Miércoles de Ceniza y Jueves de Pizza

¿Quién me untó la muerte en la planta de los pies el día de mi nacimiento?
Jaime Sabines
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Para muchos el miércoles de ceniza se convierte en un ritual insano, poco atractivo, pasado de moda, en desuso, aburrido, de antaño, anacrónico, decimonónico, del Medievo, nada que ver con las propuestas de la posmodernidad, o como dijeran algunos: “el miércoles de ceniza no tira, no rebana, no la mueve”.

“Arrepiéntete y cree en el Evangelio”… “polvo eres y en polvo te convertirás”… (y se escuchan las campanas de la Iglesia más cercana).

1.- Arrepiéntete y cree en el Evangelio. Mucho se ha escrito sobre los Dogmas de la Iglesia Católica, sobre la metafísica que sigue pesando en sus estructuras cognitivas, comportamentales  y actitudinales, muchos mortales aún siguen creyendo en esa lógica infantil de que si te portas mal te irás al infierno o si te portas bien te irás al cielo.

La Iglesia históricamente se ha hecho acreedora del mensaje de Aquél Sujeto rebelde que vivió en Nazaret, y durante siglos la Iglesia tergiversó la propuesta original del “Mesías”, en lugar de poner atención en los aspectos creativos, propositivos y de unión del mensaje, resaltaron ideas oscurantistas, de complejo de inferioridad, de culpa y de castigo.

Hoy en día dentro de la misma Iglesia Católica y uno que otro pensante ha retomado la exégesis y la hermenéutica del Evangelio para proponer un Cristianismo más ad hoc con los tiempos en los que estamos inmersos y como ejemplo sirva el miércoles de ceniza. Durante dicho rito (hoy en día plagado todavía de reminiscencias del Medioevo) el convocante menciona la siguiente frase: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

¿Qué encierra la frase “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”? muchas interpretaciones se le puede dar, pero lo que debemos entender de esa frase para vivir a plenitud nuestra existencia o ya de perdis para hacer nuestra existencia más llevadera es lo siguiente; cuando se nos invita a arrepentirnos es una exhortación a dejar de existir mediocremente, arrepentirnos de una vida de la cual solamente sobrevivimos, arrepentirnos significaría dejar de vivir bajo la influencia del odio, de la envidia, de la apatía, de la abulia, dejar de vivir bajo la influencia de sustancias, llámese drogas, alcohol, programación de Televisa o Tv Azteca. Pero no solamente es dejar algo, existe una propuesta: “cree en el Evangelio” y ese “cree en el Evangelio” no se traduce en que te chutes el Nuevo Testamento, en que leas la Biblia, en que te conviertas en persignado o en miembro activo del grupo de las de la “Vela Perpetua”. “Cree en el Evangelio” significa creer en una Propuesta de vida basada, sustentada y fundamentada en el Amor.

“Arrepiéntete y cree en el Evangelio” por lo tanto es una exhortación a la Metanoia, al cambio, quizá deberíamos comenzar por algo, que tal vivir bajo los constructos del amor simplemente por conveniencia, es decir, nos conviene vivir bajo interacciones sanas, bajo vínculos de amor, quizá con el tiempo esa “conveniencia” se convierta después en convicción.

2.- “Polvo eres y en polvo te convertirás”. Esta frase ya está muy trillada, se han hecho muchos juegos de palabra con ella, sobre todo por el significado de “polvo” que se le da en España, pero lejos de querer hacer mofa de la palabra, yo le encuentro un significado empíricamente existencial. Es un recordatorio de aquello que se leía en el Antiguo Testamento: “No hay nada nuevo bajo el sol, vanidad de vanidades, todo es vanidad” o lo que ahora conocemos melódicamente como “nada te llevarás cuando te vayas”.

La frase “polvo eres y en polvo te convertirás” es un recordatorio de que somos mortales, de que el motivo por el que estamos en este mundo no es precisamente para acumular riqueza, dinero, billetes, quizá algo de Budismo Zen nos vendría bien, algo de filosofía del desapego. Lo que se dice el miércoles de ceniza sobre “polvo eres y en polvo te convertirás”, deberíamos decírnoslo constantemente, es un recordatorio de nuestra propia finitud, y en base a ello, como bien dijera Viktor Frankl, en base al recordatorio y el hacer consciencia de nuestra propia muerte darle sentido a nuestra existencia. ¿Cómo? enojándonos menos, odiando menos, amando más, construyendo más, destruyendo menos, procurando más relaciones interpersonales sanas, más vínculos de amor, buscar y hacer lo que realmente nos apasiona, amar al prójimo y no un prójimo distante, abstracto, sino el prójimo que habita bajo nuestro mismo techo.

Así que no tiene nada de malo, aburrido o trillado que nos digan: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio… polvo eres y en polvo te convertirás”, se traduciría en: “deja de distraerte, ponte a vivir, ponte a amar, ya que un día tu corazón dejará de funcionar”.

@CarlosMorenoMx

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