La educación en la infancia

“La gente no se da muy bien cuenta de lo que pretende hacer cuando educa.” J. Lacan

 

            ¿Cómo educar a nuestros hijos? ¿Cuál será la mejor manera? ¿Cómo hacer o qué hacer para evitar esos traumas lastimosos y esos complejos que en la edad adulta surgen pero que tienen el germen en la más tierna infancia? Cuentan que al terminar una de sus conferencias Sigmund Freud, se le acerca una madre de familia muy angustiada y le hace estas preguntas o alguna que otra parecida: “¿qué tengo que hacer para educar bien a mis hijos?” palabras más, palabras menos, a lo que Freud contestó: “haga lo que haga, va a estar mal”.

¿Es una proeza perdida de antemano? ¿Tendríamos que desobligarnos de nuestra responsabilidad como padre y madre dentro de la familia? No, la idea central de la respuesta de Freud no va encaminada hacia la desesperanza, al contrario, la respuesta de Freud va dirigida a amainar la angustia de la madre, angustia que precisamente se despierta al momento de re-encontrarnos con nuestra propia infancia a través de nuestros hijos.

Muchas de las veces cuando no se ha resuelto alguna situación que se trae arrastrando desde la más tierna infancia, llega el momento de convertirnos en padre o madre de familia y es cuando esa infancia que se ha reprimido comienza a causar estragos; nuestros propios hijos nos despiertan aquellos demonios, fantasmas, complejos, frustraciones, traumas que creíamos ya habían quedado atrás pero no, aún siguen existiendo y desde allí es que operan y guían nuestro proceder.

Sigmund Freud dejó escrito en su texto “El porvenir de una ilusión” lo siguiente: “Acerca de los niños, sabemos que no pueden recorrer bien su camino de desarrollo hacia la cultura sin pasar por una fase de neurosis, ora más nítida, ora menos”. ¿Qué quiere decir esto? Significa que el ser humano para poder acceder a la cultura y a la civilización, es necesario haber pasado por un proceso de socialización en donde se deja de ser una criatura que se rige por las necesidades y se aprende a postergar los deseos.

Es necesario que en el núcleo familiar se lleve a cabo el proceso de “castración simbólica” entendiendo la castración simbólica como ese proceso necesario en donde el ser humano comienza a tener el encuentro con el otro, aprende a postergar, aprende la tolerancia a la frustración.

¿Qué pasa si no ocurre esto que hemos denominado la “castración simbólica”? es cuando el infante no ha aprendido el respeto de las reglas de convivencia, cuando agrede a sus compañeros, cuando los berrinches son pronunciados, cuando trasgrede los límites establecidos y hace daño a personas, animales o cosas. Por lo tanto, postulará Freud, es necesario un monto de represión para poder convivir en sociedad.

¿Qué pasa con ese proceso de educación por el cual todos pasamos? Freud más adelante en el mismo texto señala: “La mayoría de estas neurosis de la infancia se superan espontáneamente en el curso del crecimiento; en particular, las neurosis obsesivas de la niñez tienen ese destino. En cuanto a las restantes, el tratamiento psicoanalítico deberá desarraigarlas en una época posterior.” Es decir, no hay mal que no cure el psicoanálisis, por decirlo jocosamente, claro que lo que está en juego es muy importante y los hechos cada día nos demuestran lo trascendente que es el amor y los límites en la infancia.

Es de suma importancia lo que podamos hacer en la educación de nuestros hijos, y si por alguna extraña razón perduran los conflictos, traumas y sensación existencial de no poder vivir de acuerdo al deseo que nos habita, para eso está el psicoanálisis, para hacer un intento de “revertir ese condicionamiento” que en la infancia fue necesario pero que en la edad adulta merece ser replanteado a la luz no ya del deseo de los padres, sino a la luz del propio deseo que nos habita.

El psicoanálisis hoy en día es vigente por la simple y sencilla razón de que el ser humano necesita ese lugar de encuentro consigo mismo, escuchar su palabra y saber qué es lo que le constituye, saber cuál es su historia de vida y aprender a reconciliarse con eso.

¿Por qué un psicoanálisis?

 

Desde que comencé este camino en la psicología, siempre han rondado preguntas interesantes en torno a la existencia del ser humano, la locura, la enfermedad, el suicidio, el amor y el sentido de la existencia. Caminando en la búsqueda hasta el momento encuentro en el discurso psicoanalítico algo que puede abonar a continuar en esa constante interrogación que tanto apasiona.

¿Por qué psicoanálisis y por qué no otra opción denominada “un poco más científica”? Porque la ciencia no alcanza a decirme qué hay después de la muerte, porque la ciencia no alcanza a decirme el por qué sueño lo que sueño, la ciencia no alcanza a decirme por qué me equivoco de tan fea manera o por qué sigo cometiendo los mismo errores. La ciencia se queda callada.

Hay otro discurso que ha intentado dar respuesta a dichas interrogantes a lo largo de la historia de la humanidad, a saber, la religión. La religión ha intentado dar respuesta a algunas interrogantes que angustian al hombre, pero sus respuestas son del orden de la ilusión y proponen regular la vida del ser humano de acuerdo al deseo divino; en cambio, el psicoanálisis no da respuestas, al contrario, motiva a preguntar y a darse cuenta de que el saber lo tiene uno mismo, en ese encuentro con la verdad, que no es una ilusión y que no es ciencia, y que el sentido de la vida no está dado por una instancia externa a uno mismo sino a partir de la escucha del propio deseo.

El psicoanálisis más bien se asemeja a la función del mito. El mito nos constituye, cada uno de nosotros construimos mitos para poder comprender lo que nos sucede, y esos mitos van formando parte sustancial de nuestra existencia.

Antes se creía que la locura, los sueños, la vida y la muerte, estaban regidas por sustancias que nos trascendían, por elementos metafísicos de los cuales estábamos a merced. El psicoanálisis da cuenta de que dentro del corazón del hombre se gesta tanto la pulsión de vida como la pulsión de muerte, y que los sueños no tienen nada que ver con ángeles y demonios, o que el fracaso en la vida no es por situaciones de “karma” o supersticiones en donde se pone en juego el pensamiento fantasioso.

El psicoanálisis es la peste, lo dijo Freud, en el sentido en que viene a incomodar al ser humano, viene a fragmentar su narcisismo, su comodidad, su certeza y seguridad. Lo confronta con su incompletud, con su imposibilidad, con su muerte. Y es a partir de allí, como señala Lacan en El Seminario 17: “Observen bien que nada toma sentido sino a partir del momento en que entra en juego la muerte” y es que precisamente ese “no saber” o no querer saber de la propia muerte es lo que nos tiene sometidos en la neurosis colectiva en donde el ser humano en su deseo de disfrutar, de “ser feliz”, se ha impuesto metas muchas de las veces inalcanzables y la misma angustia ante el sometimiento de los estándares de vida que se le ofrecen, desperdicia la única vida que posee sin darse cuenta de las cosas que realmente importan en la vida.

Vuelvo a la pregunta: ¿por qué psicoanálisis? Porque es un dispositivo que existe para hacer la vida del sujeto un poco menos miserable. No promete la felicidad u otra ilusión que dejará en mal estado al ser humano, lo que alcanza a ofrecer el psicoanálisis tiene que ver con ese descubrimiento de la propia verdad, de la propia historia de vida, y el análisis, ese encuentro constante con uno mismo, después de hablar tanto de uno mismo, lo que puede ocurrir es que uno se vaya enamorando de su propia vida, de su propia existencia. Amarse a uno mismo para que, en caso de que sea necesario, amar sin tapujos al prójimo.

¿De qué cura el psicoanálisis? 

 

Muchas veces hemos escuchado que el amor es lo que da sentido a la vida. Pero se ha olvidado un pequeño detalle; no se ha reparado en que es necesario amarse primero uno mismo. ¿Qué implica amarse uno mismo? Implica quizá aprender a pasarla bien en momentos de soledad, implica aprender a perdonarse esos momentos en donde no se ha vivido conforme al deseo que lo constituye.

Amarse a sí mismo podría ser un tema demasiado trillado porque ha sido explotado por los libros y conferencias de autoestima en donde se agranda el ego pero al final ¿qué se obtiene? simplemente ilusión. ¿Por qué entonces la propuesta del amor que hace el psicoanálisis tendría que ser diferente?

El psicoanálisis, como afirmó Jacques Lacan, es una experiencia en donde de lo que se habla es de amor. No se puede amar al otro si uno no ha pasado por esa experiencia de amarse a sí mismo, y precisamente lo que se ha comprobado dentro de la experiencia analítica es que cuando uno acude a psicoanalizarse es porque comienza a gestarse un acto de amor.

La propuesta del psicoanálisis precisamente tiene que ver con eso, con la experiencia analítica que permite amarse a uno mismo y poder dar el paso siguiente de amar al otro. ¿Cómo es que estamos tan seguros de que eso realmente sucede? El fenómeno de la transferencia da cuenta de ello.

Se ha dicho hasta el cansancio que el psicoanálisis no cura; ciertamente Sigmund Freud al final de su investigación ya no se preocupaba por que su invento fuera considerado como una “terapéutica” más bien su propuesta iba más allá, trascendía los parámetros establecidos de lo “normal” y lo “anormal”, no intentaba hacer del psicoanálisis un dispositivo que estandarizara la experiencia humana, al contrario, siempre se guio por la búsqueda y encuentro de lo “novedoso y singular”. Jacques Lacan en su encuentro con la obra de Freud va a postular que la experiencia analítica tiene que ver con otra cosa, con el re-conocimiento del propio deseo, y continúa la afirmación de que el psicoanálisis no cura, pero añade: “si llegara a haber una cura, sería curar de la ilusión”.

Hoy en día se siguen los pasos de Freud y Lacan, continuamos apostando a lo novedoso y singular de cada caso, de cada experiencia, no intentamos imponer un discurso al analizante. Y retomando ambos postulados (Freud y Lacan) podríamos seguir su línea discursiva y afirmar que, en efecto, el psicoanálisis no cura (no se puede uno curar de la condición humana) y que ciertamente la experiencia analítica tiene que ver con ese encuentro con el propio deseo y la cura de la ilusión. Yo podría añadir, aparte de todo esto, que el psicoanálisis sí cura: cura de la imposibilidad de amar.

 

¿Por qué se sufre?

Tal parece que se viene al mundo a sufrir, sólo basta recordar aquella letanía que escuchábamos en diciembre: “gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”. Ese mensaje ha quedado incrustado en lo más recóndito de nuestro ser y desde allí mueve los hilos de nuestras decisiones, preferencias, palabras, sentimientos, hábitos y demás.

Todo padecimiento del cual nos quejamos, llámese depresión, fobia, enojo, frustración, estrés, ausencia de sentido de la vida, etc. tiene un nombre: en psicoanálisis se llama “síntoma”. ¿Por qué síntoma? Porque es solamente un indicio de que algo anda mal en nuestra vida, de que no se está viviendo de acuerdo al deseo que nos habita.

El síntoma como metáfora de algo, está simbolizando algo que no se ha abordado, elaborado o simplemente está esperando salir a la consciencia, pero como no se le tiene permitido, utiliza un mecanismo como si fuera una máscara y sale a la luz trasformado, es cuando hablamos de “síntoma”, es decir, un conflicto que tenemos en nuestro ser que sale a la luz a través de una relación de compromiso.

Pongamos un ejemplo: sabemos que el ser humano es un ser que migra, que intenta trasladarse de un lugar a otro. En la actualidad escuchamos en las noticias el fenómeno de la migración y las incontables maneras de erradicarlo o de ponerle un límite. Se habla de poner bardas en las fronteras para que el migrante no pase. Algo muy similar sucede con el conflicto psíquico que atormenta al ser humano. Imaginemos que el migrante padece, y en realidad así es: padece de la realidad nacional en la que se encuentra, en donde se anula la satisfacción a sus necesidades básicas.

Lo mismo acontece con el malestar psicológico, como ese migrante que intenta salir de un país para vivir en otro país, el conflicto psicológico intentará a toda costa atravesar la frontera, y sabemos que a pesar de que se le impongan las murallas (las murallas de la frontera, así como las murallas de la censura) el migrante (y en este caso el conflicto psíquico) encontrará la manera de traspasar el límite. ¿Cómo? encontrará una manera ingeniosa y es cuando el conflicto se convierte en síntoma. Es así que el síntoma cumple la función de presentarse a la luz, a la consciencia de manera velada a través de una símbolo, a través de una máscara, de un vicio, de una depresión, de una enfermedad, pero lo que hay realmente detrás de todo síntoma es un conflicto intrapsíquico.

Otra manera de entender nuestros síntomas es saber que se está obteniendo un placer en eso de lo que tanto nos quejamos. Fue Jacques Lacan quien a través de la lectura de las obras de Sigmund Freud puso el dedo en la llaga. Sigmund Freud habló de un “componente masoquista” es decir, el ser humano sufre porque encuentra un placer insano en sentirse humillado, sentirse poca cosa, sentirse un ser insignificante ante la mirada del Otro. Encuentra satisfacción ante el lugar de la constante queja. Eso explicaría muchas cosas, como por ejemplo las relaciones interpersonales enfermizas, o el malestar constante en el trabajo o los vínculos patológicos en el amor. Lacan denominó a todo esto como “el goce”, es decir, cuando sabemos que eso que hacemos nos lleva a nuestra propia destrucción: el exceso. El  exceso en el alcohol, cigarro, en el comer, en el conducir, en el sexo. Todo eso que atente contra nuestra vida y que creemos que nos produce placer lo que realmente está produciendo es goce y eso nos conduce hacia la propia aniquilación.

¿Qué tendríamos qué hacer? ¿Todo está perdido? Quizá la propuesta del psicoanálisis es precisamente dar cuenta de todo esto, un saber hacer con eso que nos constituye. Es como si dentro de cada uno de nosotros viviera un infante problemático, un niño que intenta llamar la atención. La solución no es erradicarlo, correrlo, matarlo, mandarlo a un hospicio, no, lo que tenemos que hacer es escucharlo, comprenderlo, intentar amarlo y comenzar a ver cómo nos la vamos a arreglar para aprender a vivir con esa falta, con esa carencia, con esa “condición humana” que tiende más bien a la incompletud, al fantasma, a la inoperancia. Voltear a ver el defecto y amarlo, saber que eso que negamos es lo que somos.

Todos tenemos una historia de vida que contar

Todos tenemos una historia de vida que contar. Que lance la primera piedra quien esté libre de un trauma de la infancia. Sigmund Freud, el creador del psicoanálisis puso el dedo en la llaga, puso sobre la mesa de discusión el por qué del sufrimiento del ser humano.

¿Por qué sufre el ser humano? El origen del malestar lo podremos rastrear en la más tierna infancia, en ese periodo de la vida cuando somos indefensos ante los embates de la realidad y requerimos el apoyo de nuestros padres. El ya conocido aforismo: “Infancia es destino”.

¿Se puede revertir nuestro destino? Entendiendo destino como eso que se construye desde la más tierna infancia a través de los vínculos amorosos con papá y mamá o con quien haya estado cumpliendo esa función.

Cada uno de nosotros tenemos una historia de vida que contar, un acontecimiento (o muchos) que han sido parte fundamental a lo largo de nuestra existencia; eventos desagradables, acontecimientos, traumas, complejos, experiencias frustrantes pero también experiencias agradables y fructíferas. Todo eso se ha quedado guardado en alguna parte de nosotros y desde allí lo retomamos y con eso interactuamos. No tanto el acontecimiento sino la percepción que tenemos de lo que nos sucedió. A eso Sigmund Freud le denominó inconsciente o Lacan también le llamó “historia de vida” que forma parte de lo que somos.

