La felicidad ¿a la vuelta de la esquina?

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“Los trabajadores, si en realidad miraran de frente

 la falta de sentido de su trabajo y su vida,

tendrían que abandonar totalmente el trabajo.”  

(Günther Anders  en “La obsolescencia del hombre”)

 

La sociedad actual está estructurada y constituida de tal manera para que el ser humano no alcance el máximo grado de bienestar posible, ya que la “felicidad” implicaría una involución, un retroceso que iría en contra de la civilización actual, de la cultura que como humanidad hemos construido hasta el momento en donde el acceso a la felicidad se da a través de la posición económica. En la actualidad la felicidad se compra, es lo que nos han hecho creer. La hipótesis actual de la felicidad es que solamente se puede alcanzar a través del dinero, como en su momento lo dijera el profeta MC Dinero (un DJ adolescente muy popular en México por sus rimas en donde reitera constantemente el significante dinero). Por lo tanto, la llave que abre el acceso a la felicidad en los tiempos actuales es el dinero, en un sistema capitalista neoliberal.

La sociedad actual arraigada en los más profundos apotegmas del capitalismo no va a permitir que un ser humano alcance la felicidad si no produce. Es por eso que las reglas del juego están establecidas: mínimo ocho horas de trabajo diario (mal pagado), dejar agotado al trabajador, esfumar sus aspiraciones, sueños, anhelos, deseos, que no tenga tiempo para pensar en una “insulsa revolución”, que quede incapacitado e imposibilitado para cuestionar el sistema o la manera de cómo se están dando las cosas. Distraer al ciudadano para que los perversos, esos que gustan de llenarse los bolsillos de dinero, sigan dictando las leyes, sigan practicando la corrupción, en un país en donde nunca pasa nada y en donde la amnesia es un síntoma crónico que se ha aprendido a vivir con eso.

Al sistema en turno no le conviene que el ser humano sea un hedonista. Es por eso que le vende la idea de vivir bajo los valores más sublimes y si no vive consecuente con eso, cargará la culpa por el resto de su vida. El hedonista no produce, es por eso que es mal visto, los jóvenes de los años sesenta se dieron cuenta de la grieta del sistema y optaron por una vida de “amor y paz”, fue un momento de quiebre en el sistema pero pronto se recuperó y dio a luz a los yuppies que son ahorita los jóvenes empresarios en donde el estatus se valora por la producción económica. La película “psicópata americano” es un muy buen ejemplo de la generación perversa que actualmente mueve los hilos del sistema en turno.

Actualmente la humanidad cada vez intenta negar lo que existe de bestialidad en nuestra condición. Se rige por los mandatos del superyó, (lacaniano, no tanto freudiano), un superyó que manda al sujeto a gozar, ese goce mortífero, una vida en exceso que le conducirá a la autodestrucción. El goce está íntimamente ligado con los estándares del consumismo. Tanto tienes tanto vales. Aquí cabe hacer una distinción: el ser humano tiende al placer (ello) pero es el superyó, sobre todo el descrito por Lacan, el que obliga al ser humano al exceso, es decir, el placer llevado a su punto más álgido. La exageración, la muerte.

El sistema actual está configurado de tal manera que el ser humano no se entere de que un día ha de morir, es por eso que quizá el anciano ocupa un lugar en la demencia senil, ya que le carcome la angustia de saberse mortal. Si supiéramos que un día hemos de morir, quizá no estaríamos haciendo muchas de las cosas triviales en las que se nos va la vida. El sentido de la vida, afirmaba en su momento el Dr. Víctor Frankl, está precisamente en la muerte, es decir, saber que un día hemos de morir y desde allí, desde esa perspectiva voltear a ver la propia existencia, algo así como lo que Heidegger afirmaba con su “Dasein propio”. Es la consciencia de la propia muerte lo que da sentido a la propia existencia.

El discurso de la ciencia nos enseña que la vida es efímera. ¿Qué relevancia tiene Juan, que vivió en el siglo XVIII? ¿Cuál es la trascendencia de su legado? ¿Cuál Juan? Es por eso que tomamos muy en serio la vida, tan en serio que nos olvidamos de lo más importante. ¿Y qué es lo que importa? Cada uno podrá encontrar la respuesta en su inconsciente. No existe un “único sentido”, cada uno deberá responder esa pregunta partiendo de su propia historia de vida, abrazando el deseo que le habita.

