Más Heidegger y menos Niurka

Quise mostrarles mi cuerpo herido, mutilado, vejado.
Ma. Santos Gorrostieta
Alcaldesa de Tiquicheo, Michoacán

En los pasillos, en los salones, en las Empresas y en los bares, es de todos conocidos. Es indignante la “lucha contra el narcotráfico” emprendida por Felipe Calderón. El Presidente leyó a Heidegger y dijo “El ser es un ser para la muerte”, así lo interpretó y en base a ello actuó.

No creo que haya alguien en su sano juicio que esté a favor de semejante estrategia con tan poca “inteligencia militar”, salvo pocas excepciones como la de Hillary Clinton y uno que otro tuitero aferrado a no querer ver. Se manejan cifras de “daños colaterales” o de presuntos criminales acribillados sin antes haber recibido un juicio penal al que todo mexicano tiene derecho. Claro, no faltará el perspicaz que diga “pero cómo se les va a hacer juicio en pleno ataque frontal, con sus cuernos de chivo”; suena irrisorio pero es cierto. Por mi que se sigan matando entre ellos, como decía Alex Lora cuando USA invadía las tierras gobernadas por Saddam Hussein: “Que se agarren a golpes esos dos y que dejen de estar chingando a todo el pinche mundo” (sic).

Todos sufrimos al ver niños muertos, inocentes por antonomasia en esa estúpida guerra contra el narco, ya muchos han realizado un acto de liberación, un acto de catarsis al parodiar lo que Calderón intenta: “Para que las drogas no lleguen a tus hijos te los estamos matando”.

El mensaje es claro, la fotografía de un joven abatido por las ráfagas muy probablemente de la delincuencia que no encontró mejor escenario que un campo de futbol rápido. Al fondo, como corolario se lee las insignias “Vivir mejor”, como un franco reto al Sr. Calderón y su frustrada propuesta de colapsar a los cárteles de México.

Comparto la indignación, el encabronamiento y el enojo de la sociedad, es entendible el grito de desesperación: “Ya basta de sangre” “Ni un muerte más”. Aquél México en donde lo que imperaba era la convivencia familiar, en donde el jolgorio era parte de las reuniones entre comensales nos lo han arrebatado, ahora el tema del día es “ahora en dónde hubo ejecutados” “ya viste las fotos de los decapitados”. Es triste esa realidad del México Rojo, del México Bronco, del México Bárbaro. Solo un ciego a voluntad sería el único capaz de contradecir la tesis del hartazgo.

La sociedad en la que estamos inmersos poco a poco está siendo avasallada por esa realidad caótica, atónitos estamos todos a la expectativa, los medios de comunicación nos informan, las fotos pululan en los medios, en los blogs, en youtube, en periódicos, afirmaciones de 140 caracteres nos ponen a temblar ante esa insidiosa realidad perenne. Nunca antes la Cultura de la Muertes se había instaurado tan profundamente en  el sistema nervioso de los que aún pensamos que esto puede y debe tener una pronta solución, imperativamente exigimos que se respete nuestro derecho a vivir una existencia digna, como cualquier otro mortal habitante de este planeta tierra.

Creo que ya llegamos al punto del hastío, ya no deberíamos escribir más sobre los errores de Calderón, es momento de proponer, y no estupideces mediáticas como a las que estamos acostumbrados, debemos apagar la tele y pensar en el México que queremos dejar a nuestros hijos, si nuestra propia existencia se ha tornado baladí, que por pura mera consciencia crítica y compromiso social pensemos en el México que queremos dejar a nuestra descendencia.

México se ha convertido en un muy mal chiste contemporáneo. Yo, a mis 32 años confieso que no tengo una propuesta, pero me urge saber de una. Y no hablo de una propuesta política, eso es más de lo mismo, tampoco aquella propuesta de “limítate a lo que te toca hacer”, ¿Qué a caso los muertos no hacían lo que deberían de hacer? Tampoco una propuesta mesiánica, un Salvador, un redentor o un Dios. Tampoco la protesta como compromiso existencial.

¿Podrá existir una propuesta que aglutine los deseos de libertad de las masas de vivir sin el yugo opresor del Sistema en turno? Basta de onanismos mentales. Basta de diálogos en el café de Sanborns, basta de seguir el juego a lo mediático, cortinas de humo que nos distraen de lo que verdaderamente importa en esta existencia, y eso que verdaderamente importa en esta existencia no lo podemos disfrutar por vivir bajo el signo de la inseguridad. ¿Qué es lo que realmente importa en esta vida? Habrá que quitar el velo de los ojos para reencontrarnos con ese sentido filogenético y realidad ontogenética del porqué e inventar un para qué de nuestra instancia. Una respuesta al “Ser-en-el-mundo”.

http://www.twitter.com/CarlosLector

 

 

 

 

 

 

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