Sólo el amor nos salvará

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

.

imagen de elproyectomatriz.wordpress.com

imagen de elproyectomatriz.wordpress.com

.

Recuerdo una frase que tuvo una gran influencia en mi manera de ver el mundo durante mi juventud: “Si el problema tiene solución, para qué te preocupas, y si no tiene solución entonces para qué te preocupas”. También  recuerdo haber escuchado que muchos de los inventos que en la actualidad utilizamos fueron producto de un error, una equivocación, producto del azar. Eureka. Serendipia.

¿Qué tienen en común estos dos recuerdos? Leyendo la biografía de Freud escrita por Ernest Jones, menciona cuando Sigmund Freud en sus primeras incursiones dentro de la ciencia quería investigar los procesos neurológicos, el trabajo con las células. ¿Cómo fue a parar en lo que ahora es conocido? ¿cómo fue el paso de la neurología al psicoanálisis? Mucho de ello tuvo que ver la escucha del discurso de sus pacientes, el cambio de la hipnosis por una escucha atenta del inconsciente, el paso de la sugestión hacia una propuesta de acceso hacia el origen del malestar a través de la asociación libre.

Si tiene solución, para qué te preocupas, si no tiene para qué te preocupas. Las cosas en la vida se van dando, se van acomodando, existen factores en los cuales uno tiene que poner mucha atención, el “chiste” de la vida (como cualquier otro chiste) es poner atención, no estar distraído, ¿qué significa esto? estar haciendo las cosas sin angustia, procurando la estabilidad, la paz, la armonía.

La vida (para los que creen) es como un rompecabezas, las piezas se van acomodando conforme avanza el juego. También la vida es como un juego de ajedrez en donde hay que estar atentos a los propios “movimientos” que llevamos a cabo y las posibles consecuencias de esos movimientos. Hago énfasis en señalar en el enunciado la frase “para los que creen”, ya que recuerdo también haber escuchado ese adagio: “todo sucede para bien” añadiendo “para aquellos que buscan el Bien”. La vida es eso, una construcción, lenta, muy lenta, pausada, a su tiempo, a su momento. La evolución de la especie humana está llena de episodios en donde la paciencia ha tenido un factor protagónico.

Uno en su vida, si está atento a “los signos de los tiempos” puede acceder a ese estado de quietud, de paz, aminorar la angustia que conlleva la misma existencia. La “iluminación” (por llamarlo de alguna manera) o el “insight” o el “Eureka” es más probable que llegue a nosotros si estamos allí, constantemente en esa búsqueda, en el camino, sin quitar el dedo del renglón; picando piedra.

La vida, Dios, el destino, el inconsciente, (como gusten) tiende a manifestarse, a revelarse, (epifanías-teofanías) para algunos como “una brisa suave” a otros como una tormenta, una sacudida, pero todo humano al final obtiene lo que en su vida ha buscado.

Quizá será por eso la actitud de contemplación que adquieren nuestros abuelos, llenos de sabiduría que da la vida, una actitud de contemplación ante la vida, saben que al final es la Vida misma la que se impone, que por más caprichos que se quieran, uno obtiene lo que necesitaba. También está la otra cara de la moneda, el abuelo que vive atormentado por los fantasmas de su pasado, por los estragos de ese goce* que lo arrastra irremediablemente hacia la angustia, al vacío, a la nada, a la muerte.

 Y allí están, contemplando la existencia, sonriéndole, reconciliándose con sus ángeles y demonios; el abuelo sabe que ángeles y demonios  no eran más que sus deseos. Al final, ángeles y demonios duermen juntos, como cuando termina una pastorela, dejan de actuar, se quitan el disfraz y se van a dormir. El abuelo hace un silencio, mira hacia el horizonte y continúa en silencio, contemplando el misterio que los humanos hemos llamado Vida.

*El concepto de goce implica la idea de una transgresión de la ley: desafío, sumisión o burla. El goce reside en el intento permanente de exceder los límites del principio de placer y conlleva inevitablemente al sufrimiento. El goce se sostiene en la obediencia del sujeto a un mandato del Gran Otro. (Definición tomada del diccionario tuanalista.com)

 

Anuncios

El laberinto del deseo

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

.

