Edwin Valero: Crónica de una muerte anunciada

Pégale
Antes de que él te pegue a ti
si no le pegas ahora
también el te puede pegar
y está tirando a matar,
tirando a matar.
Alex Lora
 

El venezolano Edwin Valero, campeón mundial  de boxeo, platica con su mujer en una habitación de un hotel, platican, dialogan, discuten, se agreden, la agrede, la golpea, saca un arma punzo-penetrante, tres veces la penetra, tres veces la apuñala, la primera por coraje, la segunda por despecho, la tercer por placer; la mata. Sale corriendo, llorando, va a la recepción, confiesa el homicidio, lo encarcelan. Allí encerrado, se quita su pantalón deportivo y termina con su trágica existencia. Se suicida.

Edwin Valero ganaba sus peleas por nocaut, subía al ring y sus ojos lo decían todo, sus rivales solo porque ya habían firmado el contrato si no se bajaban del ring, era el meritito demonio, su mirada no era humana,  si podía allí mismo los mataba, los asesinaba. Golpeaba a sus rivales como si golpeara su propia vida, tiraba golpe tras golpe, puñetazo tras puñetazo, intentando sacudirse los fantasmas que lo asediaban.

Su vida dio un giro drástico el 5 de febrero de 2001, tuvo un grave accidente, iba manejando una motocicleta, por supuesto no llevaba casco. Se fracturó el cráneo; ya nada volvió a ser igual, tomaba alcohol y consumía drogas para mitigar ese fuerte dolor. Su conducta de por sí era antisocial con el accidente cobró más fuerza, si antes se reprimía y solo insultaba a sus más allegados, después de ese accidente vendría lo peor.

Un día discutió con su madre y con su hermana, para las dos tuvo, las golpeó. Con su esposa tuvo otro altercado y también salió con la peor parte, su abogada lo libró aduciendo que la esposa (hoy occisa) había caído de la escalera.

Edwin Valero fue internado, su locura no conocía límites, estaba en una clínica de rehabilitación, más bien necesitaba ingresar a un Centro de Salud Mental, su cerebro no estaba preparado para socializar, solo para agredir, para golpear, y encontró en el boxeo una justificación, se dio cuenta que su agresión era socialmente bien vista, era socialmente aceptado, una bola de gente aplaudiendo un acto de barbarie, el boxeo en donde a los psicópatas se les reconoce, se les aplaude, se les paga, se les quiere, se les idolatra, se les ama.

¿El boxeo hace personas psicópatas o las personas psicópatas eligen el boxeo? ¿todos los boxeadores son agresivos dentro y fuera del cuadrilátero?  ¿se pudo evitar ese desenlace tan surrealista de Edwin y su esposa? Un episodio más dentro de la fatídica historia humana, una anécdota más de la “Insoportable levedad del ser”, un capítulo más de esta antología titulada: “Crónica de una muerte anunciada”.

@CarlosMorenoMx

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