La felicidad ¿a la vuelta de la esquina?

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“Los trabajadores, si en realidad miraran de frente

 la falta de sentido de su trabajo y su vida,

tendrían que abandonar totalmente el trabajo.”  

(Günther Anders  en “La obsolescencia del hombre”)

 

La sociedad actual está estructurada y constituida de tal manera para que el ser humano no alcance el máximo grado de bienestar posible, ya que la “felicidad” implicaría una involución, un retroceso que iría en contra de la civilización actual, de la cultura que como humanidad hemos construido hasta el momento en donde el acceso a la felicidad se da a través de la posición económica. En la actualidad la felicidad se compra, es lo que nos han hecho creer. La hipótesis actual de la felicidad es que solamente se puede alcanzar a través del dinero, como en su momento lo dijera el profeta MC Dinero (un DJ adolescente muy popular en México por sus rimas en donde reitera constantemente el significante dinero). Por lo tanto, la llave que abre el acceso a la felicidad en los tiempos actuales es el dinero, en un sistema capitalista neoliberal.

La sociedad actual arraigada en los más profundos apotegmas del capitalismo no va a permitir que un ser humano alcance la felicidad si no produce. Es por eso que las reglas del juego están establecidas: mínimo ocho horas de trabajo diario (mal pagado), dejar agotado al trabajador, esfumar sus aspiraciones, sueños, anhelos, deseos, que no tenga tiempo para pensar en una “insulsa revolución”, que quede incapacitado e imposibilitado para cuestionar el sistema o la manera de cómo se están dando las cosas. Distraer al ciudadano para que los perversos, esos que gustan de llenarse los bolsillos de dinero, sigan dictando las leyes, sigan practicando la corrupción, en un país en donde nunca pasa nada y en donde la amnesia es un síntoma crónico que se ha aprendido a vivir con eso.

Al sistema en turno no le conviene que el ser humano sea un hedonista. Es por eso que le vende la idea de vivir bajo los valores más sublimes y si no vive consecuente con eso, cargará la culpa por el resto de su vida. El hedonista no produce, es por eso que es mal visto, los jóvenes de los años sesenta se dieron cuenta de la grieta del sistema y optaron por una vida de “amor y paz”, fue un momento de quiebre en el sistema pero pronto se recuperó y dio a luz a los yuppies que son ahorita los jóvenes empresarios en donde el estatus se valora por la producción económica. La película “psicópata americano” es un muy buen ejemplo de la generación perversa que actualmente mueve los hilos del sistema en turno.

Actualmente la humanidad cada vez intenta negar lo que existe de bestialidad en nuestra condición. Se rige por los mandatos del superyó, (lacaniano, no tanto freudiano), un superyó que manda al sujeto a gozar, ese goce mortífero, una vida en exceso que le conducirá a la autodestrucción. El goce está íntimamente ligado con los estándares del consumismo. Tanto tienes tanto vales. Aquí cabe hacer una distinción: el ser humano tiende al placer (ello) pero es el superyó, sobre todo el descrito por Lacan, el que obliga al ser humano al exceso, es decir, el placer llevado a su punto más álgido. La exageración, la muerte.

El sistema actual está configurado de tal manera que el ser humano no se entere de que un día ha de morir, es por eso que quizá el anciano ocupa un lugar en la demencia senil, ya que le carcome la angustia de saberse mortal. Si supiéramos que un día hemos de morir, quizá no estaríamos haciendo muchas de las cosas triviales en las que se nos va la vida. El sentido de la vida, afirmaba en su momento el Dr. Víctor Frankl, está precisamente en la muerte, es decir, saber que un día hemos de morir y desde allí, desde esa perspectiva voltear a ver la propia existencia, algo así como lo que Heidegger afirmaba con su “Dasein propio”. Es la consciencia de la propia muerte lo que da sentido a la propia existencia.

El discurso de la ciencia nos enseña que la vida es efímera. ¿Qué relevancia tiene Juan, que vivió en el siglo XVIII? ¿Cuál es la trascendencia de su legado? ¿Cuál Juan? Es por eso que tomamos muy en serio la vida, tan en serio que nos olvidamos de lo más importante. ¿Y qué es lo que importa? Cada uno podrá encontrar la respuesta en su inconsciente. No existe un “único sentido”, cada uno deberá responder esa pregunta partiendo de su propia historia de vida, abrazando el deseo que le habita.

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

La cama

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

imagen de elmundo.es

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 “Los trabajadores, si en realidad miraran de frente

 la falta de sentido de su trabajo y su vida,

tendrían que abandonar totalmente el trabajo.”

(Günther Anders  en “La obsolescencia del hombre”)

A fin de cuentas, la existencia humana se resume a cuatro letras: cama. Es en una cama en donde la madre da a luz a su hijo. Es en una cama en donde hombre y mujer hacen un pacto de entrega y crean vida. Es en la cama en donde los amorosos practican ese juego interminable llamado amor. En la cama se descansa. La cama también puede ser utilizada para recostarse y prender la televisión y ver películas en compañía de quien se ama.

En cama se pasan los peores padecimientos del cuerpo. En cama suceden los encuentros y desencuentros con uno mismo y con el partenaire. La cama es fiel testigo de esa manifestación por antonomasia del inconsciente: el sueño.

En la cama los niños brincan y juegan a ser acróbatas, la cama es su circo o juegan a ser astronautas que llegan a conquistar algún planeta desconocido.

Quizá la evolución filogenética tuvo un error y en lugar de que el ser humano estuviera en una posición erguida, deberíamos andar por el mundo en una posición horizontal, acostados, en la cama, descansando, disfrutando de la vida, viendo películas, durmiendo, haciendo el amor.

En el consultorio hay un familiar muy cercano a la cama: el diván. En el diván el sujeto se analiza, se escucha a sí mismo, se conoce, se enoja, se enamora. Va construyendo su propia vida. Es en el diván (un dispositivo similar al de la cama) en donde el sujeto se confronta con ese Otro que le habita y comienza a descifrar su existencia.

Al final de la vida llega el momento de despedirnos, y lo hacemos precisamente en esa posición, una posición horizontal, como un tributo a lo mejor de la vida que se llevó a cabo en ese lugar, en la cama. Llegamos al mundo en una cama y nos retiramos de este mundo en otra.