Le escucho

Le escucho

 .

 

“Cuando descubre que el Otro miente, que el Otro no existe,
el sujeto adviene al encuentro con su deseo.”
(Isidoro Vegh)

 .

¿De qué estamos hechos? Estamos hechos de la misma naturaleza del mundo, de la naturaleza somos y a la naturaleza vamos, nuestro destino es la entropía, “polvo somos y en polvo nos convertiremos” resuena constantemente en nuestro pre-consciente cada mes de abril. El narcisismo de la especie humana ha sabido contener esos tres golpes asestados por Copérnico, Darwin y Freud: no somos el centro del universo, no somos una especie única y no somos conscientes de nuestros actos. El ser humano como un sujeto errante por el mundo buscando darle sentido a su existencia.

La cuestión de lo humano ha intentado ser interpretada desde la filosofía, el psicoanálisis, la biología, la sociología y hasta la poesía.

Para poder entender la cuestión de qué es el ser humano, primero tendremos que responder a la pregunta ¿quién es ese “Otro” que está a mi lado? ¿quién es ese “Otro” que está frente a mi? Y es a partir de allí y sólo entonces que podemos descifrar ese acertijo de lo que es el humano. El ser humano surge a través de la respuesta que demos a la interrogante ¿quién es ese “Otro”?

El Otro es el que inevitablemente viene a dar la estructura al Sujeto. El Otro es el que estructura; la madre en su momento, luego la Familia, luego la Institución Educativa, la Iglesia, la sociedad misma, el matrimonio y la muerte. Siempre vamos a tener a ese “Otro” representado en esas instituciones que darán forma y estructura al sujeto.

En un principio existe el binomio “Madre-Padre” que da estructura al sujeto; luego eso se desplaza en las instituciones que ya se señalaron. Si no estuviera el “Gran-Otro” ¿qué seríamos? Sin la mirada deseante del Otro simplemente seríamos objetos, cosas, cuerpos. El deseo del otro es el que encarna al sujeto, el deseo del Otro abre la posibilidad de que el niño pueda convertirse en algo, encarne la expectativa del Padre-Madre; si no hubiera Otro nos desestructuraríamos. Un ejemplo concreto: ¿qué sucede cuando no existe la mirada del Otro, cuando estamos solos en nuestro hogar y no está la mirada del Otro, la palabra, la presencia de ese Otro que nos estructura? El niño se atreve a soltar improperios, se convierte en una pequeña bestia salvaje que pide a gritos reglas y normas, alguien que lo estructure, que le diga qué hacer, que le diga cómo debe comportarse, alguien que lo ame. El adolescente ante la misma situación de soledad, ante la ausencia de ese “Otro” aprovecha para practicar el goce, piensa en hacerse daño, en sentir algo, experimentar placer ya sea cortando su cuerpo, ya sea explorándolo, el adolescente sin el Otro se topa con el vacío, con la nada, con la ausencia, avasallado por la angustia se refugia en lo que cree encontrará satisfacción momentánea. Llega el Otro y el sujeto vuelve a la estructura: el niño se pone a jugar sin maldecir, se re-conoce ante la mirada del Otro; el adolescente regresa a sus menesteres del estudio, prende el estéreo y apacigua sus deseos más primitivos y con una sonrisa complaciente se sabe estructurado por la mirada del Otro.

Tenemos pues que lo que da estructura, lo que hace ser humano al sujeto es el Otro, la mirada del Otro, la presencia del Otro y todo lo que eso conlleva. El “Gran-Hermano” que todo lo ve, que todo lo sabe, omnisciente, omnisapiente, el “Panóptico” siempre presente por los siglos de los siglos, desde que el hombre es hombre, desde que la especie humana construyó eso llamado consciencia (consciencia: “sea lo que fuere” dijo Freud).

El Sujeto se va a estructurar precisamente ante la mirada de la madre y del padre, es decir, ante la mirada amorosa de la madre y la mirada que castra del padre. La madre que ama y el padre que rompe, que castra, que impone su ley, que obliga al infante a buscar su propio “falo”, a desear más allá de la madre. Y a partir de eso el Sujeto se estructura.

