La separación de los amantes; hasta que la muerte nos separe

 

Toda separación implica un duelo. Hay duelos sanos y duelos patológicos. ¿Cuándo podríamos estar hablando de un duelo patológico? Cuando la persona después de la separación, ya sea un divorcio, el fallecimiento de un ser querido, la pérdida de estatus laboral, y otros acontecimientos que marcan en la vida, no ha podido superar ese trago amargo por más de dos años.

La muerte de un ser amado es uno de los motivos por los cuales se recomienda que la persona comience a elaborar un proceso de duelo. No es recomendable iniciar un proceso de duelo inmediatamente después del fallecimiento del ser amado, es sano dejar a la persona que viva el sufrimiento que conlleva la separación, algunas personas ocupan seis meses o hasta un año para llorar la pérdida, pasado ese tiempo, es aconsejable iniciar un proceso de duelo, un proceso de acompañamiento para dejar ir a la persona amada.

Una situación similar acontece cuando la pareja de enamorados llega a su fin, cuando la pareja decide separarse, pasa por etapas similares del proceso de duelo que en el presente texto serán comentadas. “La separación de los amantes” un libro emblemático del psicoanalista Igor Caruso aborda dicho laberinto, en donde hace ver que la ruptura afectiva implica precisamente transitar un proceso doloroso (duelo) por la persona amada para poder seguir viviendo a través de la resiliencia. Hay rupturas amorosas que no se superan nunca precisamente porque no se dio el tiempo necesario de elaborar el duelo, es decir, dejar ir y continuar la vida; se dice fácil pero en la práctica clínica son las situaciones por las que más acuden nuestros pacientes.

Al hablar de proceso de duelo necesariamente nos remitimos al texto escrito por el Dr. Sigmund Freud titulado “Duelo y melancolía” en donde postula que la separación será dolorosa de acuerdo al grado de libido que hayamos depositado en el otro. Otro punto de referencia para realizar el abordaje del proceso de duelo es la Dra Elisabeth Kübler Ross, que se dio a la tarea de investigar a los enfermos terminales y propuso que todo proceso de duelo ocurre a través de etapas.

Todo proceso de duelo inicia con un mecanismo de defensa denominado “negación” en donde tanto el paciente ante la muerte como el amado ante la separación, trata de negar el impacto emocional; “esto no me está sucediendo a mí”, “yo no tuve la culpa en la separación” y otros pensamientos similares rodean este primer momento. Un segundo momento llega cuando la persona experimenta enojo, ira; es cuando grita, cuando la negación cumple su parte y la persona se enfrenta ante la realidad. Todo proceso de pérdida implica un desajuste y por lo tanto una incomodidad que se ve reflejada en el enojo de esta segunda etapa. Cabe señalar que las etapas pueden ser experimentadas linealmente o también pasar de la primera a la última y de ésta a la segunda y luego a la tercera y regresar a la primera, etc. Un tercer momento del proceso de duelo está marcado por el intento de negociar, en donde la persona trata de negociar con Dios por otra oportunidad ante la inminente muerte o en el caso de la separación amorosa, la persona intenta negociar con la otra parte para ver la posibilidad de reanudar el vínculo afectivo.

El cuarto momento del proceso de duelo está signado por la depresión, es cuando el paciente se resigna a su realidad, o el amoroso cae en cuenta de que ese vínculo que sostenía ya no puede seguir. La depresión ocurre y es un proceso normal, por lo tanto no hay que alarmarse o asustarse, la dificultad es cuando el proceso de duelo llega hasta ese momento y sólo se alcanza la resignación sin dar entrada al quinto momento.

Para terminar, el quinto y último momento del proceso de duelo es la aceptación, en donde, si se elaboró un buen acompañamiento a través de un proceso psicoterapéutico, la persona sale adelante, acepta y aprende a vivir con esa pérdida. La diferencia entre resignación y aceptación es precisamente el manejo de la actitud ante la vida y el tiempo que se le dedicó a elaborar la pérdida. No es lo mismo “hacerse el fuerte” y decir “aquí no pasó nada” que asumir la pérdida/separación y comenzar a sanar. Un duelo no trabajado a tiempo trae repercusiones a la larga, en donde se creía que ya se había resuelto pero los fantasmas del pasado atosigan al sujeto hasta que logran ser escuchados.

 

Carlos Arturo Moreno De la Rosa

Lic. En Psicología por la UANL

Maestría en Psicoterapia

Diplomado en Tanatología por la Universidad Iberoamericana-Campus Monterrey

Catedrático universitario Universidad Vizcaya de las Américas – Campus Monclova

Dime lo que sueñas y te diré quién eres

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

“El estado del dormir posibilita la formación del sueño por cuanto rebaja la censura endopsíquica”.

(S. Freud)

 

“Dime lo que sueñas y te diré quién eres”. ¿Qué nos puede aportar la interpretación de los sueños al conocimiento propio? “Conócete a ti mismo” decía Sócrates. Sigmund Freud postula en su libro La interpretación de los sueños que tanto un síntoma como un sueño nos dicen mucho de nuestra condición humana. En el prefacio del libro “Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción” podemos leer: “Sólo mediante las formaciones del inconsciente (sueño, acto fallido, síntoma) sabemos quiénes somos. Si no atendemos a lo que estas revelaciones nos anuncian, estamos destinados a vivir como ignorantes de nuestra verdadera naturaleza (condición humana). Es por eso que la vía regia al inconsciente se convierte también en la vía regia al conocimiento de nosotros mismos. El sueño, lo mismo que la locura, nos desenmascara, nos arranca la careta de la “normalidad” y nos muestra tal como somos.” 1

El ser humano es un perverso, sólo que a través de la cultura se ha convertido en sujeto, en persona capaz de sublimar, reprimir, desplazar su perversión; sin embargo, la condición humana se manifiesta constantemente durante el sueño. Lo que el neurótico sueña el perverso lo lleva a cabo. Quizá será por eso el odio que el neurótico tiene al perverso, porque el neurótico no se permite el goce al cual el perverso tiene acceso. El neurótico sólo tiene acceso al goce a través de la fantasía.

El epígrafe que utilizo para el presente texto, el aforismo freudiano: “El estado del dormir posibilita la formación del sueño por cuanto rebaja la censura endopsíquica”,2 ciertamente nos plantea que el ser humano necesita de una autocensura para poder acceder a la cultura, pero que es durante el sueño en donde se muestra tal cual, sin filtro. Será en el dispositivo psicoanalítico donde se desentrañan los deseos inconscientes reprimidos que se esconden detrás de la “figurabilidad” que se nos presenta como sueño manifiesto.

El psicoanalista Carlos Gaos escribe en el prólogo al libro Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción: “Freud propuso una nueva fórmula que inscribía el relato de esa experiencia insensata en las coordenadas de un historial ominoso, irreconocible para el propio narrador”.3 Precisamente eso fue lo que le llamó la atención a Freud, que dentro de cada uno de los seres humanos habita algo que aterra, pero que a la vez encanta.

Continuando con lo que escribe Carlos Gaos: “había una historia que hablaba por él, a través de él e incluso en su contra”. Es así como resulta el encuentro con el propio inconsciente, muchas de las veces no se está de acuerdo con el deseo que a uno le habita, pero ¿qué se le va a poder hacer a eso? ¿Ha usted actuado en conformidad con el deseo que lo habita?4 pregunta Lacan, para después rematar: “La única cosa de la que se puede ser culpable es de haber cedido en su deseo.”,5 es decir, saber y reconocer la propia condición humana, de qué se está hecho y tratar, en la medida de lo posible vivir de acuerdo al propio deseo tomando en cuenta la ética y la responsabilidad. ¿Qué hago con esto que tanto me aterra? Quizá aterra porque encanta.

Por lo tanto, la interpretación de los sueños, siguiendo con el discurso de Carlos Gaos: “Se trata de descender a los infiernos, de desentrañar la maligna podredumbre humana tras sus disfraces de insensatez o inocencia”.6 Nadie se salva de eso.

Por último, recurro una vez más al prologo escrito por el psicoanalista Carlos Gaos (Miembro fundador del Taller de Investigaciones Psicoanalíticas A.C.): “La interpretación de los sueños tiene la característica de que deja al humano en el desamparo ante las demoníacas fuerzas que lo habitan”,7 es decir, el inconsciente traza nuestro destino, como la tragedia de Edipo, así esa historia que se nos presenta como una “historia alterna” a la propia que vamos viviendo. Poner atención a los propios sueños y su interpretación desde el psicoanálisis, puede dar luz para poder comprender el propio malestar que aqueja.

¿Por qué la importancia de interpretar el sueño? Porque precisamente es allí donde nos topamos con nuestro verdadero deseo, que está íntimamente ligado a nuestra infancia.

Conforme el sujeto vaya adentrándose al análisis de su inconsciente, en esa medida podrá tener acceso a esa parte de sí mismo que no ha explorado, quitará poco a poco la censura y por consiguiente vivir en la apertura de dejar de engañarse a sí mismo.

1 España, Pablo y Alquicira, Mario. Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción, ed. CPM, 2001, p. 18

2 Freud, S. La interpretación de los sueños, 1900, AE, tomo V, p. 520

3 Carlos Gaos en prólogo al libro Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción, CPM, 2001, p. 13.

4 Lacan, J. El Seminario VII, p. 373

5 Lacan, J. El Seminario VII, p. 382

6 Gaos, Carlos, ídem, p. 13

7 Gaos, Carlos, ídem, p. 14

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Los mandatos del inconsciente

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“He hallado que las personas que se saben los preferidos o favorecidos por su madre dan pruebas en la vida de aquella particular confianza en sí mismos, de aquel inconmovible optimismo, que no rara vez aparecen como heroicos y llevan a un éxito real”

(S. Freud en La interpretación de los sueños, AE V, p. 401)

Dentro de la experiencia clínica, en el consultorio, el paciente plantea una problemática actual, ya sea con su pareja, en su trabajo, con sus hijos, consigo mismo, etc., sin embargo, a lo largo de la escucha va apareciendo el fantasma producto de la interacción que ha sostenido con sus padres, sus hermanos, su núcleo familiar más allegado durante sus primeros años de vida. Por lo tanto lo que el paciente cuenta en el consultorio de su problemática actual, tiene mucho que ver con cómo fue la relación, el vínculo afectivo con su padre/madre. S. Freud escribe en su libro la interpretación de los sueños lo siguiente: “Mis calurosas amistades como mis enemistades con personas de mi edad se remontan al trato que tuve en la niñez con un sobrino un año mayor que yo, en el que él era el que triunfaba y yo muy temprano debí aprender a defenderme; éramos inseparables y nos amábamos, pero entretanto, según lo sé por el testimonio de personas mayores, reñíamos y nos acusábamos. Todos mis amigos son en cierto sentido encarnaciones de esta primera figura que «antaño se mostró a mis opacos ojos»; son resucitados.” 1

La manera en que el ser humano intenta solucionar sus problemas o toma decisiones importa poco comparado con el deseo inconsciente de la madre, es decir, por mucho que el ser humano se aferre en trazar su propio camino, su propio destino, ese destino ya está predestinado desde la más tierna infancia, y sólo haciendo consciencia de eso (al más puro estilo de Edipo) se podrá comenzar a construir una historia alterna, ya no bajo la mirada del deseo del Otro, sino de acuerdo al propio deseo que le habita.

El síntoma que se viene arrastrando en la vida tiene que ver con eso que la madre/padre ha depositado en el hijo, lo que representaba. El hijo como significante. El paciente que se queja de algún malestar es que precisamente está llevando al pie de la letra el síntoma heredado por sus padres. Claro que ese “destino” se puede esclarecer y con ello comenzar a escribir un guion diferente, el primer paso es dar cuenta de que el malestar que lo paraliza no es propio, es una herencia.

¿Cómo se va constituyendo el deseo del padre/madre hacia sus hijos? Desde la más tierna infancia de los propios padres, es decir, cuando el padre/madre en la infancia recreaba las escenas al jugar ser papá o mamá, desde allí se iba estructurando ese deseo, desde allí se comenzaba a gestar la función paterna. Con el mismo esmero, pasión, dedicación que la niña juega a cuidar, amar, proteger a sus muñecas, será la misma entrega en su deseo de ser madre, lo mismo pasaría con el varón. Ahora bien, habrá casos en que el niño/niña renuncie al juego, quizá con ello está renunciando a su posible función paterna y con ello las consecuencias en la vida adulta.