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

 

Creer

Escribe Carlos Arturo Moreno De la Rosa 

 

“El carácter neurótico es el reflejo, en la conducta individual,

del aislamiento del grupo familiar”

(J. Lacan en Escritos 1, p. 137)

Lo que cura, lo que salva, lo que da sentido a la vida del ser humano es la creencia en algo o en alguien. Puede el ser humano creer en Dios, en la vida, en el amor, en una ideología, un proyecto de vida, una propuesta, una ética, en su propio análisis en busca de su verdad. Puede creer el ser humano en la ciencia, en la familia. Quizá la única condición es creer firmemente en eso que va a dar sentido a la vida. La sublimación como ese camino hacia el lugar que ocupa el ser humano en una cultura determinada. Esa creencia tiene que estar en plena comunión con lo “socialmente aceptado” es decir, para que el ser humano pueda acceder a la paz interior tan anhelada, el conflicto intrapsíquico tendría que encontrar cierta relación de compromiso que deje en equivalencia a las partes, ya que no podemos andar por la vida haciendo caso solamente a las pulsiones bestiales que nos habitan o su contrario, no podemos andar por la vida viviendo en la inhibición que tortura y lacera.

El ser humano se encuentra sujeto a una cultura determinada que le hace ver la delgada línea entre el bien y el mal. A eso comúnmente le hemos llamado “la voz de la conciencia” que es la trasmisión de la cultura de generación en generación para perpetuar la civilización. Cuando dicha línea se ve difuminada, el ser humano comienza a experimentar sentimientos de culpa que pueden ser excesivos a tal grado de padecer una depresión, angustia o, en casos más severos, andar por la vida “sin dios y sin diablo” trasgrediendo los límites establecidos por la ley.

El ser humano encuentra su “salvación” (recurriendo al constructo utilizado por la religión judeocristiana que aquí tomaré como metáfora) precisamente en la búsqueda y encuentro de eso que da sentido a su vida, cuando es capaz de sublimar y encontrar su lugar en el mundo; su ser en el mundo. ¿De qué se salva? Se salva precisamente de vivir una existencia en la mediocridad, cuando el ser humano abraza su deseo, se salva de andar viviendo la vida del Otro, comienza a construir su propia historia de vida (y no una “historia debida”). La creencia en algo o en alguien nos puede salvar de una vida mediocre. El que “medio-cree”, cree a medias y se le va la vida en ello, no apuesta por su deseo. La diferencia radica en la entrega a ese proyecto de vida, a la propia escucha en el camino del encuentro con el propio deseo.

Saber discernir el propio deseo del deseo del Otro implica toda una trayectoria de vida. Es necesario que el ser humano se estructure bajo la mirada del Otro (entiéndase “Otro” como el padre/madre que estuvieron allí en la primera infancia del sujeto) pero con el paso del tiempo el sujeto es convocado a cambiar de piel, a ir tras su propio deseo, ya que si no “vive de acuerdo con el deseo que le habita” (Lacan) puede caer en los estragos del silencio (Alejandro Salamonovitz) y con ello en una profunda depresión.

El camino hacia el encuentro del propio deseo es un camino sinuoso, lleno de contrastes, de soledad, de silencios prolongados, de angustia, de terror; pero en ese caminar, el ser humano va naciendo a otra cosa, va dando cuenta de su propio deseo y lo más importante, saber qué hacer con eso (ética).

El proceso de salvación (entendida como ese tránsito de una vida vacía hacia una vida plena) implica pues una creencia, llámese religión, educación, vocación o psicoanálisis. Es ese encuentro con la propia verdad. La salvación no es un proceso de la noche a la mañana. La “metanoia” (conversión) hacia una vida con sentido, hacia ese “hombre nuevo” que existe en la idea judeocristiana, pero también en el marxismo y en el psicoanálisis. “Devenir la descendencia de los propios acontecimientos, y entonces renacer, nacer otra vez más, y romper con nuestro primer nacimiento carnal” (Deleuze). El paso de un sujeto alienado a un sujeto conducido por su propio deseo.

La salvación está a la vuelta de la esquina. La familia salva.

Contacto psicologocarlosmoreno@gmail.com

¿De qué se trata la existencia?

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“Freud mostró una arraigada adhesión a la ética judaica

como práctica milenaria de la otredad”

(Betty B. Fuks en “Freud y la judeidad, la vocación del exilio” p. 92)

 

¿Qué es la existencia? ¿Qué es vivir? ¿Qué entendemos por “existir”? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Cómo podríamos intentar responder al por qué y para qué estamos aquí en este mundo, en este lugar, en este espacio y en este preciso momento? Muchas voces se han lanzado intentando dar lugar a dicha interrogante, sobre todo los dos discursos que han acompañado a lo largo de la instauración cultural de la humanidad, a saber, la filosofía y la religión.

Dentro de las posibles posturas que encontramos frente a la vida, frente al lugar que ocupamos en el mundo, está la ética, como esa fundamentación que da lugar a nuestra responsabilidad de existir. La ética precisamente retoma el concepto de la “otredad”, es decir, se vive siendo libre pero también siendo responsable del otro, llámese familia, prójimo, hijos, esposa o esposo, madre y padre, extranjero, etc.

Si se quisiera simplificar las cosas se podría afirmar que el lugar que ocupa el ser humano en el mundo se resume a cuidar de su salud, ya sea haciendo ejercicio o alimentándose de sustancias nutritivas, procurando la salud física y también la salud del alma.

Otra de las características que se debería de tomar en cuenta para intentar dar razón de nuestro lugar en el mundo es la búsqueda de la verdad, esa verdad que los filósofos aman o que los religiosos cultivan con tanto ahínco. La búsqueda de la verdad también es un acto propio de la experiencia analítica, en donde el paciente acude al consultorio porque está cansado de mentirse a sí mismo o porque simplemente va en busca de su verdad, de su infancia, de su historia.

El encuentro con la verdad tiene que replantearse con la ética que existe para la sana convivencia en sociedad. La instauración de la ley obedece a una necesidad del ser humano de respetar el contrato social. No podemos andar por el mundo viviendo como unos salvajes, como diría Sigmund Freud, preferimos sacrificar parte de nuestra felicidad en aras de la civilización. Respetar al prójimo sería también un buen indicio de que se está dentro del juego de la existencia de acuerdo a las reglas establecidas.