Ahora bien, lo que quiero poner a consideración del lector es lo siguiente: ¿qué pasa cuando esa “historia de vida” nuestro inconsciente lo traduce como “historia debida”? muchas de las veces nos damos cuenta que nuestra vida se la debemos a alguien, inconscientemente estamos en deuda con alguien, nuestra vida se la debemos a alguien y es por eso que no se vive la vida que se desea, se vive la vida con ataduras, se vive la vida de acuerdo a los patrones establecidos por nuestro pasado y no somos capaces de comenzar nuestra propia existencia porque el mandato sigue en el inconsciente, es cuando esa “historia de vida” se ha convertido en “historia debida”, se la debemos a alguien más, ya sea a nuestros padres, a nuestro pasado, a un trauma y la estamos pagando, ¿cómo? pagando lentamente, poco a poco con inseguridades, con lamentos, quejas, y muchas de las veces ese pago lo hacemos con “intereses” es decir, cuando contraemos una deuda, cuando debemos un pago, existen los “intereses” el pago sobre el pago; acá la interpretación iría encaminada de una manera similar; es cuando no contentos con vivir una “historia debida”, le añadimos esos “pagos de intereses”. Hay una doble connotación en esa palabra, se paga con “intereses” pero también significa que hay algo de “interés” en juego en eso de lo que tanto nos quejamos.

Es cierto que se “sufre porque se quiere” es decir, el que sufre muy probablemente está allí porque está obteniendo una ganancia secundaria, algún beneficio inconsciente está obteniendo al no moverse de ese lugar, al no terminar con esa relación poco sana, al no dejar ese vicio que lo arrastra hacia la autodestrucción, algo lo sigue manteniendo en ese lugar de trabajo en donde encuentra poca o nula insatisfacción.

Todo eso forma parte de nuestra “historia de vida” que se ha convertido para nuestra desdicha en “historia debida”. Se “sufre porque se quiere” entendido como esa manera de no moverse del lugar, pero también se entiende ese “se sufre porque se quiere” es decir, se sufre porque se ama. ¿Qué se ama? Se ama el vínculo que nos tiene atados al pasado.

Una vida que se debe y además se paga con intereses a alguien más. ¿A quién? De eso se trata el psicoanálisis, de comenzar a indagar en lo más recóndito de nuestro inconsciente y tratar de hacer consciente esos fenómenos de nuestra historia de vida.

¿Se puede revertir el malestar? Ya a cada uno le toca responder esa pregunta. El diván es un buen lugar para comenzar esas cuestiones que lo tienen a uno en la depresión, en la queja constante, viviendo una existencia “debida”. ¿Y por qué es necesario contar esa historia de vida? Porque es a través de la palabra en donde el ser humano puede simbolizar lo que angustia, eso que atormenta y que no tiene nombre, sólo a través de la palabra puede ir encontrando un cauce, en donde puede fluir libremente la pulsión de vida.

El laberinto del inconsciente

 

Cuando se acude por primera vez a la consulta con el psicólogo, psicoterapeuta o psicoanalista, es normal tener muchas dudas, preguntas, inquietudes, interrogantes y hasta puede provocar miedo a lo desconocido, saber cómo seremos tratados durante la sesión que se ha solicitado y otras emociones que se mueven en torno a esa decisión tan trascendente que se toma en la vida. Desde la psicoterapia psicoanalítica se le hará la invitación, después de las entrevistas iniciales, a que en la medida de lo posible acate la regla fundamental, ¿cuál es? “diga todo cuanto se le ocurra”, es como “piense en voz alta”, o como dijo una paciente: “hablar sin filtro.”

La intención de que en la sesión analítica se diga todo cuanto pasa por la mente, cualquier ocurrencia, es para semejar un poco lo que sucede en el fenómeno onírico, en el sueño. Es decir, sabemos que es a través del sueño que el inconsciente se manifiesta: ¿qué soñamos? soñamos lo que traemos en nuestro inconsciente, entendiendo como inconsciente a esa historia de vida que todos tenemos y que ha quedado guardada en algún lugar de nuestra alma y nuestra mente. Por lo regular soñamos lo que deseamos. El sueño es muy similar a lo que llega a ocurrir en una sesión de psicoterapia ante la invitación de “diga todo cuanto se le ocurra”, así poco a poco silenciamos al consciente y cedemos la voz al inconsciente; ese inconsciente que constantemente desea manifestarse pero que se le reprime, se le oculta, se le niega.

Sabemos que el ser humano está estructurado para convivir a través de la coherencia, el raciocinio, etc. pero lo que sucede en análisis tiene que ver con otra cosa. El discurso del paciente, la queja, la demanda, eso que tanto molesta en la vida, se tiene que escuchar desde esta otro lugar, como quien fuera partícipe de un sueño, en donde nada tiene sentido, pero es a través de la interpretación que la cosa va andando; lo mismo ocurre con el síntoma; el síntoma aparece como un fenómeno emergente, como algo que sale, emerge como resultado de un conflicto intrapsíquico en donde el sujeto ya no pudo contener más, en donde la persona ha cedido a las pulsiones, a los mandatos superyóicos, ha sido avasallado por el fantasma, es decir, hay recuerdos de nuestra infancia y de nuestra vida que son muy fuertes y que no podemos más con ellos. Eso es lo que hace neurótica a las personas.

Es por eso que no debemos quedarnos solamente y simplemente con el discurso manifiesto a lo largo de la intervención dentro del consultorio, es decir, con lo que se dice. “Estamos ahí para conseguir que sepa todo lo que no sabe sabiéndolo. Esto es el inconsciente” señaló Lacan en El Seminario 17. La labor del psicoanalista es saber escuchar cuál es el origen del malestar, qué es lo que está fastidiando la existencia de nuestros pacientes. Es muy importante que el analizante se comprometa a ser sincero consigo mismo, para que así pueda contribuir al encuentro con su deseo.

Muchas de las veces lo que el paciente nos platica, lo que en realidad nos está contando es otra historia, es su historia de relaciones interpersonales, dice una cosa pero intenta decir otra o dice una cosa para no decir otra cosa. Eso lo conocemos como “compulsión a la repetición”, es decir, muchas veces nos encontramos cometiendo los mismo errores, ya sea en el amor, en el trabajo, en la familia.

 ¿Qué es lo que realmente subyace bajo el discurso del paciente? ¿Qué se esconde detrás del síntoma? Esa es la labor del psicoanálisis: intentar desentrañar los enredos, intentar saber cuáles son los mecanismos que utiliza el ser humano para no desbaratarse y que lo reprimido no salga a la consciencia pero en ese intento de represión ha dado a luz un síntoma, un malestar, algo que le aqueja, y más aún, hay casos sorprendentes en donde el ser humano pone el escenario perfecto para ser la víctima y vivir su vida como un acto de sacrificio. A eso se le llama “goce masoquista”. Es por eso que la experiencia analítica comienza a tomar rumbo cuando se cae en cuenta que la pregunta ya no es ¿por qué mi marido es así? o ¿por qué mi jefe del trabajo me fastidia tanto? Cuando la pregunta cambia a ¿qué tanto soy responsable de eso de lo que tanto me quejo? El análisis da un giro de 180 grados y se comienza a asumir la propia existencia, esa pregunta es un buen inicio para comenzar a realizar los cambios pertinentes y comenzar a vivir la vida que se desea vivir.

 

Breve y escaso

Existe en la actualidad una sensación de incompletud, dicha sensación es más frecuente en la etapa de la adolescencia en donde el ser humano va construyendo su identidad. Muchos adolescentes en la actualidad acuden a la consulta psicológica por tener ese sentimiento de vacío existencial, en donde nada les satisface, en donde no encuentran el sentido de su vida

En uno de los últimos textos de Sigmund Freud que escribió antes de morir titulado “Esquema de psicoanálisis” (en donde hace un compendio de los puntos principales de su obra) podemos encontrar quizá la respuesta a lo que hoy el adolescente demanda o carece.

Escribe Sigmund Freud: “el niño tras el destete siempre abrigará la convicción de que aquello fue demasiado breve y escaso.” ¿Qué importancia tiene hoy en día lo que Sigmund Freud encontraba en el discurso de sus pacientes? La relevancia que Freud encuentra en el análisis de las ocurrencias que sus pacientes vertían en su consultorio tienen en la actualidad gran peso, poseen vigencia, el discurso del inconsciente lo podemos ver de manera palpable en el diario vivir.

El psicoanálisis nos aclara que la vida adulta tiene mucho que ver con los acontecimientos de la infancia, es decir, observemos cómo la sociedad ha cambiado drásticamente en los últimos cien años, y fue precisamente la escucha analítica la que dio pie para que el ser humano descubriera que todos en mayor o menor medida tenemos rasgos propios de la condición humana que hacen que nuestra existencia no la vivamos de acuerdo a nuestro propio deseo.

Dentro de esos cambios vertiginosos nos topamos con el que hoy aquí comento, en donde el proceso del destete en la actualidad está regido de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud bajo un criterio de normatividad, en donde postula que a los seis meses el infante debe de atravesar ese proceso de destete. ¿Cuáles son las repercusiones cuando sucede un destete mal llevado? Es muy probable que esa experiencia constituya un punto muy importante dentro de la historia de vida del sujeto ya que sabemos que las primeras experiencias van a marcar la vida, es decir, qué tanto amor se experimentó en ese proceso cuando la madre y el hijo convivían en la íntima unión propia del desarrollo.

Ese sentimiento de “breve y escaso” va a permear la existencia del hombre moderno. Esa sensación de no sentirse completo, como que algo falta, como  que uno nunca va a estar satisfecho. Quizá la respuesta la podemos encontrar en nuestra más tierna infancia. Infancia es destino.

Muchas de las veces las primeras experiencias de nuestra vida nos marcan, esas experiencias viven en nuestro inconsciente y buscan el momento más adecuado para salir; ¿cómo nos damos cuenta de que lo reprimido en el inconsciente desea salir a la consciencia? cuando el ser humano sufre de padecimientos psicosomáticos, es decir, ya acudió al médico y el galeno le ha informado que su malestar no es de origen orgánico, por ejemplo cuando el ser humano padece de migraña, depresión, fobias, enfermedades psicosomáticas u otro malestar. Tener en cuenta estos descubrimientos que hace Sigmund Freud de la condición humana puede darnos luz para comprender el malestar que a cada quien aqueja. Conocerse uno mismo siempre ha sido una buena receta, desde los filósofos griegos hasta la propuesta psicoanalítica de hoy en día.

¿Breve y escaso? Breve y escaso, como la vida misma, la experiencia de la existencia se torna en eso, en ese deseo jamás completado, en ese deseo jamás logrado. Sin embargo es lo único que tenemos, este breve y escaso momento llamado existencia. Tenemos dos salidas: una, la salida neurótica, seguir quejándonos de lo mal que nos va en la vida u otra, acercarnos a esa comprensión que da el psicoanálisis y comenzar a vivir una existencia aceptando nuestra propia historia de vida y comenzar a vivir con esa auto-reconciliación, que sería el primer paso para vivir una vida ligero de equipaje.

 

*(Algún tema de interés que deseen sea abordado en esta columna, pueden mandar un correo a psicologocarlosmoreno@gmail.com)

Psicoanálisis en la vida cotidiana

En esta nueva temporada como colaborador de este sitio electrónico, quisiera abordar las problemáticas que se nos presentan en la vida cotidiana y ofrecer una mirada desde el psicoanálisis. El saber cómo es que estamos constituidos y lo que eso conlleva nos puede ofrecer otro punto de vista con el cual asumamos nuestra existencia, en el trabajo, en el amor, en las relaciones interpersonales. Sabemos desde Freud que todo ser humano posee una estructura psíquica que se compone por un Ello, un Yo y un Superyó, así como de un consciente, preconsciente e inconsciente y es en esta estructura de la personalidad desde donde tomamos las decisiones, elegimos nuestra vida, amamos y sufrimos y demás vericuetos propios del diario acontecer.

La idea de este espacio es dar a conocer cómo se trabaja dentro de una sesión de psicoanálisis, qué cosas ocurren dentro de la experiencia analítica y que puede ayudar a comprender algunas cosas del diario vivir como lo son el “lapsus lingüe” los errores, accidentes, motivaciones, deseos, olvidos, etc. es decir, tratar de poner al servicio del lector algunas consideraciones propias de la clínica para ir comprendiendo por qué actuamos como actuamos.

En esta primera entrega quisiera abordar, a manera de apertura, cómo es que estamos constituidos, cuál es nuestra condición humana, de qué estamos hechos. Algunas respuestas las podemos encontrar en la religión o en la ciencia y la filosofía. Pero como en este lugar estaremos hablando de psicoanálisis, será desde allí que intentaremos encontrar algunas pistas para que cada uno encuentre respuestas a sus interrogantes existenciales.

¿Por qué un psicoanálisis? Sigmund Freud fue el padre del psicoanálisis, se dio cuenta de que sus pacientes enfermaban porque reprimían cosas; ¿qué cosas? deseos, pensamientos, palabras, sobre todo mociones (movimientos, inclinaciones, pensamientos reiterativos) que entraban en conflicto con la moral de la sociedad en turno. Muchas de sus primeras pacientes acudían a él y platicaban de frustraciones, represiones, sueños y anhelos frustrados. Poco a poco Sigmund Freud se fue dando cuenta de que había algo más, de que en cada ser humano existía “algo de lo que nadie quiere hablar” y a eso el Dr. Freud le llamó “lo inconsciente”, que después, conforme fue elaborando su teoría, años después coincidiría mucho con lo que en 1920 llamaría el “Ello”. Así tenemos que la primera tópica freudiana (Consciente, Preconsciente e Inconsciente) se entrelaza con la segunda tópica freudiana (Ello, Yo y Superyó) de lo que estaremos hablando en el transcurso de estas entregas.

¿Por qué es importante saber esto? ¿Cómo repercute en el diario vivir del ser humano? Pondré un ejemplo: en la mayoría de los casos (y me atrevería a decir que en todos los casos) es muy frecuente que el ser humano tenga conflictos con el prójimo, llámese pareja, amigos, patrón, jefe, etc. es entonces cuando la gente se pregunta ¿por qué me cae tan mal? o “desde que lo vi sentí la mala vibra”. Eso tiene su explicación: andamos por la vida con conflictos no resueltos y muchas de las veces los conflictos que tenemos en la edad adulta vienen a remover esos conflictos que traemos arrastrando desde la más tierna infancia. Es por eso que una persona ante una situación reacciona de alguna manera y otra persona reacciona distinto, como por ejemplo ante una ruptura amorosa, un despido laboral, etc.

¿Por qué se suicidan los que se suicidan? ¿Por qué la gente se vuelve “loca”? Estos y muchos puntos más el psicoanálisis ha intentado investigar e intenta dar alguna luz para poder vivir la vida ligero de equipaje. Estos y otros asuntos de la vida cotidiana iremos abordando en este espacio.

Bolitas de papel

imagen de institutodeltalento.com

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“Los fenómenos histéricos tienen preferentemente el carácter de lo excesivo” (S. Freud)

 

Me comenta una maestra de educación especial un recuerdo dentro de su trabajo cuando tenía como paciente a un niño que presentaba cierta fenomenología propia del diagnóstico del autismo. Le llamó la atención una actividad que el niño llevaba a cabo; recuerda que el alumno siempre cargaba un papel de baño, del cual toma cuadritos, los hace bolitas y los pone entre los huecos de los ladrillos de la pared. Uno por uno, lentamente, acomodando, dando estructura a algo. Esa es su actividad, en eso se le va el tiempo, (en eso se le va la vida), se apasiona, se desvive, se inquieta. Termina el día y al siguiente comienza otra vez.

Hay otro niño que presenta rasgos similares, dedica gran tiempo de la jornada escolar (una escuela especial) en hacer monitos con plastilina, en eso se le va el tiempo, lo hace con esmero, lo hace con pasión; como si el sentido de su vida se jugara allí.

Los ejemplos que tomo acá no los traigo para analizar el espectro autista, simplemente me llama la atención esas conductas del ser humano catalogadas como “diferentes” por no ser tan comunes. Situaciones que suceden también en la vida del adulto que día a día se enfrenta con problemas de la vida cotidiana.