El lugar que ocupaban los hijos en la fantasía de los padres en su propia infancia se cumplirá tal cual cuando crezcan y vean en sus hijos plasmados esos juegos que llevaban a cabo en su infancia. Es por eso la importancia de escuchar a los niños en sus juegos de fantasía sobre todo los que tienen que ver con los de rol padre/madre: “yo quiero tener tres o cuatro hijos”, es en ese momento, en el discurso del niño, que está comenzando a nacer el hijo en su fantasía.

Por lo tanto, irremediablemente, la vida del paciente, de quien acude al consultorio, es un reflejo de dichos acontecimientos de la primera infancia de sus propios padres.

1 Freud, S., La interpretación de los sueños, (1900), AE, volumen V. p. 479

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La verdad está en el inconsciente

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“Atribuimos a la cultura y a la educación una gran influencia sobre el despliegue de la represión, y suponemos que sobreviene en la organización psíquica una alteración, a consecuencia de la cual lo que antes se sentía agradable aparece ahora desagradable y es desautorizado con todas las fuerzas psíquicas”

(S. Freud en El chiste y su relación con lo inconsciente, AE VIII, p 95)

El trabajo en un psicoanálisis consiste en desvelar -quitar el velo- que cubre el deseo del ser humano. ¿Por qué es necesario esto? Porque precisamente ese conflicto que se da entre lo que sucede en el interior del ser humano y lo que se le ha impuesto trae consigo el malestar.

La experiencia analítica encuentra su lugar cuando el paciente se permite decir todo cuanto se le ocurra, de esa manera el paciente se convierte en un analizante, es decir, en una persona que se va escuchando poco a poco y va construyendo un sujeto del inconsciente. ¿Cuál es la función del analista? El analista está allí para ser testigo de que se está llevando a cabo un análisis. La atención flotante del analista escucha lo que el inconsciente intenta trasmitir, ya sea a través de un lapsus, un olvido, un chiste, un sueño, que son propiamente las manifestaciones del inconsciente.

¿Por qué podríamos estar tan seguros de que en el inconsciente está la verdad? Recientemente leyendo el libro “El chiste y su relación con lo inconsciente” (1905) de Sigmund Freud, en donde escribe el famoso chiste del “famillonarmente”, un juego de palabras en donde se mezcla “familiar” con “millonario” es decir, a un sujeto lo trataron familiarmente por confundirlo con un millonario. Tratando de comprender el chiste, recurro a otra fuente: “El sur como disculpa” de Federico J. C. Soriguer Escofet, en donde nos cuenta que él había leído el chiste en una edición que por error había traducido la palabra “famillonarmente” por “familiarmente” perdiendo con ello el chiste.

Lo que llama la atención es la analogía que ocurre de ese error de edición. Así trabaja nuestra estructura psíquica. Dentro del ser humano existe una instancia que se va a encargar de censurar, corregir, borrar, reprimir, editar, etc. El Yo y lo que se desprende a la postre de él, el Superyó, hacen la función, entre otras cosas, de ser un “corrector de estilo” en donde dedica gran parte de su fuerza a corregir los “malos pensamientos y deseos” del sujeto, hasta en muchos casos hacerlo sentir miserable.

El yo cumple la función de editar el deseo que habita al ser humano. Se encarga de traducirlo, otras censurarlo, desplazarlo, sustituirlo, suplirlo, etc., pero muchas de las veces se le escapa y es allí donde el analista pone atención; el material que la razón desdeña, el analista lo recupera para ir construyendo junto con el paciente en su devenir como sujeto del inconsciente.

Por lo tanto, podríamos decir que el ser humano es un ser auténtico cuando se equivoca, cuando olvida algo, cuando cambia una palabra por otra, cuando está enojado y dice lo que siente. El ser humano es auténtico cuando duerme y sueña su deseo. El ser humano deja ver su parte auténtica cuando cuenta un chiste y deja entrever por dónde es que anda su inconsciente. El error, el olvido, el lapsus, el acto fallido nos dicen más de la persona que cualquier otra cosa.

El chiste, el sueño, el error, el acto fallido, un lapsus, un olvido, peculiaridades que son inservibles para el sistema, forman la piedra angular para el psicoanálisis. No hay lugar para la verdad en un sistema que se ufana de ser la sociedad del espectáculo, la cultura de la vacuidad, la civilización líquida.

La verdad está en el inconsciente. Diga todo cuanto se le ocurra, que tarde o temprano el inconsciente hará de las suyas.

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El malestar en el ser humano

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

“Los padres desempeñan el papel principal en la vida anímica infantil

de todos los que después serán neuróticos”

(S. Freud en La interpretación de los sueños, AE, Tomo IV, p. 269)

Mucho del malestar en el ser humano tiene que ver con el conflicto que se da a nivel intrapsíquico y a su vez con el conflicto que existe en la vida cotidiana con la realidad. Cuando se menciona “conflicto intrapsíquico” se hace referencia a las instancias psíquicas que habitan nuestro ser, a saber, el Ello, el Yo y el Superyó; en otras palabras, el conflicto que atraviesa al ser humano radica entre lo que desea hacer y el deber ser, además, añadiendo el conflicto propio con la realidad en la que se desenvuelve.

El ser humano propiamente es un “esquizofrénico” partiendo de la definición etimológica (cerebro dividido) y no tanto desde la definición psicopatológica. El ser humano es un sujeto artificial que se encuentra dividido entre lo que desea y lo que debe hacer. En cambio el animal solo sigue su instinto, no hay división, no hay conflicto de intereses, por el contrario, en el ser humano habita ese conflicto instaurado por la cultura en donde el deseo sufre una represión pero sale a la consciencia a través de una negociación; llega, por decirlo así, a un acuerdo y es lo que conocemos como “manifestaciones del inconsciente”, a saber: el sueño, el lapsus, el olvido, acto fallido, el chiste y sobre todas las cosas, el síntoma, eso de lo cual el ser humano se queja pero que desde el inconsciente alimenta con tanto ahínco.

Quizá mucha de la neurosis contemporánea se vería disminuida si tan solo diéramos cuenta de ese conflicto que nos habita. Saber reconocer las instancias en pugna y comenzar a reconciliarse con los fantasmas que aterran.

Cuando un paciente acude al consultorio psicoterapéutico va dando cuenta de ese otro discurso que lo habita y poco a poco se va deshaciendo de lo que no le toca y asumiendo lo que le corresponde.

Mucho del proceso psicoterapéutico tiene que ver con ese esclarecimiento del discurso interno que desde allí sigue imponiendo las directrices a seguir, como un trazo planeado, un destino manifiesto, pero ese destino incomoda, ese destino se ha convertido en síntoma, un síntoma que el ser humano padece y que no da cuenta de ello porque es inconsciente, como cuando Edipo Rey supo su destino, la revelación fue tan insoportable que tuvo que arrancarse los ojos. Así el psicoanálisis, el paciente se encuentra con ese discurso que lo ha mantenido maniatado, imposibilitado, paralizado, y cuando da cuenta de eso, arranca los ojos con los que veía su historia de vida y comienza a ver la realidad con otros ojos. A diferencia de Edipo, el paciente (analizante) no queda ciego, al contrario, comienza a afrontar su vida desde su propio deseo y no desde el deseo del Otro.

Por lo tanto, el malestar en el ser humano tiene mucho que ver con ese discurso introyectado, con ese deseo de los padres, con las palabras que perviven en el inconscientes y desde allí empujan, calan, orillan, insisten.

Saber hacer un corte es necesario, ese cambio de piel que implica comenzar a vivir la existencia que se desea.

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¿Para qué un psicoanálisis?

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

“Hay que saber que el método psicoanalítico

favorece la reviviscencia de recuerdos a veces dolorosos,

único medio de deshacerse de los síntomas que obstaculizan la existencia”

(Juan David Nasio en Un Psicoanalista en el diván, p. 36)

¿Para qué pudiera servir acudir con un psicoanalista? ¿Quién necesita psicoanálisis? De entrada tendríamos que re-plantearnos el término “sirve o no sirve” ya que tiene una connotación utilitarista, muy ajena al discurso psicoanalítico. Salvado ese laberinto, podremos abordar lo que aquí se interroga.

¿Para quién es recomendable acudir con el psicoanalista? Para aquellas personas que padecen de un síntoma, para las personas que se han topado con algún sufrimiento en su vida, para quienes sienten que han fracasado en la vida, para esas personas que se les dificulta establecer vínculos interpersonales, entre otras muchas razones. Ahora bien ¿quién se salva del padecimiento? Sólo aquél que no quisiera reconocer el lugar que ocupa en su propio malestar. Aquellos que están a gusto con su forma de ser, o que no están dispuestos a re-plantearse su vida, quizá el psicoanálisis no sea la mejor opción, ya que el psicoanálisis implica una experiencia de vida en donde se da lugar al replanteamiento de la propia existencia, a la propia estructura, a la historia de vida.

¿Qué promete el psicoanálisis? Siguiendo a Lacan, el psicoanálisis promete la cura de la ilusión, entre otras cosas. La experiencia analítica tiene que ver con conocerse uno mismo, adentrase a los laberintos del inconsciente, saber discernir ese Otro que habita en uno mismo y comenzar a ser coherente con el deseo que nos habita. Es por eso que el psicoanálisis es una apertura para el ser humano que siente la imperiosa necesidad de re-plantear su existencia, sus decisiones, su manera de pensar, su ideología y sobre todo, saber cómo ama y qué se puede hacer con eso.

Es cierto que el psicoanálisis recurre al pasado como esa fuente de donde emana el presente; sería un absurdo creer que se pudiera cambiar el pasado, nada de eso, la idea de recurrir al pasado es para apalabrar la historia de vida y dar cuenta del lugar que se ocupa en el presente; saber cómo es que las pulsiones inconscientes nos han empujado hasta el lugar que ocupamos en la actualidad.

Una de las peculiaridades del psicoanálisis es la interpretación de los sueños. Sigmund Freud postuló que el sueño tenía dos contenidos, lo manifiesto y lo latente; lo manifiesto es lo que logramos recordar y lo latente es lo que se muestra a través de la interpretación. Ahora bien, cabe la pregunta ¿y qué con eso? pues bien, es a través de la interpretación que vamos al encuentro con nuestro verdadero deseo, y ese deseo tiene que ver con nuestra propia infancia, es decir, se nos ha dicho infinidad de veces que el ser humano encontrará la dicha si es que cumple sus deseos de la infancia; cuántas veces no hemos escuchado ese re-encuentro con lo que anhelábamos en la más tierna infancia. Pues bien, la interpretación de los sueños dentro del psicoanálisis es la vía regia hacia el acceso a ese re-encuentro con el deseo que nos habita.

La interpretación del sueño indica el deseo de la infancia. Si se pone atención a los fenómenos oníricos podremos encontrar huellas que pueden guiar ese re-planteamiento de la vida cuando no se está viviendo la vida que se desea. Si no se está viviendo lo que en la infancia a uno lo colmaba de bienestar, muy probablemente se esté viviendo una existencia desdichada, una vida carente de sentido, arrojados al infinito del absurdo. El deseo de la infancia tiene que encontrar su cauce por la vía de la sublimación, el simbolismo, el desplazamiento.

Retomando la pregunta: ¿para qué un psicoanálisis? podría aseverar que, a lo largo de la experiencia clínica, en la escucha de mis pacientes, un psicoanálisis puede colaborar a que el paciente dé cuenta de su síntoma y de que ese síntoma está íntimamente ligado a sus padres. Una máxima dentro del psicoanálisis es: “los hijos son el síntoma de las padres”.

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El inconsciente que nos habita

 

Una de las grandes aportaciones del psicoanálisis al estudio del ser humano es el reconocimiento de que nuestra vida está regida por nuestro inconsciente. ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué implicaciones tiene el descubrimiento de Freud en la vida cotidiana?