Es por eso la importancia de la función paterna, ya que son los papás los encargados de la trasmisión de la cultura en los hijos. La salud de los seres humanos se juega en gran parte en ese proceso de socialización que implica la educación en el hogar. Si el hijo se ha convencido de que lo que se le invita a creer, a vivir, a anhelar, eso dará sentido a su vida, es un gran comienzo, ya después quizá el hijo crecerá y tendrá la posibilidad de re-plantear su jerarquía de valores, pero si la voz de la conciencia se ha instaurado a través del amor, tendrá mayor seguridad en optar por las bondades de la cultura como lo es el arte, la escritura, la poesía, la música, la danza, la lectura, el deporte, en fin, todo aquello que ennoblece al ser humano y hace de él un ser en potencia hacia la sublimación.

Otro de los puntos básicos que intentan responder al para qué de nuestra existencia en la tierra lo podremos encontrar quizá haciendo caso a lo que llamamos “vocación”. Saber para qué se está convocado, para qué se está llamado; encontrar una actividad en donde se pueda sentir feliz, realizado, haciendo lo que le agrada, una profesión, una labor, una actividad y encontrar satisfacción, bienestar y paz interior en la elección.

Por último y no menos importante, en lo que coincide la filosofía, la religión y el psicoanálisis es que el paso por este mundo se disfruta más amando. Amar en lo concreto, una pareja, unos hijos, una vocación, una comunidad. Amar a Dios. Amar una profesión. Amarse uno mismo.

Es pues este breve recorrido que hacemos en nuestro paso por este mundo. Procurar nuestra salud física y mental, saber a qué queremos dedicar nuestra existencia, vivir una vida observado la ética del contrato social y amar.

Saber que la vida se nos va de las manos, en un abrir y cerrar de ojos, somos finitos. No esperar a tener la muerte tan cerca para comenzar a vivir la vida que se desea. Dar cuenta de que un día habremos de morir indica la pauta para comenzar a vivir una vida con sentido.

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El lado oscuro de las redes sociales

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“De vez en cuando, la comedia se convierte en horror y acaba en relatos, seguramente bastante verídicos, cuyo humor macabro sobrepasa el de cualquier imagen surrealista.”

(Hannah Arendt “Eichmann en Jerusalén. Un estudio acerca de la banalidad del mal” p. 35)

Cuando recibí la invitación por parte de una conductora de un programa radiofónico para participar en el foro sobre el lado oscuro de las redes sociales no quedé muy convencido con el título, de bote pronto no me parecía estar de acuerdo con ese “lado oscuro” de las redes sociales ya que mi experiencia en las redes sociales ha sido todo lo contrario: he visto “la luz” en las redes sociales, en Facebook por ejemplo puedo estar en contacto con colegas psicólogos y psicoanalistas o en Twitter y sus trolls que afirman: “no te tomes demasiado en serio lo que sucede en Twitter”, recuerdo que en mi juventud decíamos lo mismo de la vida: “No te tomes tan en serio la vida que nunca saldrás vivo de ella”.

Más tarde en la noche, después de haber recibido la invitación, y dándole vueltas al asunto encontré un punto de convergencia con el título del foro que aquí nos convoca y mi postura desde el psicoanálisis.

Partamos de la premisa freudiana: todos tenemos una pulsión de muerte, es decir, todo ser humano ha heredado a lo largo de la filogenética y de la ontogenética esa pulsión de muerte, esa agresividad que en su momento nos ayudó a sobrevivir, pero en la actualidad se ha convertido en algo que está de más.

La pulsión de muerte, el destruir, el matar quizá ya no se lleva a cabo por medio de un acto real, ahora, con la evolución de las especies, esa “pulsión de muerte” se desplaza hacia lo imaginario y es allí en donde las redes sociales son propicias para el desahogo de esa pulsión de muerte del ser humano que se esconde detrás del anonimato, que desata las más “bajas pasiones” y convierte al fraile en bestia, al joven estudiante en un secuestrador o al padre de familia en un voyerista.

El lado oscuro de las redes sociales viene a desenmascarar lo que por mucho tiempo se consideró las buenas costumbres.

Las redes sociales como síntoma de la enfermedad de la civilización actual, claro, con esto no quiero satanizar a las redes sociales, como dije al principio, pero el uso que se le da por parte de algún sector de la población para llevar a cabo atrocidades no es más que un síntoma de algo que se está echando a perder, algo putrefacto; muchos dicen que es por la falta de valores, otros dicen que todo esto se vino al traste con la llegada del reggaetón, pero una cosa sí nos debe quedar claro, el uso de las redes sociales vino a desenmascarar una sociedad que se tambaleaba en su jerarquía axiológica, una civilización que hace cien años declaró la muerte de Dios y a partir de allí todo estaría permitido, llegamos a la era de posmodernidad en donde todo vale, todo está permitido, cualquier discurso es válido.

También se podría hablar sobre “El lado oscuro de las redes sociales” en lo que está sucediendo en el núcleo familiar, específicamente en las relaciones de pareja, en ese vínculo afectivo. Hay casos en donde el marido deja la computadora y su esposa bien intencionada está limpiando la mesa, por descuido empuja el ratón y la pantalla se ilumina, a ella le llama la atención un foquito rojo en los mensajes, lo abre y comienza la discusión.

Otro lado oscuro de las redes sociales, específicamente en Facebook y lo digo desde la escucha dentro del consultorio psicoterapéutico, es ese maleficio que invade en las parejas. Es muy frecuente que el amor entre las parejas se vea afectado por un “inbox”, por un comentario mal interpretado o por un “like” que a la postre desencadena discusiones interminables.

¿Existe el lado oscuro de las redes sociales? La respuesta estaría encaminada a reconocer la pulsión de muerte que nos constituye y que encuentra un desahogo tras el anonimato. Las redes sociales como un cultivo propicio para desatar las pasiones más bajas que constituyen la condición humana. Cosas buenas propician las redes sociales, pero no hay que estar siempre “con los ojos bien cerrados” a lo que acontece a nuestro alrededor. Nada es bueno, nada es malo, todo depende del cristal con que se mire y añadiría con el grado de “civilización” que una cultura pueda otorgar a sus agremiados.

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

 

 

 

La Ciencia y sus demonios

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“Durante gran parte de nuestra historia

teníamos tanto miedo del mundo exterior,

con sus peligros impredecibles,

que nos abrazábamos con alegría a cualquier cosa

que prometiera mitigar o explicar el terror.”

