La felicidad ¿a la vuelta de la esquina?

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“Los trabajadores, si en realidad miraran de frente

 la falta de sentido de su trabajo y su vida,

tendrían que abandonar totalmente el trabajo.”  

(Günther Anders  en “La obsolescencia del hombre”)

 

La sociedad actual está estructurada y constituida de tal manera para que el ser humano no alcance el máximo grado de bienestar posible, ya que la “felicidad” implicaría una involución, un retroceso que iría en contra de la civilización actual, de la cultura que como humanidad hemos construido hasta el momento en donde el acceso a la felicidad se da a través de la posición económica. En la actualidad la felicidad se compra, es lo que nos han hecho creer. La hipótesis actual de la felicidad es que solamente se puede alcanzar a través del dinero, como en su momento lo dijera el profeta MC Dinero (un DJ adolescente muy popular en México por sus rimas en donde reitera constantemente el significante dinero). Por lo tanto, la llave que abre el acceso a la felicidad en los tiempos actuales es el dinero, en un sistema capitalista neoliberal.

La sociedad actual arraigada en los más profundos apotegmas del capitalismo no va a permitir que un ser humano alcance la felicidad si no produce. Es por eso que las reglas del juego están establecidas: mínimo ocho horas de trabajo diario (mal pagado), dejar agotado al trabajador, esfumar sus aspiraciones, sueños, anhelos, deseos, que no tenga tiempo para pensar en una “insulsa revolución”, que quede incapacitado e imposibilitado para cuestionar el sistema o la manera de cómo se están dando las cosas. Distraer al ciudadano para que los perversos, esos que gustan de llenarse los bolsillos de dinero, sigan dictando las leyes, sigan practicando la corrupción, en un país en donde nunca pasa nada y en donde la amnesia es un síntoma crónico que se ha aprendido a vivir con eso.

Al sistema en turno no le conviene que el ser humano sea un hedonista. Es por eso que le vende la idea de vivir bajo los valores más sublimes y si no vive consecuente con eso, cargará la culpa por el resto de su vida. El hedonista no produce, es por eso que es mal visto, los jóvenes de los años sesenta se dieron cuenta de la grieta del sistema y optaron por una vida de “amor y paz”, fue un momento de quiebre en el sistema pero pronto se recuperó y dio a luz a los yuppies que son ahorita los jóvenes empresarios en donde el estatus se valora por la producción económica. La película “psicópata americano” es un muy buen ejemplo de la generación perversa que actualmente mueve los hilos del sistema en turno.

Actualmente la humanidad cada vez intenta negar lo que existe de bestialidad en nuestra condición. Se rige por los mandatos del superyó, (lacaniano, no tanto freudiano), un superyó que manda al sujeto a gozar, ese goce mortífero, una vida en exceso que le conducirá a la autodestrucción. El goce está íntimamente ligado con los estándares del consumismo. Tanto tienes tanto vales. Aquí cabe hacer una distinción: el ser humano tiende al placer (ello) pero es el superyó, sobre todo el descrito por Lacan, el que obliga al ser humano al exceso, es decir, el placer llevado a su punto más álgido. La exageración, la muerte.

El sistema actual está configurado de tal manera que el ser humano no se entere de que un día ha de morir, es por eso que quizá el anciano ocupa un lugar en la demencia senil, ya que le carcome la angustia de saberse mortal. Si supiéramos que un día hemos de morir, quizá no estaríamos haciendo muchas de las cosas triviales en las que se nos va la vida. El sentido de la vida, afirmaba en su momento el Dr. Víctor Frankl, está precisamente en la muerte, es decir, saber que un día hemos de morir y desde allí, desde esa perspectiva voltear a ver la propia existencia, algo así como lo que Heidegger afirmaba con su “Dasein propio”. Es la consciencia de la propia muerte lo que da sentido a la propia existencia.

El discurso de la ciencia nos enseña que la vida es efímera. ¿Qué relevancia tiene Juan, que vivió en el siglo XVIII? ¿Cuál es la trascendencia de su legado? ¿Cuál Juan? Es por eso que tomamos muy en serio la vida, tan en serio que nos olvidamos de lo más importante. ¿Y qué es lo que importa? Cada uno podrá encontrar la respuesta en su inconsciente. No existe un “único sentido”, cada uno deberá responder esa pregunta partiendo de su propia historia de vida, abrazando el deseo que le habita.

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

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