Narcisismo

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“Un fuerte egoísmo preserva de enfermar,

pero al final uno tiene que empezar a amar para no caer enfermo,

y por fuerza enfermará si a consecuencia de una frustración no puede amar”

(S. Freud, Obras Completas, tomo XIV, en “Introducción al narcisismo” p. 82)

 

Sigmund Freud escribe en su obra “Introducción al Narcisismo” (1914) que los psicóticos no son candidatos a un psicoanálisis ya que han perdido el contacto con la realidad, así mismo los neuróticos han distorsionado sus vínculos con la realidad. La pregunta hoy en día es cómo nos vinculamos con la realidad, con los objetos de amor, con las personas. El fetiche llamado “virtual” ha impuesto una nueva manera de vincularnos. Ahora bien, no podemos afirmar que exista una “norma”. ¿En qué consistirá fomentar unos vínculos sanos? ¿Cómo poder andar por la vida sin proyectar nuestros propios demonios en las personas? Es decir, mucho de la estabilidad emocional o de la “madurez afectiva” como la llama Michel Onfray1, se pone en juego cuando se sabe reconocer “la propia viga en el ojo” y no andar endilgando en el ojo ajeno.

Sigmund Freud en la misa obra señalada líneas arriba (Introducción al narcisismo) que se encuentra en el tomo XIV de la Obra Completa editada por Amorrortu, plantea que el vínculo erótico que se pueda sostener con el otro es lo que nos puede alejar de una “enfermedad”. La posibilidad de amar al otro es quizá lo que puede abrir la puerta a la salvación.

¿Qué es el narcisismo? Es la incapacidad de amar al otro. Freud escribe: “La libido sustraída del mundo exterior fue conducida al yo, y así surgió una conducta que podemos llamar narcisismo2

El vínculo de amor, la posibilidad de amar hace que el ser humano pueda encontrar su salvación, su salud emocional. Ese vínculo de amor puede ser amando a su pareja, a sus hijos, a su familia. ¿Por qué el destino de nuestro amor tiene que ser una persona del exterior? ¿Por qué no solamente amarse uno mismo? Quizá porque la plenitud del hombre esté encaminada hacia ese paso, dejar el egoísmo que nos caracteriza y voltear a ver al prójimo, la ética de la otredad. ¿Encontraremos la salvación amando al otro?

Amar significa ser responsable del prójimo encarnado en el hijo, en el cónyuge, en la esposa, en el prójimo distante y no tan distante. Escuchar es una manera de amar. Reconocer la singularidad, la individualidad, la historia de vida del otro es una manera de amar.

El narcisismo nos impide voltear a ver al otro. El narcisismo impide hacer vínculos afectivos con el otro. El narcisismo obliga al sujeto a ver por él mismo. La cultura posmoderna ha hecho un culto al narcisismo, los síntomas del narcisismo es la guerra, la injustica, la pobreza. El narcisismo se puede ver no solamente a nivel individual sino también como ese sistema que opera y desvincula con el otro. La brecha que existe en la sociedad es producto del narcisismo, es decir, del egoísmo.

Quizá el narcisismo es la vía regia hacia la autodestrucción, hacia vivir una existencia vacía, sin sentido, cada vez más angustiante.

Sobre la capacidad de amar: ¿ama el que puede desplazar su libido del yo hacia el objeto externo? O ¿es en la medida en que podamos amar que encontremos ese bienestar tan preciado? O en otras palabras: ¿Se podrá amar cuando se sufre? Sigmund Freud plantea la dificultad de amar como el sujeto que sufre un dolor de muelas y toda su energía se canaliza hacia esa preocupación. Lo mismo sucede en los vericuetos del amor; no se puede amar al otro si antes no se ha podido trascender la “enfermedad” que implica el narcisismo exacerbado. Es cierto que no se puede amar si uno no se ama a sí mismo, pero también es cierto que el narciso se esconde tras esa bandera y su libido queda agotada en ese primer intento (amarse a sí mismo) sin poder llegar a la pulsión de objeto, es decir, amar al otro.

Ahora bien, ¿por qué el psicoanálisis postula que amar al prójimo es indicio de salud emocional? Quizá porque trasciende ese amor narcisista que se instaura en la primera infancia. ¿Podríamos estar hablando de un amor maduro? Poder amarse a sí mismo pero también poder amar al prójimo. Esa es la cuestión. En eso se juega la vida toda.

Cuando el ser humano se convierte en padre/madre, va implícito un desprendimiento de narcisismo hacia el producto, es decir, el padre/madre puede reconocer en el otro a alguien a quien amar. Es por eso las dificultades de amar al otro cuando el hijo no ha sido fantaseado, anhelado, imaginado. No hay un corte en el narcisismo, el hijo no implica algo en el imaginario de ese padre/madre. No hay compromiso. Esto podría explicar el fracaso en las relaciones de pareja, cuando no se es posible trascender el propio narcisismo.

1 Onfray, Michel (2008) La fuerza de existir. ed Anagrama. España. p. 37

2 Freud, Sigmund (1914) Introducción al Narcisismo. Obras Completas, Tomo XIV. Ed Amorrortu, p. 72

 

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