Carl Sagan

 

Escribe Carl Sagan: “Puede haber nuevas circunstancias nunca examinadas antes sobre los agujeros negros, por ejemplo, o dentro del electrón, o acerca de la velocidad de la luz.” Pero eso no implica que adjudiquemos fuerzas “sobrenaturales” “espíritus” “fantasmas” dentro de un electrón, eso sería hacer uso de un sofisma, llegar a una conclusión falsa, en donde no hay método científico, simplemente afirmar algo inexplicable aduciendo a “fuerzas sobrenaturales”. Inferir una síntesis de un silogismo malogrado.

Pensar en la actualidad en la existencia de los fantasmas va en contra de todo el proceso de evolución del cerebro humano que ha llegado a ser un “homo sapiens”, creer en fantasmas como la única manera de asirse a la existencia.

¿Cuál es el estado de la cuestión de la educación actualmente en México? ¿Cuál es el peso de la ideología dentro del proceso de enseñanza aprendizaje? El artículo tercero de la Constitución indica que la educación es “laica, democrática y gratuita, obligatoria”. Desde tiempos de Benito Juárez se instituyó una educación laica en donde el método de la duda fuera el método por el cual se pudiera alcanzar el conocimiento, luego Gabino Barreda propuso una educación con corte positivista.

Las ideas preconcebidas acerca de la existencia de Dios y sus designios nos mantenían como en una Aldea, vivíamos seguros, nada nos faltaba, vivíamos felices, pero atormentados, con miedo, temíamos la ira de Dios. Hubo alguien que decidió retar ese misterio, se le ocurrió dudar del dogma, salió de la Aldea y trajo la ciencia, siguió el camino para conseguir la ciencia, intentar descifrar lo que parecía tan obvio, no se conformó con lo que le decían sus ancestros, arriesgó su vida. En ese intento de querer encontrar una explicación racional declaró la muerte de Dios, pero con ello trajo la peste, con ello declaró la autonomía del ser humano; se vinieron las catástrofes existenciales; si no había Dios todo estaba permitido.

Hoy somos testigos de que aún existe gente que vive en esa Aldea y que afirman que su lucha es erradicar de la faz de la tierra al hereje o derrumbar el sistema hedonista que regula las mentes de los jóvenes.

Muchos viven en esa Aldea y no quieren salir de ella, también hay los que se aprovechan de eso y se dedican a explotar las ideas más fantasiosas, las reminiscencias de la gente que se niega a creer que solo tenemos esta vida y en ese intento de asirse  a la vida misma aseguran que han visto un fantasma, como escribiera S. Freud: “La creencia en los espíritus, en los fantasmas y en los aparecidos, a la que todos nosotros estuvimos apegados al menos en la infancia, no ha desaparecido en absoluto. Quien ha adquirido una mente fría y se ha vuelto incrédulo regresa por un instante a la creencia en los espíritus cuando la emoción y la alteración se encuentran en él” (S. Freud, AE, IX, p. 59-60).

La educación está fallando, no estamos cumpliendo lo estipulado en el artículo tercero de nuestra constitución, aún hay gente que cree vivir rodeada de espíritus chocarreros, fantasmas, ángeles y demonios, un mundo en donde si hay lugar para la “parapsicología”.

Vivíamos en La Aldea, todos éramos felices, había una “paz social”, no podíamos salir de nuestra Aldea. Dejamos de creer en Dios, nos sometimos al poder de la ciencia, avanzamos mucho, pero junto a ello, junto a la muerte de Dios, acarreamos los sinsabores de vivir sin él. Con la muerte de Dios se inaugura la posmodernidad. Todo vale. Todo está permitido.

“Una persona puede ir a ver a un brujo para que le quite el sortilegio que le provoca una anemia perniciosa, o puede tomar vitamina B12.” (Carl Sagan)

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

Disquisiciones en torno a la existencia humana

Carlos Arturo Moreno De la Rosa

@CarlosLector

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“Fabulaciones” by Lic. Ivan Carbonell Guerra en artistasdelatierra.com

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“El planeta es la casa hospitalaria y generosa de la humanidad.
Es el hombre el que instala en ese bello planeta el egoísmo y el interés mezquino”
Jorge Villegas

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¿De qué se trata la existencia? Esa es la pregunta reiterativa que pervive en mi inconsciente. La vida, sabemos de antemano, es efímera, ya nos lo dijo magnánimamente Milán Kundera, y a pesar de eso no hemos dejado de lado ese vicio maldito y arraigado en nuestros genes de amargarnos la existencia. Uno es un loco que anda por la vida intentando encontrar respuestas a interrogantes que ni los más connotados filósofos, teólogos o psicoanalistas han sabido responder.

Una de las respuestas que más ha tenido aceptación respecto al sentido de la vida, es el amor; vivir una vida con amor, amor a los hijos, amor a los padres, amor al trabajo, amor a Dios, amor al prójimo. “Ama y haz lo que quieras” decía San Agustín. El amor como epicentro de la existencia humana. Pero un amor concreto, no un amor abstracto, que a la postre es más dañino que el mismo odio.

Desde que el hombre se precia de ser un sujeto pensante ha intentado dar explicación a su posición existencial en este mundo. A lo largo de la historia de la humanidad el ser humano ha creado constructos epistémicos con la intención de aprender y aprehender el mundo que le rodea. En un principio la mitología jugaba el papel que hoy juega la ciencia. Antes el hombre intentaba explicar la causalidad de las cosas mediante un silogismo tan sencillo que terminaba padeciendo las consecuencias nefastas de ser un títere de un Dios masoquista. Conforme fue avanzando en obra y pensamiento, ese sujeto impostor y artificial que está en el mundo invadiendo la biodiversidad ha ido permeando sus pensamientos a tal grado de hacerse responsable de sus hechos y sus consecuencias.

Existen tantas explicaciones sobre el sentido de la existencia como tantos teóricos puedan lanzar sus hipótesis. Unos afirman que deberíamos replantearnos nuestro ser-en-el-mundo y volver a las comunidades primitivas en donde las relaciones interpersonales estaban pactadas no por el mercado, ni por el dinero ni el consumismo, sino por una ética dictada desde el corazón.

En la actualidad somos testigos de cómo se ha ido incrementando la libertad del hombre y con ello la capacidad de decisión, pero si al ser humano se le da la oportunidad de decidir también es urgente que ese ser humano esté socializado, esté civilizado, o ya de perdido que ese sujeto esté “educado” en el más amplio sentido de la palabra, porque si no se cumple dicho requisito el hombre decidirá erradamente y de eso ya nos estamos dando cuenta.