Lo que me llama la atención son esos rasgos que Freud en sus primeros escritos describió como “lo excesivo”, en donde narra detalladamente la fenomenología conductual de sus pacientes bajo el padecimiento de la histeria. Menciona Freud que las conductas que presentaban sus pacientes eran muy similares a las conductas que presentaba cualquier otro ser humano, simplemente que la diferencia radicaba en ese componente: en lo excesivo, en la exageración.

Las conductas de un niño que presenta el espectro autista muchas de las veces se convierten en actos rituales, en manierismos, quizá también se presentan en los seres humanos que no están catalogados bajo ningún diagnóstico. Cuántas veces nos encontramos ensimismados en nuestros propios asuntos, en nuestras ideas, en nuestros traumas, complejos, similar al acto de ese niño que intenta “poner bolitas de papel en los huecos”.

Muchas de las veces nos encontramos en la misma situación solamente que lo hacemos de manera simbólica; esa es la diferencia. Nos encontramos que estamos llenando con bolitas de papel los huecos de la pared en actos repetitivos, en compulsiones, en cometer los mismos errores, en ese solipsismo sin la posibilidad de voltear a ver hacia otras partes, hacia otros lugares, sin querer darnos cuenta de que existen otras maneras de ver la vida, otra perspectiva de eso que tanto angustia. Se nos va la vida en ello, en llenar con bolitas de papel cada intersticio de nuestra existencia.

Todos carecemos de algo, todos hemos experimentado la frustración. Algo nos falta, algo falla, sólo cuando nos damos el tiempo de escucharnos y ser sinceros con nosotros mismos, estaremos dando el primer paso hacia ese camino en donde no sea necesaria esa compulsión a la repetición.

Todo ser humano presenta en mayor o menor medida conductas que parecen ser racionales, pero que llevadas a la exageración serían diagnosticadas como “fuera de la norma”.

Tenemos entonces que la psicopatología (la enfermedad del alma, el conflicto intrapsíquico, los fantasmas no elaborados) es una cuestión que tiene mucho que ver con la exageración y el exceso. El neurótico sufre por los pensamientos que lo acechan cuando el perverso se da permiso de eso que el neurótico calla, que el neurótico reprime.

“De músico, poeta y loco todos tenemos un poco” dice sabiamente el refrán. Todos tenemos una locura pendiente, una locura latente, a algunos nos funcionan los mecanismos de defensa y nos mantenemos en la cordura, otros quizá no y la vida se les desborda. Claro, hay que matizar, no es lo mismo una estructura neurótica, que una estructura psicótica o una estructura perversa. El que es neurótico será neurótico toda su vida así como el psicótico o el perverso. A lo que hago referencia acá es a la manifestación sintomática del neurótico, todos tenemos miedos pero el fóbico lo lleva a la exageración, al exceso. Todos tenemos pensamientos eróticos pero el perverso los lleva a la exageración, a la compulsión. Todos tenemos fantasías, sueños, imaginación, pero el psicótico lo vive, es su creación. Todos tenemos pensamientos rumiantes pero el obsesivo compulsivo está atrapado en sus pensamientos. Alguna vez en nuestra vida hemos experimentado que alguien no nos quiere, no nos acepta, pero el paranoico vive su existencia con la certeza de que los otros están conformando coaliciones en su contra.

Por lo tanto, todos de una manera u otra, intentamos poner “bolitas de papel en los huecos de la pared de ladrillos”, a unos eso les da la certeza de algo, a otros les causa angustia, pero todos, en mayor o en menos medida, seguimos repitiendo simbólicamente lo que ha quedado escrito ya desde los primeros años de nuestra infancia.

Dime cómo te amaron tus padres y te diré cómo amarás a tu pareja. Infancia es destino, allí se estructura todo, allí se juega el destino del ser humano, de las experiencias. De las vivencias de la infancia dependerá en gran medida la vida que se llevará de adulto; los rituales, manierismos, obsesiones, angustias, todo tiene que ver con algo que ha quedado “fijado” o estancado en la más tierna infancia.

Nuestros actos como un eterno repetir de alguna escena que intentamos mantener vigente a perpetuidad.

¿Esto puede ser de otra manera? ¿Se puede revertir el “destino”?

La propuesta dentro del psicoanálisis es que sí es posible revertir significativamente el determinismo psíquico. Cuando el ser humano se escucha a sí mismo, cuando deja de mentirse, cuando se “dis-culpa” a sí mismo, es decir, cuando se quita esa culpa que no le corresponde. En otras palabras (ya que todo en lo simbólico implica decir algo con otra cosa) cuando el ser humano se da cuenta de que eso que constantemente está repitiendo, esa piedra con la que se tropieza, eso de lo que tanto se queja, resulta ser una reproducción simbólica de algo que quedó anudado en su infancia.

Decirlo, hacer consciencia de eso, y sobre todas las cosas, comenzar a re-significar, a elaborar eso que no permite que su vida ande. Resignificar las cosas es un buen inicio para comenzar a construir la vida que se desea vivir. Sabemos que la vida es un instante ¿la vida que estás viviendo es la vida que habías planeado, que habías imaginado? Si no es así, entonces es el momento idóneo para comenzar a hablar contigo mismo, ser sincero, ser sincera. Un acto de honestidad y sinceridad implica necesariamente un acto de amor.

El psicoanálisis como el dispositivo idóneo para dejar de poner esas “bolitas de papel” en la pared.

El síntoma y la compulsión a la repetición

imagen de salinero2013.wordpress.com

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“El enfermo padece por sus reminiscencias”
S. Freud

 

El síntoma hace presencia cual Bolero de Ravel. La característica principal del síntoma es que es reiterativo. El síntoma repite algo, el síntoma grita y exige una escucha. Exige una interpretación.

El síntoma necesariamente posee un destinatario. Muchas de las veces ese síntoma va dirigido hacia los padres, es por eso que el síntoma disminuye cuando se logra la “neurosis de transferencia” ya que el síntoma ahora va dirigido hacia el psicoanalista.

“Aquí está, tómalo, es tuyo, interprétalo, ayúdame a analizarlo, yo no le entiendo, sé que me quiere decir algo pero no lo sé, no le entiendo”.

Es así que el analista se convierte en un intérprete, en un exégeta que hace oficio de la hermenéutica, en alguien que sabe el otro lenguaje, el lenguaje del síntoma. La fenomenología del síntoma y el lenguaje.

El discurso latente, lo que no se ve, lo que está oculto, vedado, lo que no se puede ver a simple vista, lo que se mantiene oculto ante los ojos de lo racional. Es por eso que aparece evadiendo el discurso metódico, aparece a través del chiste, de la ocurrencia, del olvido, de la asociación libre (que no tiene nada de coherencia), del acto fallido, del sueño, del lapsus; cuando la lengua sufre un traspié, cuando el lenguaje se “equivoca” y dice una palabra por otra (que conveniente).

El síntoma como esa compulsión a la repetición. Se repite algo, una escena, una carencia a nivel simbólico. Por eso existe el síntoma, como la posibilidad de decir “eso” a través del cuerpo, a través de la compulsión a la repetición por que no alcanza nuestra estructura para poder simbolizar, porque no alcanza nuestra estructura psíquica para poder traducir eso que duele, traducirlo en palabras. Es imposible ya que es tan doloroso que si accede a lo simbólico, que si accede a la consciencia sería terrorífico.

Esa maldita compulsión a la repetición que nos mantiene atados a eso que tanto nos fastidia la existencia. Nos mantiene atados a una relación de pareja enfermiza, a un trabajo no creativo, a una adicción, a una depresión. Algo que no se puede soltar porque precisamente no se quiere soltar. ¿Por qué? Porque eso mantiene la angustia a raya. Es mejor seguir maldiciendo la insoportable realidad en la que se vive a tomar las mejores decisiones y vivir bajo sus consecuencias, es mejor seguir viviendo bajo el mito del ser-víctima.

Quizá el psicoanálisis tiene esa presentación, lo que nos interesa saber, lo que se desea analizar es lo “persistente de la conducta”, saber al servicio de qué está, qué ganancia secundaria está obteniendo al continuar con ese síntoma, con ese estilo de vida; qué cosa de su más tierna infancia está repitiendo; qué es lo que no está soltando, qué está repitiendo a perpetuidad, qué está prolongando agónicamente. “Aquí está y no me deshago de él”.

El retorno de lo reprimido. Lo que se reprimió en un momento dado (un discurso, una palabra hiriente, un recuerdo, una experiencia, un amor fallido, una esperanza, una ilusión, algo que haya acontecido en la infancia) tiende a retornar. El retorno de lo reprimido.

 Lo que siempre se reprime tiende a retornar, a regresar, y ahora con más fuerza, lo que se reprimió en el allá y el entonces se ha guardado, y eso guardado ha quedado enfurecido por no poder salir a la luz.

Esperemos pues y atengámonos a las consecuencias de la salida a la luz de eso que se ha reprimido. Una experiencia en la infancia, un acto de reprobación, un robo, una experiencia sexual. Todo eso tiende a salir, y sale con mayor ímpetu, con mayor fuerza que con la que se presentó. El retorno de lo reprimido.

 

El proceso de convertirse en persona

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen de la película "Noviembre"

imagen de la película “Noviembre”

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Hay un video en YouTube muy divertido titulado “el ventrílocuo humano”, un comediante haciendo la rutina de invitar a dos personas del público a que lo acompañen y lleven a cabo el performance en donde el comediante hace la voz de las personas que simplemente mueven la boca.

El “chiste” de esa escena consiste en que las personas solamente tienen que abrir la boca cuando el comediante les apriete la mano, ellos obedientemente abren la boca y el comediante se encarga de hablar con una voz que incita a la risa. En sí la actividad provoca un momento agradable, pero ¿qué hay detrás del chiste? Como bien dijera Freud: “el chiste y su relación con el inconsciente”.

La vida se parece mucho al performance acá descrito. Las personas que hacen de muñeco tienen una semejanza con el sujeto que presenta un padecimiento del alma, alguna depresión, una tristeza agobiante, un sufrimiento moral, una compulsión a la repetición, síntomas obsesivos, fobias, trastornos psicosomáticos, narcisismo o cualquier otro malestar que no le permite al sujeto vivir la existencia deseada.

Sucede lo mismo en la vida real. Cuántas veces no nos topamos con que nuestros deseos en realidad son deseos de algún Otro, que simplemente movemos la boca y de nuestro ser surgen palabras, acciones, comportamientos que no van acorde a nuestro deseo. La vida del ser humano se ve reflejada en esa escena del comediante en la medida en que las personas simplemente viven la vida al servicio de algún Otro que al mínimo señalamiento (apretón de manos, mirada, introyección de reglas, normas, filosofía de vida ajena) intentan responder a la solicitud del Otro (del Amo).

Parecería pues que el ser humano vive una vida prestada, su historia de vida es una “historia debida”, una vida prestada que se debe, una existencia como una marioneta, como un títere de algún Otro, llámese sociedad, llámese figuras materna y paterna introyectadas que en su momento le permitieron desarrollarse pero llega un momento en que ya no se puede seguir viviendo bajo el señalamiento o el apretón de manos como en el performance del video.

El proceso de convertirse en persona implica precisamente hacer consciencia de esa realidad, saberse un sujeto carente al servicio de algún fantasma, pero eso ya no puede seguir así, no se puede vivir la vida bajo el designio del titiritero.

El proceso de psicoterapia (específicamente la psicoterapia analítica y aún más el psicoanálisis) permite precisamente al ser humano hacer consciencia de ese juego, permite hacer consciencia de que el síntoma que presenta (miedos, tristeza, ansiedad, depresión) están al servicio de un malestar original, al servicio de “algo” de lo que no sabemos porque precisamente pertenece al orden de lo inconsciente.

La propuesta de la psicoterapia psicoanalítica es atravesar ese fantasma, tomar nuestra propia voz (ya no más la voz del titiritero) pero ese proceso de separación es doloroso; imaginemos el desprendimiento de ese vínculo (representado por el apretón de manos entre el comediante y los personajes), diluir ese vínculo no es cosa fácil, implica romper con ciertos prejuicios, con pensamientos que se han anidado por años y años en nuestra vida; separarse de la mano del titiritero implica un nuevo nacimiento, un desprenderse para comenzar una nueva vida guiada por el deseo genuino, buscar nuestros propios sueños, anhelos, aspiraciones y no seguir siendo el muñeco del ventrílocuo.

Es cierto que nuestra infancia nos marca; “infancia es destino” pero no todo está determinado, es necesario escucharse, analizarse, dejar de engañarse, saber qué representa cada cosa en la vida, qué cosas seguimos repitiendo de nuestra infancia en la vida adulta, repetimos para no recordar eso que duele.

La propuesta del psicoanálisis es que el ser humano pueda hacer algo con eso de lo que se queja, primero saber hasta dónde está implicado en ese malestar, qué tanta responsabilidad hay en eso que lo llevó al consultorio para que después pueda re-elaborar, es decir, re-significar eso que lo ha moldeado desde la infancia, esas carencias, frustraciones, satisfacciones y traumas que han quedado allí guardadas en el inconsciente y que tienden a salir a la consciencia pero salen de una forma disfrazada a través de los sueños, el chiste, el olvido, el lapsus, el acto fallido. El inconsciente constantemente se quiere manifestar, habrá que darle la palabra, algo bueno tiene que decir; quizá ese será el inicio de una vida con sentido, una existencia propia, ya sin la necesidad de seguir atado a la mano del Titiritero, del Otro, del Discurso del Amo, del “qué dirán”, del síntoma, de la queja. Hacerse responsable de la propia existencia y el primer paso es reconocer nuestra propia voz y no tomar prestada la voz de alguien más. Seguir nuestro propio deseo y no el deseo del ventrílocuo.

Es cierto que la psicoterapia implica tiempo, esfuerzo, dedicación, compromiso, responsabilidad; es cuestión de poner en una balanza la vida misma, seguir padeciendo ese malestar u optar por empezar a hacer algo con eso que nos paraliza y que no nos atrevemos a decir porque es muy penoso, vergonzoso, o creemos que no tiene nada que ver  con nuestro malestar. En el consultorio se dará cuenta de que eso que se creía tan insignificante estaba guiando nuestra existencia. Deshacerse de los fantasmas que no nos pertenecen, aceptar lo que no podremos cambiar y decidir comenzar a construir la vida que hay en lo más profundo de nuestro deseo; un deseo que se descubre a través de la propia palabra, de nuestra propia palabra; de tu propia palabra.

*Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo y Psicoterapeuta
Monclova, Coah. Mx
psicologocarlosmoreno@gmail.com

Sólo el amor nos salvará

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen de elproyectomatriz.wordpress.com

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Recuerdo una frase que tuvo una gran influencia en mi manera de ver el mundo durante mi juventud: “Si el problema tiene solución, para qué te preocupas, y si no tiene solución entonces para qué te preocupas”. También  recuerdo haber escuchado que muchos de los inventos que en la actualidad utilizamos fueron producto de un error, una equivocación, producto del azar. Eureka. Serendipia.

¿Qué tienen en común estos dos recuerdos? Leyendo la biografía de Freud escrita por Ernest Jones, menciona cuando Sigmund Freud en sus primeras incursiones dentro de la ciencia quería investigar los procesos neurológicos, el trabajo con las células. ¿Cómo fue a parar en lo que ahora es conocido? ¿cómo fue el paso de la neurología al psicoanálisis? Mucho de ello tuvo que ver la escucha del discurso de sus pacientes, el cambio de la hipnosis por una escucha atenta del inconsciente, el paso de la sugestión hacia una propuesta de acceso hacia el origen del malestar a través de la asociación libre.

Si tiene solución, para qué te preocupas, si no tiene para qué te preocupas. Las cosas en la vida se van dando, se van acomodando, existen factores en los cuales uno tiene que poner mucha atención, el “chiste” de la vida (como cualquier otro chiste) es poner atención, no estar distraído, ¿qué significa esto? estar haciendo las cosas sin angustia, procurando la estabilidad, la paz, la armonía.