Muchas de las veces creemos que nuestras decisiones son tomadas tras largo tiempo de pensarlas, sopesarlas, ver opciones, puntos a favor y puntos en contra, pero lo que ha demostrado el psicoanálisis es que las decisiones las tomamos desde nuestro inconsciente, las decisiones más trascendentales tienen que ver con esa parte que escapa a la conciencia. ¿Qué tipo de decisiones? Decisiones trascendentales como el lugar en donde uno va a vivir, con quién se va a casar, el número de hijos, la profesión etc. Es la propia historia de vida la que nos empuja a tomar esas decisiones, por eso no en balde sufrimos por las decisiones que se toman, como por ejemplo la esposa que se queja del marido no alcanza a darse cuenta de que esa decisión tiene mucho que ver con su propia historia de vida, con su inconsciente; el profesionista que llega agotado a su casa por trabajar en un empleo que no le agrada, no sabe que fue su inconsciente quien lo orilló a tomar esa decisión. Creemos vivir de acuerdo a nuestra voluntad pero no sabemos que es el inconsciente quien se manifiesta en cada paso que damos.

Jacques Lacan tiene una muy precisa manera de explicar lo que acá intento comunicar: “Creemos que decimos lo que queremos, pero es lo que han querido los otros, más específicamente nuestra familia, que nos habla”. ¿Qué significa esto? Significa que muchas de nuestras preferencias, ocurrencias, síntomas, deseos, anhelos y demás, están arraigadas en las más profundas inquietudes y motivaciones de nuestra más tierna infancia, “creemos que vivimos nuestra vida pero es el cúmulo de normas, exigencias y deseos de nuestros padres hacia nosotros lo que se manifiesta”.

Es por eso que cuando somos adultos la felicidad se puede conquistar siempre y cuando las actividades que hagamos tengan alguna conexión con lo que hacíamos de pequeños. Por ejemplo Freud comenta que lo que podría acercarnos al concepto de felicidad es el cumplimiento de los deseos, ya sea de manera postergada, simbólica, sublimada, etc., pero que tuviera algún tipo de conexión con lo que de infantes encontrábamos satisfacción, por ejemplo si un niño en su infancia quería ser “luchador” muy bien podría realizar su sueño siendo luchador profesional o, desplazando su deseo, simbólicamente podrá encontrar algo de dicha al ser “luchador social”. El deseo en la infancia es lo que va a constituir la personalidad del sujeto, es por eso que de pequeños los infantes si juegan a ser papá o mamá y prodigan cariño y cuidado, muy probablemente se esté gestando una estructura que les permitirá algún día poder ejercer la paternidad con menos conflictos.

Por lo tanto, si una persona joven o adulta está teniendo conflicto con su vida, tendría que recordar qué era lo que le hacía feliz en su infancia y ver la manera de cumplir en lo real o en lo simbólico esos deseos del pasado, recordar los lugares en donde se sentía contento, seguro, recordar qué era lo que le apasionaba y en la medida de lo posible intentar hacer una conexión que ligue su pasado con su presente.

Somos hablados por el discurso de nuestra familia. El deseo de nuestra familia nos habita. La propuesta del psicoanálisis es poder reconciliarse con esa parte que nos habita, saber que los momentos más satisfactorios en nuestra vida tienen que ver con ese encuentro de nuestro deseo arraigado en la más tierna infancia y empujará hasta conseguirlo con o sin nuestra colaboración. Infancia es destino.

Manifestaciones del inconsciente

 

¿Cómo saber qué es lo que tenemos en nuestro inconsciente? y más importante aún: ¿para qué nos podría servir saber qué es lo que tenemos en nuestro inconsciente?

Sigmund Freud al intentar comprender ese rostro oculto de nuestro ser denominado “inconsciente” se dio cuenta de que se manifestaba a través de los sueños, específicamente a través de la interpretación de los sueños, “la vía regia para acceder al inconsciente”, el sueño como la realización de un deseo inconsciente y que tiene mucho que ver con nuestra infancia. Es a través del sueño que se nos revelan nuestros deseos más arcaicos, nuestra condición humana, de lo que estamos hechos, de pulsión de vida y también pulsión de muerte.

Otra de las vías de acceso para saber por dónde anda nuestro inconsciente es el chiste; Freud escribió todo un texto para analizar cómo es que el inconsciente se manifiesta a través del chiste, de la genialidad, de la curiosidad. Es a través del chiste como podemos expresar lo que muchas veces intentamos decir pero decidimos callar, lo decimos a través del chiste “que al cabo es un chiste”, lo mismo sucede en el sueño, nos atrevemos a decir lo soñado “que al cabo es un sueño y no tiene nada que ver con nuestra vida real”, sin embargo, el chiste y el sueño revelan mucho de nuestra propia vida y específicamente de nuestro deseo.

Otra manera de manifestarse nuestro inconsciente es a través del “lapsus lingüe” en donde decimos una cosa por otra; en donde comúnmente se dice “me traicionó el inconsciente”, por ejemplo al decir “vete a morir” cuando se quería decir vete a dormir, o “ya no aguanto a mi madre” cuando se quería decir no aguanto a mi esposa, o “es que yo cedí” cuando en realidad se quería decir yo decidí, y así muchos otros ejemplos en donde el inconsciente hace de las suyas y utiliza el lenguaje como vía para salir a la luz.

El inconsciente está estructurado como un lenguaje, diría Lacan. Con el tiempo nos damos cuenta de que en realidad el consciente es quien está constantemente traicionando al inconsciente, ya que en el inconsciente está la verdad y constantemente se le intenta reprimir, que no salga a la luz porque lastima.

Otra de las vías para acceder al inconsciente es la asociación libre, en donde el paciente (analizante) sigue la regla básica fundamental de todo análisis: diga todo cuanto pase por su cabeza, toda ocurrencia, por más disparatada o incoherente. Pensar en voz alta. Hablar sin filtros, sin censura. Es por eso que en psicoanálisis se le denomina “analizante” y no paciente, ya que es él mismo quien se hará responsable de su propia cura y no esperar “pacientemente” la solución de parte de su psicoanalista.

Por último, tenemos el caso de los “actos fallidos”, en donde el ser humano comete un acto que va en contra de su voluntad, como por ejemplo un olvido, un accidente, extraviar o perder algo. En estos casos del acto fallido imaginemos el diálogo interno de nuestro inconsciente: “así que quieres mucho eso eh, sería una lástima que lo perdieras” o este otro: “mira qué conveniente es que olvidaras esa fecha tan “importante para ti”… por lo tanto, ese “acto fallido” se ha convertido certeramente en acto logrado, es decir, el inconsciente ha logrado su cometido.

Las manifestaciones del inconsciente. ¿Por qué entonces es importante saber qué tenemos en nuestro inconsciente? Porque allí está nuestro verdadero deseo, allí se encuentra nuestra verdad.

La educación en la infancia

“La gente no se da muy bien cuenta de lo que pretende hacer cuando educa.” J. Lacan

 

            ¿Cómo educar a nuestros hijos? ¿Cuál será la mejor manera? ¿Cómo hacer o qué hacer para evitar esos traumas lastimosos y esos complejos que en la edad adulta surgen pero que tienen el germen en la más tierna infancia? Cuentan que al terminar una de sus conferencias Sigmund Freud, se le acerca una madre de familia muy angustiada y le hace estas preguntas o alguna que otra parecida: “¿qué tengo que hacer para educar bien a mis hijos?” palabras más, palabras menos, a lo que Freud contestó: “haga lo que haga, va a estar mal”.

¿Es una proeza perdida de antemano? ¿Tendríamos que desobligarnos de nuestra responsabilidad como padre y madre dentro de la familia? No, la idea central de la respuesta de Freud no va encaminada hacia la desesperanza, al contrario, la respuesta de Freud va dirigida a amainar la angustia de la madre, angustia que precisamente se despierta al momento de re-encontrarnos con nuestra propia infancia a través de nuestros hijos.

Muchas de las veces cuando no se ha resuelto alguna situación que se trae arrastrando desde la más tierna infancia, llega el momento de convertirnos en padre o madre de familia y es cuando esa infancia que se ha reprimido comienza a causar estragos; nuestros propios hijos nos despiertan aquellos demonios, fantasmas, complejos, frustraciones, traumas que creíamos ya habían quedado atrás pero no, aún siguen existiendo y desde allí es que operan y guían nuestro proceder.

Sigmund Freud dejó escrito en su texto “El porvenir de una ilusión” lo siguiente: “Acerca de los niños, sabemos que no pueden recorrer bien su camino de desarrollo hacia la cultura sin pasar por una fase de neurosis, ora más nítida, ora menos”. ¿Qué quiere decir esto? Significa que el ser humano para poder acceder a la cultura y a la civilización, es necesario haber pasado por un proceso de socialización en donde se deja de ser una criatura que se rige por las necesidades y se aprende a postergar los deseos.

Es necesario que en el núcleo familiar se lleve a cabo el proceso de “castración simbólica” entendiendo la castración simbólica como ese proceso necesario en donde el ser humano comienza a tener el encuentro con el otro, aprende a postergar, aprende la tolerancia a la frustración.

¿Qué pasa si no ocurre esto que hemos denominado la “castración simbólica”? es cuando el infante no ha aprendido el respeto de las reglas de convivencia, cuando agrede a sus compañeros, cuando los berrinches son pronunciados, cuando trasgrede los límites establecidos y hace daño a personas, animales o cosas. Por lo tanto, postulará Freud, es necesario un monto de represión para poder convivir en sociedad.

¿Qué pasa con ese proceso de educación por el cual todos pasamos? Freud más adelante en el mismo texto señala: “La mayoría de estas neurosis de la infancia se superan espontáneamente en el curso del crecimiento; en particular, las neurosis obsesivas de la niñez tienen ese destino. En cuanto a las restantes, el tratamiento psicoanalítico deberá desarraigarlas en una época posterior.” Es decir, no hay mal que no cure el psicoanálisis, por decirlo jocosamente, claro que lo que está en juego es muy importante y los hechos cada día nos demuestran lo trascendente que es el amor y los límites en la infancia.

Es de suma importancia lo que podamos hacer en la educación de nuestros hijos, y si por alguna extraña razón perduran los conflictos, traumas y sensación existencial de no poder vivir de acuerdo al deseo que nos habita, para eso está el psicoanálisis, para hacer un intento de “revertir ese condicionamiento” que en la infancia fue necesario pero que en la edad adulta merece ser replanteado a la luz no ya del deseo de los padres, sino a la luz del propio deseo que nos habita.

El psicoanálisis hoy en día es vigente por la simple y sencilla razón de que el ser humano necesita ese lugar de encuentro consigo mismo, escuchar su palabra y saber qué es lo que le constituye, saber cuál es su historia de vida y aprender a reconciliarse con eso.

¿Por qué un psicoanálisis?

 

Desde que comencé este camino en la psicología, siempre han rondado preguntas interesantes en torno a la existencia del ser humano, la locura, la enfermedad, el suicidio, el amor y el sentido de la existencia. Caminando en la búsqueda hasta el momento encuentro en el discurso psicoanalítico algo que puede abonar a continuar en esa constante interrogación que tanto apasiona.

¿Por qué psicoanálisis y por qué no otra opción denominada “un poco más científica”? Porque la ciencia no alcanza a decirme qué hay después de la muerte, porque la ciencia no alcanza a decirme el por qué sueño lo que sueño, la ciencia no alcanza a decirme por qué me equivoco de tan fea manera o por qué sigo cometiendo los mismo errores. La ciencia se queda callada.

Hay otro discurso que ha intentado dar respuesta a dichas interrogantes a lo largo de la historia de la humanidad, a saber, la religión. La religión ha intentado dar respuesta a algunas interrogantes que angustian al hombre, pero sus respuestas son del orden de la ilusión y proponen regular la vida del ser humano de acuerdo al deseo divino; en cambio, el psicoanálisis no da respuestas, al contrario, motiva a preguntar y a darse cuenta de que el saber lo tiene uno mismo, en ese encuentro con la verdad, que no es una ilusión y que no es ciencia, y que el sentido de la vida no está dado por una instancia externa a uno mismo sino a partir de la escucha del propio deseo.