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

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La cama

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

imagen de elmundo.es

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 “Los trabajadores, si en realidad miraran de frente

 la falta de sentido de su trabajo y su vida,

tendrían que abandonar totalmente el trabajo.”

(Günther Anders  en “La obsolescencia del hombre”)

A fin de cuentas, la existencia humana se resume a cuatro letras: cama. Es en una cama en donde la madre da a luz a su hijo. Es en una cama en donde hombre y mujer hacen un pacto de entrega y crean vida. Es en la cama en donde los amorosos practican ese juego interminable llamado amor. En la cama se descansa. La cama también puede ser utilizada para recostarse y prender la televisión y ver películas en compañía de quien se ama.

En cama se pasan los peores padecimientos del cuerpo. En cama suceden los encuentros y desencuentros con uno mismo y con el partenaire. La cama es fiel testigo de esa manifestación por antonomasia del inconsciente: el sueño.

En la cama los niños brincan y juegan a ser acróbatas, la cama es su circo o juegan a ser astronautas que llegan a conquistar algún planeta desconocido.

Quizá la evolución filogenética tuvo un error y en lugar de que el ser humano estuviera en una posición erguida, deberíamos andar por el mundo en una posición horizontal, acostados, en la cama, descansando, disfrutando de la vida, viendo películas, durmiendo, haciendo el amor.

En el consultorio hay un familiar muy cercano a la cama: el diván. En el diván el sujeto se analiza, se escucha a sí mismo, se conoce, se enoja, se enamora. Va construyendo su propia vida. Es en el diván (un dispositivo similar al de la cama) en donde el sujeto se confronta con ese Otro que le habita y comienza a descifrar su existencia.

Al final de la vida llega el momento de despedirnos, y lo hacemos precisamente en esa posición, una posición horizontal, como un tributo a lo mejor de la vida que se llevó a cabo en ese lugar, en la cama. Llegamos al mundo en una cama y nos retiramos de este mundo en otra.

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

 

Creer

Escribe Carlos Arturo Moreno De la Rosa 

 

“El carácter neurótico es el reflejo, en la conducta individual,

del aislamiento del grupo familiar”

(J. Lacan en Escritos 1, p. 137)

Lo que cura, lo que salva, lo que da sentido a la vida del ser humano es la creencia en algo o en alguien. Puede el ser humano creer en Dios, en la vida, en el amor, en una ideología, un proyecto de vida, una propuesta, una ética, en su propio análisis en busca de su verdad. Puede creer el ser humano en la ciencia, en la familia. Quizá la única condición es creer firmemente en eso que va a dar sentido a la vida. La sublimación como ese camino hacia el lugar que ocupa el ser humano en una cultura determinada. Esa creencia tiene que estar en plena comunión con lo “socialmente aceptado” es decir, para que el ser humano pueda acceder a la paz interior tan anhelada, el conflicto intrapsíquico tendría que encontrar cierta relación de compromiso que deje en equivalencia a las partes, ya que no podemos andar por la vida haciendo caso solamente a las pulsiones bestiales que nos habitan o su contrario, no podemos andar por la vida viviendo en la inhibición que tortura y lacera.

El ser humano se encuentra sujeto a una cultura determinada que le hace ver la delgada línea entre el bien y el mal. A eso comúnmente le hemos llamado “la voz de la conciencia” que es la trasmisión de la cultura de generación en generación para perpetuar la civilización. Cuando dicha línea se ve difuminada, el ser humano comienza a experimentar sentimientos de culpa que pueden ser excesivos a tal grado de padecer una depresión, angustia o, en casos más severos, andar por la vida “sin dios y sin diablo” trasgrediendo los límites establecidos por la ley.

El ser humano encuentra su “salvación” (recurriendo al constructo utilizado por la religión judeocristiana que aquí tomaré como metáfora) precisamente en la búsqueda y encuentro de eso que da sentido a su vida, cuando es capaz de sublimar y encontrar su lugar en el mundo; su ser en el mundo. ¿De qué se salva? Se salva precisamente de vivir una existencia en la mediocridad, cuando el ser humano abraza su deseo, se salva de andar viviendo la vida del Otro, comienza a construir su propia historia de vida (y no una “historia debida”). La creencia en algo o en alguien nos puede salvar de una vida mediocre. El que “medio-cree”, cree a medias y se le va la vida en ello, no apuesta por su deseo. La diferencia radica en la entrega a ese proyecto de vida, a la propia escucha en el camino del encuentro con el propio deseo.

