Hay lugar para Cristo en la Posmodernidad?

Autor: Carlos Moreno

imagen tomada de m.aciprensa.com

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¿De qué se trata la existencia? ¿De qué se trata la instancia del hombre en la tierra? ¿De qué se trata su paso efímero en esta parte del Cosmos? ¿La vida tiene sentido, o lo adquiere o uno se lo inventa o simplemente somos un error filogenético? ¿Tenía razón Milán Kundera cuando inventó ese título de “La insoportable levedad del ser”?

Me dicen que todo se reduce a la percepción, que todo depende con el cristal con que se mira, que es cuestión de actitud, que la realidad no te afecta sino la manera en que percibes. Otros más alegóricos afirman científicamente que “cada quien habla como le fue en la feria” o en el baile, dependiendo de la afición del hablante.

Tal parece que para unos el sentido de su existencia es vivir briagos, “el que vino al mundo y no tomó vino entonces a qué chingados vino” dice un axioma de nuestra cultura mexicana. Y no solo es ponerse borracho, además es aderezarlo con la música ad hoc: “ando bien pedo, bien loco”. Esa sería una respuesta existencial a la interrogante sobre el sentido de nuestra estadía terrenal.

Otros que van de la mano de dicho grupo de libadores son los llamados “hedonistas posmodernos”. Sabemos que el sujeto hedonista existe desde que el hombre hizo del pensamiento una forma de vida, como los pre-socráticos, acordémonos de la eterna lucha entre los “hedonistas” y los “eudemonistas”; los primeros decían que el sentido de la existencia era el placer corporal, el aquí y el ahora, lo efímero, lo espontáneo, lo momentáneo. En cambio los “eudemonistas” opinaban que el sentido de la existencia se obtenía cuando el sujeto buscaba la felicidad en compañía de sus seres queridos; es decir el hedonista buscaba una “felicidad” egoísta y el eudemonista buscaba una felicidad comunitaria. Hoy ya no existen o más bien no hay lugar para los eudemonistas, están desterrados, lejos de los planes actuales, lo de hoy es ser hedonista, vivir bajo el principio del placer, “lo hago porque me da placer, si exige de mí algo de sacrificio ni me lo menciones”, parece ser el eslogan de los hedonistas posmodernos. El hedonista posmoderno busca el placer en la televisión, en el sexo desenfrenado, en internet, chateando, comiendo, etc. entre menos esfuerzo exija la cuestión es mejor. Tal parece que de humanos poco nos queda. Los placeres que están en boga están íntimamente relacionados con las necesidades fisiológicas: dormir, comer, hacer pipí y popó y fornicar.

Ante tal panorama: ¿existe un lugar para Cristo? Tal parece que la existencia actual se vive tan aprisa que no volteamos o más bien no queremos voltear a ver la propuesta del Nazareno. Muchos afirman que el Sentido de la Vida es encontrarse con la Divinidad, tener ese encuentro con Dios aquí en la Tierra, pero dicho discurso no va de la mano o más bien es antagónico con los preceptos de la moral en turno. Pocos años tenemos como sujetos civilizados, y también en pocos años las reglas de la vida se han trastocado; si seguimos así, que no nos extrañe que formemos parte de la última Generación de mortales que habitaron un día este planeta pequeñito llamado Tierra.

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa (Monclova, Coahuila. Mx.)