El psicoanálisis más bien se asemeja a la función del mito. El mito nos constituye, cada uno de nosotros construimos mitos para poder comprender lo que nos sucede, y esos mitos van formando parte sustancial de nuestra existencia.

Antes se creía que la locura, los sueños, la vida y la muerte, estaban regidas por sustancias que nos trascendían, por elementos metafísicos de los cuales estábamos a merced. El psicoanálisis da cuenta de que dentro del corazón del hombre se gesta tanto la pulsión de vida como la pulsión de muerte, y que los sueños no tienen nada que ver con ángeles y demonios, o que el fracaso en la vida no es por situaciones de “karma” o supersticiones en donde se pone en juego el pensamiento fantasioso.

El psicoanálisis es la peste, lo dijo Freud, en el sentido en que viene a incomodar al ser humano, viene a fragmentar su narcisismo, su comodidad, su certeza y seguridad. Lo confronta con su incompletud, con su imposibilidad, con su muerte. Y es a partir de allí, como señala Lacan en El Seminario 17: “Observen bien que nada toma sentido sino a partir del momento en que entra en juego la muerte” y es que precisamente ese “no saber” o no querer saber de la propia muerte es lo que nos tiene sometidos en la neurosis colectiva en donde el ser humano en su deseo de disfrutar, de “ser feliz”, se ha impuesto metas muchas de las veces inalcanzables y la misma angustia ante el sometimiento de los estándares de vida que se le ofrecen, desperdicia la única vida que posee sin darse cuenta de las cosas que realmente importan en la vida.

Vuelvo a la pregunta: ¿por qué psicoanálisis? Porque es un dispositivo que existe para hacer la vida del sujeto un poco menos miserable. No promete la felicidad u otra ilusión que dejará en mal estado al ser humano, lo que alcanza a ofrecer el psicoanálisis tiene que ver con ese descubrimiento de la propia verdad, de la propia historia de vida, y el análisis, ese encuentro constante con uno mismo, después de hablar tanto de uno mismo, lo que puede ocurrir es que uno se vaya enamorando de su propia vida, de su propia existencia. Amarse a uno mismo para que, en caso de que sea necesario, amar sin tapujos al prójimo.

¿De qué cura el psicoanálisis? 

 

Muchas veces hemos escuchado que el amor es lo que da sentido a la vida. Pero se ha olvidado un pequeño detalle; no se ha reparado en que es necesario amarse primero uno mismo. ¿Qué implica amarse uno mismo? Implica quizá aprender a pasarla bien en momentos de soledad, implica aprender a perdonarse esos momentos en donde no se ha vivido conforme al deseo que lo constituye.

Amarse a sí mismo podría ser un tema demasiado trillado porque ha sido explotado por los libros y conferencias de autoestima en donde se agranda el ego pero al final ¿qué se obtiene? simplemente ilusión. ¿Por qué entonces la propuesta del amor que hace el psicoanálisis tendría que ser diferente?

El psicoanálisis, como afirmó Jacques Lacan, es una experiencia en donde de lo que se habla es de amor. No se puede amar al otro si uno no ha pasado por esa experiencia de amarse a sí mismo, y precisamente lo que se ha comprobado dentro de la experiencia analítica es que cuando uno acude a psicoanalizarse es porque comienza a gestarse un acto de amor.

La propuesta del psicoanálisis precisamente tiene que ver con eso, con la experiencia analítica que permite amarse a uno mismo y poder dar el paso siguiente de amar al otro. ¿Cómo es que estamos tan seguros de que eso realmente sucede? El fenómeno de la transferencia da cuenta de ello.

Se ha dicho hasta el cansancio que el psicoanálisis no cura; ciertamente Sigmund Freud al final de su investigación ya no se preocupaba por que su invento fuera considerado como una “terapéutica” más bien su propuesta iba más allá, trascendía los parámetros establecidos de lo “normal” y lo “anormal”, no intentaba hacer del psicoanálisis un dispositivo que estandarizara la experiencia humana, al contrario, siempre se guio por la búsqueda y encuentro de lo “novedoso y singular”. Jacques Lacan en su encuentro con la obra de Freud va a postular que la experiencia analítica tiene que ver con otra cosa, con el re-conocimiento del propio deseo, y continúa la afirmación de que el psicoanálisis no cura, pero añade: “si llegara a haber una cura, sería curar de la ilusión”.

Hoy en día se siguen los pasos de Freud y Lacan, continuamos apostando a lo novedoso y singular de cada caso, de cada experiencia, no intentamos imponer un discurso al analizante. Y retomando ambos postulados (Freud y Lacan) podríamos seguir su línea discursiva y afirmar que, en efecto, el psicoanálisis no cura (no se puede uno curar de la condición humana) y que ciertamente la experiencia analítica tiene que ver con ese encuentro con el propio deseo y la cura de la ilusión. Yo podría añadir, aparte de todo esto, que el psicoanálisis sí cura: cura de la imposibilidad de amar.

 

¿Por qué se sufre?

Tal parece que se viene al mundo a sufrir, sólo basta recordar aquella letanía que escuchábamos en diciembre: “gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”. Ese mensaje ha quedado incrustado en lo más recóndito de nuestro ser y desde allí mueve los hilos de nuestras decisiones, preferencias, palabras, sentimientos, hábitos y demás.

Todo padecimiento del cual nos quejamos, llámese depresión, fobia, enojo, frustración, estrés, ausencia de sentido de la vida, etc. tiene un nombre: en psicoanálisis se llama “síntoma”. ¿Por qué síntoma? Porque es solamente un indicio de que algo anda mal en nuestra vida, de que no se está viviendo de acuerdo al deseo que nos habita.

El síntoma como metáfora de algo, está simbolizando algo que no se ha abordado, elaborado o simplemente está esperando salir a la consciencia, pero como no se le tiene permitido, utiliza un mecanismo como si fuera una máscara y sale a la luz trasformado, es cuando hablamos de “síntoma”, es decir, un conflicto que tenemos en nuestro ser que sale a la luz a través de una relación de compromiso.

Pongamos un ejemplo: sabemos que el ser humano es un ser que migra, que intenta trasladarse de un lugar a otro. En la actualidad escuchamos en las noticias el fenómeno de la migración y las incontables maneras de erradicarlo o de ponerle un límite. Se habla de poner bardas en las fronteras para que el migrante no pase. Algo muy similar sucede con el conflicto psíquico que atormenta al ser humano. Imaginemos que el migrante padece, y en realidad así es: padece de la realidad nacional en la que se encuentra, en donde se anula la satisfacción a sus necesidades básicas.

Lo mismo acontece con el malestar psicológico, como ese migrante que intenta salir de un país para vivir en otro país, el conflicto psicológico intentará a toda costa atravesar la frontera, y sabemos que a pesar de que se le impongan las murallas (las murallas de la frontera, así como las murallas de la censura) el migrante (y en este caso el conflicto psíquico) encontrará la manera de traspasar el límite. ¿Cómo? encontrará una manera ingeniosa y es cuando el conflicto se convierte en síntoma. Es así que el síntoma cumple la función de presentarse a la luz, a la consciencia de manera velada a través de una símbolo, a través de una máscara, de un vicio, de una depresión, de una enfermedad, pero lo que hay realmente detrás de todo síntoma es un conflicto intrapsíquico.

Otra manera de entender nuestros síntomas es saber que se está obteniendo un placer en eso de lo que tanto nos quejamos. Fue Jacques Lacan quien a través de la lectura de las obras de Sigmund Freud puso el dedo en la llaga. Sigmund Freud habló de un “componente masoquista” es decir, el ser humano sufre porque encuentra un placer insano en sentirse humillado, sentirse poca cosa, sentirse un ser insignificante ante la mirada del Otro. Encuentra satisfacción ante el lugar de la constante queja. Eso explicaría muchas cosas, como por ejemplo las relaciones interpersonales enfermizas, o el malestar constante en el trabajo o los vínculos patológicos en el amor. Lacan denominó a todo esto como “el goce”, es decir, cuando sabemos que eso que hacemos nos lleva a nuestra propia destrucción: el exceso. El  exceso en el alcohol, cigarro, en el comer, en el conducir, en el sexo. Todo eso que atente contra nuestra vida y que creemos que nos produce placer lo que realmente está produciendo es goce y eso nos conduce hacia la propia aniquilación.

¿Qué tendríamos qué hacer? ¿Todo está perdido? Quizá la propuesta del psicoanálisis es precisamente dar cuenta de todo esto, un saber hacer con eso que nos constituye. Es como si dentro de cada uno de nosotros viviera un infante problemático, un niño que intenta llamar la atención. La solución no es erradicarlo, correrlo, matarlo, mandarlo a un hospicio, no, lo que tenemos que hacer es escucharlo, comprenderlo, intentar amarlo y comenzar a ver cómo nos la vamos a arreglar para aprender a vivir con esa falta, con esa carencia, con esa “condición humana” que tiende más bien a la incompletud, al fantasma, a la inoperancia. Voltear a ver el defecto y amarlo, saber que eso que negamos es lo que somos.

El laberinto del inconsciente

 

Cuando se acude por primera vez a la consulta con el psicólogo, psicoterapeuta o psicoanalista, es normal tener muchas dudas, preguntas, inquietudes, interrogantes y hasta puede provocar miedo a lo desconocido, saber cómo seremos tratados durante la sesión que se ha solicitado y otras emociones que se mueven en torno a esa decisión tan trascendente que se toma en la vida. Desde la psicoterapia psicoanalítica se le hará la invitación, después de las entrevistas iniciales, a que en la medida de lo posible acate la regla fundamental, ¿cuál es? “diga todo cuanto se le ocurra”, es como “piense en voz alta”, o como dijo una paciente: “hablar sin filtro.”

La intención de que en la sesión analítica se diga todo cuanto pasa por la mente, cualquier ocurrencia, es para semejar un poco lo que sucede en el fenómeno onírico, en el sueño. Es decir, sabemos que es a través del sueño que el inconsciente se manifiesta: ¿qué soñamos? soñamos lo que traemos en nuestro inconsciente, entendiendo como inconsciente a esa historia de vida que todos tenemos y que ha quedado guardada en algún lugar de nuestra alma y nuestra mente. Por lo regular soñamos lo que deseamos. El sueño es muy similar a lo que llega a ocurrir en una sesión de psicoterapia ante la invitación de “diga todo cuanto se le ocurra”, así poco a poco silenciamos al consciente y cedemos la voz al inconsciente; ese inconsciente que constantemente desea manifestarse pero que se le reprime, se le oculta, se le niega.

Sabemos que el ser humano está estructurado para convivir a través de la coherencia, el raciocinio, etc. pero lo que sucede en análisis tiene que ver con otra cosa. El discurso del paciente, la queja, la demanda, eso que tanto molesta en la vida, se tiene que escuchar desde esta otro lugar, como quien fuera partícipe de un sueño, en donde nada tiene sentido, pero es a través de la interpretación que la cosa va andando; lo mismo ocurre con el síntoma; el síntoma aparece como un fenómeno emergente, como algo que sale, emerge como resultado de un conflicto intrapsíquico en donde el sujeto ya no pudo contener más, en donde la persona ha cedido a las pulsiones, a los mandatos superyóicos, ha sido avasallado por el fantasma, es decir, hay recuerdos de nuestra infancia y de nuestra vida que son muy fuertes y que no podemos más con ellos. Eso es lo que hace neurótica a las personas.

Es por eso que no debemos quedarnos solamente y simplemente con el discurso manifiesto a lo largo de la intervención dentro del consultorio, es decir, con lo que se dice. “Estamos ahí para conseguir que sepa todo lo que no sabe sabiéndolo. Esto es el inconsciente” señaló Lacan en El Seminario 17. La labor del psicoanalista es saber escuchar cuál es el origen del malestar, qué es lo que está fastidiando la existencia de nuestros pacientes. Es muy importante que el analizante se comprometa a ser sincero consigo mismo, para que así pueda contribuir al encuentro con su deseo.