Saber discernir el propio deseo del deseo del Otro implica toda una trayectoria de vida. Es necesario que el ser humano se estructure bajo la mirada del Otro (entiéndase “Otro” como el padre/madre que estuvieron allí en la primera infancia del sujeto) pero con el paso del tiempo el sujeto es convocado a cambiar de piel, a ir tras su propio deseo, ya que si no “vive de acuerdo con el deseo que le habita” (Lacan) puede caer en los estragos del silencio (Alejandro Salamonovitz) y con ello en una profunda depresión.

El camino hacia el encuentro del propio deseo es un camino sinuoso, lleno de contrastes, de soledad, de silencios prolongados, de angustia, de terror; pero en ese caminar, el ser humano va naciendo a otra cosa, va dando cuenta de su propio deseo y lo más importante, saber qué hacer con eso (ética).

El proceso de salvación (entendida como ese tránsito de una vida vacía hacia una vida plena) implica pues una creencia, llámese religión, educación, vocación o psicoanálisis. Es ese encuentro con la propia verdad. La salvación no es un proceso de la noche a la mañana. La “metanoia” (conversión) hacia una vida con sentido, hacia ese “hombre nuevo” que existe en la idea judeocristiana, pero también en el marxismo y en el psicoanálisis. “Devenir la descendencia de los propios acontecimientos, y entonces renacer, nacer otra vez más, y romper con nuestro primer nacimiento carnal” (Deleuze). El paso de un sujeto alienado a un sujeto conducido por su propio deseo.

La salvación está a la vuelta de la esquina. La familia salva.

Contacto psicologocarlosmoreno@gmail.com

¿De qué se trata la existencia?

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“Freud mostró una arraigada adhesión a la ética judaica

como práctica milenaria de la otredad”

(Betty B. Fuks en “Freud y la judeidad, la vocación del exilio” p. 92)

 

¿Qué es la existencia? ¿Qué es vivir? ¿Qué entendemos por “existir”? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Cómo podríamos intentar responder al por qué y para qué estamos aquí en este mundo, en este lugar, en este espacio y en este preciso momento? Muchas voces se han lanzado intentando dar lugar a dicha interrogante, sobre todo los dos discursos que han acompañado a lo largo de la instauración cultural de la humanidad, a saber, la filosofía y la religión.

Dentro de las posibles posturas que encontramos frente a la vida, frente al lugar que ocupamos en el mundo, está la ética, como esa fundamentación que da lugar a nuestra responsabilidad de existir. La ética precisamente retoma el concepto de la “otredad”, es decir, se vive siendo libre pero también siendo responsable del otro, llámese familia, prójimo, hijos, esposa o esposo, madre y padre, extranjero, etc.

Si se quisiera simplificar las cosas se podría afirmar que el lugar que ocupa el ser humano en el mundo se resume a cuidar de su salud, ya sea haciendo ejercicio o alimentándose de sustancias nutritivas, procurando la salud física y también la salud del alma.

Otra de las características que se debería de tomar en cuenta para intentar dar razón de nuestro lugar en el mundo es la búsqueda de la verdad, esa verdad que los filósofos aman o que los religiosos cultivan con tanto ahínco. La búsqueda de la verdad también es un acto propio de la experiencia analítica, en donde el paciente acude al consultorio porque está cansado de mentirse a sí mismo o porque simplemente va en busca de su verdad, de su infancia, de su historia.

El encuentro con la verdad tiene que replantearse con la ética que existe para la sana convivencia en sociedad. La instauración de la ley obedece a una necesidad del ser humano de respetar el contrato social. No podemos andar por el mundo viviendo como unos salvajes, como diría Sigmund Freud, preferimos sacrificar parte de nuestra felicidad en aras de la civilización. Respetar al prójimo sería también un buen indicio de que se está dentro del juego de la existencia de acuerdo a las reglas establecidas.

Es por eso la importancia de la función paterna, ya que son los papás los encargados de la trasmisión de la cultura en los hijos. La salud de los seres humanos se juega en gran parte en ese proceso de socialización que implica la educación en el hogar. Si el hijo se ha convencido de que lo que se le invita a creer, a vivir, a anhelar, eso dará sentido a su vida, es un gran comienzo, ya después quizá el hijo crecerá y tendrá la posibilidad de re-plantear su jerarquía de valores, pero si la voz de la conciencia se ha instaurado a través del amor, tendrá mayor seguridad en optar por las bondades de la cultura como lo es el arte, la escritura, la poesía, la música, la danza, la lectura, el deporte, en fin, todo aquello que ennoblece al ser humano y hace de él un ser en potencia hacia la sublimación.