Tenemos pues el primer axioma: el Ser humano se estructura a partir del deseo de sus padres. El sujeto surge a partir del deseo, de la catectización, de la mirada, de la Ley, de la expectativa que los padres depositan en sus hijos, en muchos de los casos la ecuación resulta favorable, si no, ya no tendríamos civilización. El punto toral de la presente argumentación es que el ser humano “es” a partir del deseo del Otro.

¿Qué pasa cuando el ser humano se cuestiona, se queja de eso que no sabe, cuando la existencia le resulta insoportable, cuando la piel que le heredaron sus padres le ha quedado insuficiente? Muchas de las veces el ser humano se topa con que hay algo en lo profundo de su ser que lo impulsa a cuestionar si en verdad está viviendo la vida que desea vivir, si está viviendo la vida de acuerdo a su deseo. Cuando se da cuenta de que no está siendo él sino una proyección, un síntoma de sus padres, (la encarnación de los sueños frustrados de sus padres, el “goce” negado en la vida de sus padres), comienza a elaborar esos síntomas molestos, ese malestar cotidiano, esa angustia, esa queja, esa demanda y es cuando acude al consultorio, cuando ya la vida no da para más, cuando sabe que por más “fuerza de voluntad” que tenga no puede salir adelante, que hay “algo” que lo detiene, que lo inmoviliza; y por lo regular ese “algo” no se sabe, ese “algo” pertenece a otro orden, al orden de lo inconsciente.

¿Eso quiere decir que viviremos siempre repitiendo el deseo de nuestros padres? ¿Seguiremos siendo una representación cómica del “ideal del Yo”? Desde el punto de vista del psicoanálisis y la psicoterapia psicoanalítica existe la posibilidad de un segundo momento, de re-estructurar la personalidad, de re-significar eso que constituyó al sujeto.

Cuando el ser humano se da cuenta de que “esa piel” ya no le queda, ya no le acomoda, que su deseo es otro, que la vida que ha estado viviendo ya no le satisface, llega el momento en que el sujeto se interroga,  sospecha de que cuenta con otros intereses, con otro deseo, ya no el de sus padres sino su propio deseo. Es cuando la psicoterapia propone esa transición. La psicoterapia como el proceso en donde el sujeto re-nace y se re-significa su estructura y su historia de vida.

El sujeto se estructura ante la mirada siempre del Otro. Lo mismo sucede en un proceso de psicoterapia, el Sujeto se va a estructurar ante la mirada de su psicoterapeuta. ¿Pero cuál entonces sería la diferencia? ¿Siempre va a existir el Otro que impone su deseo? La diferencia es que en la psicoterapia el sujeto se estructura frente a otro que lo escucha, ya no más frente al deseo de su madre y la mirada inquisidora de su padre, ahora se estructura bajo su propio deseo y bajo la escucha del psicoterapeuta.

La estructura de personalidad se moldea bajo la mirada de los padres, bajo el deseo de los padres. Lo que sucede en el consultorio psicoterapéutico es algo similar: vuelve a haber una “estructuración” (re-estructuración) de la personalidad con la salvedad de que ahora ya no es bajo el deseo del padre (mucho menos bajo el deseo del analista) sino ahora esa estructura de personalidad se crea a partir del deseo del propio paciente; y ya no bajo la mirada que tenía que civilizar o educar, sino ahora a través del propio discurso del paciente y la escucha atenta del analista.

La psicoterapia como ese necesario cambio de piel; algunos lo hacen poniendo piel sobre piel (tatuajes) otros intentando matar a ese otro introyectado, la desventaja es que en ese intento se llevan como consecuencia su vida misma (suicidio), otros cambian de piel sometiéndose al discurso de Otro Amo. En la psicoterapia no se trata de eso: de lo que se trata es ese volver a nacer, ese cambio de piel signado por su propio deseo ante la presencia del otro (el otro siempre presente, siempre estructurando) pero ese otro no está allí para juzgar, ese otro (psicoterapeuta) no está para decir “eso está bien, eso está mal”, al contrario, es en esa escucha en donde el sujeto encuentra su deseo inconsciente y lo que le toca es saber qué hacer con esa verdad esclarecida.

