La educación en el hogar: un acercamiento desde la posmodernidad

Escrito por: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

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 “Papás, maestros, seamos duros, seamos estrictos, seamos disciplinados con nuestros hijos, ahí empieza todo, ahí está la semilla que necesitamos”.
 Melchor Sánchez De la Fuente, Alcalde de Monclova, Coahuila, (en nota del periódico Zócalo).
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Educar es una tarea imposible, ya nos lo advertía Sigmund Freud. Y más ahora; educar en tiempos de la posmodernidad se ha convertido en una misión imposible, en un deporte extremo, en una lucha eterna, sin límite de tiempo, pactada a infinitas caídas. Eso es lo malo, se ha visto la Educación en el hogar como una lucha entre padres contra hijos. ¿En qué momento las criaturas todas bellas, todas lindas se convirtieron en el hazme reír de los padres inexpertos, hedonistas, superfluos, banales y demás? Educar en el hogar es un caos, muchos padres desisten y le encargan a la nana esa tarea, educar a los pequeños, o ya de perdido que la televisión sirva para algo y los ponen frente a la tele para poder hacer la vida más llevadera.

La autoridad en el hogar se ha visto demasiada relajada, antes con una sola mirada hacíamos caso a nuestros padres, ahora, hasta el Alcalde de Monclova llama a la ciudadanía a ser “mas estrictos con sus hijos” que un buen ciudadano se forja en casa.

Recientemente en Monclova un padre de familia torturó a su hija quemándole una rodilla con un cigarro. ¿Hasta dónde está permitida la disciplina, el castigo, las reglas? ¿Quién impone el parámetro de lo permitido? Recuerdo que en los años ochentas los psicólogos afirmaban que no se les debería pegar a los niños porque si no les causaban traumas. Es cierto que nuestros padres crecieron bajo una rigurosa y muy estricta disciplina en el hogar, eran comunes los golpes con una vara o con un cinto, lo mismo sucedía en la Escuela, los profesores contaban con el aval de los padres de familia para utilizar cáscaras de nuez e hincar a los chamacos que fueran causantes de algún disturbio, ponerles orejas de burro o golpes en las palmas de las manos. Ahora es diferente, los alumnos se escudan en los “derechos del infante” y los padres se niegan a ejercer su autoridad para no recordar los traumas de su infancia.

¿Cómo educar a los niños-hijos de la posmodernidad? Las nalgadas son válidas, claro, dentro del límite de tolerancia, estamos hablando de pequeños que aún no logran percibir la gravedad de sus actos, como haberle pegado a su hermano menor, por ejemplo; pero no es recomendable andar dándole nalgadas a los peques, es un recurso que se debe utilizar en contadas excepciones, cuando la conducta del infante ha sobrepasado los límites de lo tolerable. Las nalgadas se utilizan en un periodo de la infancia que ronda entre los dos o tres años hasta los cuatro o quizá cinco años, ya después el infante crece y sabe la diferencia entre el bien y el mal, para esto hay que hacer uso de la disciplina sustentada en consecuencias, es decir, educar al infante en base a las consecuencias de sus actos: “si haces esto, la consecuencia de tu acto es que no podrás ver la televisión” o “si haces esto otro la consecuencia de tu conducta es que podrás salir a jugar con tus compañeritos” y así el hijo podrá discernir las conductas en base a su consecuencia, sabrá diferenciar lo que le causa placer de lo que le causa aversión.

Educar en el hogar se ha convertido en una tarea apoteósica, las mujeres son las heroínas de la posmodernidad, el relajamiento en la educación en el hogar lo estamos viendo reflejado en la sociedad. El niño que no supo distinguir entre conductas socialmente aceptadas de las conductas que no lo son, tiene un futuro incierto, un futuro sin una estructura psíquica que le diga qué está bien y qué está mal. De hecho deberíamos reformular el DSM-V, eliminar todas esas psicopatologías y catalogar a los seres humanos simplemente en dos vertientes: los que hacen daño al prójimo y los que no. Los que hacen daño al prójimo son más parecidos a unas bestias, precisamente de eso se trata la educación, de civilizar a la bestia, entonces ante la pregunta ¿por qué hizo eso el adulto que torturó a la niña con un cigarro? fue precisamente por eso, por que ese señor no estuvo bien socializado, se quedó en una etapa infra-humana, es una bestia y como tal debemos de esperar esas conductas. Todos en un momento fuimos bestias pero la educación se encargó de socializarnos, hubo quien se quedó en el camino y por eso actúa como tal, como bestia; hubo otros en los que si funcionó esa educación e intentamos razonar sobre nuestros actos. Menuda tarea la que tienen los padres que recién se estrenan como figuras de autoridad en plena era de la posmodernidad. Los compadezco señores. Los compadezco.

@CarlosLector

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