Muchas de las veces lo que el paciente nos platica, lo que en realidad nos está contando es otra historia, es su historia de relaciones interpersonales, dice una cosa pero intenta decir otra o dice una cosa para no decir otra cosa. Eso lo conocemos como “compulsión a la repetición”, es decir, muchas veces nos encontramos cometiendo los mismo errores, ya sea en el amor, en el trabajo, en la familia.

 ¿Qué es lo que realmente subyace bajo el discurso del paciente? ¿Qué se esconde detrás del síntoma? Esa es la labor del psicoanálisis: intentar desentrañar los enredos, intentar saber cuáles son los mecanismos que utiliza el ser humano para no desbaratarse y que lo reprimido no salga a la consciencia pero en ese intento de represión ha dado a luz un síntoma, un malestar, algo que le aqueja, y más aún, hay casos sorprendentes en donde el ser humano pone el escenario perfecto para ser la víctima y vivir su vida como un acto de sacrificio. A eso se le llama “goce masoquista”. Es por eso que la experiencia analítica comienza a tomar rumbo cuando se cae en cuenta que la pregunta ya no es ¿por qué mi marido es así? o ¿por qué mi jefe del trabajo me fastidia tanto? Cuando la pregunta cambia a ¿qué tanto soy responsable de eso de lo que tanto me quejo? El análisis da un giro de 180 grados y se comienza a asumir la propia existencia, esa pregunta es un buen inicio para comenzar a realizar los cambios pertinentes y comenzar a vivir la vida que se desea vivir.

 

Psicoanálisis en la vida cotidiana

En esta nueva temporada como colaborador de este sitio electrónico, quisiera abordar las problemáticas que se nos presentan en la vida cotidiana y ofrecer una mirada desde el psicoanálisis. El saber cómo es que estamos constituidos y lo que eso conlleva nos puede ofrecer otro punto de vista con el cual asumamos nuestra existencia, en el trabajo, en el amor, en las relaciones interpersonales. Sabemos desde Freud que todo ser humano posee una estructura psíquica que se compone por un Ello, un Yo y un Superyó, así como de un consciente, preconsciente e inconsciente y es en esta estructura de la personalidad desde donde tomamos las decisiones, elegimos nuestra vida, amamos y sufrimos y demás vericuetos propios del diario acontecer.

La idea de este espacio es dar a conocer cómo se trabaja dentro de una sesión de psicoanálisis, qué cosas ocurren dentro de la experiencia analítica y que puede ayudar a comprender algunas cosas del diario vivir como lo son el “lapsus lingüe” los errores, accidentes, motivaciones, deseos, olvidos, etc. es decir, tratar de poner al servicio del lector algunas consideraciones propias de la clínica para ir comprendiendo por qué actuamos como actuamos.

En esta primera entrega quisiera abordar, a manera de apertura, cómo es que estamos constituidos, cuál es nuestra condición humana, de qué estamos hechos. Algunas respuestas las podemos encontrar en la religión o en la ciencia y la filosofía. Pero como en este lugar estaremos hablando de psicoanálisis, será desde allí que intentaremos encontrar algunas pistas para que cada uno encuentre respuestas a sus interrogantes existenciales.

¿Por qué un psicoanálisis? Sigmund Freud fue el padre del psicoanálisis, se dio cuenta de que sus pacientes enfermaban porque reprimían cosas; ¿qué cosas? deseos, pensamientos, palabras, sobre todo mociones (movimientos, inclinaciones, pensamientos reiterativos) que entraban en conflicto con la moral de la sociedad en turno. Muchas de sus primeras pacientes acudían a él y platicaban de frustraciones, represiones, sueños y anhelos frustrados. Poco a poco Sigmund Freud se fue dando cuenta de que había algo más, de que en cada ser humano existía “algo de lo que nadie quiere hablar” y a eso el Dr. Freud le llamó “lo inconsciente”, que después, conforme fue elaborando su teoría, años después coincidiría mucho con lo que en 1920 llamaría el “Ello”. Así tenemos que la primera tópica freudiana (Consciente, Preconsciente e Inconsciente) se entrelaza con la segunda tópica freudiana (Ello, Yo y Superyó) de lo que estaremos hablando en el transcurso de estas entregas.

¿Por qué es importante saber esto? ¿Cómo repercute en el diario vivir del ser humano? Pondré un ejemplo: en la mayoría de los casos (y me atrevería a decir que en todos los casos) es muy frecuente que el ser humano tenga conflictos con el prójimo, llámese pareja, amigos, patrón, jefe, etc. es entonces cuando la gente se pregunta ¿por qué me cae tan mal? o “desde que lo vi sentí la mala vibra”. Eso tiene su explicación: andamos por la vida con conflictos no resueltos y muchas de las veces los conflictos que tenemos en la edad adulta vienen a remover esos conflictos que traemos arrastrando desde la más tierna infancia. Es por eso que una persona ante una situación reacciona de alguna manera y otra persona reacciona distinto, como por ejemplo ante una ruptura amorosa, un despido laboral, etc.

¿Por qué se suicidan los que se suicidan? ¿Por qué la gente se vuelve “loca”? Estos y muchos puntos más el psicoanálisis ha intentado investigar e intenta dar alguna luz para poder vivir la vida ligero de equipaje. Estos y otros asuntos de la vida cotidiana iremos abordando en este espacio.

El proceso de convertirse en persona

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen de la película "Noviembre"

imagen de la película “Noviembre”

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Hay un video en YouTube muy divertido titulado “el ventrílocuo humano”, un comediante haciendo la rutina de invitar a dos personas del público a que lo acompañen y lleven a cabo el performance en donde el comediante hace la voz de las personas que simplemente mueven la boca.

El “chiste” de esa escena consiste en que las personas solamente tienen que abrir la boca cuando el comediante les apriete la mano, ellos obedientemente abren la boca y el comediante se encarga de hablar con una voz que incita a la risa. En sí la actividad provoca un momento agradable, pero ¿qué hay detrás del chiste? Como bien dijera Freud: “el chiste y su relación con el inconsciente”.

La vida se parece mucho al performance acá descrito. Las personas que hacen de muñeco tienen una semejanza con el sujeto que presenta un padecimiento del alma, alguna depresión, una tristeza agobiante, un sufrimiento moral, una compulsión a la repetición, síntomas obsesivos, fobias, trastornos psicosomáticos, narcisismo o cualquier otro malestar que no le permite al sujeto vivir la existencia deseada.

Sucede lo mismo en la vida real. Cuántas veces no nos topamos con que nuestros deseos en realidad son deseos de algún Otro, que simplemente movemos la boca y de nuestro ser surgen palabras, acciones, comportamientos que no van acorde a nuestro deseo. La vida del ser humano se ve reflejada en esa escena del comediante en la medida en que las personas simplemente viven la vida al servicio de algún Otro que al mínimo señalamiento (apretón de manos, mirada, introyección de reglas, normas, filosofía de vida ajena) intentan responder a la solicitud del Otro (del Amo).

Parecería pues que el ser humano vive una vida prestada, su historia de vida es una “historia debida”, una vida prestada que se debe, una existencia como una marioneta, como un títere de algún Otro, llámese sociedad, llámese figuras materna y paterna introyectadas que en su momento le permitieron desarrollarse pero llega un momento en que ya no se puede seguir viviendo bajo el señalamiento o el apretón de manos como en el performance del video.

El proceso de convertirse en persona implica precisamente hacer consciencia de esa realidad, saberse un sujeto carente al servicio de algún fantasma, pero eso ya no puede seguir así, no se puede vivir la vida bajo el designio del titiritero.

El proceso de psicoterapia (específicamente la psicoterapia analítica y aún más el psicoanálisis) permite precisamente al ser humano hacer consciencia de ese juego, permite hacer consciencia de que el síntoma que presenta (miedos, tristeza, ansiedad, depresión) están al servicio de un malestar original, al servicio de “algo” de lo que no sabemos porque precisamente pertenece al orden de lo inconsciente.

La propuesta de la psicoterapia psicoanalítica es atravesar ese fantasma, tomar nuestra propia voz (ya no más la voz del titiritero) pero ese proceso de separación es doloroso; imaginemos el desprendimiento de ese vínculo (representado por el apretón de manos entre el comediante y los personajes), diluir ese vínculo no es cosa fácil, implica romper con ciertos prejuicios, con pensamientos que se han anidado por años y años en nuestra vida; separarse de la mano del titiritero implica un nuevo nacimiento, un desprenderse para comenzar una nueva vida guiada por el deseo genuino, buscar nuestros propios sueños, anhelos, aspiraciones y no seguir siendo el muñeco del ventrílocuo.

Es cierto que nuestra infancia nos marca; “infancia es destino” pero no todo está determinado, es necesario escucharse, analizarse, dejar de engañarse, saber qué representa cada cosa en la vida, qué cosas seguimos repitiendo de nuestra infancia en la vida adulta, repetimos para no recordar eso que duele.

La propuesta del psicoanálisis es que el ser humano pueda hacer algo con eso de lo que se queja, primero saber hasta dónde está implicado en ese malestar, qué tanta responsabilidad hay en eso que lo llevó al consultorio para que después pueda re-elaborar, es decir, re-significar eso que lo ha moldeado desde la infancia, esas carencias, frustraciones, satisfacciones y traumas que han quedado allí guardadas en el inconsciente y que tienden a salir a la consciencia pero salen de una forma disfrazada a través de los sueños, el chiste, el olvido, el lapsus, el acto fallido. El inconsciente constantemente se quiere manifestar, habrá que darle la palabra, algo bueno tiene que decir; quizá ese será el inicio de una vida con sentido, una existencia propia, ya sin la necesidad de seguir atado a la mano del Titiritero, del Otro, del Discurso del Amo, del “qué dirán”, del síntoma, de la queja. Hacerse responsable de la propia existencia y el primer paso es reconocer nuestra propia voz y no tomar prestada la voz de alguien más. Seguir nuestro propio deseo y no el deseo del ventrílocuo.

Es cierto que la psicoterapia implica tiempo, esfuerzo, dedicación, compromiso, responsabilidad; es cuestión de poner en una balanza la vida misma, seguir padeciendo ese malestar u optar por empezar a hacer algo con eso que nos paraliza y que no nos atrevemos a decir porque es muy penoso, vergonzoso, o creemos que no tiene nada que ver  con nuestro malestar. En el consultorio se dará cuenta de que eso que se creía tan insignificante estaba guiando nuestra existencia. Deshacerse de los fantasmas que no nos pertenecen, aceptar lo que no podremos cambiar y decidir comenzar a construir la vida que hay en lo más profundo de nuestro deseo; un deseo que se descubre a través de la propia palabra, de nuestra propia palabra; de tu propia palabra.

*Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo y Psicoterapeuta
Monclova, Coah. Mx
psicologocarlosmoreno@gmail.com

Experiencias cumbre

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen de artistasdelatierra.com

imagen de artistasdelatierra.com

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El ser humano atraviesa la vida experimentando situaciones cotidianas, del trabajo al hogar, horas incontables de estudio, diversión, comer, dormir, ritos sociales y un cúmulo de actividades más que hacen de la vida algo llevadero, algo soportable.

La vida del ser humano adquiere sentido cuando se topa con lo que los psicoterapeutas humanistas han denominado “experiencias cumbre” es decir, acontecimientos en la vida fuera de lo ordinario que a la postre dan un giro a la existencia del humano. Como experiencias cumbre por antonomasia están las que se rigen por el acontecimiento de la vida y el suceso de la muerte. Cuando nace un hijo o cuando muere un ser amado. Esas dos experiencias definen la existencia del sujeto.

Vida y muerte; Eros y Tánatos siempre presentes en la existencia del ser humano. Manifestaciones de vida como el amor, la amistad, el compañerismo, el compromiso, la familia, la construcción de una vida con sentido. Manifestaciones de muerte como la destrucción, el odio, la muerte misma, el suicidio, el homicidio, la violación, el secuestro, el robo, el acoso, la amenaza.

