¿El Cura Hidalgo era bipolar?

Coincidencias en la vida
que obligan a uno a creer
que hay un destino
Jean Meyer

¿El Cura Hidalgo (Alias “Don Goyo”) era bipolar?

Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mondarte Villaseñor (mejor conocido como “El Cura Hidalgo”) a sus 57 años tenía su vida más que hecha. Su situación era de un Cura intelectual, querido por sus superiores, admirado por la gente de alta alcurnia y amado por los pobres.

Gozaba de una posición social envidiable, era el “discípulo amado” muchos curas lo odiaban porque de él sus superiores siempre encontraban un epíteto con el cual encumbrarlo.

Teniéndolo todo, a manos llenas (poder, dinero, mujer, comida, mansión,) ¿por qué se le ocurrió comenzar una lucha cruenta que a la postre conoceríamos como “La Independencia de México”.

En Monclova Coah. Mx. estuvo el Historiador Jean Meyer, presentando su libro “Camino a Baján”, en donde a manera de “Novela histórica” va intentando descifrar los soliloquios que pudo haber fantaseado el Cura Hidalgo cuando emprendió tal encomienda que terminaría con su propia existencia y la de muchos y muchos más. Cuentan los historiadores que al hacer un “recuento de los daños” se preguntó si había valido la pena su Movimiento social.

¿Qué había en ese corazón del Cura Hidalgo que sentía conmiseración por las vacas pero no para con los “gachupines”? Una vez le cuestionaron porqué no hacía un juicio a sus enemigos y su respuesta fue “¿por qué los voy a enjuiciar si son inocentes?” en cambio en un lugar, dentro de su recorrido insurgente, se topó con unas mulas que sufrían de sus pezuñas, las mandó liberar. Al puro estilo Nietzscheniano.

¿Qué pasó entre el 15 de septiembre de 1810 y el 30 de julio de 1811? Diez meses con quince días fue lo que necesitó la Nación para que se gestara la idea de Independizarnos de los Colonizadores, diez meses duró ese Movimiento Social encabezado por el Cura Hidalgo. La Epopeya había comenzado, la Proeza aún la recordamos, la Gesta Heroica que dio Independencia y Soberanía a nuestra Nación.

La Guerra de Independencia estaba programada para el mes de diciembre, mes en donde los hombres ya habrían dejado atrás las labores del campo, pero los planes se tuvieron que adelantar, estaban siendo descubiertos, el Grito era inminente, el alumbramiento se negó a ejercitar lo que tanto nos hace falta: esperar. A diferencia de otras luchas sociales, la Independencia se fue construyendo, -en propias palabras del Historiador Jean Mayer-, “fue como un tsunami”, de pronto todos lo seguían, todo el pueblo lo apoyaba, de los seis millones que habitaban México un millón logró ser partícipe de ese Movimiento.

La Independencia de México que se gestó hace 201 años nos ha dejado muchos recuerdos, frases apoteósicas como la que escuchamos al final de cada Administración; “El año de Hidalgo” que tiene su origen precisamente en aquellos días cuando el Cura Hidalgo llegaba a las casas y Castillos de los Españoles (Ibéricos) y saqueaban todo “Cojan, todo es de Ustedes” conminaba a sus seguidores.

O la ya célebre historia del “pípila”, un personaje que ciertamente sí traía una puerta en la espalda, pero se la había “robado” de una casa, es decir, cargaban con todo, hasta con las puertas de la casa.

Alrededor de la Alhóndiga de Granaditas era imposible caminar por el exceso de piedras que había en las veredas, logramos nuestra independencia a base de piedras y flechas.

El Cura Hidalgo fue fusilado, el que por cuatro meses fue poseído por un frenesí, el que a sus 57 años tuvo un desequilibrio mental y logró orquestar una Independencia de toda una Nación, el que conquistó la libertad para todo un Pueblo, el que pidió una taza de chocolate con tres cucharaditas de azúcar antes de morir.

Hoy Recordamos, 201 años después a ese Hombre valiente, a ese Hombre que guió a una multitud de seres humanos hambrientos de libertad. Como anécdota cuentan que durante su largo recorrido, le preguntaban ¿a dónde vas? como única respuesta decía “no se”. Hoy recordamos al que por un vaso de agua fue sucumbido en Norias de Baján.
Los que lo fusilaron no tuvieron conmiseración, actuaron de mala fe, no cumplieron con su promesa, ese acto de desagravio no tiene perdón: solo le pusieron dos cucharitas de azúcar a su chocolate.

Miguel Hidalgo y Costilla (Hacienda de Corralejo cerca de Pénjamo, Guanajuato, 8 de mayo de 1753 – Chihuahua, Chihuahua, 30 de julio de 1811).

@CarlosDasein

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