La vida (para los que creen) es como un rompecabezas, las piezas se van acomodando conforme avanza el juego. También la vida es como un juego de ajedrez en donde hay que estar atentos a los propios “movimientos” que llevamos a cabo y las posibles consecuencias de esos movimientos. Hago énfasis en señalar en el enunciado la frase “para los que creen”, ya que recuerdo también haber escuchado ese adagio: “todo sucede para bien” añadiendo “para aquellos que buscan el Bien”. La vida es eso, una construcción, lenta, muy lenta, pausada, a su tiempo, a su momento. La evolución de la especie humana está llena de episodios en donde la paciencia ha tenido un factor protagónico.

Uno en su vida, si está atento a “los signos de los tiempos” puede acceder a ese estado de quietud, de paz, aminorar la angustia que conlleva la misma existencia. La “iluminación” (por llamarlo de alguna manera) o el “insight” o el “Eureka” es más probable que llegue a nosotros si estamos allí, constantemente en esa búsqueda, en el camino, sin quitar el dedo del renglón; picando piedra.

La vida, Dios, el destino, el inconsciente, (como gusten) tiende a manifestarse, a revelarse, (epifanías-teofanías) para algunos como “una brisa suave” a otros como una tormenta, una sacudida, pero todo humano al final obtiene lo que en su vida ha buscado.

Quizá será por eso la actitud de contemplación que adquieren nuestros abuelos, llenos de sabiduría que da la vida, una actitud de contemplación ante la vida, saben que al final es la Vida misma la que se impone, que por más caprichos que se quieran, uno obtiene lo que necesitaba. También está la otra cara de la moneda, el abuelo que vive atormentado por los fantasmas de su pasado, por los estragos de ese goce* que lo arrastra irremediablemente hacia la angustia, al vacío, a la nada, a la muerte.

 Y allí están, contemplando la existencia, sonriéndole, reconciliándose con sus ángeles y demonios; el abuelo sabe que ángeles y demonios  no eran más que sus deseos. Al final, ángeles y demonios duermen juntos, como cuando termina una pastorela, dejan de actuar, se quitan el disfraz y se van a dormir. El abuelo hace un silencio, mira hacia el horizonte y continúa en silencio, contemplando el misterio que los humanos hemos llamado Vida.

*El concepto de goce implica la idea de una transgresión de la ley: desafío, sumisión o burla. El goce reside en el intento permanente de exceder los límites del principio de placer y conlleva inevitablemente al sufrimiento. El goce se sostiene en la obediencia del sujeto a un mandato del Gran Otro. (Definición tomada del diccionario tuanalista.com)

 

Experiencias cumbre

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen de artistasdelatierra.com

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El ser humano atraviesa la vida experimentando situaciones cotidianas, del trabajo al hogar, horas incontables de estudio, diversión, comer, dormir, ritos sociales y un cúmulo de actividades más que hacen de la vida algo llevadero, algo soportable.

La vida del ser humano adquiere sentido cuando se topa con lo que los psicoterapeutas humanistas han denominado “experiencias cumbre” es decir, acontecimientos en la vida fuera de lo ordinario que a la postre dan un giro a la existencia del humano. Como experiencias cumbre por antonomasia están las que se rigen por el acontecimiento de la vida y el suceso de la muerte. Cuando nace un hijo o cuando muere un ser amado. Esas dos experiencias definen la existencia del sujeto.

Vida y muerte; Eros y Tánatos siempre presentes en la existencia del ser humano. Manifestaciones de vida como el amor, la amistad, el compañerismo, el compromiso, la familia, la construcción de una vida con sentido. Manifestaciones de muerte como la destrucción, el odio, la muerte misma, el suicidio, el homicidio, la violación, el secuestro, el robo, el acoso, la amenaza.

Ante un acontecimiento emanado de la representación simbólica del Eros (vida-amor) no hay mucho que re-plantearse, pero ¿qué hacer cuando se sufre la manifestación de la pulsión de muerte, ya sea la propia o ya sea la del “Otro”? La propuesta de la psicoterapia es muy clara: re-significar la existencia a partir de dicho acontecimiento, no sabemos si eso que sucedió es bueno o malo sino a partir de las consecuencias y la capacidad de re-significar la vida, a través de la resiliencia.

Un paciente sufre un robo en el cual comenta que su vida corrió peligro, en donde los ladrones pudieron golpearlo, secuestrarlo. Víctima del terror el paciente en cuestión agradece haber salido con vida de esa experiencia; re-significa su existencia a raíz de lo allí vivido, pone en una balanza su proceder y comienza a vivir una existencia nueva sabiendo la fragilidad de su paso por este mundo o citando a Milan Kundera: “La insoportable levedad del ser”.

El paciente en cuestión ha abandonado el síntoma que lo mantenía maniatado, ha re-valorado su existencia, piensa la vida desde otra perspectiva, claro que siente odio hacia sus agresores pero también se siente agradecido con la vida (o con Dios, que lo protegió con su “manto sagrado” en propias palabras del paciente) y pudo salir adelante después de ese trago amargo que le suscitó dicha experiencia. Tomó el teléfono público para avisar a sus seres queridos que todo estaba bien. Cuando tomó el teléfono público señala que fue como si hubiese cerrado una etapa de su vida, algo que había quedado abierto precisamente con una llamada de teléfono hace más de quince años.

La vida, Dios, el destino, la oración de la madre, la enseñanza del padre, todo se conjuga para que el ser humano pueda acceder a una vida con sentido. Es a partir de una “experiencia cumbre” que en su momento no sabemos si es “buena” o “mala” como la anécdota del padre de familia que tenía un hijo que fue atravesando diversas situaciones de la vida a las cuales el padre solo respondía: “esto es bueno, esto es malo, quién sabe”.

Re-significar la existencia a raíz de un acontecimiento que cimbra la consciencia, re-plantearse el lugar que se tiene en el mundo, saber valorar la vida y comenzar a vivir una vida con sentido. No quedarse en el discurso de “¿por qué me pasó esto a mí?” sino a partir de eso re-plantear las prioridades, saber qué es eso que constantemente se está repitiendo y que no deja avanzar, ese síntoma que entorpece y no deja vivir una existencia plena.

Me quedo pensando en eso que comenta el paciente: en esa experiencia en la que estuvo su vida en peligro. Quizá Dios estira las orejas de manera drástica a sus hijos que requieren de medidas extremas para tomar consciencia de su vida (“tocar fondo” dirán algunos). Dios, el destino, la vida misma, la consecuencia de sus actos, serendipia, cualquier cosa, lo importante es lo que se va a hacer a partir de eso, la vida que desea vivir siendo un hombre nuevo. En esta ocasión fueron unos ladrones, para otras personas el llamado a la vida puede ser a través de acontecimientos trágicos como una violación, un secuestro, la muerte de un ser querido. Vivir el duelo correspondiente y acompañado de un proceso de psicoterapia poder salir adelante; re-significar el acontecimiento y no quedarse en la posición de víctima, preguntarse qué es lo que se está haciendo mal y comenzar a re-plantearse su lugar, su ser-en-el-mundo. El replanteamiento de la existencia puede ser a través de dichos acontecimientos (que cualquiera quisiera estar exento de eso) pero también la vida llama con susurros al oído; a través del acompañamiento amoroso de la pareja, del cuidado amoroso de los padres, de la amistad brindada, un encuentro con Dios (de acuerdo a la creencia del sujeto) o también se puede re-significar la existencia precisamente a través de un proceso de psicoterapia, un proceso de análisis en donde el ser humano va y se escucha y logra saber eso que tanto le viene perjudicando la existencia sin necesidad de exponer su vida. Más vale un buen análisis a tiempo que lamentarse por las consecuencias de ese síntoma que no se quiso escuchar.

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*Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo y Psicoterapeuta. Miembro de APPCAC y SMP. 
Consulta privada en Monclova, Coah. Mx

El laberinto del deseo

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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Le escucho

Le escucho

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“Cuando descubre que el Otro miente, que el Otro no existe,
el sujeto adviene al encuentro con su deseo.”
(Isidoro Vegh)

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¿De qué estamos hechos? Estamos hechos de la misma naturaleza del mundo, de la naturaleza somos y a la naturaleza vamos, nuestro destino es la entropía, “polvo somos y en polvo nos convertiremos” resuena constantemente en nuestro pre-consciente cada mes de abril. El narcisismo de la especie humana ha sabido contener esos tres golpes asestados por Copérnico, Darwin y Freud: no somos el centro del universo, no somos una especie única y no somos conscientes de nuestros actos. El ser humano como un sujeto errante por el mundo buscando darle sentido a su existencia.

La cuestión de lo humano ha intentado ser interpretada desde la filosofía, el psicoanálisis, la biología, la sociología y hasta la poesía.

Para poder entender la cuestión de qué es el ser humano, primero tendremos que responder a la pregunta ¿quién es ese “Otro” que está a mi lado? ¿quién es ese “Otro” que está frente a mi? Y es a partir de allí y sólo entonces que podemos descifrar ese acertijo de lo que es el humano. El ser humano surge a través de la respuesta que demos a la interrogante ¿quién es ese “Otro”?

El Otro es el que inevitablemente viene a dar la estructura al Sujeto. El Otro es el que estructura; la madre en su momento, luego la Familia, luego la Institución Educativa, la Iglesia, la sociedad misma, el matrimonio y la muerte. Siempre vamos a tener a ese “Otro” representado en esas instituciones que darán forma y estructura al sujeto.

En un principio existe el binomio “Madre-Padre” que da estructura al sujeto; luego eso se desplaza en las instituciones que ya se señalaron. Si no estuviera el “Gran-Otro” ¿qué seríamos? Sin la mirada deseante del Otro simplemente seríamos objetos, cosas, cuerpos. El deseo del otro es el que encarna al sujeto, el deseo del Otro abre la posibilidad de que el niño pueda convertirse en algo, encarne la expectativa del Padre-Madre; si no hubiera Otro nos desestructuraríamos. Un ejemplo concreto: ¿qué sucede cuando no existe la mirada del Otro, cuando estamos solos en nuestro hogar y no está la mirada del Otro, la palabra, la presencia de ese Otro que nos estructura? El niño se atreve a soltar improperios, se convierte en una pequeña bestia salvaje que pide a gritos reglas y normas, alguien que lo estructure, que le diga qué hacer, que le diga cómo debe comportarse, alguien que lo ame. El adolescente ante la misma situación de soledad, ante la ausencia de ese “Otro” aprovecha para practicar el goce, piensa en hacerse daño, en sentir algo, experimentar placer ya sea cortando su cuerpo, ya sea explorándolo, el adolescente sin el Otro se topa con el vacío, con la nada, con la ausencia, avasallado por la angustia se refugia en lo que cree encontrará satisfacción momentánea. Llega el Otro y el sujeto vuelve a la estructura: el niño se pone a jugar sin maldecir, se re-conoce ante la mirada del Otro; el adolescente regresa a sus menesteres del estudio, prende el estéreo y apacigua sus deseos más primitivos y con una sonrisa complaciente se sabe estructurado por la mirada del Otro.

Tenemos pues que lo que da estructura, lo que hace ser humano al sujeto es el Otro, la mirada del Otro, la presencia del Otro y todo lo que eso conlleva. El “Gran-Hermano” que todo lo ve, que todo lo sabe, omnisciente, omnisapiente, el “Panóptico” siempre presente por los siglos de los siglos, desde que el hombre es hombre, desde que la especie humana construyó eso llamado consciencia (consciencia: “sea lo que fuere” dijo Freud).

El Sujeto se va a estructurar precisamente ante la mirada de la madre y del padre, es decir, ante la mirada amorosa de la madre y la mirada que castra del padre. La madre que ama y el padre que rompe, que castra, que impone su ley, que obliga al infante a buscar su propio “falo”, a desear más allá de la madre. Y a partir de eso el Sujeto se estructura.

Tenemos pues el primer axioma: el Ser humano se estructura a partir del deseo de sus padres. El sujeto surge a partir del deseo, de la catectización, de la mirada, de la Ley, de la expectativa que los padres depositan en sus hijos, en muchos de los casos la ecuación resulta favorable, si no, ya no tendríamos civilización. El punto toral de la presente argumentación es que el ser humano “es” a partir del deseo del Otro.

¿Qué pasa cuando el ser humano se cuestiona, se queja de eso que no sabe, cuando la existencia le resulta insoportable, cuando la piel que le heredaron sus padres le ha quedado insuficiente? Muchas de las veces el ser humano se topa con que hay algo en lo profundo de su ser que lo impulsa a cuestionar si en verdad está viviendo la vida que desea vivir, si está viviendo la vida de acuerdo a su deseo. Cuando se da cuenta de que no está siendo él sino una proyección, un síntoma de sus padres, (la encarnación de los sueños frustrados de sus padres, el “goce” negado en la vida de sus padres), comienza a elaborar esos síntomas molestos, ese malestar cotidiano, esa angustia, esa queja, esa demanda y es cuando acude al consultorio, cuando ya la vida no da para más, cuando sabe que por más “fuerza de voluntad” que tenga no puede salir adelante, que hay “algo” que lo detiene, que lo inmoviliza; y por lo regular ese “algo” no se sabe, ese “algo” pertenece a otro orden, al orden de lo inconsciente.

¿Eso quiere decir que viviremos siempre repitiendo el deseo de nuestros padres? ¿Seguiremos siendo una representación cómica del “ideal del Yo”? Desde el punto de vista del psicoanálisis y la psicoterapia psicoanalítica existe la posibilidad de un segundo momento, de re-estructurar la personalidad, de re-significar eso que constituyó al sujeto.

Cuando el ser humano se da cuenta de que “esa piel” ya no le queda, ya no le acomoda, que su deseo es otro, que la vida que ha estado viviendo ya no le satisface, llega el momento en que el sujeto se interroga,  sospecha de que cuenta con otros intereses, con otro deseo, ya no el de sus padres sino su propio deseo. Es cuando la psicoterapia propone esa transición. La psicoterapia como el proceso en donde el sujeto re-nace y se re-significa su estructura y su historia de vida.

El sujeto se estructura ante la mirada siempre del Otro. Lo mismo sucede en un proceso de psicoterapia, el Sujeto se va a estructurar ante la mirada de su psicoterapeuta. ¿Pero cuál entonces sería la diferencia? ¿Siempre va a existir el Otro que impone su deseo? La diferencia es que en la psicoterapia el sujeto se estructura frente a otro que lo escucha, ya no más frente al deseo de su madre y la mirada inquisidora de su padre, ahora se estructura bajo su propio deseo y bajo la escucha del psicoterapeuta.

La estructura de personalidad se moldea bajo la mirada de los padres, bajo el deseo de los padres. Lo que sucede en el consultorio psicoterapéutico es algo similar: vuelve a haber una “estructuración” (re-estructuración) de la personalidad con la salvedad de que ahora ya no es bajo el deseo del padre (mucho menos bajo el deseo del analista) sino ahora esa estructura de personalidad se crea a partir del deseo del propio paciente; y ya no bajo la mirada que tenía que civilizar o educar, sino ahora a través del propio discurso del paciente y la escucha atenta del analista.

La psicoterapia como ese necesario cambio de piel; algunos lo hacen poniendo piel sobre piel (tatuajes) otros intentando matar a ese otro introyectado, la desventaja es que en ese intento se llevan como consecuencia su vida misma (suicidio), otros cambian de piel sometiéndose al discurso de Otro Amo. En la psicoterapia no se trata de eso: de lo que se trata es ese volver a nacer, ese cambio de piel signado por su propio deseo ante la presencia del otro (el otro siempre presente, siempre estructurando) pero ese otro no está allí para juzgar, ese otro (psicoterapeuta) no está para decir “eso está bien, eso está mal”, al contrario, es en esa escucha en donde el sujeto encuentra su deseo inconsciente y lo que le toca es saber qué hacer con esa verdad esclarecida.