El paciente acude a la psicoterapia porque sabe que falla algo, porque la manera que ha venido solucionando sus problemas ya no le resulta, porque la angustia lo avasalla, porque ya no puede más con la culpa o con ese deseo que lo atormenta o ese goce que lo inmoviliza, acude a psicoterapia por ese conflicto inconsciente que se manifiesta a través de un síntoma que paraliza, que inmoviliza, que angustia. Y es en ese encuentro con su psicoterapeuta en donde empieza a andar algo, algo de lo que sospechaba o de lo que no tenía ni la más remota idea; se comienza a gestar una existencia que el paciente o la paciente está decidiendo. El proceso es doloroso, implica quitarse la piel con la que se ha vivido, implica muchas de las veces cuestionar lo que hasta ese momento ha creído, implica cuestionar, dudar, poner en el crisol la ideología que daba hasta ese momento sentido a su existencia. Pero al final se obtiene la gratificación, el resultado de haber construido la vida que desea vivir a partir de su propia decisión, no a partir del deseo de sus padres, del “Gran-Otro” o de su psicoterapeuta. El fin del análisis implica un sujeto nuevo, un re-nacer, una existencia experimentada de acuerdo a su propio deseo; parafraseando a Jacques Lacan: “El deseo, función central de toda la experiencia humana”.

No todo está perdido, hay una apuesta a otra cosa, hay una apuesta a “desmitificar” lo establecido, hay algo más allá de la mera ilusión. En el consultorio se lleva a cabo la enseñanza de Sigmund Freud: “Nos negamos de manera terminante a hacer del paciente que se pone en nuestras manos en busca de auxilio un patrimonio personal, a plasmar por él su destino, a imponerle nuestros ideales y, con la arrogancia del creador, a complacernos en nuestra obra de haberlos formado a nuestra imagen y semejanza”

Vivir la vida que uno desea es posible, solo basta escucharse con atención, con auto-observación, con honestidad, sinceridad, llegar hasta donde tope, hasta lo insospechado. Esclarecer lo turbio, traducir el mensaje acotado por el síntoma. Conocerse, aceptarse, poder cambiar lo que es posible cambiar y saber vivir con la condición humana que nos caracteriza. La cura por la palabra; no la palabra del “Otro”, sino la propia palabra, el propio inconsciente. Vivir la vida con menos sufrimiento, consciente de nuestras limitaciones pero también consciente de nuestro deseo. “La acción eficaz del análisis consiste en que el sujeto llegue a reconocer y a nombrar su deseo” (Jacques Lacan)

En el inconsciente está la verdad y dicha verdad quizá nos hará vivir nuestro paso por este mundo con un tanto cuanto de libertad. Viviendo con lo estrictamente personal, con lo que a uno le toca, sin la necesidad de estar cargando asuntos, pleitos, culpas que no nos pertenecen. Vivir de cara a la verdad, a nuestra verdad tejida por nuestra historia de vida, es un proceso doloroso, quizá también implica un proceso que lleve tiempo, pero sino se vive la vida que se desea vivir, entonces ¿vale la pena seguir viviendo una existencia prestada?

*Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa, Psicólogo y Psicoterapeuta. Miembro de APPCAC y de SMP. Consulta en Monclova, Coah. Mx. psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

 

Hasta donde la pasión te lleve

Carlos Arturo Moreno De la Rosa

@CarlosLector

Imagen tomada de 3.bp.blogspot.com

[…] hacer lo que venimos a hacer aquí, a vivir lo que más vale de vivir y encontrar tu segunda identidad. […] confundidos no sabemos mirar, hasta que eres sincero y dices…
Fernando Delgadillo.

 .

-Oye, ¿y a ti, te gusta tu trabajo?“Pues… me da para comer”.

Cuántas veces no hemos escuchado en los domingos a adultos que espetan estentóreamente la  siguiente frase: “chin, ya mañana es lunes, a trabajar.”

Tal parece que la sociedad actual se empeña en frustrar los sueños, deseos y anhelos de los habitantes del planeta tierra. Educamos para que nuestros hijos cuando lleguen a ser adultos sean unos sujetos que encajen perfectamente en el engranaje de la Gran Maquinaria que dicta la economía en turno.

