La separación de los amantes; hasta que la muerte nos separe

 

Toda separación implica un duelo. Hay duelos sanos y duelos patológicos. ¿Cuándo podríamos estar hablando de un duelo patológico? Cuando la persona después de la separación, ya sea un divorcio, el fallecimiento de un ser querido, la pérdida de estatus laboral, y otros acontecimientos que marcan en la vida, no ha podido superar ese trago amargo por más de dos años.

La muerte de un ser amado es uno de los motivos por los cuales se recomienda que la persona comience a elaborar un proceso de duelo. No es recomendable iniciar un proceso de duelo inmediatamente después del fallecimiento del ser amado, es sano dejar a la persona que viva el sufrimiento que conlleva la separación, algunas personas ocupan seis meses o hasta un año para llorar la pérdida, pasado ese tiempo, es aconsejable iniciar un proceso de duelo, un proceso de acompañamiento para dejar ir a la persona amada.

Una situación similar acontece cuando la pareja de enamorados llega a su fin, cuando la pareja decide separarse, pasa por etapas similares del proceso de duelo que en el presente texto serán comentadas. “La separación de los amantes” un libro emblemático del psicoanalista Igor Caruso aborda dicho laberinto, en donde hace ver que la ruptura afectiva implica precisamente transitar un proceso doloroso (duelo) por la persona amada para poder seguir viviendo a través de la resiliencia. Hay rupturas amorosas que no se superan nunca precisamente porque no se dio el tiempo necesario de elaborar el duelo, es decir, dejar ir y continuar la vida; se dice fácil pero en la práctica clínica son las situaciones por las que más acuden nuestros pacientes.

Al hablar de proceso de duelo necesariamente nos remitimos al texto escrito por el Dr. Sigmund Freud titulado “Duelo y melancolía” en donde postula que la separación será dolorosa de acuerdo al grado de libido que hayamos depositado en el otro. Otro punto de referencia para realizar el abordaje del proceso de duelo es la Dra Elisabeth Kübler Ross, que se dio a la tarea de investigar a los enfermos terminales y propuso que todo proceso de duelo ocurre a través de etapas.

Todo proceso de duelo inicia con un mecanismo de defensa denominado “negación” en donde tanto el paciente ante la muerte como el amado ante la separación, trata de negar el impacto emocional; “esto no me está sucediendo a mí”, “yo no tuve la culpa en la separación” y otros pensamientos similares rodean este primer momento. Un segundo momento llega cuando la persona experimenta enojo, ira; es cuando grita, cuando la negación cumple su parte y la persona se enfrenta ante la realidad. Todo proceso de pérdida implica un desajuste y por lo tanto una incomodidad que se ve reflejada en el enojo de esta segunda etapa. Cabe señalar que las etapas pueden ser experimentadas linealmente o también pasar de la primera a la última y de ésta a la segunda y luego a la tercera y regresar a la primera, etc. Un tercer momento del proceso de duelo está marcado por el intento de negociar, en donde la persona trata de negociar con Dios por otra oportunidad ante la inminente muerte o en el caso de la separación amorosa, la persona intenta negociar con la otra parte para ver la posibilidad de reanudar el vínculo afectivo.

El cuarto momento del proceso de duelo está signado por la depresión, es cuando el paciente se resigna a su realidad, o el amoroso cae en cuenta de que ese vínculo que sostenía ya no puede seguir. La depresión ocurre y es un proceso normal, por lo tanto no hay que alarmarse o asustarse, la dificultad es cuando el proceso de duelo llega hasta ese momento y sólo se alcanza la resignación sin dar entrada al quinto momento.

Para terminar, el quinto y último momento del proceso de duelo es la aceptación, en donde, si se elaboró un buen acompañamiento a través de un proceso psicoterapéutico, la persona sale adelante, acepta y aprende a vivir con esa pérdida. La diferencia entre resignación y aceptación es precisamente el manejo de la actitud ante la vida y el tiempo que se le dedicó a elaborar la pérdida. No es lo mismo “hacerse el fuerte” y decir “aquí no pasó nada” que asumir la pérdida/separación y comenzar a sanar. Un duelo no trabajado a tiempo trae repercusiones a la larga, en donde se creía que ya se había resuelto pero los fantasmas del pasado atosigan al sujeto hasta que logran ser escuchados.

 

Carlos Arturo Moreno De la Rosa

Lic. En Psicología por la UANL

Maestría en Psicoterapia

Diplomado en Tanatología por la Universidad Iberoamericana-Campus Monterrey

Catedrático universitario Universidad Vizcaya de las Américas – Campus Monclova

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