Le hemos dado la espalda a Dios y a todo lo que eso representa, creímos que el ser humano ya era un adulto que podía decidir sobre su propia existencia. Decidimos vivir emancipados. Apostamos por la libertad y perdimos. Estábamos errados; el ser humano apenas es un púber que se quiere comer el mundo, un puberto que no le importa fastidiar la existencia del otro con tal de conseguir su objetivo. Nos equivocamos al decir que Dios había muerto, aún lo necesitábamos. Ahora ya es demasiado tarde. Habrá que inventar otro Dios que nos diga qué hacer en caso de emergencia.

Ser-en-el-mundo…

Autor: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

A nadie le va mal durante mucho tiempo sin que él mismo tenga la culpa.
Montaigne
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Sui géneris la filogenética del hombre posmoderno; primero fue “homo sapiens”, luego fue “homo videns”, luego “homo ludens” y ahora es “homo vitium”. Hombre vicioso. En plena era de la posmodernidad es ridículamente imposible concebir a un sujeto que no tome café, fume cigarro, sea alcohólico, ludópata, ciber-adicto, adicto al sexo, etc. etc. Podemos seguir viviendo echándole la culpa al “otro” de nuestras desgracias, o podemos decidir asumir el compromiso existencial, ser responsable de nuestra vida, hay de dos sopas.

Dentro de la psicología existen dos constructos básicos en cuanto a asumir el rol existencial en la vida: locus de control interno y locus de control externo. El “locus de control externo” se refiere a cuando culpamos a los demás de nuestras tragedias, llámese “los demás” como “Dios”, “Gobierno”, “Autoridad”, “Patrón”, “Jefe”, “partidos políticos” etc. cuando nos juntamos con los amigos y arreglamos el mundo en un “Starbook”, en una cantina o en el café de Don Chuy. Locus de control externo: preferimos delegar la responsabilidad existencial, el compromiso de vida.

La otra manera de vivir es mediante el “locus de control interno” en donde el sujeto asume las consecuencias de sus actos, en donde planea su existencia, en donde tiene un proyecto de vida, un objetivo y asume las consecuencias de sus actos, se sabe jodido pero por su culpa y no por “Dios” o por el “Maldito Gobierno”. Vivir bajo el locus de control interno es tomar decisiones en la vida y asumir sus consecuencias sin echar culpas. Vivir bajo el locus de control interno es asumir que “la felicidad es de quien la trabaja”, vivir haciendo feliz a la pareja y no esperando que la pareja haga feliz mi estancia en este mundo.

Javier Sicilia nos está dando un gran ejemplo de lo que debemos hacer con nuestra postura existencial; él, ante la muerte de lo que más amaba en la vida, no se echó a la depresión, no está culpando al Gobierno, llorando, sin hacer nada, esperando el final del sexenio, al contrario, está exigiendo que cada quien asuma su rol (dice que Felipe Calderón es el responsable, mas no el culpable, añadiendo que todos somos responsables) y él está convocando a que esto se detenga, a que la barbarie en la que estamos inmersos deje de ser. Javier Sicilia llama a “corresponsabilizarnos” a comprometernos.

La vida misma es la que está en juego, uno vive asumiendo su responsabilidad existencial, y bajo esta premisa afirmamos  que el acto del suicidio es una estupidez, porque es un sujeto que culpa de sus desgracias al otro, al eterno otro, “me mato porque no puedo más” clásico ejemplo de locus de control externo.  No podemos seguir viviendo la existencia bajo la bandera del locus de control externo, es decir, seguir viviendo quejándonos de todo. La propuesta es asumir la vida como tal, sonreírle a la vida, proponer en lugar de estar quejándonos por el mal-estar de la vida.

Agarremos al toro por los cuernos, tomemos decisiones trascendentales y asumamos sus consecuencias, que de eso se trata la vida.

@CarlosLector

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa (Monclova, Coahuila.)

La educación en el hogar: un acercamiento desde la posmodernidad

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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 “Papás, maestros, seamos duros, seamos estrictos, seamos disciplinados con nuestros hijos, ahí empieza todo, ahí está la semilla que necesitamos”.
 Melchor Sánchez De la Fuente, Alcalde de Monclova, Coahuila, (en nota del periódico Zócalo).
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Educar es una tarea imposible, ya nos lo advertía Sigmund Freud. Y más ahora; educar en tiempos de la posmodernidad se ha convertido en una misión imposible, en un deporte extremo, en una lucha eterna, sin límite de tiempo, pactada a infinitas caídas. Eso es lo malo, se ha visto la Educación en el hogar como una lucha entre padres contra hijos. ¿En qué momento las criaturas todas bellas, todas lindas se convirtieron en el hazme reír de los padres inexpertos, hedonistas, superfluos, banales y demás? Educar en el hogar es un caos, muchos padres desisten y le encargan a la nana esa tarea, educar a los pequeños, o ya de perdido que la televisión sirva para algo y los ponen frente a la tele para poder hacer la vida más llevadera.

La autoridad en el hogar se ha visto demasiada relajada, antes con una sola mirada hacíamos caso a nuestros padres, ahora, hasta el Alcalde de Monclova llama a la ciudadanía a ser “mas estrictos con sus hijos” que un buen ciudadano se forja en casa.

Recientemente en Monclova un padre de familia torturó a su hija quemándole una rodilla con un cigarro. ¿Hasta dónde está permitida la disciplina, el castigo, las reglas? ¿Quién impone el parámetro de lo permitido? Recuerdo que en los años ochentas los psicólogos afirmaban que no se les debería pegar a los niños porque si no les causaban traumas. Es cierto que nuestros padres crecieron bajo una rigurosa y muy estricta disciplina en el hogar, eran comunes los golpes con una vara o con un cinto, lo mismo sucedía en la Escuela, los profesores contaban con el aval de los padres de familia para utilizar cáscaras de nuez e hincar a los chamacos que fueran causantes de algún disturbio, ponerles orejas de burro o golpes en las palmas de las manos. Ahora es diferente, los alumnos se escudan en los “derechos del infante” y los padres se niegan a ejercer su autoridad para no recordar los traumas de su infancia.