Otro de los puntos básicos que intentan responder al para qué de nuestra existencia en la tierra lo podremos encontrar quizá haciendo caso a lo que llamamos “vocación”. Saber para qué se está convocado, para qué se está llamado; encontrar una actividad en donde se pueda sentir feliz, realizado, haciendo lo que le agrada, una profesión, una labor, una actividad y encontrar satisfacción, bienestar y paz interior en la elección.

Por último y no menos importante, en lo que coincide la filosofía, la religión y el psicoanálisis es que el paso por este mundo se disfruta más amando. Amar en lo concreto, una pareja, unos hijos, una vocación, una comunidad. Amar a Dios. Amar una profesión. Amarse uno mismo.

Es pues este breve recorrido que hacemos en nuestro paso por este mundo. Procurar nuestra salud física y mental, saber a qué queremos dedicar nuestra existencia, vivir una vida observado la ética del contrato social y amar.

Saber que la vida se nos va de las manos, en un abrir y cerrar de ojos, somos finitos. No esperar a tener la muerte tan cerca para comenzar a vivir la vida que se desea. Dar cuenta de que un día habremos de morir indica la pauta para comenzar a vivir una vida con sentido.

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

El lado oscuro de las redes sociales

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“De vez en cuando, la comedia se convierte en horror y acaba en relatos, seguramente bastante verídicos, cuyo humor macabro sobrepasa el de cualquier imagen surrealista.”

(Hannah Arendt “Eichmann en Jerusalén. Un estudio acerca de la banalidad del mal” p. 35)

Cuando recibí la invitación por parte de una conductora de un programa radiofónico para participar en el foro sobre el lado oscuro de las redes sociales no quedé muy convencido con el título, de bote pronto no me parecía estar de acuerdo con ese “lado oscuro” de las redes sociales ya que mi experiencia en las redes sociales ha sido todo lo contrario: he visto “la luz” en las redes sociales, en Facebook por ejemplo puedo estar en contacto con colegas psicólogos y psicoanalistas o en Twitter y sus trolls que afirman: “no te tomes demasiado en serio lo que sucede en Twitter”, recuerdo que en mi juventud decíamos lo mismo de la vida: “No te tomes tan en serio la vida que nunca saldrás vivo de ella”.

Más tarde en la noche, después de haber recibido la invitación, y dándole vueltas al asunto encontré un punto de convergencia con el título del foro que aquí nos convoca y mi postura desde el psicoanálisis.

Partamos de la premisa freudiana: todos tenemos una pulsión de muerte, es decir, todo ser humano ha heredado a lo largo de la filogenética y de la ontogenética esa pulsión de muerte, esa agresividad que en su momento nos ayudó a sobrevivir, pero en la actualidad se ha convertido en algo que está de más.

La pulsión de muerte, el destruir, el matar quizá ya no se lleva a cabo por medio de un acto real, ahora, con la evolución de las especies, esa “pulsión de muerte” se desplaza hacia lo imaginario y es allí en donde las redes sociales son propicias para el desahogo de esa pulsión de muerte del ser humano que se esconde detrás del anonimato, que desata las más “bajas pasiones” y convierte al fraile en bestia, al joven estudiante en un secuestrador o al padre de familia en un voyerista.

El lado oscuro de las redes sociales viene a desenmascarar lo que por mucho tiempo se consideró las buenas costumbres.

Las redes sociales como síntoma de la enfermedad de la civilización actual, claro, con esto no quiero satanizar a las redes sociales, como dije al principio, pero el uso que se le da por parte de algún sector de la población para llevar a cabo atrocidades no es más que un síntoma de algo que se está echando a perder, algo putrefacto; muchos dicen que es por la falta de valores, otros dicen que todo esto se vino al traste con la llegada del reggaetón, pero una cosa sí nos debe quedar claro, el uso de las redes sociales vino a desenmascarar una sociedad que se tambaleaba en su jerarquía axiológica, una civilización que hace cien años declaró la muerte de Dios y a partir de allí todo estaría permitido, llegamos a la era de posmodernidad en donde todo vale, todo está permitido, cualquier discurso es válido.