Los papás en la actualidad se espantan cuando su hijo les dice que quiere ser pintor, bailarín, escultor, filósofo o músico de rock and roll. Entrenamos a los infantes para que sean productivos, los disuadimos de sueños tan “irreales e infructuosos” como pensar ser artista, fisicoculturista, futbolista, beisbolista, escritor. Educamos a los pequeños con el firme propósito de que adquieran las competencias básicas para que sean sujetos productivos para la Sociedad.

¿Qué le apasiona a tu hijo? ¿Qué le apasiona a tu alumno? ¿A qué se quiere dedicar toda su vida? ¿Qué le hace feliz? ¿Qué quisiera estar haciendo el día entero? Parece ser que los que trabajamos para la Educación hemos perdido esa brújula, nos dedicamos a que nuestros alumnos completen los contenidos, a que logren los aprendizajes esperados, a que adquieran las competencias estipuladas por la OCDE. Lentamente nos estamos olvidando de la esencia de la existencia: venir al mundo a disfrutar. Venir al mundo a ser feliz. Será quizá tal vez por eso el gran incremento de jóvenes que afirman que su existencia no tiene sentido, es por eso que vemos jóvenes deprimidos, es por eso que a muchos esta vida, la vida que se les ha planteado e impuesto no les satisface y deciden retirarse antes de tiempo.

Recientemente me comentaba un colega que si él tuviera un hijo y ese hijo descubriera que le apasiona algo en la vida, como por ejemplo pintar, escribir, ser artista, escultor, músico, que él le pagaría esa pasión: “Qué importa que esa pasión no le dejara dinero para vivir, pero sin duda mi hijo sería inmensamente muy feliz, porque estoy seguro que si sigue haciendo lo que le apasiona tarde que temprano eso le dará para vivir”… como a Fernando Botero, por ejemplo.

Quizá tenga razón mi colega, habrá que ver detenidamente cuál es la pasión de nuestros hijos, cuál es la pasión de nuestros alumnos, ver qué les hace ser felices, ver qué les hace vibrar de emoción.

Vivir la vida haciendo lo que te apasiona, lo que te gusta, claro, esa pasión de preferencia debe estar socialmente aceptada evitando en lo posible crear conflictos con el contexto en el que vivimos.

La vida ofrece oportunidades para re-pensar y re-plantear nuestra existencia, deshacernos de situaciones, eventos y prejuicios que solamente afligen a uno.

Deberíamos hacerle caso a lo que hace tiempo escribió Simone De Beauvoir: “Si no vives la vida que deseas vivir, es mejor morir”.

Formas de amar

 
 
Los hombres pueden ser analizados; las mujeres sólo pueden ser amadas.
Oscar Wilde

 

¿Qué tiene que ver el zacate que tengo en mi casa con la forma que tengo de amar?

Tener zacate o césped en el patio de la casa implica regarlo día tras día. El zacate es muy demandante, muy exigente. Si lo dejas un día sin regar al otro día amanece enojado con partes intentándose secar. Como el amor.

El recibo del agua es cómplice silenciosos de ese constante tratamiento, día tras día, regarlo y si se puede cada quince días podarlo. Tiene sus maneras de agradecerlo, cuando está contento se pone verde, eso hace que yo me sienta contento. Como en el amor.

Hay que cortarle el “cabello” y saco el machete e intento hacer las líneas que van en los lados, las que van pegadas a la pared para que no se vean los mechones, yo imagino que es mera cuestión estética, he preguntado si tiene alguna función eso de hacerle los caminitos en los costados, pero he llegado a la conclusión que es mera cuestión estética. Como el amor.

 “Dime cómo tienes tu zacate y te diré cómo eres” o más aún: “dime como tienes tu zacate y te diré como es tu relación con tu pareja”. Dicen que las cosas se parecen a su dueño. Yo admiro mucho a los ciudadanos que tiene un zacate esplendoroso, verde, radiante, bien podado, bien ponderado, con su césped fuerte, pero me he dado cuenta de algunos trucos que utilizan…

Muchos de esos zacates que se ven muy bonitos nadie los pisa, están de adorno, no hay niños que juegan al futbol o que corran sobre él, la señora o el señor que cuida de ese zacate es muy receloso, prefiere tenerlo de adorno, quizá, y digo quizá, como su relación de pareja.

