¿De qué cura el psicoanálisis? 

 

Muchas veces hemos escuchado que el amor es lo que da sentido a la vida. Pero se ha olvidado un pequeño detalle; no se ha reparado en que es necesario amarse primero uno mismo. ¿Qué implica amarse uno mismo? Implica quizá aprender a pasarla bien en momentos de soledad, implica aprender a perdonarse esos momentos en donde no se ha vivido conforme al deseo que lo constituye.

Amarse a sí mismo podría ser un tema demasiado trillado porque ha sido explotado por los libros y conferencias de autoestima en donde se agranda el ego pero al final ¿qué se obtiene? simplemente ilusión. ¿Por qué entonces la propuesta del amor que hace el psicoanálisis tendría que ser diferente?

El psicoanálisis, como afirmó Jacques Lacan, es una experiencia en donde de lo que se habla es de amor. No se puede amar al otro si uno no ha pasado por esa experiencia de amarse a sí mismo, y precisamente lo que se ha comprobado dentro de la experiencia analítica es que cuando uno acude a psicoanalizarse es porque comienza a gestarse un acto de amor.

La propuesta del psicoanálisis precisamente tiene que ver con eso, con la experiencia analítica que permite amarse a uno mismo y poder dar el paso siguiente de amar al otro. ¿Cómo es que estamos tan seguros de que eso realmente sucede? El fenómeno de la transferencia da cuenta de ello.

Se ha dicho hasta el cansancio que el psicoanálisis no cura; ciertamente Sigmund Freud al final de su investigación ya no se preocupaba por que su invento fuera considerado como una “terapéutica” más bien su propuesta iba más allá, trascendía los parámetros establecidos de lo “normal” y lo “anormal”, no intentaba hacer del psicoanálisis un dispositivo que estandarizara la experiencia humana, al contrario, siempre se guio por la búsqueda y encuentro de lo “novedoso y singular”. Jacques Lacan en su encuentro con la obra de Freud va a postular que la experiencia analítica tiene que ver con otra cosa, con el re-conocimiento del propio deseo, y continúa la afirmación de que el psicoanálisis no cura, pero añade: “si llegara a haber una cura, sería curar de la ilusión”.

Hoy en día se siguen los pasos de Freud y Lacan, continuamos apostando a lo novedoso y singular de cada caso, de cada experiencia, no intentamos imponer un discurso al analizante. Y retomando ambos postulados (Freud y Lacan) podríamos seguir su línea discursiva y afirmar que, en efecto, el psicoanálisis no cura (no se puede uno curar de la condición humana) y que ciertamente la experiencia analítica tiene que ver con ese encuentro con el propio deseo y la cura de la ilusión. Yo podría añadir, aparte de todo esto, que el psicoanálisis sí cura: cura de la imposibilidad de amar.

 

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