También se podría hablar sobre “El lado oscuro de las redes sociales” en lo que está sucediendo en el núcleo familiar, específicamente en las relaciones de pareja, en ese vínculo afectivo. Hay casos en donde el marido deja la computadora y su esposa bien intencionada está limpiando la mesa, por descuido empuja el ratón y la pantalla se ilumina, a ella le llama la atención un foquito rojo en los mensajes, lo abre y comienza la discusión.

Otro lado oscuro de las redes sociales, específicamente en Facebook y lo digo desde la escucha dentro del consultorio psicoterapéutico, es ese maleficio que invade en las parejas. Es muy frecuente que el amor entre las parejas se vea afectado por un “inbox”, por un comentario mal interpretado o por un “like” que a la postre desencadena discusiones interminables.

¿Existe el lado oscuro de las redes sociales? La respuesta estaría encaminada a reconocer la pulsión de muerte que nos constituye y que encuentra un desahogo tras el anonimato. Las redes sociales como un cultivo propicio para desatar las pasiones más bajas que constituyen la condición humana. Cosas buenas propician las redes sociales, pero no hay que estar siempre “con los ojos bien cerrados” a lo que acontece a nuestro alrededor. Nada es bueno, nada es malo, todo depende del cristal con que se mire y añadiría con el grado de “civilización” que una cultura pueda otorgar a sus agremiados.

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La Ciencia y sus demonios

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“Durante gran parte de nuestra historia

teníamos tanto miedo del mundo exterior,

con sus peligros impredecibles,

que nos abrazábamos con alegría a cualquier cosa

que prometiera mitigar o explicar el terror.”

Carl Sagan

 

Escribe Carl Sagan: “Puede haber nuevas circunstancias nunca examinadas antes sobre los agujeros negros, por ejemplo, o dentro del electrón, o acerca de la velocidad de la luz.” Pero eso no implica que adjudiquemos fuerzas “sobrenaturales” “espíritus” “fantasmas” dentro de un electrón, eso sería hacer uso de un sofisma, llegar a una conclusión falsa, en donde no hay método científico, simplemente afirmar algo inexplicable aduciendo a “fuerzas sobrenaturales”. Inferir una síntesis de un silogismo malogrado.

Pensar en la actualidad en la existencia de los fantasmas va en contra de todo el proceso de evolución del cerebro humano que ha llegado a ser un “homo sapiens”, creer en fantasmas como la única manera de asirse a la existencia.

¿Cuál es el estado de la cuestión de la educación actualmente en México? ¿Cuál es el peso de la ideología dentro del proceso de enseñanza aprendizaje? El artículo tercero de la Constitución indica que la educación es “laica, democrática y gratuita, obligatoria”. Desde tiempos de Benito Juárez se instituyó una educación laica en donde el método de la duda fuera el método por el cual se pudiera alcanzar el conocimiento, luego Gabino Barreda propuso una educación con corte positivista.

Las ideas preconcebidas acerca de la existencia de Dios y sus designios nos mantenían como en una Aldea, vivíamos seguros, nada nos faltaba, vivíamos felices, pero atormentados, con miedo, temíamos la ira de Dios. Hubo alguien que decidió retar ese misterio, se le ocurrió dudar del dogma, salió de la Aldea y trajo la ciencia, siguió el camino para conseguir la ciencia, intentar descifrar lo que parecía tan obvio, no se conformó con lo que le decían sus ancestros, arriesgó su vida. En ese intento de querer encontrar una explicación racional declaró la muerte de Dios, pero con ello trajo la peste, con ello declaró la autonomía del ser humano; se vinieron las catástrofes existenciales; si no había Dios todo estaba permitido.

Hoy somos testigos de que aún existe gente que vive en esa Aldea y que afirman que su lucha es erradicar de la faz de la tierra al hereje o derrumbar el sistema hedonista que regula las mentes de los jóvenes.

Muchos viven en esa Aldea y no quieren salir de ella, también hay los que se aprovechan de eso y se dedican a explotar las ideas más fantasiosas, las reminiscencias de la gente que se niega a creer que solo tenemos esta vida y en ese intento de asirse  a la vida misma aseguran que han visto un fantasma, como escribiera S. Freud: “La creencia en los espíritus, en los fantasmas y en los aparecidos, a la que todos nosotros estuvimos apegados al menos en la infancia, no ha desaparecido en absoluto. Quien ha adquirido una mente fría y se ha vuelto incrédulo regresa por un instante a la creencia en los espíritus cuando la emoción y la alteración se encuentran en él” (S. Freud, AE, IX, p. 59-60).