Tampoco me gusta el zacate que es regado de manera artificial, no me gusta usar artilugios diferentes, prefiero a la antigüita, con una manguera y de preferencia descalzo, para sentir el zacate cuando agradece el agua que recibe.

Hay personas muy detallistas con su zacate, lo adornan con flores, le dedican horas y horas a su cuidado, le compran fertilizante. Que bonito imaginar que lo mismo pasa cuando están con su amada.

Para muestra de lo que digo nada más hace falta ver el zacate que sale en el patio de la casa de la serie “Malcolm in the middle”.

Y lo mejor de todo es cuando tu esposa te dice “qué bonito está quedando el zacate” y tú te acuerdas de Jaime Sabines y dices “me está diciendo que me quiere”.

@CarlosDasei

La culpa de de la violencia la tiene la mujer

 

La mujer tiene en sus manos el destino de la humanidad. Un hombre satisfecho no hace la guerra, hace el amor. Un hombre contento no agrede al prójimo, al contrario, un hombre feliz sonríe al mortal.

La mujer es una diosa, la mujer es una musa, la mujer es una diva, encarna la belleza, la estética, dulce, amorosa, tierna, compasiva, misericordiosa, amante, cercana, compasiva, elegante, simpática. Su espíritu como adalid de la armonía, su cuerpo como santuario majestuoso, místico, principio y fin de la existencia. A la mujer le deberían otorgar el premio Noble de la Paz solo porque sí, por existir.

Dicen que de la mujer se origina el pecado original y con ello todos los males de la humanidad, pero también deberíamos de recordad que en la mujer se origina la salvación. Mujer Víctima, Mujer Creadora.

A lo largo del tiempo la mujer ha sido menospreciada, vituperada, vejada, años atrás una mula valía más que una mujer estéril, antes solo eran requeridas para eso, para procrear, el placer estaba censurado. En la época de Sócrates decían mis maestros que el placer se obtenía solamente entre varones. Hace poco estaba prohibido socialmente que la mujer hiciera un gesto de placer durante el acto sexual, que hacían un agujero en la sábana para no pecar, “no es por vicio ni por fornicio, es para darte un hijo a tu servicio”.

El proceso cognitivo del hombre, del macho, es lineal, es de estímulo–respuesta, recibe amor y da amor, recibe agresión y da agresión, recibe odio y da odio, recibe rechazo y da rechazo; no sabe otra manera de funcionar, en cambio el pensamiento de la mujer es complejo (utilizando el constructo acuñado por Edgar Morín) su pensamiento es sistémico; ella recibe amor y puede producir cien respuestas diferentes, recibe odio y de igual forma puede reaccionar de mil maneras diferentes, en cambio el hombre no, los hombres somos más pendejos, carecemos de “inteligencia emocional”. No en balde cada día más hombres quieren convertirse en mujer.

El hombre carga con algo que se ha instaurado a lo largo del transcurso de la evolución filogenética; ese “algo” es la testosterona que motiva al ser, es la libido aunque algunos no lo quieran reconocer. La testosterona es el principio y fundamento de la existencia humana. La testosterona ha iniciado más cambios en la historia mundial que cualquier otra variable.

Prendes la radio y allí está una canción que habla de amor a la mujer. Músicos, artistas y poetas se desviven por la existencia de la mujer. La mujer es una diosa aunque así no lo quieran ver. De joven recuerdo haber ido a un templo en donde se le adoraba, todos la adoraban, todos eran hombres, sonreían, se ponían de pié, la idolatraban, había uno que otro que la quería tocar, como cuando el enfermo quería tocar el manto de Jesús, imagino que operaba la misma fórmula, los sujetos allí dispuestos a ser sanados por esa diosa, y no era la única, había más, y cada que salía una los feligreses le aplaudían.

La culpa de la violencia la tiene la mujer, ¿qué le cuesta tener domesticado a esa bestia llamado hombre?

@CarlosDasein

El Sentido de la Vida

Autor: Carlos Moreno

"Cabaret de 1950" by Carlos Orduña Barrera

En la sociedad se hace lo que se debe y no lo querido,
las consecuencias son estados de insatisfacción.
Jorge Munguía Espitia.