El paciente acude a la psicoterapia porque sabe que falla algo, porque la manera que ha venido solucionando sus problemas ya no le resulta, porque la angustia lo avasalla, porque ya no puede más con la culpa o con ese deseo que lo atormenta o ese goce que lo inmoviliza, acude a psicoterapia por ese conflicto inconsciente que se manifiesta a través de un síntoma que paraliza, que inmoviliza, que angustia. Y es en ese encuentro con su psicoterapeuta en donde empieza a andar algo, algo de lo que sospechaba o de lo que no tenía ni la más remota idea; se comienza a gestar una existencia que el paciente o la paciente está decidiendo. El proceso es doloroso, implica quitarse la piel con la que se ha vivido, implica muchas de las veces cuestionar lo que hasta ese momento ha creído, implica cuestionar, dudar, poner en el crisol la ideología que daba hasta ese momento sentido a su existencia. Pero al final se obtiene la gratificación, el resultado de haber construido la vida que desea vivir a partir de su propia decisión, no a partir del deseo de sus padres, del “Gran-Otro” o de su psicoterapeuta. El fin del análisis implica un sujeto nuevo, un re-nacer, una existencia experimentada de acuerdo a su propio deseo; parafraseando a Jacques Lacan: “El deseo, función central de toda la experiencia humana”.

No todo está perdido, hay una apuesta a otra cosa, hay una apuesta a “desmitificar” lo establecido, hay algo más allá de la mera ilusión. En el consultorio se lleva a cabo la enseñanza de Sigmund Freud: “Nos negamos de manera terminante a hacer del paciente que se pone en nuestras manos en busca de auxilio un patrimonio personal, a plasmar por él su destino, a imponerle nuestros ideales y, con la arrogancia del creador, a complacernos en nuestra obra de haberlos formado a nuestra imagen y semejanza”

Vivir la vida que uno desea es posible, solo basta escucharse con atención, con auto-observación, con honestidad, sinceridad, llegar hasta donde tope, hasta lo insospechado. Esclarecer lo turbio, traducir el mensaje acotado por el síntoma. Conocerse, aceptarse, poder cambiar lo que es posible cambiar y saber vivir con la condición humana que nos caracteriza. La cura por la palabra; no la palabra del “Otro”, sino la propia palabra, el propio inconsciente. Vivir la vida con menos sufrimiento, consciente de nuestras limitaciones pero también consciente de nuestro deseo. “La acción eficaz del análisis consiste en que el sujeto llegue a reconocer y a nombrar su deseo” (Jacques Lacan)

En el inconsciente está la verdad y dicha verdad quizá nos hará vivir nuestro paso por este mundo con un tanto cuanto de libertad. Viviendo con lo estrictamente personal, con lo que a uno le toca, sin la necesidad de estar cargando asuntos, pleitos, culpas que no nos pertenecen. Vivir de cara a la verdad, a nuestra verdad tejida por nuestra historia de vida, es un proceso doloroso, quizá también implica un proceso que lleve tiempo, pero sino se vive la vida que se desea vivir, entonces ¿vale la pena seguir viviendo una existencia prestada?

*Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa, Psicólogo y Psicoterapeuta. Miembro de APPCAC y de SMP. Consulta en Monclova, Coah. Mx. psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

 

Neurosis, psicosis y perversión; tres rostros de la condición humana

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen de artistasdelatierra.com

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Genio y figura hasta la sepultura. Hijo de tigre, pintito. El que nace para maceta no sale del corredor. Árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza. ¿Qué tienen en común estos refranes? Tienen un común denominador: la personalidad del ser humano siempre estará presente a lo largo de su existencia. No en balde nuestros ancestros recopilaron siglos de sabiduría en pequeñas oraciones postuladas como aforismos para designar las experiencias que da el paso por esta tierra.

El ser humano está constituido bajo una “estructura de personalidad” que se entiende como aquello que nos constituye, que nos hace “ser” en relación a nosotros mismos y al mundo, una manera de ser y estar en el mundo. Desde la lectura del psicoanálisis existen tres estructuras básicas: neurosis, psicosis y en medio de ellas la perversión.

¿Cómo se estructura el sujeto? ¿en base a qué experiencias el sujeto se estructurará? ¿de qué depende que un sujeto sea perverso, psicótico o neurótico?

La personalidad del ser humano se estructura en base a las primeras experiencias vividas en la más tierna infancia; experiencias de amor pero también experiencias de muerte. Experiencias de amor como el apego, el cariño, afecto, y la posterior separación-individuación.  Experiencias de muerte manifestadas a través del rechazo, el descuido, la falta de reconocimiento, la destrucción, aniquilación, el niño como prolongación de su madre, etc. Y todo esto en conjunto es lo que va a estructurar al ser humano, esas primeras vivencias quedarán troqueladas en lo más recóndito de su inconsciente y desde allí fraguará su existencia.

Las experiencias en la primera infancia y cómo se hayan éstas percibido van a quedar de alguna manera “fijadas” en la psique del infante, sobre todo las experiencias vividas como excesos: exceso de frustración y exceso de satisfacción. Amor y abandono. La falla que se instaura tendrá mucho que ver en esa estructura psíquica que se forma.

Todo se juega en el primer año de vida. ¿Cómo es que una persona tiene un “quiebre psicótico” y anda por la vida ensimismado en su propia realidad, en un solipsismo a perpetuidad? La persona que está estructurada bajo el designio de la psicosis (esquizofrenia, paranoia y bipolaridad) lo es por lo que vivió en ese primer año de vida, cuando su “Yo” se estaba formando, no hubo algún referente, hubo en cambio una madre psicotóxica, ajena a su función de madre, enajenada con otros menesteres, abandonando al infante a su propia suerte; no hubo una madre que catectizara al infante (llenarlo de amor) y por lo tanto el “Yo” no logró estructurarse. Un Yo débil que a la postre, ante algún evento traumático regresará al allá y el entonces y al no haber la estructura básica necesaria tendrá el quiebre psicótico. De adulto tenderá a la psicosis ante un medio adverso y una estructura que ya trae desde la infancia.

En el neurótico opera otra cosa, el neurótico (fóbico o histérico u obsesivo) libró ese primer año; su “yo” logró estructurarse a través de introyecciones, pasa a un segundo momento, a una segunda estructura, la estructura neurótica en donde su yo estará en constante conflicto con la realidad, con las demandas del Ello y con las exigencias del Superyó. Como se dice coloquialmente en las aulas de la Facultad de Psicología: “Todos somos neuróticos gracias a Freud”.

La característica principal del neurótico es ese constante conflicto con la realidad; realidad que le frustra, realidad con la que siempre está en constante conflicto. El neurótico por un lado está bajo las demandas del principio del placer pero por otro lado está también bajo el yugo de las demandas del principio del deber. En cambio en la estructura psicótica sucede otra cosa, la persona que se ha estructurado bajo la denominación de la “psicosis” tiende a  evadir la realidad, no le gusta; por lo tanto “crea” una realidad alterna: “No soy yo el malo, son ellos los que me persiguen”; su síntoma como un intento de re-equilibrio.

¿Cómo se relaciona el neurótico, el psicótico y el perverso con el “Otro”? ¿cuál es su posición existencial como ser-en-el-mundo? Tomemos de ejemplo el constructo “demonio”. Para el neurótico los “demonios” con los que tiene que luchar son sus padres, su jefe, los compañeros de trabajo, la falta de dinero, la insatisfacción sexual, la obsesión; es decir, son demonios “simbolizados”, demonios que tienen que ver precisamente con eso que ocurrió en su infancia y retornan a su existencia representados en personas de carne y hueso en los que deposita las frustraciones que vivió en el allá y el entonces.  Siguiendo con la misma alegoría, los demonios para el psicótico son demonios reales, demonios que lo persiguen. Demonios que existen y que atraviesan paredes, que se le aparece en su cuarto, nadie más lo ve, demonios que se esconden en sus botas, demonios que le susurran cosas al oído.

Tenemos pues que el constructo denominado “demonio” es experimentado para el neurótico a través del simbolismo, en cambio el demonio para el psicótico existe realmente. Sólo nos queda la estructura perversa: en el perverso el “demonio” es él mismo. El perverso como el demonio encarnado.  El perverso es un “niño grandote” que no le pusieron reglas, normas, límites, no hubo un padre que lo castrara; ausencia de la figura paterna que le pusiera límites, que le castrara su deseo, el perverso goza por ese medio. Su goce es un goce infantil, goza como lo hiciera un infante sádico, mortificando la existencia del otro, saciando sus pulsiones perversas importándole solo él.

¿Cómo se relaciona cada persona dependiendo de su estructura con los fenómenos oníricos (el sueño)? El neurótico tiene una pesadilla y al despertar sabe que solo fue un mal sueño, o un sueño erótico que solo queda en eso, en sueño. El perverso lleva a cabo lo que el neurótico sueña.  El psicótico vive en un sueño eterno en donde ángeles y demonios existen en su vida real.

O también podremos comprender la relación que tiene cada estructura de personalidad con el “Otro”, por ejemplo: se dice que el neurótico tropieza siempre con la misma piedra, de hecho el neurótico no solo tropieza con la misma piedra, él mismo la pone para tropezar con ella (compulsión a la repetición). La relación del perverso con la piedra sería una relación de fetiche; tomaría a la piedra no para tropezar con ella sino para fetichizarla, sodomizarla, erotizarla, o buscar hasta por debajo de las piedras para ver con qué más gozar. El psicótico se pondría a platicar con la piedra.

Infancia es destino y allí se jugará gran parte de lo que el ser humano será en su vida adulta. Será desde allí como tomará decisiones, cómo se enfrentará a las situaciones cotidianas de la vida. Todo esto ha quedado troquelado en el inconsciente del ser humano y desde allí estará demandando ser reconocido. Intentará salir a la luz y por lo regular lo logra, pero ese “salir a la luz” lo hace a través de una máscara que denominamos síntoma y es precisamente ese síntoma lo que no permite al ser humano andar por la vida ligero de equipaje. El síntoma (depresión, ansiedad, estrés, trastorno alimenticio, obsesiones, relaciones amorosas no sanas etc.) como manifestación de eso que incomoda, de eso de lo que se quiere hablar pero que la sociedad insiste en que se debe callar. El síntoma existe por algo, no se trata de simplemente modificarlo o callarlo, al contrario, hay que escucharlo, interpretarlo, traducirlo. El síntoma está allí por algo y el consultorio es el lugar idóneo para escuchar lo que tiene que decir a través de la propia palabra del paciente, del que sufre ese malestar que por lo regular se esconde detrás de un “No sé lo que me pasa”.

La psicoterapia como ese lugar idóneo en donde se puede escuchar el discurso del paciente y saber eso que está allí pero que por ser precisamente inconsciente no se sabe. Hablar ese sueño “perverso” que aterra, platicar de esos demonios simbolizados, comprender esa compulsión a la repetición que impulsa a poner la piedra para tropezar con ella. Descubrir la propia verdad, la propia constitución, la propia estructura de personalidad, aceptar de lo que estamos hechos y comenzar a construir la vida que se desea vivir.

*Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo y Psicoterapeuta
Monclova, Coah. Mx

El pequeño Freud

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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imagen de allposters.com

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“Lo que se calla en la primera generación… la segunda lo lleva en el cuerpo”
F. Dolto

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 “Infancia es Destino” ¿Qué hay detrás de este apotegma? Dicha frase hace referencia a que lo que sucede en los primeros años de nuestra existencia va a marcar nuestra vida futura; lo que sucede en la primera infancia es la vida original, lo demás es una re-edición de  esas experiencias y acontecimientos del allá y el entonces; por eso la gran importancia que dentro de una psicoterapia se aborde la experiencia del paciente respecto a los recuerdos que tiene de su niñez, que pueda acceder a dichas vivencias a través de su propia palabra.

¿Por qué querer hablar del “Pequeño Freud”? quizá para poder entender el origen del psicoanálisis; remontarnos a la niñez de Freud, a la primera infancia, a sus primeros recuerdos, sus primeras “imagos”, sus fantasmas, sus recuerdos, sus experiencias que quedaron troqueladas en su inconsciente y que a la postre daría material para crear el psicoanálisis que tanto ha aportado para comprender la concepción de la naturaleza del ser humano, sus patologías, sus deseos; todo esto a través de la escucha del discurso del paciente que sufre e intenta saber el porqué de ese malestar.

De entrada pensemos en Sigmund Freud como el creador del psicoanálisis, ¿cómo llegó a construir dicha propuesta? Tuvieron que pasar demasiados acontecimientos en su vida y en su obra para por fin “parir” dicha teoría que en la actualidad continúa vigente sobre todo por su aportación a la comprensión del ser humano a través de la escucha del inconsciente y sus manifestaciones.

Sabemos que Sigmund Freud constantemente buscaba ser reconocido, admirado, ya sea por algún descubrimiento, alguna aportación, o algo que catapultara su nombre hacia la inmortalidad. Quizá por el mensaje que quedó cincelado en su inconsciente que su madre Amalia constantemente le repetía; que sería un hombre grande, un hombre de éxito. Recordemos que “Nadie puede traicionar el deseo inconsciente de una madre”. Y por otro lado estaba su padre Jakob, el que lo reprendía, su padre del cual recuerda aquel acontecimiento en donde se baja de la banqueta ante la afrenta de un peatón insultándolo por su condición de judío.

Sigmund Freud recuerda que su padre lo reprendió alguna vez (por orinar deliberadamente en el cuarto de sus padres, a los siete años de edad) y las palabras que utilizó fueron: “este niño nunca llegará a nada”. Quizá de aquí se puede desprender la siguiente hipótesis: la teoría de Sigmund Freud como una respuesta al reto que el padre le auguraba como destino manifiesto; el psicoanálisis como el éxito ante la predicción fallida de frustración del padre.

La teoría de Freud se centra en la importancia del vínculo madre-hijo; su teoría como una hipótesis en donde la madre es el centro y lo demás girará en torno a ella. Se deduce por lo tanto que el “Complejo de Edipo” propuesto por Freud tiene su más arcaico origen precisamente en su vivencia como hijo. Sabemos que la hipótesis del complejo de Edipo le surge a través de un sueño, pero también es importante señalar cómo fue construyendo su idea del complejo de Edipo a través de las vivencias y palabras que le decían sus padres: su madre palabras de aliento (amor) y su padre palabras de realidad, de castración. Es así como Freud comenzó a construir la universalidad del complejo de Edipo: Amor hacia la madre y rivalidad hacia el padre. (Estos últimos deseos de parricidio que Alejandro Jodorowsky señalaría como un delirio de Freud).

Otro rasgo de la indudable seguridad que Sigmund Freud tenía sobre su influencia en el pensamiento contemporáneo es cuando en abril de 1885 le escribe a su amada Marta que quemó todos sus diarios de los últimos catorce años (esa sería la primera vez, la segunda fue en 1907). ¿Por qué estaba tan seguro Sigmund Freud que sus “biógrafos” lamentarían ese acto? Aquí la respuesta en las propias palabras de Freud: “Cuando un hombre ha sido el favorito indiscutido de su madre, logra conservar durante toda la vida un sentimiento de vencedor, esa confianza en el éxito que a menudo conduce realmente al éxito”. La madre así lo creyó y el hijo solo se encargó de llevar ese deseo a buen puerto.

El padre de Freud bien pudo haber pasado por su abuelo. Jakob Freud ya había estado casado pero enviudó, tuvo a Sigmund a los 40 años, se casó con Amalia Nathansohn que aún no cumplía los 20 años. Sigmund Freud fue el primogénito y tuvo cinco hermanas y dos hermanos, de los cuales Julius, el hermano que le seguía falleció a los 8 meses. Este dato resulta ser revelador en la biografía de Freud ya que desde pequeño se topó con la realidad de la muerte. Así, la muerte, el nacimiento (la vida) y el amor formarían parte importante en la constante construcción de su teoría psicoanalítica.