La educación está fallando, no estamos cumpliendo lo estipulado en el artículo tercero de nuestra constitución, aún hay gente que cree vivir rodeada de espíritus chocarreros, fantasmas, ángeles y demonios, un mundo en donde si hay lugar para la “parapsicología”.

Vivíamos en La Aldea, todos éramos felices, había una “paz social”, no podíamos salir de nuestra Aldea. Dejamos de creer en Dios, nos sometimos al poder de la ciencia, avanzamos mucho, pero junto a ello, junto a la muerte de Dios, acarreamos los sinsabores de vivir sin él. Con la muerte de Dios se inaugura la posmodernidad. Todo vale. Todo está permitido.

“Una persona puede ir a ver a un brujo para que le quite el sortilegio que le provoca una anemia perniciosa, o puede tomar vitamina B12.” (Carl Sagan)

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

Disquisiciones en torno a la existencia humana

Carlos Arturo Moreno De la Rosa

@CarlosLector

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“Fabulaciones” by Lic. Ivan Carbonell Guerra en artistasdelatierra.com

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“El planeta es la casa hospitalaria y generosa de la humanidad.
Es el hombre el que instala en ese bello planeta el egoísmo y el interés mezquino”
Jorge Villegas

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¿De qué se trata la existencia? Esa es la pregunta reiterativa que pervive en mi inconsciente. La vida, sabemos de antemano, es efímera, ya nos lo dijo magnánimamente Milán Kundera, y a pesar de eso no hemos dejado de lado ese vicio maldito y arraigado en nuestros genes de amargarnos la existencia. Uno es un loco que anda por la vida intentando encontrar respuestas a interrogantes que ni los más connotados filósofos, teólogos o psicoanalistas han sabido responder.

Una de las respuestas que más ha tenido aceptación respecto al sentido de la vida, es el amor; vivir una vida con amor, amor a los hijos, amor a los padres, amor al trabajo, amor a Dios, amor al prójimo. “Ama y haz lo que quieras” decía San Agustín. El amor como epicentro de la existencia humana. Pero un amor concreto, no un amor abstracto, que a la postre es más dañino que el mismo odio.

Desde que el hombre se precia de ser un sujeto pensante ha intentado dar explicación a su posición existencial en este mundo. A lo largo de la historia de la humanidad el ser humano ha creado constructos epistémicos con la intención de aprender y aprehender el mundo que le rodea. En un principio la mitología jugaba el papel que hoy juega la ciencia. Antes el hombre intentaba explicar la causalidad de las cosas mediante un silogismo tan sencillo que terminaba padeciendo las consecuencias nefastas de ser un títere de un Dios masoquista. Conforme fue avanzando en obra y pensamiento, ese sujeto impostor y artificial que está en el mundo invadiendo la biodiversidad ha ido permeando sus pensamientos a tal grado de hacerse responsable de sus hechos y sus consecuencias.

Existen tantas explicaciones sobre el sentido de la existencia como tantos teóricos puedan lanzar sus hipótesis. Unos afirman que deberíamos replantearnos nuestro ser-en-el-mundo y volver a las comunidades primitivas en donde las relaciones interpersonales estaban pactadas no por el mercado, ni por el dinero ni el consumismo, sino por una ética dictada desde el corazón.

En la actualidad somos testigos de cómo se ha ido incrementando la libertad del hombre y con ello la capacidad de decisión, pero si al ser humano se le da la oportunidad de decidir también es urgente que ese ser humano esté socializado, esté civilizado, o ya de perdido que ese sujeto esté “educado” en el más amplio sentido de la palabra, porque si no se cumple dicho requisito el hombre decidirá erradamente y de eso ya nos estamos dando cuenta.

Le hemos dado la espalda a Dios y a todo lo que eso representa, creímos que el ser humano ya era un adulto que podía decidir sobre su propia existencia. Decidimos vivir emancipados. Apostamos por la libertad y perdimos. Estábamos errados; el ser humano apenas es un púber que se quiere comer el mundo, un puberto que no le importa fastidiar la existencia del otro con tal de conseguir su objetivo. Nos equivocamos al decir que Dios había muerto, aún lo necesitábamos. Ahora ya es demasiado tarde. Habrá que inventar otro Dios que nos diga qué hacer en caso de emergencia.