Ante un acontecimiento emanado de la representación simbólica del Eros (vida-amor) no hay mucho que re-plantearse, pero ¿qué hacer cuando se sufre la manifestación de la pulsión de muerte, ya sea la propia o ya sea la del “Otro”? La propuesta de la psicoterapia es muy clara: re-significar la existencia a partir de dicho acontecimiento, no sabemos si eso que sucedió es bueno o malo sino a partir de las consecuencias y la capacidad de re-significar la vida, a través de la resiliencia.

Un paciente sufre un robo en el cual comenta que su vida corrió peligro, en donde los ladrones pudieron golpearlo, secuestrarlo. Víctima del terror el paciente en cuestión agradece haber salido con vida de esa experiencia; re-significa su existencia a raíz de lo allí vivido, pone en una balanza su proceder y comienza a vivir una existencia nueva sabiendo la fragilidad de su paso por este mundo o citando a Milan Kundera: “La insoportable levedad del ser”.

El paciente en cuestión ha abandonado el síntoma que lo mantenía maniatado, ha re-valorado su existencia, piensa la vida desde otra perspectiva, claro que siente odio hacia sus agresores pero también se siente agradecido con la vida (o con Dios, que lo protegió con su “manto sagrado” en propias palabras del paciente) y pudo salir adelante después de ese trago amargo que le suscitó dicha experiencia. Tomó el teléfono público para avisar a sus seres queridos que todo estaba bien. Cuando tomó el teléfono público señala que fue como si hubiese cerrado una etapa de su vida, algo que había quedado abierto precisamente con una llamada de teléfono hace más de quince años.

La vida, Dios, el destino, la oración de la madre, la enseñanza del padre, todo se conjuga para que el ser humano pueda acceder a una vida con sentido. Es a partir de una “experiencia cumbre” que en su momento no sabemos si es “buena” o “mala” como la anécdota del padre de familia que tenía un hijo que fue atravesando diversas situaciones de la vida a las cuales el padre solo respondía: “esto es bueno, esto es malo, quién sabe”.

Re-significar la existencia a raíz de un acontecimiento que cimbra la consciencia, re-plantearse el lugar que se tiene en el mundo, saber valorar la vida y comenzar a vivir una vida con sentido. No quedarse en el discurso de “¿por qué me pasó esto a mí?” sino a partir de eso re-plantear las prioridades, saber qué es eso que constantemente se está repitiendo y que no deja avanzar, ese síntoma que entorpece y no deja vivir una existencia plena.

Me quedo pensando en eso que comenta el paciente: en esa experiencia en la que estuvo su vida en peligro. Quizá Dios estira las orejas de manera drástica a sus hijos que requieren de medidas extremas para tomar consciencia de su vida (“tocar fondo” dirán algunos). Dios, el destino, la vida misma, la consecuencia de sus actos, serendipia, cualquier cosa, lo importante es lo que se va a hacer a partir de eso, la vida que desea vivir siendo un hombre nuevo. En esta ocasión fueron unos ladrones, para otras personas el llamado a la vida puede ser a través de acontecimientos trágicos como una violación, un secuestro, la muerte de un ser querido. Vivir el duelo correspondiente y acompañado de un proceso de psicoterapia poder salir adelante; re-significar el acontecimiento y no quedarse en la posición de víctima, preguntarse qué es lo que se está haciendo mal y comenzar a re-plantearse su lugar, su ser-en-el-mundo. El replanteamiento de la existencia puede ser a través de dichos acontecimientos (que cualquiera quisiera estar exento de eso) pero también la vida llama con susurros al oído; a través del acompañamiento amoroso de la pareja, del cuidado amoroso de los padres, de la amistad brindada, un encuentro con Dios (de acuerdo a la creencia del sujeto) o también se puede re-significar la existencia precisamente a través de un proceso de psicoterapia, un proceso de análisis en donde el ser humano va y se escucha y logra saber eso que tanto le viene perjudicando la existencia sin necesidad de exponer su vida. Más vale un buen análisis a tiempo que lamentarse por las consecuencias de ese síntoma que no se quiso escuchar.

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*Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo y Psicoterapeuta. Miembro de APPCAC y SMP. 
Consulta privada en Monclova, Coah. Mx

El laberinto del deseo

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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Le escucho

Le escucho

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“Cuando descubre que el Otro miente, que el Otro no existe,
el sujeto adviene al encuentro con su deseo.”
(Isidoro Vegh)

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¿De qué estamos hechos? Estamos hechos de la misma naturaleza del mundo, de la naturaleza somos y a la naturaleza vamos, nuestro destino es la entropía, “polvo somos y en polvo nos convertiremos” resuena constantemente en nuestro pre-consciente cada mes de abril. El narcisismo de la especie humana ha sabido contener esos tres golpes asestados por Copérnico, Darwin y Freud: no somos el centro del universo, no somos una especie única y no somos conscientes de nuestros actos. El ser humano como un sujeto errante por el mundo buscando darle sentido a su existencia.

La cuestión de lo humano ha intentado ser interpretada desde la filosofía, el psicoanálisis, la biología, la sociología y hasta la poesía.

Para poder entender la cuestión de qué es el ser humano, primero tendremos que responder a la pregunta ¿quién es ese “Otro” que está a mi lado? ¿quién es ese “Otro” que está frente a mi? Y es a partir de allí y sólo entonces que podemos descifrar ese acertijo de lo que es el humano. El ser humano surge a través de la respuesta que demos a la interrogante ¿quién es ese “Otro”?

El Otro es el que inevitablemente viene a dar la estructura al Sujeto. El Otro es el que estructura; la madre en su momento, luego la Familia, luego la Institución Educativa, la Iglesia, la sociedad misma, el matrimonio y la muerte. Siempre vamos a tener a ese “Otro” representado en esas instituciones que darán forma y estructura al sujeto.

En un principio existe el binomio “Madre-Padre” que da estructura al sujeto; luego eso se desplaza en las instituciones que ya se señalaron. Si no estuviera el “Gran-Otro” ¿qué seríamos? Sin la mirada deseante del Otro simplemente seríamos objetos, cosas, cuerpos. El deseo del otro es el que encarna al sujeto, el deseo del Otro abre la posibilidad de que el niño pueda convertirse en algo, encarne la expectativa del Padre-Madre; si no hubiera Otro nos desestructuraríamos. Un ejemplo concreto: ¿qué sucede cuando no existe la mirada del Otro, cuando estamos solos en nuestro hogar y no está la mirada del Otro, la palabra, la presencia de ese Otro que nos estructura? El niño se atreve a soltar improperios, se convierte en una pequeña bestia salvaje que pide a gritos reglas y normas, alguien que lo estructure, que le diga qué hacer, que le diga cómo debe comportarse, alguien que lo ame. El adolescente ante la misma situación de soledad, ante la ausencia de ese “Otro” aprovecha para practicar el goce, piensa en hacerse daño, en sentir algo, experimentar placer ya sea cortando su cuerpo, ya sea explorándolo, el adolescente sin el Otro se topa con el vacío, con la nada, con la ausencia, avasallado por la angustia se refugia en lo que cree encontrará satisfacción momentánea. Llega el Otro y el sujeto vuelve a la estructura: el niño se pone a jugar sin maldecir, se re-conoce ante la mirada del Otro; el adolescente regresa a sus menesteres del estudio, prende el estéreo y apacigua sus deseos más primitivos y con una sonrisa complaciente se sabe estructurado por la mirada del Otro.

Tenemos pues que lo que da estructura, lo que hace ser humano al sujeto es el Otro, la mirada del Otro, la presencia del Otro y todo lo que eso conlleva. El “Gran-Hermano” que todo lo ve, que todo lo sabe, omnisciente, omnisapiente, el “Panóptico” siempre presente por los siglos de los siglos, desde que el hombre es hombre, desde que la especie humana construyó eso llamado consciencia (consciencia: “sea lo que fuere” dijo Freud).

El Sujeto se va a estructurar precisamente ante la mirada de la madre y del padre, es decir, ante la mirada amorosa de la madre y la mirada que castra del padre. La madre que ama y el padre que rompe, que castra, que impone su ley, que obliga al infante a buscar su propio “falo”, a desear más allá de la madre. Y a partir de eso el Sujeto se estructura.

Tenemos pues el primer axioma: el Ser humano se estructura a partir del deseo de sus padres. El sujeto surge a partir del deseo, de la catectización, de la mirada, de la Ley, de la expectativa que los padres depositan en sus hijos, en muchos de los casos la ecuación resulta favorable, si no, ya no tendríamos civilización. El punto toral de la presente argumentación es que el ser humano “es” a partir del deseo del Otro.

¿Qué pasa cuando el ser humano se cuestiona, se queja de eso que no sabe, cuando la existencia le resulta insoportable, cuando la piel que le heredaron sus padres le ha quedado insuficiente? Muchas de las veces el ser humano se topa con que hay algo en lo profundo de su ser que lo impulsa a cuestionar si en verdad está viviendo la vida que desea vivir, si está viviendo la vida de acuerdo a su deseo. Cuando se da cuenta de que no está siendo él sino una proyección, un síntoma de sus padres, (la encarnación de los sueños frustrados de sus padres, el “goce” negado en la vida de sus padres), comienza a elaborar esos síntomas molestos, ese malestar cotidiano, esa angustia, esa queja, esa demanda y es cuando acude al consultorio, cuando ya la vida no da para más, cuando sabe que por más “fuerza de voluntad” que tenga no puede salir adelante, que hay “algo” que lo detiene, que lo inmoviliza; y por lo regular ese “algo” no se sabe, ese “algo” pertenece a otro orden, al orden de lo inconsciente.

¿Eso quiere decir que viviremos siempre repitiendo el deseo de nuestros padres? ¿Seguiremos siendo una representación cómica del “ideal del Yo”? Desde el punto de vista del psicoanálisis y la psicoterapia psicoanalítica existe la posibilidad de un segundo momento, de re-estructurar la personalidad, de re-significar eso que constituyó al sujeto.

Cuando el ser humano se da cuenta de que “esa piel” ya no le queda, ya no le acomoda, que su deseo es otro, que la vida que ha estado viviendo ya no le satisface, llega el momento en que el sujeto se interroga,  sospecha de que cuenta con otros intereses, con otro deseo, ya no el de sus padres sino su propio deseo. Es cuando la psicoterapia propone esa transición. La psicoterapia como el proceso en donde el sujeto re-nace y se re-significa su estructura y su historia de vida.

El sujeto se estructura ante la mirada siempre del Otro. Lo mismo sucede en un proceso de psicoterapia, el Sujeto se va a estructurar ante la mirada de su psicoterapeuta. ¿Pero cuál entonces sería la diferencia? ¿Siempre va a existir el Otro que impone su deseo? La diferencia es que en la psicoterapia el sujeto se estructura frente a otro que lo escucha, ya no más frente al deseo de su madre y la mirada inquisidora de su padre, ahora se estructura bajo su propio deseo y bajo la escucha del psicoterapeuta.

La estructura de personalidad se moldea bajo la mirada de los padres, bajo el deseo de los padres. Lo que sucede en el consultorio psicoterapéutico es algo similar: vuelve a haber una “estructuración” (re-estructuración) de la personalidad con la salvedad de que ahora ya no es bajo el deseo del padre (mucho menos bajo el deseo del analista) sino ahora esa estructura de personalidad se crea a partir del deseo del propio paciente; y ya no bajo la mirada que tenía que civilizar o educar, sino ahora a través del propio discurso del paciente y la escucha atenta del analista.

La psicoterapia como ese necesario cambio de piel; algunos lo hacen poniendo piel sobre piel (tatuajes) otros intentando matar a ese otro introyectado, la desventaja es que en ese intento se llevan como consecuencia su vida misma (suicidio), otros cambian de piel sometiéndose al discurso de Otro Amo. En la psicoterapia no se trata de eso: de lo que se trata es ese volver a nacer, ese cambio de piel signado por su propio deseo ante la presencia del otro (el otro siempre presente, siempre estructurando) pero ese otro no está allí para juzgar, ese otro (psicoterapeuta) no está para decir “eso está bien, eso está mal”, al contrario, es en esa escucha en donde el sujeto encuentra su deseo inconsciente y lo que le toca es saber qué hacer con esa verdad esclarecida.