El hombre, el ser humano, existe por y para el sexo, para eso fue creado, para eso evolucionó, para sentir placer, para experimentar el placer, y es de todos sabido que el máximo placer se obtiene en el acto sexual;  pero como eso no está bien visto en sociedad o en nuestra cultura en específico pues nos ocupamos en otros menesteres, como la lucha por los derechos de los animales, marchas lésbico-gays, política, escribir, leer, trabajar, activismo, etc.

La vida no tiene sentido, uno vive para sí mismo, egoístamente, pensando en su bienestar, pero la vida nos hace una jugarreta, la vida misma nos estira las orejas y nos quita lo hedonista. La vida adquiere sentido en dos dimensiones: una, cuando a un mortal le nace una criatura, allí ya se chingó, si tiene “conciencia moral” ese sujeto hedonista, egoísta, pachanguero, lisonjero y trovador se convertirá en un padre de familia respetable, trabajador, coherente, educará a sus hijos para hacer de ellos unos buenos ciudadanos, bajo la pedagogía del amor. Eso en un escenario deseable, ya que si volteamos un poco a ver la realidad, los padres de familia de desentienden de sus hijos, no los soportan, no los toleran, no los quieren ver, los mandan a guarderías hasta las seis de la tarde, “allí entreténgamelo un ratito mientras yo me voy a vivir” (o a dormir, da igual), o ya en el peor de los casos los abandonan a su suerte, no les dan amor y ya vemos las consecuencias, pequeños sicarios en potencia, pequeños traficantes de droga, pequeños perversos, pequeños psicópatas en potencia. Sin amor ¿qué esperamos de esas criaturas? Actuarán como fueron tratados.

La segunda dimensión es cuando el sujeto se enfrenta a la muerte, y no una muerte abstracta, no a una muerte del “otro” ajeno, del minero, del hijo del poeta, del hijo o del hermano del activista, del vecino… me refiero a la muerte de un ser en concreto, un familiar cercano, es allí cuando la vida misma nos vuelve a increpar, a cuestionar nuestro ser-en-el-mundo, cuando un familiar muere, muere junto con él algo de nosotros.

Mientras el sujeto no ha experimentado ser padre comprometido con la existencia de sus hijos o no ha experimentado la muerte de un familiar amado, su vida carece de total sentido, y existe un grupo que por lo regular no se ha curtido estas dos grandes dimensiones, son los jóvenes hijos del posmodernismo, que en estos momentos están en las aulas de algún bachillerato o alguna Universidad, que dedican su efímera existencia en oblación al Dios Baco, que forman parte de orgías demenciales, que fuman, toman, se emborrachan, andan de parranda en parranda, sin medir las consecuencias, viven al día, viven el hoy, aman sin ver a quién.

¿Queda claro que la vida no tiene sentido? ¿Queda claro que la vida adquiere sentido cuando el sujeto se hace responsable de la existencia del otro o cuando muere el objeto del amor? Así que jóvenes, díganle a sus mamás que vengan a leer esto, vivan su vida carente de sentido hasta las últimas consecuencias, derrochen sus energías, desvélense, gocen, disfruten, amen, forniquen, lloren, sonrían, atásquense sabedores que un día, no muy lejano, la Vida misma le mandará llamar y en ese preciso momento dejarán de vivir una vida baladí para vivir una vida en plenitud.

Escrito por Carlos Arturo Moreno De la Rosa (Monclova, Coahuila. Mx)

Miércoles de Ceniza y Jueves de Pizza

¿Quién me untó la muerte en la planta de los pies el día de mi nacimiento?
Jaime Sabines
.

Para muchos el miércoles de ceniza se convierte en un ritual insano, poco atractivo, pasado de moda, en desuso, aburrido, de antaño, anacrónico, decimonónico, del Medievo, nada que ver con las propuestas de la posmodernidad, o como dijeran algunos: “el miércoles de ceniza no tira, no rebana, no la mueve”.

“Arrepiéntete y cree en el Evangelio”… “polvo eres y en polvo te convertirás”… (y se escuchan las campanas de la Iglesia más cercana).