¿Cómo educar a los niños-hijos de la posmodernidad? Las nalgadas son válidas, claro, dentro del límite de tolerancia, estamos hablando de pequeños que aún no logran percibir la gravedad de sus actos, como haberle pegado a su hermano menor, por ejemplo; pero no es recomendable andar dándole nalgadas a los peques, es un recurso que se debe utilizar en contadas excepciones, cuando la conducta del infante ha sobrepasado los límites de lo tolerable. Las nalgadas se utilizan en un periodo de la infancia que ronda entre los dos o tres años hasta los cuatro o quizá cinco años, ya después el infante crece y sabe la diferencia entre el bien y el mal, para esto hay que hacer uso de la disciplina sustentada en consecuencias, es decir, educar al infante en base a las consecuencias de sus actos: “si haces esto, la consecuencia de tu acto es que no podrás ver la televisión” o “si haces esto otro la consecuencia de tu conducta es que podrás salir a jugar con tus compañeritos” y así el hijo podrá discernir las conductas en base a su consecuencia, sabrá diferenciar lo que le causa placer de lo que le causa aversión.

Educar en el hogar se ha convertido en una tarea apoteósica, las mujeres son las heroínas de la posmodernidad, el relajamiento en la educación en el hogar lo estamos viendo reflejado en la sociedad. El niño que no supo distinguir entre conductas socialmente aceptadas de las conductas que no lo son, tiene un futuro incierto, un futuro sin una estructura psíquica que le diga qué está bien y qué está mal. De hecho deberíamos reformular el DSM-V, eliminar todas esas psicopatologías y catalogar a los seres humanos simplemente en dos vertientes: los que hacen daño al prójimo y los que no. Los que hacen daño al prójimo son más parecidos a unas bestias, precisamente de eso se trata la educación, de civilizar a la bestia, entonces ante la pregunta ¿por qué hizo eso el adulto que torturó a la niña con un cigarro? fue precisamente por eso, por que ese señor no estuvo bien socializado, se quedó en una etapa infra-humana, es una bestia y como tal debemos de esperar esas conductas. Todos en un momento fuimos bestias pero la educación se encargó de socializarnos, hubo quien se quedó en el camino y por eso actúa como tal, como bestia; hubo otros en los que si funcionó esa educación e intentamos razonar sobre nuestros actos. Menuda tarea la que tienen los padres que recién se estrenan como figuras de autoridad en plena era de la posmodernidad. Los compadezco señores. Los compadezco.

@CarlosLector

La familia: presente, pasado y futuro

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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“En México hay 25% de hogares uniparentales por múltiples razones”.
Katia D´ Artigues

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Hablar de familia hace cincuenta o sesenta años era hablar de una familia numerosa. Dentro de un mismo hogar cohabitaban, créalo o no, exageradamente muchos entes. Recuerdo haber escuchado a algunos familiares que insisten en que las familias de antaño (época de Porfirio Díaz) eran constituidas por diez, doce o catorce miembros, algo común en aquellos ayeres.

La idea de “familia” ha sufrido una terrible metamorfosis, la familia del siglo XX no tiene nada que ver con lo que hoy conocemos bajo el rubro de “familia”. Mi abuela materna creo que tuvo como diez hijos. Tener pocos hijos era socialmente mal visto, era un estigma, un oprobio contra las buenas costumbres. Las familias eran profusas, nutridas, pródigas, copiosas y exuberantes.  Las señoras se dedicaban a cuidar a la prole (en el correcto sentido de la palabra, sin ofender). Era común en aquellos tiempos ver que el padre de familia salía a trabajar, el hombre era el único capaz de ir a cazar al animal o ir a la oficina, ir a la mina u otros menesteres del allá y el entonces a ganarse el pan con el sudor de su frente. El macho de antaño tenía sus quereres con sus amantes, en cambio la señora no podía hacer nada, era incapaz de reprocharle sus defectos, tenía miedo de quedar en la orfandad, le habían educado para servir a su hombre. La mujer tenía que aguantar las fechorías de su esposo ya que el curita del pueblo le había dicho que el matrimonio era “hasta que la muerte los separe” y “es la cruz que te tocó cargar”, además en aquel tiempo sería señalada por ser madre soltera o mujer separada. Imposible pensar que pudiera llegar a ser una “Mujer desesperada”.

Con el paso del tiempo y con el devenir de cualquier Sociedad y Civilización que se precie de serlo, los miembros que integran la especie “homo sapiens” han venido evolucionando y con ello también los usos y costumbres de las personas que integramos dicho conglomerado. Ahora las mujeres optan por tener máximo tres hijos, cuatro es una multitud, dos sería la perfección, niño y niña de preferencia, la parejita, o en su defecto solo tener un hijo y entregarle todo el amor de que son capaces.

La pareja posmoderna ha cambiado eso de tener exageradamente hijos y optan por unos cuantos, argumentan que es para darles calidad, y por eso desde que nacen, a los tres meses de nacidos, van y los entregan a la guardería, porque saben que es allí en donde se les educará para ser ciudadanos de bien. Los adultos trabajan y trabajan todo el santo día para que no les falte nada a sus hijos; “ese es el verdadero amors” dicen para sus adentros.  A las seis de la tarde los recogen; si aún son bebés al llegar al hogar los duermen, o si son más grandecitos pues los meten a clases de cualquier cosa, papiroflexia, defensa personal, esgrima, ballet, clases de cocina, taquimecanografía, reparación de bicicletas… etc. Cualquier deporte es bueno, con tal de que se forme íntegramente, y claro, mientras el chamaco que tanto aman está en esas clases de matemáticas avanzadas, rugby o lo que sea, la señora aprovecha para estar con sus amigas y discutir la agenda de la vida cotidiana, echar el chal o actualizarse en los chismes de la farándula o cuando menos saber los pormenores de la vida ajena.

Llega la noche y el hombre llega a su hogar cansado, fastidiado de su trabajo que no eligió, prende el televisor en un intento de escape, sus ojos están atentos a lo que pasa en la pantalla pero su mente fantasea una vida paralela que siempre soñó.

Esta es la familia que tenemos. La familia posmoderna está engendrando los hijos que en un futuro dirigirán la Sociedad en la que sobrevivimos.

@CarlosLector

La Felicidad en tiempos de la Posmodernidad

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa 

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“El secreto de la felicidad no esta en hacer siempre lo que se quiere
sino en querer siempre lo que se hace.”
Leon Tolstoi

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A lo largo de la historia de la Humanidad, el homo sapiens se ha cuestionado por el sentido de su existencia. Desde que el hombre se precia de serlo, desde que el cerebro hizo un acto de introspección se ha preguntado por su lugar en el Cosmos. Unos dijeron que la esencia de la existencia sería “conocerse a sí mismo”, otros afirmarían categóricamente que la vida adquiere sentido cuando somos capaces de amar al prójimo; otros aseveran desde su propio inconsciente colectivo que venimos a este mundo a adorar a alguna divinidad; muchas voces optan por el hedonismo, otros por el eudemonismo, otros por el sinsentido. En fin, tantas y tantas respuestas a la incógnita del Ser-en-el-mundo.

