Hijos de Caín

AntiHumanoS by José Luis Gacitúa

 

Quizás los humanos seamos una raza maldita,
nada nos salva de la ciega voluntad de destruir
que se halla insertada en nuestros genes”.
Jorge Volpi

 

Estirpe maldita, estirpe asesina. Sicarios enanos. Por nuestras venas corre la sangre del primer homicida. Somos fratricidas por herencia genética. Fratricidas por antonomasia. El odio, el desprecio como moneda de intercambio con el otro.

Primero soy yo. El instinto de sobrevivencia. Que el pobre se joda, que el “anawín” siga esperando a su Dios, yo no. El homo sapiens desprecia a su prójimo, de frente le sonríe pero de espaldas le da la puñalada. No es que él así lo quiera, es la herencia maldita, es Caín en nuestro inconsciente colectivo. Despreciamos al diferente, al discapacitado, al que tiene síndrome, al que decidió su sexualidad, al que migra hacia Estados Unidos. La Xenofobia, la homofobia y la misoginia como cartas de presentación (ocultas, claro). Los matamos, literalmente nos deshacemos de ellos, no nos sirven, no producen, no sirven para el sistema en turno. El cristianismo ya pasó de moda. La misericordia solo existe en los libros anacrónicos. Los valores se quedaron ahí, enclaustrados en el catecismo del padre Ripalda. Lo que vivimos hoy en día no tiene nada que ver con “la plenitud de la existencia humana”. Los valores son otros, hace poco soñábamos con un mundo más humano, con amor, solidaridad, comunidad, respeto. Pero ahora, los paradigmas axiológicos nos indican otros parámetros: el consumismo, el materialismo, el hedonismo, el individualismo. Primero yo, después yo y por último yo.

El humanismo ya no da para más. El cristianismo ha quedado obsoleto ante las propuestas de la posmodernidad, los comerciales en la televisión nos lo recuerdan a cada rato: compra, consume, hártate. Antes rendíamos culto a Dios, lo de hoy es “culto al cuerpo”.

Amar no produce, no deja ganancias económicas, es como la filosofía o la poesía, en este mundo no tiene lugar. ¿Qué futuro nos espera? Lo estamos construyendo con nuestro presente, vivimos una cultura de la muerte, en donde nuestra propia vida pende de un hilo, en donde nuestra supina existencia vale solamente quinientos pesos. Los que antes se encargaban de “la ley y el orden” ahora trabajan para los contras, claro, reciben más dinero. Los que antes nos hablaban de Dios ahora nos traicionaron y se convirtieron en pederastas, claro, mentes obtusas, perversas, con una sexualidad inmadura. Los que antes nos acercaban a la ciencia ahora solamente piensan en sus beneficios, trabajan para el partido político que más les convenga, se dejan seducir por los imperativos categóricos que dicta la OCDE, dejando de lado la Educación Crítica optando por una Educación memorística, que deje buenos dividendos.

Homo erectus, Homo laboris, Homo sapiens, Homo ludens, Homo videns, Homo lupus. Primero conseguimos estar erguidos, después construimos herramientas, luego pensamos, luego jugamos, hace poco solo atendíamos a lo que salía en la televisión. Ahora, nos hemos convertido en “Homo lupus”: el Hombre es el lobo del hombre. ¿Evolución o involución? No lo sabemos. Por nuestros frutos nos conocerán.

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