1.- Arrepiéntete y cree en el Evangelio. Mucho se ha escrito sobre los Dogmas de la Iglesia Católica, sobre la metafísica que sigue pesando en sus estructuras cognitivas, comportamentales  y actitudinales, muchos mortales aún siguen creyendo en esa lógica infantil de que si te portas mal te irás al infierno o si te portas bien te irás al cielo.

La Iglesia históricamente se ha hecho acreedora del mensaje de Aquél Sujeto rebelde que vivió en Nazaret, y durante siglos la Iglesia tergiversó la propuesta original del “Mesías”, en lugar de poner atención en los aspectos creativos, propositivos y de unión del mensaje, resaltaron ideas oscurantistas, de complejo de inferioridad, de culpa y de castigo.

Hoy en día dentro de la misma Iglesia Católica y uno que otro pensante ha retomado la exégesis y la hermenéutica del Evangelio para proponer un Cristianismo más ad hoc con los tiempos en los que estamos inmersos y como ejemplo sirva el miércoles de ceniza. Durante dicho rito (hoy en día plagado todavía de reminiscencias del Medioevo) el convocante menciona la siguiente frase: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

¿Qué encierra la frase “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”? muchas interpretaciones se le puede dar, pero lo que debemos entender de esa frase para vivir a plenitud nuestra existencia o ya de perdis para hacer nuestra existencia más llevadera es lo siguiente; cuando se nos invita a arrepentirnos es una exhortación a dejar de existir mediocremente, arrepentirnos de una vida de la cual solamente sobrevivimos, arrepentirnos significaría dejar de vivir bajo la influencia del odio, de la envidia, de la apatía, de la abulia, dejar de vivir bajo la influencia de sustancias, llámese drogas, alcohol, programación de Televisa o Tv Azteca. Pero no solamente es dejar algo, existe una propuesta: “cree en el Evangelio” y ese “cree en el Evangelio” no se traduce en que te chutes el Nuevo Testamento, en que leas la Biblia, en que te conviertas en persignado o en miembro activo del grupo de las de la “Vela Perpetua”. “Cree en el Evangelio” significa creer en una Propuesta de vida basada, sustentada y fundamentada en el Amor.

“Arrepiéntete y cree en el Evangelio” por lo tanto es una exhortación a la Metanoia, al cambio, quizá deberíamos comenzar por algo, que tal vivir bajo los constructos del amor simplemente por conveniencia, es decir, nos conviene vivir bajo interacciones sanas, bajo vínculos de amor, quizá con el tiempo esa “conveniencia” se convierta después en convicción.

2.- “Polvo eres y en polvo te convertirás”. Esta frase ya está muy trillada, se han hecho muchos juegos de palabra con ella, sobre todo por el significado de “polvo” que se le da en España, pero lejos de querer hacer mofa de la palabra, yo le encuentro un significado empíricamente existencial. Es un recordatorio de aquello que se leía en el Antiguo Testamento: “No hay nada nuevo bajo el sol, vanidad de vanidades, todo es vanidad” o lo que ahora conocemos melódicamente como “nada te llevarás cuando te vayas”.

La frase “polvo eres y en polvo te convertirás” es un recordatorio de que somos mortales, de que el motivo por el que estamos en este mundo no es precisamente para acumular riqueza, dinero, billetes, quizá algo de Budismo Zen nos vendría bien, algo de filosofía del desapego. Lo que se dice el miércoles de ceniza sobre “polvo eres y en polvo te convertirás”, deberíamos decírnoslo constantemente, es un recordatorio de nuestra propia finitud, y en base a ello, como bien dijera Viktor Frankl, en base al recordatorio y el hacer consciencia de nuestra propia muerte darle sentido a nuestra existencia. ¿Cómo? enojándonos menos, odiando menos, amando más, construyendo más, destruyendo menos, procurando más relaciones interpersonales sanas, más vínculos de amor, buscar y hacer lo que realmente nos apasiona, amar al prójimo y no un prójimo distante, abstracto, sino el prójimo que habita bajo nuestro mismo techo.

Así que no tiene nada de malo, aburrido o trillado que nos digan: “Arrepiéntete y cree en el Evangelio… polvo eres y en polvo te convertirás”, se traduciría en: “deja de distraerte, ponte a vivir, ponte a amar, ya que un día tu corazón dejará de funcionar”.

@CarlosMorenoMx