En la sociedad contemporánea ¿en qué consiste ese sentido? Los psicólogos, filósofos, poetas, teólogos y músicos de rock and roll y uno que otro candidato de cualquier República de cualquier partido, han dicho que el hombre viene a este mundo a ser feliz.

Para dar respuesta a semejante incógnita, debemos de recordar la era en la que estamos inmersos; hemos dejado atrás varias eras de la humanidad que se han caracterizado por sus propios síntomas, como por ejemplo la Era de los orígenes de la civilización en donde el sentido de la vida era simplemente trabajar y adorar a los diversos dioses, posteriormente, con el paso de los años, el ser humano se dedicó a filosofar, después pasamos por un período oscuro denominado “Edad Media” en donde el sentido de la vida era precisamente conservar lo más preciado de lo humano: el contacto de Dios con su máxima creación: El Hombre. Llega un momento en la Historia de la humanidad en que el ser humano pone en duda los múltiples dogmas que rigen su existencia y es cuando entramos al período de la Ilustración, posteriormente a la modernidad y el imperio de la Razón y así llegar a lo que hoy conocemos como la Posmodernidad en la que estamos inmersos.

En la actualidad, y después de haber reflexionado durante siglos y siglos, el ser humano ha llegado a la conclusión de que la felicidad se encuentra sencillamente en estar en una posición corporal que denominaremos “estar-semi-acostado”; esa posición puede ser en un sofá, en una mecedora (excesivamente cómoda), o en la misma cama, pero sobre todo, y he aquí la receta de la felicidad posmoderna, se debe estar semi-acostado con una laptop en las piernas, de preferencia después de un buen baño reparador y si se puede también después de haber cumplido con los deberes del día.

Bueno, eso en el mejor de los casos en donde se pudiera encontrar algo de “sublimación” porque la verdad, la felicidad estaría ciertamente en estar semi-acostado y en las piernas no precisamente una lap-top, en las piernas mejor una mujer, una mujer amada o simplemente una mujer. O en su defecto estar acostado y en las piernas nada, pero en la mano el control remoto. Esas son las tres variantes de la felicidad del hombre posmoderno. Las tres tienen un común denominador: el ser humano ha evolucionado a tal grado que ha dejado atrás esa representación “vertical” que conquistó en un tiempo de su evolución filogenética, pero lo de hoy y lo de el futuro no muy lejano es estar acostado, dejar descansar la columna “vertebral” y optar por la posición horizontal. Bendita posmodernidad.

@CarlosLector

Britney Spears en México

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Me gusta más la Britney Spears de ahora que la Britney Spears de hace diez años. Ver a Britney Spears en el escenario actualmente es como acudir a la presentación de una cabaretera que tuvo sus años de éxito y que vuelve a escena para recordar sus hazañas, igualito que Britney, tan bella, tan sensual, tan pasada de kilos.

Debo confesar que Britney Spears nunca me gustó, quizá por aquella maldita costumbre de cuando era más joven de ir en contra de lo establecido, de los productos chatarra, de lo que dictaba la televisión, la moda y el gusto estandarizado, por ejemplo en cuestión de música detestaba las rolas de Maná y prefería los gritos poco conocidos de la Banda Bostik, Lira n’ Rol, Tex Tex, etc.

Mis compañeros en donde nos alojábamos cuando éramos estudiantes en Monterrey idolatraban a Britney, era su momento de auge, me decían que de niña había salido en algo así como en un programa infantil de Mickey Mouse, que lo atractivo de Britney era precisamente eso, haberla visto en programas infantiles y con el paso de los años verla en escenarios con diminuta ropa.

Nunca me atrajo la música de B. Spears, se me hacía muy comercial, recuerdo haber visto un video en donde sale en un avión, creo que se viste de azafata.

Pero ahora, la vuelvo a ver, trae una gira en nuestro país, muchos la critican, dicen que ya perdió el glamur, que hace playback, que su momento ya pasó, pero eso no es cierto, Britney está en su mejor momento.

Britney es una parodia de sí misma, es un cruel sarcasmo de lo que fue ayer. B. Spears es una burla grotesca de sí misma, como diciéndonos que era cierto aquello de la superficialidad, como diciéndonos que es cierto aquello de ‘lo que importa es lo de adentro, lo de afuera tiende a caerse’.

Britney está cumpliendo una máxima filosófica, con su cuerpo se ha convertido en una filósofa de la decadencia, en una mensajera, en un ángel que anuncia que este mundo es superficial, que anuncia que este mundo es el mundo de la apariencia.

Quizá Britney se ha convertido al humanismo más recalcitrante, alguna secta protestante le vendió la idea de que debería convencer a los humanos que de nada sirve ganar el mundo si con ello pierden su alma… Britney se presenta en los escenarios encarnando el mensaje. Su cuerpo como metáfora de la decadencia…

…Y allí se le ve, triste, con la mirada perdida, sola, rodeada de tanta gente, predicando el Evangelio de las Maravillas de la posmodernidad…

Roxana

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Se llama Roxana. Roxana me dice que tiene novio. Ella tiene 16. Dice que ya debería estar en la prepa pero que la reprobaron cuando estaba en segundo grado de primaria y que perdió otro año porque no la aceptaron cuando sus papás decidieron cambiarla de escuela, que por eso aún está en la Secundaria, en tercer grado.

Dicen los psicólogos que Roxana tiene discapacidad intelectual, pero eso a ella ni le aflige ni le acongoja y mucho menos le quita el sueño. Lo de ella es estar enamorada de su novio. Excesivamente enamorada de su novio. Su novio tiene 20 años, Roxana no sabe cuándo va a cumplir los 21. Roxana dice que ya tiene seis meses con él. Ella dice que está muy enamorada de él. Perdidamente enamorada de él.

Él, su novio, trabaja con su padrastro, le ayuda a construir casas, creo que es albañil, dice Roxana que su novio ya no siguió estudiando porque lo corrieron de la prepa en donde estaba.

