La máquina del tiempo

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

Máquina del Tiempo

“Lo inconsciente, más que existe, insiste”

Carlos Gaos

 

Uno de los deseos del ser humano es que existiera una máquina del tiempo que nos regresara al pasado y poder enmendar los errores o poder aprovechar las oportunidades. Una máquina del tiempo que nos dijera qué nos depara nuestro futuro. Esa máquina del tiempo existe; se llama diván y el espacio propicio es el psicoanálisis.

Quizá el psicoanálisis sea un método eficaz para poder esclarecer la propia infancia. ¿Y por qué querer saber la infancia? Porque es allí donde se instaura la vida toda, el destino. Uno como padre de familia debería de poner mucha atención a cómo son sus hijos para saber cómo es que serán en su vida adulta, su manera de relacionarse, sus sueños, sus proyectos, cómo afronta las diversas situaciones de la vida. Todo está allí, la clave está allí, en la infancia.

El psicoanálisis como esa máquina del tiempo que permite integrar las diversas percepciones que se tiene de los hechos del pasado. El psicoanálisis como ese dispositivo que intenta explicar ese “saber no sabido”, es decir, existe “algo” (Inconsciente, “La Cosa”) que vive en nosotros y que desde allí “insiste” hasta lograr su propósito, como bien dijera el psicoanalista Carlos Gaos: “lo inconsciente más que existir, insiste”.

Reconocer la propia historia de vida puede ayudar a comprender por qué actuamos de determinada manera. Muchas de las veces las relaciones interpersonales están determinadas por la transferencia, es decir, por lo que se pone en juego en el preciso momento cuando estamos frente a una persona. Es por eso que muchas de las veces un adolescente se comparta de determinada manera con una persona y es distinto con otra persona. La transferencia es la que está en juego, es decir, lo que a ese adolescente le evoca la persona con la que está manteniendo un diálogo. Lo mismo ocurre con los adultos, muchas de las veces la queja que se escucha dentro del consultorio psicoterapéutico es que “él se comporta diferente cuando está con sus amigos”. Esta queja adquiere sentido si lo vemos a la luz de la transferencia.

¿Por qué reaccionamos de determinada manera con ciertas personas y con otras no? ¿Qué es lo que sucede para que una persona sea agradable a nuestros ojos? Lo que Sigmund Freud puso a discusión es precisamente este fenómeno que denominó “transferencia”, como eso que le pertenece a otro pero es depositado en otro, es decir, los recuerdos, las imágenes, los vínculos interpersonales que se establecieron en la más tierna infancia, tienden a repetirse, y lo que se calló en su momento, tiende a salir a la luz con mayor ímpetu. Es por eso que en los primeros años de matrimonio las parejas atraviesan este fenómeno, la transferencia, en donde a quien se le grita, se le reclama, se le exige no es precisamente al cónyuge o a la esposa; es más bien a esas figuras que han quedado introyectadas y que desde allí dictan el guion a seguir.

El psicoanálisis ha sido un dispositivo muy apropiado para poder esclarecer esos fantasmas con los que convivimos diariamente y que no nos permiten conocer a la persona que tenemos en frente. La experiencia analítica es una cura de amor, es decir, la gran enfermedad del ser humano es por esa imposibilidad de amar. El psicoanálisis se acerca a ese esclarecimiento e intenta desentrañar los motivos inconscientes del por qué se ha quedado algo atorado. Algo no fluye, algo no anda, y muchas de las veces ante esa imposibilidad de saber qué es lo que fastidia la existencia, alcanzamos a decir un simple “no sé”. Cuando aparece ese “no sé” es un buen momento de replantearnos el lugar en el mundo y comenzar a hacer realidad eso que dijo Sócrates hace tantos años: “Conócete a ti mismo”. El dispositivo analítico como ese lugar propicio para dejar de engañarse uno mismo.

El diván como esa máquina del tiempo en donde podemos historizar nuestra vida, atravesar el discurso imaginario que pervive en nuestro ser y exponerlo a través de la palabra, ese encuentro simbólico liberador, ya que como escribe el psicoanalista Alejandro Salamonovitz, el enfermo del alma lo está porque no ha podido hablar.

Contacto: psicologocarlosmoreno@gmail.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s