El paciente acude a la psicoterapia porque sabe que falla algo, porque la manera que ha venido solucionando sus problemas ya no le resulta, porque la angustia lo avasalla, porque ya no puede más con la culpa o con ese deseo que lo atormenta o ese goce que lo inmoviliza, acude a psicoterapia por ese conflicto inconsciente que se manifiesta a través de un síntoma que paraliza, que inmoviliza, que angustia. Y es en ese encuentro con su psicoterapeuta en donde empieza a andar algo, algo de lo que sospechaba o de lo que no tenía ni la más remota idea; se comienza a gestar una existencia que el paciente o la paciente está decidiendo. El proceso es doloroso, implica quitarse la piel con la que se ha vivido, implica muchas de las veces cuestionar lo que hasta ese momento ha creído, implica cuestionar, dudar, poner en el crisol la ideología que daba hasta ese momento sentido a su existencia. Pero al final se obtiene la gratificación, el resultado de haber construido la vida que desea vivir a partir de su propia decisión, no a partir del deseo de sus padres, del “Gran-Otro” o de su psicoterapeuta. El fin del análisis implica un sujeto nuevo, un re-nacer, una existencia experimentada de acuerdo a su propio deseo; parafraseando a Jacques Lacan: “El deseo, función central de toda la experiencia humana”.

No todo está perdido, hay una apuesta a otra cosa, hay una apuesta a “desmitificar” lo establecido, hay algo más allá de la mera ilusión. En el consultorio se lleva a cabo la enseñanza de Sigmund Freud: “Nos negamos de manera terminante a hacer del paciente que se pone en nuestras manos en busca de auxilio un patrimonio personal, a plasmar por él su destino, a imponerle nuestros ideales y, con la arrogancia del creador, a complacernos en nuestra obra de haberlos formado a nuestra imagen y semejanza”

Vivir la vida que uno desea es posible, solo basta escucharse con atención, con auto-observación, con honestidad, sinceridad, llegar hasta donde tope, hasta lo insospechado. Esclarecer lo turbio, traducir el mensaje acotado por el síntoma. Conocerse, aceptarse, poder cambiar lo que es posible cambiar y saber vivir con la condición humana que nos caracteriza. La cura por la palabra; no la palabra del “Otro”, sino la propia palabra, el propio inconsciente. Vivir la vida con menos sufrimiento, consciente de nuestras limitaciones pero también consciente de nuestro deseo. “La acción eficaz del análisis consiste en que el sujeto llegue a reconocer y a nombrar su deseo” (Jacques Lacan)

En el inconsciente está la verdad y dicha verdad quizá nos hará vivir nuestro paso por este mundo con un tanto cuanto de libertad. Viviendo con lo estrictamente personal, con lo que a uno le toca, sin la necesidad de estar cargando asuntos, pleitos, culpas que no nos pertenecen. Vivir de cara a la verdad, a nuestra verdad tejida por nuestra historia de vida, es un proceso doloroso, quizá también implica un proceso que lleve tiempo, pero sino se vive la vida que se desea vivir, entonces ¿vale la pena seguir viviendo una existencia prestada?

*Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa, Psicólogo y Psicoterapeuta. Miembro de APPCAC y de SMP. Consulta en Monclova, Coah. Mx. psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

 

El pequeño Freud

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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“Lo que se calla en la primera generación… la segunda lo lleva en el cuerpo”
F. Dolto

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 “Infancia es Destino” ¿Qué hay detrás de este apotegma? Dicha frase hace referencia a que lo que sucede en los primeros años de nuestra existencia va a marcar nuestra vida futura; lo que sucede en la primera infancia es la vida original, lo demás es una re-edición de  esas experiencias y acontecimientos del allá y el entonces; por eso la gran importancia que dentro de una psicoterapia se aborde la experiencia del paciente respecto a los recuerdos que tiene de su niñez, que pueda acceder a dichas vivencias a través de su propia palabra.

¿Por qué querer hablar del “Pequeño Freud”? quizá para poder entender el origen del psicoanálisis; remontarnos a la niñez de Freud, a la primera infancia, a sus primeros recuerdos, sus primeras “imagos”, sus fantasmas, sus recuerdos, sus experiencias que quedaron troqueladas en su inconsciente y que a la postre daría material para crear el psicoanálisis que tanto ha aportado para comprender la concepción de la naturaleza del ser humano, sus patologías, sus deseos; todo esto a través de la escucha del discurso del paciente que sufre e intenta saber el porqué de ese malestar.

De entrada pensemos en Sigmund Freud como el creador del psicoanálisis, ¿cómo llegó a construir dicha propuesta? Tuvieron que pasar demasiados acontecimientos en su vida y en su obra para por fin “parir” dicha teoría que en la actualidad continúa vigente sobre todo por su aportación a la comprensión del ser humano a través de la escucha del inconsciente y sus manifestaciones.

Sabemos que Sigmund Freud constantemente buscaba ser reconocido, admirado, ya sea por algún descubrimiento, alguna aportación, o algo que catapultara su nombre hacia la inmortalidad. Quizá por el mensaje que quedó cincelado en su inconsciente que su madre Amalia constantemente le repetía; que sería un hombre grande, un hombre de éxito. Recordemos que “Nadie puede traicionar el deseo inconsciente de una madre”. Y por otro lado estaba su padre Jakob, el que lo reprendía, su padre del cual recuerda aquel acontecimiento en donde se baja de la banqueta ante la afrenta de un peatón insultándolo por su condición de judío.

Sigmund Freud recuerda que su padre lo reprendió alguna vez (por orinar deliberadamente en el cuarto de sus padres, a los siete años de edad) y las palabras que utilizó fueron: “este niño nunca llegará a nada”. Quizá de aquí se puede desprender la siguiente hipótesis: la teoría de Sigmund Freud como una respuesta al reto que el padre le auguraba como destino manifiesto; el psicoanálisis como el éxito ante la predicción fallida de frustración del padre.

La teoría de Freud se centra en la importancia del vínculo madre-hijo; su teoría como una hipótesis en donde la madre es el centro y lo demás girará en torno a ella. Se deduce por lo tanto que el “Complejo de Edipo” propuesto por Freud tiene su más arcaico origen precisamente en su vivencia como hijo. Sabemos que la hipótesis del complejo de Edipo le surge a través de un sueño, pero también es importante señalar cómo fue construyendo su idea del complejo de Edipo a través de las vivencias y palabras que le decían sus padres: su madre palabras de aliento (amor) y su padre palabras de realidad, de castración. Es así como Freud comenzó a construir la universalidad del complejo de Edipo: Amor hacia la madre y rivalidad hacia el padre. (Estos últimos deseos de parricidio que Alejandro Jodorowsky señalaría como un delirio de Freud).

Otro rasgo de la indudable seguridad que Sigmund Freud tenía sobre su influencia en el pensamiento contemporáneo es cuando en abril de 1885 le escribe a su amada Marta que quemó todos sus diarios de los últimos catorce años (esa sería la primera vez, la segunda fue en 1907). ¿Por qué estaba tan seguro Sigmund Freud que sus “biógrafos” lamentarían ese acto? Aquí la respuesta en las propias palabras de Freud: “Cuando un hombre ha sido el favorito indiscutido de su madre, logra conservar durante toda la vida un sentimiento de vencedor, esa confianza en el éxito que a menudo conduce realmente al éxito”. La madre así lo creyó y el hijo solo se encargó de llevar ese deseo a buen puerto.

El padre de Freud bien pudo haber pasado por su abuelo. Jakob Freud ya había estado casado pero enviudó, tuvo a Sigmund a los 40 años, se casó con Amalia Nathansohn que aún no cumplía los 20 años. Sigmund Freud fue el primogénito y tuvo cinco hermanas y dos hermanos, de los cuales Julius, el hermano que le seguía falleció a los 8 meses. Este dato resulta ser revelador en la biografía de Freud ya que desde pequeño se topó con la realidad de la muerte. Así, la muerte, el nacimiento (la vida) y el amor formarían parte importante en la constante construcción de su teoría psicoanalítica.

Jakob Freud y Sigmund Freud tenían algo en común: la elección de una mujer que estructuraba la personalidad del marido a tal grado de “dejarse conducir por ella” según palabras de Ernest Jones.

Sigmund Freud narra un acontecimiento que marcaría sus ulteriores relaciones interpersonales, menciona que tenía un sobrino (de nombre Hans, por cierto, el nombre de “Hans” lo acompañaría por siempre) con quien jugaba pero también discutía, esto lo llevó a la conclusión de que en la vida de adulto re-editaba aquél juego con su sobrino de amor-odio, en donde en un primer momento elegía a sus amistades pero posteriormente se convertían en sus archirrivales. (Como ejemplo está la relación ambivalente que sostuvo con Fliess, Breuer, Ferenczi, Jung). “Un amigo íntimo y un odiado enemigo fueron siempre indispensables a mi vida emocional”. Ernest Jones escribe que esa relación con su sobrino Hans “constituye el primer signo de que la constitución sexual de Freud no era exclusivamente masculina”.

Por lo tanto, partiendo del axioma básico en psicoanálisis de que el infante es el síntoma de los padres, que es la encarnación de los conflictos psíquicos inconscientes no resueltos de los padres; ¿qué síntoma introyectó Freud de sus padres? ¿acaso ese desafortunado suceso en donde ve a su padre caer del lugar del héroe para posteriormente él superarlo y resarcir aquella afrenta? ¿Toda su vida como una oblación hacia sus padres con el intento de revertir esa exclusión emanada del repiqueteo de las campanas que escuchaba en su infancia, que llamaban a los cristianos al culto y a ellos, a los judíos, los mantenía en el ostracismo? ¿El psicoanálisis como una respuesta que vendría a desmitificar esas reglas por las cuales fue excluido por su condición de judío, él y toda su familia?

Sigmund Freud, un hombre insatisfecho que no se conformó con lo establecido, que sospechó de la moral, que sospechó de las reglas de convivencia de la sociedad y que descubrió la naturaleza del hombre, la bestia que se escondía detrás de esas reglas que dictaba la sociedad. Sigmund Freud, el favorito de su madre, le hizo caso y le fue bien. Muy bien. Políglota que desde pequeño (a los ocho años) leía en inglés las obras de William Shakespeare, que por cierto, no creía que el escritor fuera de Inglaterra, más bien era de la opinión que alguna vez habría escuchado a un maestro suyo, que en realidad William Shakespeare era un ciudadano francés de nombre “Jaques Pierre”.

La vida de Sigmund Freud está íntimamente ligada con su propuesta teórica. Olvidar este detalle sería perder de vista la subjetividad por la cual atraviesa la propuesta freudiana; una propuesta que no considera ser legitimada por el discurso de cualquier “Amo”, una propuesta que concibe al hombre desde su más recóndita naturaleza. Las ideas de Freud siguen vigentes hoy en día, tanto para comprender la “miseria” humana como también para escuchar lo que el paciente desea saber a través de su propia palabra. El psicoanálisis como esa brújula para acceder al inconsciente, al deseo más recóndito, al sueño enigmático, al síntoma que causa malestar pero que a la vez encierra un gran significado que al comprenderse dará sentido a la existencia. Re-significar la vida misma a través de la escucha, escuchar los propios demonios, comprender a los propios fantasmas y dejar de luchar contra ellos, reconciliarse con lo que uno es y a partir de eso construir lo que uno desea llegar a ser.

La infancia de Sigmund Freud como fiel reflejo de lo que sucede en el acto analítico. La infancia de Freud que preparó con mucho cuidado lo que a la postre lo inmortalizaría. El psicoanálisis como el legado de esa historia que comenzó a gestarse en la más pequeña y tierna infancia de Sigmund Freud.

Referencias:

Freud, Sigmund “Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Sigmund Freud” en Obras Completas Tomo I Amorrortu Ed.

Freud, Sigmund “Estudios sobre la Histeria” Obras Completas Tomo II Amorrortu Ed.

Freud, Sigmund “Presentación autobiográfica” Tomo XX Obras Completas Amorrortu Ed.