Jakob Freud y Sigmund Freud tenían algo en común: la elección de una mujer que estructuraba la personalidad del marido a tal grado de “dejarse conducir por ella” según palabras de Ernest Jones.

Sigmund Freud narra un acontecimiento que marcaría sus ulteriores relaciones interpersonales, menciona que tenía un sobrino (de nombre Hans, por cierto, el nombre de “Hans” lo acompañaría por siempre) con quien jugaba pero también discutía, esto lo llevó a la conclusión de que en la vida de adulto re-editaba aquél juego con su sobrino de amor-odio, en donde en un primer momento elegía a sus amistades pero posteriormente se convertían en sus archirrivales. (Como ejemplo está la relación ambivalente que sostuvo con Fliess, Breuer, Ferenczi, Jung). “Un amigo íntimo y un odiado enemigo fueron siempre indispensables a mi vida emocional”. Ernest Jones escribe que esa relación con su sobrino Hans “constituye el primer signo de que la constitución sexual de Freud no era exclusivamente masculina”.

Por lo tanto, partiendo del axioma básico en psicoanálisis de que el infante es el síntoma de los padres, que es la encarnación de los conflictos psíquicos inconscientes no resueltos de los padres; ¿qué síntoma introyectó Freud de sus padres? ¿acaso ese desafortunado suceso en donde ve a su padre caer del lugar del héroe para posteriormente él superarlo y resarcir aquella afrenta? ¿Toda su vida como una oblación hacia sus padres con el intento de revertir esa exclusión emanada del repiqueteo de las campanas que escuchaba en su infancia, que llamaban a los cristianos al culto y a ellos, a los judíos, los mantenía en el ostracismo? ¿El psicoanálisis como una respuesta que vendría a desmitificar esas reglas por las cuales fue excluido por su condición de judío, él y toda su familia?

Sigmund Freud, un hombre insatisfecho que no se conformó con lo establecido, que sospechó de la moral, que sospechó de las reglas de convivencia de la sociedad y que descubrió la naturaleza del hombre, la bestia que se escondía detrás de esas reglas que dictaba la sociedad. Sigmund Freud, el favorito de su madre, le hizo caso y le fue bien. Muy bien. Políglota que desde pequeño (a los ocho años) leía en inglés las obras de William Shakespeare, que por cierto, no creía que el escritor fuera de Inglaterra, más bien era de la opinión que alguna vez habría escuchado a un maestro suyo, que en realidad William Shakespeare era un ciudadano francés de nombre “Jaques Pierre”.

La vida de Sigmund Freud está íntimamente ligada con su propuesta teórica. Olvidar este detalle sería perder de vista la subjetividad por la cual atraviesa la propuesta freudiana; una propuesta que no considera ser legitimada por el discurso de cualquier “Amo”, una propuesta que concibe al hombre desde su más recóndita naturaleza. Las ideas de Freud siguen vigentes hoy en día, tanto para comprender la “miseria” humana como también para escuchar lo que el paciente desea saber a través de su propia palabra. El psicoanálisis como esa brújula para acceder al inconsciente, al deseo más recóndito, al sueño enigmático, al síntoma que causa malestar pero que a la vez encierra un gran significado que al comprenderse dará sentido a la existencia. Re-significar la vida misma a través de la escucha, escuchar los propios demonios, comprender a los propios fantasmas y dejar de luchar contra ellos, reconciliarse con lo que uno es y a partir de eso construir lo que uno desea llegar a ser.

La infancia de Sigmund Freud como fiel reflejo de lo que sucede en el acto analítico. La infancia de Freud que preparó con mucho cuidado lo que a la postre lo inmortalizaría. El psicoanálisis como el legado de esa historia que comenzó a gestarse en la más pequeña y tierna infancia de Sigmund Freud.

Referencias:

Freud, Sigmund “Publicaciones prepsicoanalíticas y manuscritos inéditos en vida de Sigmund Freud” en Obras Completas Tomo I Amorrortu Ed.

Freud, Sigmund “Estudios sobre la Histeria” Obras Completas Tomo II Amorrortu Ed.

Freud, Sigmund “Presentación autobiográfica” Tomo XX Obras Completas Amorrortu Ed.

Jones, Ernest “Vida y obra de Sigmund Freud” (I) Ed. Anagrama

 

Autor: Carlos Arturo Moreno De la Rosa
Psicólogo y Psicoterapeuta
Miembro de la Sociedad Mexicana de Psicología
Miembro de la Asociación de Psicólogos y Psicoterapeutas de Coahuila A.C.
Egresado de la UANL (Monterrey, N.L.)
Consulta privada en la ciudad de Monclova, Coah. Mx. 

Disquisiciones en torno a la existencia humana

Carlos Arturo Moreno De la Rosa

@CarlosLector

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“Fabulaciones” by Lic. Ivan Carbonell Guerra en artistasdelatierra.com

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“El planeta es la casa hospitalaria y generosa de la humanidad.
Es el hombre el que instala en ese bello planeta el egoísmo y el interés mezquino”
Jorge Villegas

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¿De qué se trata la existencia? Esa es la pregunta reiterativa que pervive en mi inconsciente. La vida, sabemos de antemano, es efímera, ya nos lo dijo magnánimamente Milán Kundera, y a pesar de eso no hemos dejado de lado ese vicio maldito y arraigado en nuestros genes de amargarnos la existencia. Uno es un loco que anda por la vida intentando encontrar respuestas a interrogantes que ni los más connotados filósofos, teólogos o psicoanalistas han sabido responder.

Una de las respuestas que más ha tenido aceptación respecto al sentido de la vida, es el amor; vivir una vida con amor, amor a los hijos, amor a los padres, amor al trabajo, amor a Dios, amor al prójimo. “Ama y haz lo que quieras” decía San Agustín. El amor como epicentro de la existencia humana. Pero un amor concreto, no un amor abstracto, que a la postre es más dañino que el mismo odio.

Desde que el hombre se precia de ser un sujeto pensante ha intentado dar explicación a su posición existencial en este mundo. A lo largo de la historia de la humanidad el ser humano ha creado constructos epistémicos con la intención de aprender y aprehender el mundo que le rodea. En un principio la mitología jugaba el papel que hoy juega la ciencia. Antes el hombre intentaba explicar la causalidad de las cosas mediante un silogismo tan sencillo que terminaba padeciendo las consecuencias nefastas de ser un títere de un Dios masoquista. Conforme fue avanzando en obra y pensamiento, ese sujeto impostor y artificial que está en el mundo invadiendo la biodiversidad ha ido permeando sus pensamientos a tal grado de hacerse responsable de sus hechos y sus consecuencias.

Existen tantas explicaciones sobre el sentido de la existencia como tantos teóricos puedan lanzar sus hipótesis. Unos afirman que deberíamos replantearnos nuestro ser-en-el-mundo y volver a las comunidades primitivas en donde las relaciones interpersonales estaban pactadas no por el mercado, ni por el dinero ni el consumismo, sino por una ética dictada desde el corazón.

En la actualidad somos testigos de cómo se ha ido incrementando la libertad del hombre y con ello la capacidad de decisión, pero si al ser humano se le da la oportunidad de decidir también es urgente que ese ser humano esté socializado, esté civilizado, o ya de perdido que ese sujeto esté “educado” en el más amplio sentido de la palabra, porque si no se cumple dicho requisito el hombre decidirá erradamente y de eso ya nos estamos dando cuenta.

Le hemos dado la espalda a Dios y a todo lo que eso representa, creímos que el ser humano ya era un adulto que podía decidir sobre su propia existencia. Decidimos vivir emancipados. Apostamos por la libertad y perdimos. Estábamos errados; el ser humano apenas es un púber que se quiere comer el mundo, un puberto que no le importa fastidiar la existencia del otro con tal de conseguir su objetivo. Nos equivocamos al decir que Dios había muerto, aún lo necesitábamos. Ahora ya es demasiado tarde. Habrá que inventar otro Dios que nos diga qué hacer en caso de emergencia.

Ser-en-el-mundo…

Autor: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

A nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo tenga la culpa.
Montaigne
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Sui géneris la filogenética del hombre posmoderno; primero fue “homo sapiens”, luego fue “homo videns”, luego “homo ludens” y ahora es “homo vitium”. Hombre vicioso. En plena era de la posmodernidad es ridículamente imposible concebir a un sujeto que no tome café, fume cigarro, sea alcohólico, ludópata, ciber-adicto, adicto al sexo, etc. etc. Podemos seguir viviendo echándole la culpa al “otro” de nuestras desgracias, o podemos decidir asumir el compromiso existencial, ser responsable de nuestra vida, hay de dos sopas.

Dentro de la psicología existen dos constructos básicos en cuanto a asumir el rol existencial en la vida: locus de control interno y locus de control externo. El “locus de control externo” se refiere a cuando culpamos a los demás de nuestras tragedias, llámese “los demás” como “Dios”, “Gobierno”, “Autoridad”, “Patrón”, “Jefe”, “partidos políticos” etc. cuando nos juntamos con los amigos y arreglamos el mundo en un “Starbook”, en una cantina o en el café de Don Chuy. Locus de control externo: preferimos delegar la responsabilidad existencial, el compromiso de vida.

La otra manera de vivir es mediante el “locus de control interno” en donde el sujeto asume las consecuencias de sus actos, en donde planea su existencia, en donde tiene un proyecto de vida, un objetivo y asume las consecuencias de sus actos, se sabe jodido pero por su culpa y no por “Dios” o por el “Maldito Gobierno”. Vivir bajo el locus de control interno es tomar decisiones en la vida y asumir sus consecuencias sin echar culpas. Vivir bajo el locus de control interno es asumir que “la felicidad es de quien la trabaja”, vivir haciendo feliz a la pareja y no esperando que la pareja haga feliz mi estancia en este mundo.

Javier Sicilia nos está dando un gran ejemplo de lo que debemos hacer con nuestra postura existencial; él, ante la muerte de lo que más amaba en la vida, no se echó a la depresión, no está culpando al Gobierno, llorando, sin hacer nada, esperando el final del sexenio, al contrario, está exigiendo que cada quien asuma su rol (dice que Felipe Calderón es el responsable, mas no el culpable, añadiendo que todos somos responsables) y él está convocando a que esto se detenga, a que la barbarie en la que estamos inmersos deje de ser. Javier Sicilia llama a “corresponsabilizarnos” a comprometernos.

La vida misma es la que está en juego, uno vive asumiendo su responsabilidad existencial, y bajo esta premisa afirmamos  que el acto del suicidio es una estupidez, porque es un sujeto que culpa de sus desgracias al otro, al eterno otro, “me mato porque no puedo más” clásico ejemplo de locus de control externo.  No podemos seguir viviendo la existencia bajo la bandera del locus de control externo, es decir, seguir viviendo quejándonos de todo. La propuesta es asumir la vida como tal, sonreírle a la vida, proponer en lugar de estar quejándonos por el mal-estar de la vida.

Agarremos al toro por los cuernos, tomemos decisiones trascendentales y asumamos sus consecuencias, que de eso se trata la vida.

@CarlosLector

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa (Monclova, Coahuila.)

Hasta donde la pasión te lleve

Carlos Arturo Moreno De la Rosa

@CarlosLector

Imagen tomada de 3.bp.blogspot.com

[…] hacer lo que venimos a hacer aquí, a vivir lo que más vale de vivir y encontrar tu segunda identidad. […] confundidos no sabemos mirar, hasta que eres sincero y dices…
Fernando Delgadillo.

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-Oye, ¿y a ti, te gusta tu trabajo?“Pues… me da para comer”.

Cuántas veces no hemos escuchado en los domingos a adultos que espetan estentóreamente la  siguiente frase: “chin, ya mañana es lunes, a trabajar.”

Tal parece que la sociedad actual se empeña en frustrar los sueños, deseos y anhelos de los habitantes del planeta tierra. Educamos para que nuestros hijos cuando lleguen a ser adultos sean unos sujetos que encajen perfectamente en el engranaje de la Gran Maquinaria que dicta la economía en turno.

Los papás en la actualidad se espantan cuando su hijo les dice que quiere ser pintor, bailarín, escultor, filósofo o músico de rock and roll. Entrenamos a los infantes para que sean productivos, los disuadimos de sueños tan “irreales e infructuosos” como pensar ser artista, fisicoculturista, futbolista, beisbolista, escritor. Educamos a los pequeños con el firme propósito de que adquieran las competencias básicas para que sean sujetos productivos para la Sociedad.

¿Qué le apasiona a tu hijo? ¿Qué le apasiona a tu alumno? ¿A qué se quiere dedicar toda su vida? ¿Qué le hace feliz? ¿Qué quisiera estar haciendo el día entero? Parece ser que los que trabajamos para la Educación hemos perdido esa brújula, nos dedicamos a que nuestros alumnos completen los contenidos, a que logren los aprendizajes esperados, a que adquieran las competencias estipuladas por la OCDE. Lentamente nos estamos olvidando de la esencia de la existencia: venir al mundo a disfrutar. Venir al mundo a ser feliz. Será quizá tal vez por eso el gran incremento de jóvenes que afirman que su existencia no tiene sentido, es por eso que vemos jóvenes deprimidos, es por eso que a muchos esta vida, la vida que se les ha planteado e impuesto no les satisface y deciden retirarse antes de tiempo.

Recientemente me comentaba un colega que si él tuviera un hijo y ese hijo descubriera que le apasiona algo en la vida, como por ejemplo pintar, escribir, ser artista, escultor, músico, que él le pagaría esa pasión: “Qué importa que esa pasión no le dejara dinero para vivir, pero sin duda mi hijo sería inmensamente muy feliz, porque estoy seguro que si sigue haciendo lo que le apasiona tarde que temprano eso le dará para vivir”… como a Fernando Botero, por ejemplo.

Quizá tenga razón mi colega, habrá que ver detenidamente cuál es la pasión de nuestros hijos, cuál es la pasión de nuestros alumnos, ver qué les hace ser felices, ver qué les hace vibrar de emoción.

Vivir la vida haciendo lo que te apasiona, lo que te gusta, claro, esa pasión de preferencia debe estar socialmente aceptada evitando en lo posible crear conflictos con el contexto en el que vivimos.

La vida ofrece oportunidades para re-pensar y re-plantear nuestra existencia, deshacernos de situaciones, eventos y prejuicios que solamente afligen a uno.

Deberíamos hacerle caso a lo que hace tiempo escribió Simone De Beauvoir: “Si no vives la vida que deseas vivir, es mejor morir”.

La Conquista de la Felicidad

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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La felicidad del hombre tiene por nombre “yo quiero”
Federico Nietzsche

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Dicen que la felicidad está a la vuelta de la esquina ¿en qué consiste la felicidad?

Muchos prominentes psicólogos, psiquiatras, psicoanalistas, filósofos, teólogos y músicos de rock and roll tienen su propia versión sobre la conquista de la felicidad.

Recuerdo haber escuchado que la felicidad se encontraba comiendo un puñado de almendras o de nueces, otros afirmaban que comiendo chocolate. Sigmund Freud nos dijo que evitáramos hasta cierto punto la represión y viviéramos a plenitud nuestra sexualidad, consejo que en la posmodernidad se ha llevado al extremo al tal punto de que varios psicólogos afirman lo contrario, un poco de represión no nos caería mal. Erich Fromm afirmaría que ahora lo que está reprimido no es la sexualidad, sino el amor, el compromiso con el otro, el construir. Bertrand Russell afirmaba que la felicidad se tiene que conquistar, que no solamente se busca y que no solamente se da; se tiene que conquistar.

¿Por qué la gente vive con problemas? Epicteto afirmaba que  los hechos o la realidad no tiene nada que ver con el malestar del hombre, que es más bien la percepción de la realidad lo que le fastidia la existencia al ser humano. La felicidad como cuestión de percepción, cuestión de actitud, cuestión de hábitos.

