¿Hay lugar para Cristo en la Posmodernidad?

Autor: Carlos Moreno

imagen tomada de m.aciprensa.com

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¿De qué se trata la existencia? ¿De qué se trata la instancia del hombre en la tierra? ¿De qué se trata su paso efímero en esta parte del Cosmos? ¿La vida tiene sentido, o lo adquiere o uno se lo inventa o simplemente somos un error filogenético? ¿Tenía razón Milán Kundera cuando inventó ese título de “La insoportable levedad del ser”?

Me dicen que todo se reduce a la percepción, que todo depende con el cristal con que se mira, que es cuestión de actitud, que la realidad no te afecta sino la manera en que percibes. Otros más alegóricos afirman científicamente que “cada quien habla como le fue en la feria” o en el baile, dependiendo de la afición del hablante.

Tal parece que para unos el sentido de su existencia es vivir briagos, “el que vino al mundo y no tomó vino entonces a qué chingados vino” dice un axioma de nuestra cultura mexicana. Y no solo es ponerse borracho, además es aderezarlo con la música ad hoc: “ando bien pedo, bien loco”. Esa sería una respuesta existencial a la interrogante sobre el sentido de nuestra estadía terrenal.

Otros que van de la mano de dicho grupo de libadores son los llamados “hedonistas posmodernos”. Sabemos que el sujeto hedonista existe desde que el hombre hizo del pensamiento una forma de vida, como los pre-socráticos, acordémonos de la eterna lucha entre los “hedonistas” y los “eudemonistas”; los primeros decían que el sentido de la existencia era el placer corporal, el aquí y el ahora, lo efímero, lo espontáneo, lo momentáneo. En cambio los “eudemonistas” opinaban que el sentido de la existencia se obtenía cuando el sujeto buscaba la felicidad en compañía de sus seres queridos; es decir el hedonista buscaba una “felicidad” egoísta y el eudemonista buscaba una felicidad comunitaria. Hoy ya no existen o más bien no hay lugar para los eudemonistas, están desterrados, lejos de los planes actuales, lo de hoy es ser hedonista, vivir bajo el principio del placer, “lo hago porque me da placer, si exige de mí algo de sacrificio ni me lo menciones”, parece ser el eslogan de los hedonistas posmodernos. El hedonista posmoderno busca el placer en la televisión, en el sexo desenfrenado, en internet, chateando, comiendo, etc. entre menos esfuerzo exija la cuestión es mejor. Tal parece que de humanos poco nos queda. Los placeres que están en boga están íntimamente relacionados con las necesidades fisiológicas: dormir, comer, hacer pipí y popó y fornicar.

Ante tal panorama: ¿existe un lugar para Cristo? Tal parece que la existencia actual se vive tan aprisa que no volteamos o más bien no queremos voltear a ver la propuesta del Nazareno. Muchos afirman que el Sentido de la Vida es encontrarse con la Divinidad, tener ese encuentro con Dios aquí en la Tierra, pero dicho discurso no va de la mano o más bien es antagónico con los preceptos de la moral en turno. Pocos años tenemos como sujetos civilizados, y también en pocos años las reglas de la vida se han trastocado; si seguimos así, que no nos extrañe que formemos parte de la última Generación de mortales que habitaron un día este planeta pequeñito llamado Tierra.

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa (Monclova, Coahuila. Mx.)

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El efecto del ataque de tiburón

Mucho se ha hablado sobre el hombre salvaje y su lugar privilegiado en la conquista de la felicidad, estadísticas nos confirman lo que sospechábamos: el que más sabe, el que más conoce es el que más se va arruinando su propia existencia; “Parece que a los sabios les está llegando el momento de la angustia” dijo Jaques Lacan, o dicen que dijo Borges: “He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer… no he sido feliz”, o cuando Vicente Fox fue a un pueblito y le preguntó a una señora que qué opinaba de su mandato y la señora le respondió “no pues no se leer”, a lo que nuestro querido ex – presidente, (el arquetipo del hombre bragado) le contestó: “pues que bien, está mejor, así va a ser más feliz”.

El conocimiento nos da la infelicidad. ¿Qué pasa con el individuo que por un chequeo de rutina le diagnostican un padecimiento? cuando no sabía que lo padecía su existencia era de lo más normal, pero un día se le ocurrió realizarse un chequeo médico de rutina, le diagnosticaron cáncer y al momento de saberlo, de conocerlo, se deprimió.

O ¿qué pasa en los matrimonios enraizados en el posmodernismo?, sabemos que antiguamente la mujer permitía al hombre departir con sus amigos hasta altas horas del día siguiente y ella ni se enteraba de lo que hacía o simplemente fingía amnesia y la vida seguía su derrotero, pero qué vemos ahora, la mujer ha apostado por un rol más activo dentro del matrimonio, le da permiso de salir a su marido pero no se queda contenta con eso, hurga en su celular, en su cartera, le hace llamadas, entra a su facebook, hasta que se entera de que su pareja le está siendo infiel. Sabemos que eso de la infidelidad no es nuevo, a lo largo de los tiempos ha existido, tal vez con otras epifanías, pero la diferencia es que ahora la mujer sabe, la mujer conoce y por eso la ruptura en le matrimonio. Una vez más, el conocer nos fastidia la vida.

¿Qué fenómeno sustenta lo que aquí asevero? Leyendo el libro “Freakonomics” escrito al alimón por Steven D. Levitt y Stephen J. Dubner, me entero de un fenómeno que los medios de comunicación se han encargado de compartir a la sociedad, este fenómeno casi siempre escatológico  lo podemos aplicar a cualquier acontecimiento que si lo vemos desde el punto de vista que aquí comento tendrá su razón y su justificación, me estoy refiriendo a lo que en los pasillos de cualquier medio o escuela de comunicación se conoce como el “efecto del ataque de tiburón”.

¿En qué consiste el efecto del ataque del tiburón? El libro lo define afirmando lo siguiente: “Los ataques de tiburones permanecen más o menos constantes, pero el temor a éstos aumenta drásticamente cuando los medios de comunicación deciden informar acerca de ellos”.

Así que antes de querer saber algo o conocer “algo” acerca de “algo” es mejor pensarlo dos veces, no nos vaya ese conocimiento a amargar la existencia, mejor sigamos distrayendo nuestras conciencias y rindamos tributo al dios Baco, con un aquelarre, una guarapeta o ya de perdis conectarnos al televisor y ver programas que lo anestesian a uno, salirnos de la realidad aunque sea por un momento, ya que la realidad, según la conocemos, no está como para adentrarnos en ella, eso dejémoselo a los políticos, con sus caras de seriedad, o a los intelectuales con sus diatribas, eufemismos, exégesis y hermenéuticas,  yo mejor me voy a ver el programa de “Muévete”, a ver si con tanto confeti me distraigo de esa “epistemología como antítesis del eudemonismo”, o lo que es lo mismo, el conocimiento te fastidia la existencia.