Jones, Ernest “Vida y obra de Sigmund Freud” (I) Ed. Anagrama

 

Autor: Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo y Psicoterapeuta
Miembro de la Sociedad Mexicana de Psicología
Miembro de la Asociación de Psicólogos y Psicoterapeutas de Coahuila A.C.
Egresado de la UANL (Monterrey, N.L.)
Consulta privada en la ciudad de Monclova, Coah. Mx. 

La educación en el hogar: un acercamiento desde la posmodernidad

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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 “Papás, maestros, seamos duros, seamos estrictos, seamos disciplinados con nuestros hijos, ahí empieza todo, ahí está la semilla que necesitamos”.
 Melchor Sánchez De la Fuente, Alcalde de Monclova, Coahuila, (en nota del periódico Zócalo).
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Educar es una tarea imposible, ya nos lo advertía Sigmund Freud. Y más ahora; educar en tiempos de la posmodernidad se ha convertido en una misión imposible, en un deporte extremo, en una lucha eterna, sin límite de tiempo, pactada a infinitas caídas. Eso es lo malo, se ha visto la Educación en el hogar como una lucha entre padres contra hijos. ¿En qué momento las criaturas todas bellas, todas lindas se convirtieron en el hazme reír de los padres inexpertos, hedonistas, superfluos, banales y demás? Educar en el hogar es un caos, muchos padres desisten y le encargan a la nana esa tarea, educar a los pequeños, o ya de perdido que la televisión sirva para algo y los ponen frente a la tele para poder hacer la vida más llevadera.

La autoridad en el hogar se ha visto demasiada relajada, antes con una sola mirada hacíamos caso a nuestros padres, ahora, hasta el Alcalde de Monclova llama a la ciudadanía a ser “mas estrictos con sus hijos” que un buen ciudadano se forja en casa.

Recientemente en Monclova un padre de familia torturó a su hija quemándole una rodilla con un cigarro. ¿Hasta dónde está permitida la disciplina, el castigo, las reglas? ¿Quién impone el parámetro de lo permitido? Recuerdo que en los años ochentas los psicólogos afirmaban que no se les debería pegar a los niños porque si no les causaban traumas. Es cierto que nuestros padres crecieron bajo una rigurosa y muy estricta disciplina en el hogar, eran comunes los golpes con una vara o con un cinto, lo mismo sucedía en la Escuela, los profesores contaban con el aval de los padres de familia para utilizar cáscaras de nuez e hincar a los chamacos que fueran causantes de algún disturbio, ponerles orejas de burro o golpes en las palmas de las manos. Ahora es diferente, los alumnos se escudan en los “derechos del infante” y los padres se niegan a ejercer su autoridad para no recordar los traumas de su infancia.

¿Cómo educar a los niños-hijos de la posmodernidad? Las nalgadas son válidas, claro, dentro del límite de tolerancia, estamos hablando de pequeños que aún no logran percibir la gravedad de sus actos, como haberle pegado a su hermano menor, por ejemplo; pero no es recomendable andar dándole nalgadas a los peques, es un recurso que se debe utilizar en contadas excepciones, cuando la conducta del infante ha sobrepasado los límites de lo tolerable. Las nalgadas se utilizan en un periodo de la infancia que ronda entre los dos o tres años hasta los cuatro o quizá cinco años, ya después el infante crece y sabe la diferencia entre el bien y el mal, para esto hay que hacer uso de la disciplina sustentada en consecuencias, es decir, educar al infante en base a las consecuencias de sus actos: “si haces esto, la consecuencia de tu acto es que no podrás ver la televisión” o “si haces esto otro la consecuencia de tu conducta es que podrás salir a jugar con tus compañeritos” y así el hijo podrá discernir las conductas en base a su consecuencia, sabrá diferenciar lo que le causa placer de lo que le causa aversión.

Educar en el hogar se ha convertido en una tarea apoteósica, las mujeres son las heroínas de la posmodernidad, el relajamiento en la educación en el hogar lo estamos viendo reflejado en la sociedad. El niño que no supo distinguir entre conductas socialmente aceptadas de las conductas que no lo son, tiene un futuro incierto, un futuro sin una estructura psíquica que le diga qué está bien y qué está mal. De hecho deberíamos reformular el DSM-V, eliminar todas esas psicopatologías y catalogar a los seres humanos simplemente en dos vertientes: los que hacen daño al prójimo y los que no. Los que hacen daño al prójimo son más parecidos a unas bestias, precisamente de eso se trata la educación, de civilizar a la bestia, entonces ante la pregunta ¿por qué hizo eso el adulto que torturó a la niña con un cigarro? fue precisamente por eso, por que ese señor no estuvo bien socializado, se quedó en una etapa infra-humana, es una bestia y como tal debemos de esperar esas conductas. Todos en un momento fuimos bestias pero la educación se encargó de socializarnos, hubo quien se quedó en el camino y por eso actúa como tal, como bestia; hubo otros en los que si funcionó esa educación e intentamos razonar sobre nuestros actos. Menuda tarea la que tienen los padres que recién se estrenan como figuras de autoridad en plena era de la posmodernidad. Los compadezco señores. Los compadezco.

@CarlosLector

El día después de las elecciones.

Se sienten identificados, creen formar parte de toda la maquinaria, creen formar parte de una ideología, creen que tienen bien puesta la camiseta y eso les da sentido de pertenencia. Las elecciones sirven para eso, para divertir, para hacer apuestas, para rayarle la madre al enemigo porque perdió, para celebrar la victoria, para ufanarse de que su partido ganó, pero hasta ahí, a lo mucho podrán decir “que padre ganamos, ya Doña Cholita, la lideresa, andará bien contenta y ahora si nos arreglará el drenaje que tiene pendiente desde hace cinco años”. U otros podrán decir “ahora sí, ya tengo mi plaza docente segura”.

Hacer elecciones en México implica millones y millones de pesos, obvio, elecciones que nosotros pagamos con nuestros impuestos y al final de cuentas los que salen beneficiados son los candidatos y sus más allegados. En campaña te prometen “el sol, la luna y las estrellas” pero una vez que llegan al poder se olvidan de la “democracia” y optan por la oligarquía, por el elitismo, por la aristocracia, siguen con sus bravuconerías, sus lisonjas entre ellos, su demagogia insana. Están como los amantes que seducen a su víctima y ya una vez entregado el tesorito ni le hablan, ni se acuerdan de ella: “Si te vi ni me acuerdo”.

El ciudadano de a pie sigue con su trabajo, va a su lugar de trabajo con el pecho henchido, con la frente en alto: “que padre, ganamos”, acompañado de un suspiro; y espera con ansias las siguientes votaciones, para formar parte de esa maquinaria que sin él no hubiese sido posible.

“Ganamos”, dice el ciudadano de a pie, se sienta en su mecedora, suspira y se queda viendo el horizonte, viendo la gente pasar, viendo la vida pasar, mientras llegan las siguientes elecciones en donde él se siente pieza fundamental de la maquinaria de su partido, sin él no podrán ganar, él definió la tendencia, su voto contó y más porque se siente líder y anduvo invitando a los de la colonia y gracias a él muchos cambiaron su inclinación de voto. “Soy un chingón” le dice a su vieja, y ella solo alcanza a voltear y sigue fregando los trastes, pensando para sus adentros: “ah que esposo mío, pobrecito, pero qué le vamos a hacer, es su única diversión, bueno, eso y el futbol, pobre, es lo único que le queda.”

El caso de Salvador Cabañas visto desde la psicología

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En el transcurso de la semana, en los bares, en los salones, en los cafés, en el chat en twitter y en el facebook no se habló de otra cosa más que del caso Cabañas y en menor medida del caso del joven que enterraron vivo.

Para los que estén medianamente enterados del tema que ahora comparto brevemente haré una reseña: sucede que en el bar “Bar” un sujeto apodado e “JJ” disparó a quemarropa al jugador paraguayo Salvador Cabañas, muchas son las hipótesis, recuerdo las primeras versiones: por robo o por riña, después se unieron los que opinaban  que fue por droga u otros motivos no esclarecidos. Para el análisis de  este artículo tomaré como base lo que la prensa escrita ha comunicado como las palabras que intercambiaron en el baño el “JJ” y Salvador Cabañas alrededor de las cinco de la madrugada.

El segundo caso en cuestión es  más localista, ocurrió en la Ciudad Capital de Coahuila, en Saltillo, un estudiante de enfermería asiste a una fiesta, decide retirarse aproximadamente a las cuatro de la mañana pero la chica que lo había invitado le pide de favor acompañar a unos amigos unas cuantas cuadras.

El joven estudiante de enfermería relata que al acompañar a los amigos de su amiga hicieron una parada de emergencia en un lote baldío, y ya cuando estaban satisfaciendo su necesidad fisiológica, uno le pregunta cómo va su prima en la escuela y cuando el enfermero respondía de pronto los jóvenes lo tundieron a golpes. Lo dejaron inconsciente. Me imagino que cerca estaba el panteón porque él menciona en una entrevista para Vanguardia-Saltillo que cuando creyeron que lo habían matado hicieron un pozo y lo enterraron, quisieron meterlo en bolsas negras pero no cupo, decidieron allí dejarlo, enterrado, creyendo que muerto estaba. Así que cuando pasaron diez minutos y ya no escuchó ningún ruido decidió salir de entre la tierra, cual Ave Fénix. Relata que le invadió un miedo terrible, escuchaba los troncos de los árboles agitados por el aire y creía que regresarían. Libró la golpiza y libró el terror psicológico. Por cierto los inculpados pertenecían a una banda de rock llamada “Dragón de Arkana”, en el metroflog el vocalista se deslindaba de los actos impropios de los guitarristas, presuntos incriminados.

La semejanza entre estos dos casos es el tema sobre la ASERTIVIDAD. La Asertividad es un concepto utilizado en psicología:

La asertividad se diferencia y se sitúa en un punto intermedio entre otras dos conductas polares: la agresividad y la pasividad. Suele definirse como un comportamiento comunicacional maduro en el cual la persona no agrede ni se somete a la voluntad de otras personas (Wikipedia).

En términos más prácticos: La Asertividad es la actitud de la persona para saber decir “Sí” cuando es sí y “No” cuando es no, dentro de un marco de diplomacia, es decir sin agresión.

En el caso del joven estudiante de enfermería vemos que no hizo gala del uso de la asertividad, ya que cuando él decide salirse de la fiesta es convencido por su amiga para que tome otra decisión, es decir, si el joven hubiese sido asertivo y de la manera más natural y sincera comunica que se quiere retirar a su casa no estuviera ahora en cama siendo entrevistado por los medios de comunicación.

En cuanto a Salvador Cabañas también un mal manejo de asertividad por poco le quita la vida, retomemos el supuesto diálogo entre el “JJ” y Salvador Cabañas:

  • JJ: “¿Qué pasó, Cabañas, qué onda con los goles para que el América sea campeón?”,
  • Cabañas: “¿Y tú quién eres?”.
  •  JJ:”El hijo de la chingada que te va a romper tu madre”.
  • Cabañas: “Tírale, tírale si tienes muchos huevos”.

Muchas de las veces caemos en el error de arriesgar nuestra vida por algo en que creemos, y en un alto porcentaje ese “algo” que creemos es una idea irracional. Una idea irracional es un pensamiento que no nos deja vivir la existencia satisfactoriamente, llámese “suposición”, “lectura de pensamiento”, “superstición”,  “pensamiento catastrofista”, “cuestiones metafísicas”, etc. Intentado recuperar el diálogo de una manera asertiva, observemos cómo quedaría y sus posibles resultados:

  • JJ: “¿Qué pasó, Cabañas, qué onda con los goles para que el América sea campeón?”
  • Cabañas: “no pues en este juego no se pudo”
  • JJ: “Ah, órale, no pues ni hablar”

 Se que la reflexión que está en juego implica la vida de dos personas, pero haciendo un intento de análisis podemos aprender algo de la asertividad para la vida cotidiana.

Ya para terminar, otras dos cosas aprendemos de estos casos:

Después de las cuatro de la madrugada no es recomendable andar fuera de casa y la segunda es tener mucho cuidado cuando uno necesita satisfacer su necesidad fisiológica, ya sea en el baño o en un lote baldío, la intención de uno es muy clara, pero resulta muy difícil saber cuáles son las intenciones de los demás.