Para poder vivir de acuerdo a las normas que rigen la convivencia de la sociedad es necesario hacer solamente una cosa, pero esa sola cosa debe tener tres características. El ser humano, de acuerdo a la época en la que estamos viviendo (la posmodernidad) debe encontrar una actividad que le apasione, pero esa actividad que le apasiona debe ser socialmente aceptada y además debe percibir alguna utilidad.

El ser humano debe tener muy en claro qué es lo que le apasiona en esta vida, como por ejemplo ser bombero, artista, profesor, médico, vendedor de algo o músico de rock and roll, encontrar eso que te apasiona, pero eso que te apasiona debe estar socialmente bien aceptado y que le paguen por ello ya que por ejemplo algún lector despistado podría aseverar que lo que le apasiona sería por ejemplo ver la televisión, estaría cumpliendo solamente con el primer requisito que sería encontrar algo que le apasiona, pero faltarían los otros dos requisitos, que es lo socialmente aceptado y el pago por la actividad; ver la televisión gran parte del día no está socialmente bien visto y no creo que alguien pague para que te dediques a ver la televisión, claro, hay sus excepciones como por ejemplo el trabajo que tiene Álvaro Cueva. O también otro despistado lector diría “a mi me apasiona estar todo el día en Twitter”, estaría cumpliendo con el primer axioma, encontrar una pasión, pero estar tuitenado todo el día no es bien visto y a muy pocos les pagan por eso. Otro diría “a mi me gustaría tener sexo todo el día”; estaría cumpliendo con la primera regla, haría lo que le apasiona, estaría cumpliendo con la tercer característica que es el pago por ello pero no estaría cumpliendo con el segundo punto que es hacer una “actividad socialmente aceptada”.

Es por eso que aquí usted va a encontrar el secreto de la felicidad: la felicidad consiste en tomar suficiente agua durante el día (dependiendo del peso y estatura de la persona), hacer ejercicio y no cenar.  Creo que eso ya lo había dicho Spiderman, palabras más, palabras menos.

En eso radica la felicidad, en lo básico, haciendo estas tres cosas (tomar agua, ejercicio y no cenar) sería el principio de la conquista de la felicidad, claro, después llevar a cabo las tres reglas básicas de la elección de vida (hacer lo que me plazca, que sea socialmente aceptado y que perciba dinero por ello) y por último hacerle caso a Epicteto: “Lo que te fastidia en la vida no son los hechos, si no la percepción de ellos”. Por lo tanto, como dijeran muchos colegas psicólogos: “La felicidad se resume a esto: Todo es cuestión de actitud”.

Twitter: CarlosLector

El ser humano, un poquito más evolucionado que un orangután.

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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“Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros”
Groucho Marx

Habrá que replantearnos el lugar del ser humano, su ser-en-el-mundo. Últimamente se ha venido  sobrestimando la posición existencial de lo humano. Para explicarnos muchas de las conductas del hombre como tal, deberíamos partir de una premisa lógica, básica y simple: somos unas bestias y como tales deberíamos partir de ese principio. “U-uu a-a” (léase como onomatopeya del chimpancé).

Continuamente llegan a preguntarme madres de familia angustiadas el por qué  sus hijos no hacen caso, pues déjeme decirles señoras que sus hijos no hacen caso y no harán caso y nunca harán caso; me gustaría decirles que deberán aprender a vivir con ello. O simplemente cuando me preguntan: “oiga psicólogo, mi hijo se porta mal, ¿qué le digo para que ya no se porte mal?” Pues dígale que se porte bien, alcanzo a decir solamente para mis adentros, al puro estilo de la Navaja de Occam, y cobrar por ello quinientos pesos, que al cabo ese es el juego que los adultos jugamos; el paciente que deposita en su psicoterapeuta toda la fe de su cambio, ya que es el “Sujeto que se Supone que Sabe”.

También es muy común el caso de las señoras que se quejan de su marido: “Señora, -le digo, o pienso decirle, – tiene de dos sopas, o lo deja y con ello deja de quejarse o se queda con él pero también debe de dejar de quejarse ya que usted está decidiendo quedarse con él”, osea uno no entiende a esas señoras que por todo se quejan, tan sencillo es mandar a su macho a chingar a su madre, pero no, allí están quejándose de la amarga existencia.

El ser humano es un animal y como tal habrá que tratarlo, a los niños se les condiciona para que sean funcionales en una sociedad determinada, entonces ¿por qué existen los problemas? Uno no se explica las aberraciones que a diario salen en el periódico como por ejemplo la muchacha que mató a su mamá o el padre de familia que tortura a su hija o la mujer que asesina a su pareja. O una de dos, o estos casos confirman lo que aquí comento, en el sentido de que son unas bestias que no fueron cabalmente socializados o simplemente no alcanzan a ver el lugar existencial que ocupan en el mundo.

Habrá que cambiar de filosofía, habrá que desmitificar esa concepción metafísica que se tiene de lo humano, habrá que des-angelizar a la bestia, hay que reconocer al hombre tal cual es; somos unas bestias, somos un poco más evolucionados que cualquier orangután, pero allí está en detalle, somos solo “un poco más evolucionados” la cuestión radica en eso precisamente, en el “un poco”.

Imagino un orangután manejando, o un orangután educando a sus hijos, un orangután cortejando a su pareja. Seres humanos jugando a que ya no son bestias, a que ya no son orangutanes, a que ya no se comunican por medio de fugaces sonidos guturales y que se han inventado todo un vocabulario complejo para designar a las cosas y sus significados.

Eso es lo que somos, unas bestias jugando a ser sujetos sociales, jugamos a vivir bajo una ética sin sustento, jugamos a perpetuar la civilización cuando en realidad somos unas simples bestias jugando un juego perverso, un juego de disfraces, un juego en donde gana el que tenga la mejor máscara, el que sea mejor “persona”, (persona, del griego máscara).

Se hacen muchos intentos por parte del Estado a través de sus instituciones para poder “controlar a la bestia” para que el juego de la “Civilización” continúe. Sabemos que la Civilización es una farsa y como tal hay que preservarla, primero lo hizo la religión, luego el humanismo, luego el laicismo y su escala de valores, luego la ciencia nos prometió que nos salvaría, pero a estas alturas la Sociedad se está resquebrajando, la Sociedad se está yendo al traste, en pocas palabras la Sociedad está “valiendo madres”; las instituciones que antes daban sustento a cualquier cultura ahora se tambalean; la Iglesia, la Educación, la impartición de Justicia, la Familia, el matrimonio, todo se está restructurando, y para que se re-estructure es necesario desvalijarla, tumbarla, derruirla y volver a construir.

¿Y qué con esto? Nada, no propongo una teoría, no propongo una solución, mucho menos un cambio utópico, simplemente describo lo que pasa, lo que acontece, la “naturaleza artificial” de la que somos parte; Nietzsche dijo “Humano, demasiado humano”, ahora diría “Bestias, demasiado bestias”.

 CarlosLector


La educación en el hogar: un acercamiento desde la posmodernidad

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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 “Papás, maestros, seamos duros, seamos estrictos, seamos disciplinados con nuestros hijos, ahí empieza todo, ahí está la semilla que necesitamos”.
 Melchor Sánchez De la Fuente, Alcalde de Monclova, Coahuila, (en nota del periódico Zócalo).
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Educar es una tarea imposible, ya nos lo advertía Sigmund Freud. Y más ahora; educar en tiempos de la posmodernidad se ha convertido en una misión imposible, en un deporte extremo, en una lucha eterna, sin límite de tiempo, pactada a infinitas caídas. Eso es lo malo, se ha visto la Educación en el hogar como una lucha entre padres contra hijos. ¿En qué momento las criaturas todas bellas, todas lindas se convirtieron en el hazme reír de los padres inexpertos, hedonistas, superfluos, banales y demás? Educar en el hogar es un caos, muchos padres desisten y le encargan a la nana esa tarea, educar a los pequeños, o ya de perdido que la televisión sirva para algo y los ponen frente a la tele para poder hacer la vida más llevadera.

La autoridad en el hogar se ha visto demasiada relajada, antes con una sola mirada hacíamos caso a nuestros padres, ahora, hasta el Alcalde de Monclova llama a la ciudadanía a ser “mas estrictos con sus hijos” que un buen ciudadano se forja en casa.

Recientemente en Monclova un padre de familia torturó a su hija quemándole una rodilla con un cigarro. ¿Hasta dónde está permitida la disciplina, el castigo, las reglas? ¿Quién impone el parámetro de lo permitido? Recuerdo que en los años ochentas los psicólogos afirmaban que no se les debería pegar a los niños porque si no les causaban traumas. Es cierto que nuestros padres crecieron bajo una rigurosa y muy estricta disciplina en el hogar, eran comunes los golpes con una vara o con un cinto, lo mismo sucedía en la Escuela, los profesores contaban con el aval de los padres de familia para utilizar cáscaras de nuez e hincar a los chamacos que fueran causantes de algún disturbio, ponerles orejas de burro o golpes en las palmas de las manos. Ahora es diferente, los alumnos se escudan en los “derechos del infante” y los padres se niegan a ejercer su autoridad para no recordar los traumas de su infancia.

¿Cómo educar a los niños-hijos de la posmodernidad? Las nalgadas son válidas, claro, dentro del límite de tolerancia, estamos hablando de pequeños que aún no logran percibir la gravedad de sus actos, como haberle pegado a su hermano menor, por ejemplo; pero no es recomendable andar dándole nalgadas a los peques, es un recurso que se debe utilizar en contadas excepciones, cuando la conducta del infante ha sobrepasado los límites de lo tolerable. Las nalgadas se utilizan en un periodo de la infancia que ronda entre los dos o tres años hasta los cuatro o quizá cinco años, ya después el infante crece y sabe la diferencia entre el bien y el mal, para esto hay que hacer uso de la disciplina sustentada en consecuencias, es decir, educar al infante en base a las consecuencias de sus actos: “si haces esto, la consecuencia de tu acto es que no podrás ver la televisión” o “si haces esto otro la consecuencia de tu conducta es que podrás salir a jugar con tus compañeritos” y así el hijo podrá discernir las conductas en base a su consecuencia, sabrá diferenciar lo que le causa placer de lo que le causa aversión.

Educar en el hogar se ha convertido en una tarea apoteósica, las mujeres son las heroínas de la posmodernidad, el relajamiento en la educación en el hogar lo estamos viendo reflejado en la sociedad. El niño que no supo distinguir entre conductas socialmente aceptadas de las conductas que no lo son, tiene un futuro incierto, un futuro sin una estructura psíquica que le diga qué está bien y qué está mal. De hecho deberíamos reformular el DSM-V, eliminar todas esas psicopatologías y catalogar a los seres humanos simplemente en dos vertientes: los que hacen daño al prójimo y los que no. Los que hacen daño al prójimo son más parecidos a unas bestias, precisamente de eso se trata la educación, de civilizar a la bestia, entonces ante la pregunta ¿por qué hizo eso el adulto que torturó a la niña con un cigarro? fue precisamente por eso, por que ese señor no estuvo bien socializado, se quedó en una etapa infra-humana, es una bestia y como tal debemos de esperar esas conductas. Todos en un momento fuimos bestias pero la educación se encargó de socializarnos, hubo quien se quedó en el camino y por eso actúa como tal, como bestia; hubo otros en los que si funcionó esa educación e intentamos razonar sobre nuestros actos. Menuda tarea la que tienen los padres que recién se estrenan como figuras de autoridad en plena era de la posmodernidad. Los compadezco señores. Los compadezco.

@CarlosLector

Cuéntame un chiste y te diré quién eres…

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

“Todo chiste, en el fondo, encubre una verdad”.
Sigmund Freud

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¿De qué estamos hechos? ¿Cuál es la esencia de la especie humana? ¿Qué cosas pertenecen a los “quiditativo” y qué cosas son meros accidentes? ¿El hombre es bueno por naturaleza? ¿es malo? ¿es una tábula rasa? ¿es soplo divino? ¿es producto de la evolución? ¿es un ser artificial?

Quizá la discusión no la podamos responder a pesar de cuarenta mil años de civilización, pero lo que si podemos sospechar es qué es lo que se trae el ser humano cuando hace uso de artimañas tan elaboradas como lo es “el chiste”.

Para conocer la “naturaleza humana” solo basta leer o escuchar uno que otro chiste. Ya lo dijo Sigmund Freud en su libro “El chiste y su relación con el inconsciente” y también recientemente Alejandro Jodorowsky desentrañó el tema en su libro “La Sabiduría de los chistes”.

Dime un chiste y te diré qué es lo que deseas. Cuéntame un chiste y te diré que cosas guardas en tu inconsciente. El chiste manifiesta atisbos insospechables de lo que realmente es el ser humano, por medio del chiste manifestamos cosas que no podemos decir abiertamente. Los chistes más comunes versan en torno a la infidelidad, a la homosexualidad latente, o a pepito que está en constante descubrimiento de su sexualidad.

El chiste libera lo perverso que tenemos cada uno de nosotros. Hay chistes misóginos, chistes misántropos, chistes homofóbicos, chistes xenófobos que en su gran mayoría causan hilaridad, porque lo bueno de que se afirme algo mediante un chiste, -intentamos asegurarnos en un diálogo interno-  es que son historias que no sucedieron, son historias contadas en broma que solo sucedieron en la mente del que lo cuenta y desata la imaginación en el que lo escucha. El chiste propicia un encuentro entre dos sujetos o más que coinciden en hacer mofa, burlarse o reírse de las desgracias propias de cualquier mortal.

Por medio del chiste podemos enterarnos de lo que realmente desea, piensa o quiere la persona con la que estamos conversando; por ejemplo hay casos en que un amigo, compañero o simplemente un conocido lanza algún improperio hacia nuestra persona añadiendo al final un “hay no te creas, es broma”, o “te lo dije jugando”. ¡Es obvio que te lo dijo en serio! -¡Eso es  realmente lo que pienso de ti!-.

Entre broma y broma la verdad se asoma. Por lo tanto, en la próxima conversación que usted escuche algo semejante lo podrá traducir de la siguiente manera: “Te lo digo jugando porque no me atrevo a decírtelo en serio, pero como quiera ya te lo dije, pero para no perder tu amistad lo aderezo con un “pero es broma eh”…

Como resulta imposible andar por el mundo expresando nuestros más oscuros deseos, por eso qué mejor que contar uno que otro chiste, total, que al cabo ni es cierto… ¿o si?

Posdata: después de haber leído lo aquí escrito, 8 de cada diez personas le pidieron a sus respectivas parejas que le contaran un chiste…

@CarlosMorenoMx

La familia: presente, pasado y futuro

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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“En México hay 25% de hogares uniparentales por múltiples razones”.
Katia D´ Artigues

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Hablar de familia hace cincuenta o sesenta años era hablar de una familia numerosa. Dentro de un mismo hogar cohabitaban, créalo o no, exageradamente muchos entes. Recuerdo haber escuchado a algunos familiares que insisten en que las familias de antaño (época de Porfirio Díaz) eran constituidas por diez, doce o catorce miembros, algo común en aquellos ayeres.

La idea de “familia” ha sufrido una terrible metamorfosis, la familia del siglo XX no tiene nada que ver con lo que hoy conocemos bajo el rubro de “familia”. Mi abuela materna creo que tuvo como diez hijos. Tener pocos hijos era socialmente mal visto, era un estigma, un oprobio contra las buenas costumbres. Las familias eran profusas, nutridas, pródigas, copiosas y exuberantes.  Las señoras se dedicaban a cuidar a la prole (en el correcto sentido de la palabra, sin ofender). Era común en aquellos tiempos ver que el padre de familia salía a trabajar, el hombre era el único capaz de ir a cazar al animal o ir a la oficina, ir a la mina u otros menesteres del allá y el entonces a ganarse el pan con el sudor de su frente. El macho de antaño tenía sus quereres con sus amantes, en cambio la señora no podía hacer nada, era incapaz de reprocharle sus defectos, tenía miedo de quedar en la orfandad, le habían educado para servir a su hombre. La mujer tenía que aguantar las fechorías de su esposo ya que el curita del pueblo le había dicho que el matrimonio era “hasta que la muerte los separe” y “es la cruz que te tocó cargar”, además en aquel tiempo sería señalada por ser madre soltera o mujer separada. Imposible pensar que pudiera llegar a ser una “Mujer desesperada”.