La semana pasada Roxana cumplió sus dieciséis, me dice que su novio le dio un regalo que jamás olvidará. Roxana está embarazada. Roxana tiene dieciséis, está en tercero de secundaria, tiene discapacidad intelectual y pronto será mamá. Ella está muy contenta, no deja de platicarme de su novio, pero dice que no lo ha visto últimamente, que lo siente muy distanciado, que ya no es el mismo, no sabe si es por lo del embarazo o si es porque ahora le gusta convivir mucho con su prima; –“bueno, él me dice que es su prima, ella es más joven que yo, yo no sabía que eran primos ¿a poco los primos se besan en sus bocas?”.

@CarlosLector

La decadencia de la simulación humana

La humanidad indefectiblemente está podrida, huele mal. ¿Por qué? ¿Cuál es el origen de este cáncer social en el que estamos sumergidos? ¿Cuál es la Fuente Q? ¿De dónde proviene? ¿Qué? ¿Cómo? ¿Por qué? y nos atreveríamos a mencionar la irreverente pregunta teleológica anticientífica: ¿para qué?

Comencemos con lo particular, con el núcleo familiar, principio y fundamento de toda psicopatología Universal. Sabemos que el constructo “Familia” ha ido sufriendo una metamorfosis a lo largo de la Historia, la idea ha ido permutando, por lo  tanto observemos a la familia de los últimos cien años:

¿Qué se puede esperar de un hijo que no ha vivido con su padre? Odio, Carencia, Rencor. Ese hijo crece y  se casa,  tiene hijos. ¿Cómo va a educar con esa carencia existencial a sus hijos? Con sus hijos repite el patrón, “educa” a sus hijos con esa carencia, los educa sin amor. Esos hijos crecen y tienen sus propios hijos, ¿cómo los educarán? Con la carencia que viene acumulando de su abuelo y de su padre. ¿Y esos hijos cómo educarán a sus hijos? Con las carencias afectivas acumuladas en la cadena filogenética y ontogenética. ¿Qué nos queda?

La civilización que ahora tenemos, la civilización posmoderna heredera de la cultura de las carencias afectivas de los abuelos, los padres, ellos y sus hijos.

Por eso vemos levantones, secuestros, vejaciones, humillaciones, narcotráfico, adicciones, prostitución, mala vida, muertes, asesinatos, homicidios, suicidios. Y todo por la falta de Amor que se viene instaurando, troquelando en lo más recóndito de nuestra esencia, es lo que últimamente nos está constituyendo, lo quiditativo del Hombre en este proceso de dialéctica espiral evolutiva que nos lleva lentamente y lamentablemente al nihilismo, a la auto-aniquilación, a la entropía como Humanidad, como Civilización, como entes que un día razonaban y amaban, eso quedará en los textos de historia.

La Realidad permuta. La realidad nos avasalla. Estamos metidos en esto, es imposible salir, solo la “Era del Acuario” u otra jalada de esas podrá salvarnos, mientras seguimos sobreviviendo en esta selva de asfalto, en donde querer existir está vedado, en donde el constructo de felicidad ha quedado reservado solo para unos cuantos. ¿Qué nos queda? ¿Hacer propuestas? ¿Intentar otra sociedad con otros paradigmas, con otras maneras de vivir?

La decadencia es la manera original de existir, se vive una simulación, se vive simulando que se es feliz, los niños juegan sin preocuparse por el mañana, los adolescentes corren uno detrás de otro literalmente jugando en su presente, no les da para más su percepción de la realidad. Los jóvenes compiten por ser el líder, el rey del antro, el más follador, el que más ha estado en diversas preparatorias o universidades. El adulto sigue obcecado en descuidar a su familia para relucir en medio de la sociedad. El docente hace como que trasmite el conocimiento o  hace como que trabaja  en el proceso enseñanza-aprendizaje. El político sigue empecinado en el Poder. ¿Qué nos queda?…

¿Qué hacer con tanta violencia?

 
 
“La prohibición crea el crimen y genera peligros
aun más graves que los que ha buscado evitar,
tanto en el terreno médico como en el social”
“The Economist” de Londres
 

La agresión es inherente al ser humano, ya sea en defensa propia, por frustración o por placer.

La Historia de la Humanidad está repleta de barbaridades, de atrocidades, de salvajismos, solo recordemos la historia impregnada en la Biblia, lucha tras lucha, conquista tras conquista.

En nuestros ancestros más cercanos, los habitantes de Mesoamérica y Aridoamérica, con sus guerras, su ideología, su jerarquía en donde los guerreros ocupaba el más alto peldaño, sacrificio tras sacrificio para tener contento a sus dioses por medio del “tzompantli” (ábaco gigantesco hecho de cabezas humanas), luego la Conquista y el exterminio de los indígenas; de ser una población de  9 millones de personas pasó a ser una población de un millón, un real genocidio.

Avanzando en la historia podemos detenernos en la Independencia y en la Revolución, luchas cruentas que reafirman lo aquí esbozado.

Esto a nivel Nacional, pero ¿qué hay de la realidad fuera de nuestro territorio? ¿también la agresividad se globaliza? Como muestra señalemos solamente la primera y la segunda guerra mundial, la Guerra Fría, las invasiones de ejército norteamericano a los países que no comulgan con sus ideologías.

En México la violencia no es la excepción, provenimos de una estirpe cruel, asesina, sanguinaria, los chichimecas en Aridoamérica y los Aztecas en Mesoamérica.

Filogenéticamente no podemos olvidar nuestros orígenes: Caín mató a Abel, nosotros provenimos de su sangre, sangre filicida, asesina, homicida, sanguinaria, vengativa. Esa es nuestra naturaleza humana, no lo podemos evitar; una cosa es socializar la pulsión de muerte que habita en nuestros corazones y otra es negarla o reprimirla.

La violencia no la podemos erradicar, viviremos a pesar de ella, los incentivos dentro de los programas para erradicar la violencia deberán estar dirigidos a objetivos que abarquen las instancias familiares: la familia es la institución por antonomasia en donde se forja el futuro ciudadano, es una lucha perdida, tenemos que andarnos con cuidado, México es un territorio minado. ¿hacia dónde va el método para erradicar la violencia en el País?  ¿porqué no se convoca a los intelectuales más prominentes de México (como lo sugirió el Rector del ITESM) y que de allí surja una propuesta, no de violencia como la que actualmente estamos viviendo?

Que los hombres del Poder escuchen a los sabios.

@CarlosMorenoMx