Con el paso del tiempo y con el devenir de cualquier Sociedad y Civilización que se precie de serlo, los miembros que integran la especie “homo sapiens” han venido evolucionando y con ello también los usos y costumbres de las personas que integramos dicho conglomerado. Ahora las mujeres optan por tener máximo tres hijos, cuatro es una multitud, dos sería la perfección, niño y niña de preferencia, la parejita, o en su defecto solo tener un hijo y entregarle todo el amor de que son capaces.

La pareja posmoderna ha cambiado eso de tener exageradamente hijos y optan por unos cuantos, argumentan que es para darles calidad, y por eso desde que nacen, a los tres meses de nacidos, van y los entregan a la guardería, porque saben que es allí en donde se les educará para ser ciudadanos de bien. Los adultos trabajan y trabajan todo el santo día para que no les falte nada a sus hijos; “ese es el verdadero amors” dicen para sus adentros.  A las seis de la tarde los recogen; si aún son bebés al llegar al hogar los duermen, o si son más grandecitos pues los meten a clases de cualquier cosa, papiroflexia, defensa personal, esgrima, ballet, clases de cocina, taquimecanografía, reparación de bicicletas… etc. Cualquier deporte es bueno, con tal de que se forme íntegramente, y claro, mientras el chamaco que tanto aman está en esas clases de matemáticas avanzadas, rugby o lo que sea, la señora aprovecha para estar con sus amigas y discutir la agenda de la vida cotidiana, echar el chal o actualizarse en los chismes de la farándula o cuando menos saber los pormenores de la vida ajena.

Llega la noche y el hombre llega a su hogar cansado, fastidiado de su trabajo que no eligió, prende el televisor en un intento de escape, sus ojos están atentos a lo que pasa en la pantalla pero su mente fantasea una vida paralela que siempre soñó.

Esta es la familia que tenemos. La familia posmoderna está engendrando los hijos que en un futuro dirigirán la Sociedad en la que sobrevivimos.

@CarlosLector

La Felicidad en tiempos de la Posmodernidad

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa 

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“El secreto de la felicidad no esta en hacer siempre lo que se quiere
sino en querer siempre lo que se hace.”
Leon Tolstoi

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A lo largo de la historia de la Humanidad, el homo sapiens se ha cuestionado por el sentido de su existencia. Desde que el hombre se precia de serlo, desde que el cerebro hizo un acto de introspección se ha preguntado por su lugar en el Cosmos. Unos dijeron que la esencia de la existencia sería “conocerse a sí mismo”, otros afirmarían categóricamente que la vida adquiere sentido cuando somos capaces de amar al prójimo; otros aseveran desde su propio inconsciente colectivo que venimos a este mundo a adorar a alguna divinidad; muchas voces optan por el hedonismo, otros por el eudemonismo, otros por el sinsentido. En fin, tantas y tantas respuestas a la incógnita del Ser-en-el-mundo.

En la sociedad contemporánea ¿en qué consiste ese sentido? Los psicólogos, filósofos, poetas, teólogos y músicos de rock and roll y uno que otro candidato de cualquier República de cualquier partido, han dicho que el hombre viene a este mundo a ser feliz.

Para dar respuesta a semejante incógnita, debemos de recordar la era en la que estamos inmersos; hemos dejado atrás varias eras de la humanidad que se han caracterizado por sus propios síntomas, como por ejemplo la Era de los orígenes de la civilización en donde el sentido de la vida era simplemente trabajar y adorar a los diversos dioses, posteriormente, con el paso de los años, el ser humano se dedicó a filosofar, después pasamos por un período oscuro denominado “Edad Media” en donde el sentido de la vida era precisamente conservar lo más preciado de lo humano: el contacto de Dios con su máxima creación: El Hombre. Llega un momento en la Historia de la humanidad en que el ser humano pone en duda los múltiples dogmas que rigen su existencia y es cuando entramos al período de la Ilustración, posteriormente a la modernidad y el imperio de la Razón y así llegar a lo que hoy conocemos como la Posmodernidad en la que estamos inmersos.

En la actualidad, y después de haber reflexionado durante siglos y siglos, el ser humano ha llegado a la conclusión de que la felicidad se encuentra sencillamente en estar en una posición corporal que denominaremos “estar-semi-acostado”; esa posición puede ser en un sofá, en una mecedora (excesivamente cómoda), o en la misma cama, pero sobre todo, y he aquí la receta de la felicidad posmoderna, se debe estar semi-acostado con una laptop en las piernas, de preferencia después de un buen baño reparador y si se puede también después de haber cumplido con los deberes del día.

Bueno, eso en el mejor de los casos en donde se pudiera encontrar algo de “sublimación” porque la verdad, la felicidad estaría ciertamente en estar semi-acostado y en las piernas no precisamente una lap-top, en las piernas mejor una mujer, una mujer amada o simplemente una mujer. O en su defecto estar acostado y en las piernas nada, pero en la mano el control remoto. Esas son las tres variantes de la felicidad del hombre posmoderno. Las tres tienen un común denominador: el ser humano ha evolucionado a tal grado que ha dejado atrás esa representación “vertical” que conquistó en un tiempo de su evolución filogenética, pero lo de hoy y lo de el futuro no muy lejano es estar acostado, dejar descansar la columna “vertebral” y optar por la posición horizontal. Bendita posmodernidad.

@CarlosLector

La filosofía de Kim Kardashian

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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Kim Kardashian es una activista social. Lejos está su vida de lo que el común de los mortales piensa; la “socialité” está muy lejos del concepto que se tiene de ella,  de que es una diva sin propósito, que carece de “concienciación” o que vive una vida baladí. Kim no tiene nada que ver con Paris Hilton.

Kim Kardashian va en contra del sistema en turno, ha denunciado con su propia vida la hipocresía en la que se sustenta nuestra civilización. Ha desenmascarado el mito del matrimonio. Sabemos que en la actualidad la monogamia no está respondiendo las expectativas de la sociedad posmoderna, antes se practicaba una “poligamia encubierta” en donde el hombre-macho saciaba sus deseos carnales con sus amantes y la mujer sumisa y obcecada obedecía hasta el final aquél apotegma: “hasta que la muerte los separe”. Kim Kardashian hace una broma de ese contrato social, se casa y se divorcia después de 72 días. Les dio una cátedra a las feministas, propone una nueva manera de relacionarse con el otro, desdeña lo que muchos han intentado derruir, ella en un tronar de dedos, sin tesis doctoral alguna, Kim ha logrado ser un parte-aguas en el estudio del matrimonio en tiempos de la posmodernidad.

Otra de sus propuestas como Activista Social que es, fue el performance que la hizo mundialmente conocida, recordamos que hace apenas unos cuantos años llevó a cabo un performance en donde se le ve haciendo el amor libremente. El mensaje que nos dio la filósofa y activista social es que el sentido de la vida es el amor, como diría Teresa de Calcuta “ama hasta que te duela” y en el video hay escenas en donde vemos que el amor si le dolió a Kim, pero todo en aras de su propósito, llevar su mensaje de amor hasta el último rincón del mundo. Además nos da un ejemplo de civilidad, un ejemplo de tolerancia, de integración y de inclusión, rompe los prejuicios, asume la globalización y da un mensaje a la sociedad de no discriminar a los afroamericanos.

Dentro de su propuesta y filosofía que va en contra de lo establecido, Kim Kardashian va en contra de la moda, se opone a la estética en turno, decide con su cuerpo manifestarse en contra de las agencias de modelaje que hacen que sus modelos recurran a la anorexia para ser estimada. Kim Kardashian por su parte recupera las culturas ancestrales, nos invita a reconocer la idea de belleza que se encuentra troquelada en nuestro inconsciente a través de la evolución filogenética.

Recientemente Kim, continuando con su propuesta de activismo social, denuncia enérgicamente la idea del materialismo, del consumismo; en su programa, un reality show (Keeping Up With the Kardashians) en donde pone de manifiesto su desapego hacia las cosas materiales, nos exhorta a no depender de las cosas, se le ve constantemente haciendo donaciones a tiendas que al parecer más delante van y donan ese dinero en obras de caridad, contrata servicios para que la economía circule normalmente. En fin, Kim Kardashian, lejos de ser una socialité como muchas otras, Kim es una activista social preocupada y ocupada por hacer de este mundo un mundo más humano, con amor, con tolerancia, con respeto, con desapego a lo material. Aunque últimamente,  cada vez que la veo, se me hace gorda…   Larga vida Kim!

@CarlosLector

 

Britney Spears en México

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Me gusta más la Britney Spears de ahora que la Britney Spears de hace diez años. Ver a Britney Spears en el escenario actualmente es como acudir a la presentación de una cabaretera que tuvo sus años de éxito y que vuelve a escena para recordar sus hazañas, igualito que Britney, tan bella, tan sensual, tan pasada de kilos.

Debo confesar que Britney Spears nunca me gustó, quizá por aquella maldita costumbre de cuando era más joven de ir en contra de lo establecido, de los productos chatarra, de lo que dictaba la televisión, la moda y el gusto estandarizado, por ejemplo en cuestión de música detestaba las rolas de Maná y prefería los gritos poco conocidos de la Banda Bostik, Lira n’ Rol, Tex Tex, etc.

Mis compañeros en donde nos alojábamos cuando éramos estudiantes en Monterrey idolatraban a Britney, era su momento de auge, me decían que de niña había salido en algo así como en un programa infantil de Mickey Mouse, que lo atractivo de Britney era precisamente eso, haberla visto en programas infantiles y con el paso de los años verla en escenarios con diminuta ropa.

Nunca me atrajo la música de B. Spears, se me hacía muy comercial, recuerdo haber visto un video en donde sale en un avión, creo que se viste de azafata.

Pero ahora, la vuelvo a ver, trae una gira en nuestro país, muchos la critican, dicen que ya perdió el glamur, que hace playback, que su momento ya pasó, pero eso no es cierto, Britney está en su mejor momento.

Britney es una parodia de sí misma, es un cruel sarcasmo de lo que fue ayer. B. Spears es una burla grotesca de sí misma, como diciéndonos que era cierto aquello de la superficialidad, como diciéndonos que es cierto aquello de ‘lo que importa es lo de adentro, lo de afuera tiende a caerse’.

Britney está cumpliendo una máxima filosófica, con su cuerpo se ha convertido en una filósofa de la decadencia, en una mensajera, en un ángel que anuncia que este mundo es superficial, que anuncia que este mundo es el mundo de la apariencia.

Quizá Britney se ha convertido al humanismo más recalcitrante, alguna secta protestante le vendió la idea de que debería convencer a los humanos que de nada sirve ganar el mundo si con ello pierden su alma… Britney se presenta en los escenarios encarnando el mensaje. Su cuerpo como metáfora de la decadencia…

…Y allí se le ve, triste, con la mirada perdida, sola, rodeada de tanta gente, predicando el Evangelio de las Maravillas de la posmodernidad…

Roxana

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Se llama Roxana. Roxana me dice que tiene novio. Ella tiene 16. Dice que ya debería estar en la prepa pero que la reprobaron cuando estaba en segundo grado de primaria y que perdió otro año porque no la aceptaron cuando sus papás decidieron cambiarla de escuela, que por eso aún está en la Secundaria, en tercer grado.

Dicen los psicólogos que Roxana tiene discapacidad intelectual, pero eso a ella ni le aflige ni le acongoja y mucho menos le quita el sueño. Lo de ella es estar enamorada de su novio. Excesivamente enamorada de su novio. Su novio tiene 20 años, Roxana no sabe cuándo va a cumplir los 21. Roxana dice que ya tiene seis meses con él. Ella dice que está muy enamorada de él. Perdidamente enamorada de él.

Él, su novio, trabaja con su padrastro, le ayuda a construir casas, creo que es albañil, dice Roxana que su novio ya no siguió estudiando porque lo corrieron de la prepa en donde estaba.

La semana pasada Roxana cumplió sus dieciséis, me dice que su novio le dio un regalo que jamás olvidará. Roxana está embarazada. Roxana tiene dieciséis, está en tercero de secundaria, tiene discapacidad intelectual y pronto será mamá. Ella está muy contenta, no deja de platicarme de su novio, pero dice que no lo ha visto últimamente, que lo siente muy distanciado, que ya no es el mismo, no sabe si es por lo del embarazo o si es porque ahora le gusta convivir mucho con su prima; –“bueno, él me dice que es su prima, ella es más joven que yo, yo no sabía que eran primos ¿a poco los primos se besan en sus bocas?”.

@CarlosLector

La Muerte en tiempos de la Posmodernidad

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

Tal parece que la Ley Humana ya no funciona… la única ley es la muerte.

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La Ley existe para regular las interacciones humanas, porque bien sabemos que el ser humano es salvaje por naturaleza, es una bestia a la que hay que domar, civilizar, inculturizar. El hombre nace siendo un incivilizado, nace solo satisfaciendo sus necesidades fisiológicas, nace siendo puro “Ello”. Se rige bajo el principio del Placer, es un hedonista consumado. Pero para que exista la Cultura, la Civilización, sus padres se encargan de domarlo, de apaciguarlo, de hacerlo “humano”.

El ser humano firma un contrato para poder desenvolverse en sociedad, para poder respetar a su prójimo, al otro, al contrario; en muchos, en lo más recóndito de su inconsciente existe el deseo de matar a sus enemigos, pero eso no está permitido, eso va contra la ley, contra la Constitución, contra la propia Civilización y contra lo estipulado en los Mandamientos de la Ley de Dios.

Pero tal parece que esa ley que nos ha convertido en “animales racionales” ya no funciona, ya no tiene vigencia, lo único que funciona es la ley de la selva, matar, destruir, sobrevivir.

Vivimos en una Civilización sin Ley, sin tomar en cuenta la corrupción, el quebranto y la violación de las mismas. Una “Cultura de la Muerte”. Sigmund Freud hace más de cien años había dicho que preferimos reprimir nuestra pulsión de muerte (Tánatos) en aras de una Civilización, esa Civilización que hoy estamos siendo testigos de su resquebrajamiento.

El hombre tiene en su corazón el potencial para hacer el bien pero también para hacer el mal. Para amar pero también para odiar. Para construir pero también para destruir. Eros y Tánatos perviven en el corazón, en la mente, en la esencia de la naturaleza humana. Hasta hace poco ese equilibrio sí había funcionado, vivíamos en una “Cultura del Respeto” vivíamos bajo el precepto de los valores “Universales” como la Honestidad, el Amor, la Solidaridad, la Tolerancia, etc. pero día a día, momento a momento la humanidad poco a poco, lentamente está mostrando su verdadero rostro, ya se cansó de jugar al hipócrita, al filántropo, al altruista, lentamente está resurgiendo la bestia, lentamente están saliendo las cucarachas enquistadas a lo largo de la evolución filogenética, para donde volteemos podremos encontrar claros ejemplos de dicha debacle, como menciona Fabrizio Mejía Madrid:el ciudadano ha dejado de ser un simple mortal y se ha convertido en un enemigo en potencia”.

La Muerte como cultura, ya lo había vaticinado el Papa Juan Pablo II: “Vivimos una cultura de la Muerte”. ¿Qué diría Freud si viviera hoy en día? De seguro cambiaría en algo su hipótesis de la represión de las pulsiones, se reprimía el Eros y con ello el Tánatos, pero ahora la realidad es otra. Se creyó librar al Eros (sexualidad desenfrenada, libertinaje, placer por el placer…) y con ello se dejó libre el Tánatos (muerte, destrucción, odio, envidias…). Habrá que volver a reprimir al Eros, para que con ello volvamos a reprimir al Tánatos, seríamos más infelices, pero viviríamos más seguros.

@CarlosLector