Vínculos afectivos

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

“Transferencia es volver a vivir el pasado reprimido,

más exactamente, el pasado rechazado”1

Ralph R. Greenson

¿De qué se tratan los vínculos afectivos? De transferencia. En un primer momento la transferencia hace referencia a esos fantasmas con los que nos vinculamos en las relaciones interpersonales, es decir, nos dirigimos al otro como en su momento nos vinculábamos con nuestros padres. Dentro de la experiencia psicoanalítica, la transferencia también se da, como en toda relación interpersonal, con la salvedad de que dentro del consultorio esa transferencia (depositar en el otro los fantasmas de la infancia) se analizan.

En la experiencia analítica el movimiento de la transferencia implicaría un des-vincularse de una relación inicial (con padre/madre) para luego hacer un vínculo con el analista; ese vínculo es similar al vínculo inicial, muchas cosas se pondrán en juego, muchos fantasmas se harán presentes, se repetirá esa manera de amar al padre/madre. El resultado final de llevar a cabo ese vínculo con el psicoanalista nos recuerda que no se puede andar por la vida haciendo vínculos afectivos de los cuales se espera la redención,  sin embargo, sabemos que es el vínculo transferencial es necesario para establecer el principio de la cura.

Al final del análisis el paciente da cuenta de que así como es posible desapegarse del vínculo inicial con el padre/madre, que posteriormente lo re-editó en el consultorio a través de la transferencia con su analista, eso le permite dar cuenta de que los vínculos subsecuentes estarán alimentados por esa ilusión otorgada por el primer vínculo. Por lo tanto, la cura analítica implica un saber vincularse con el otro ya no más a través del fantasma ¿qué quiere decir esto? Que el vínculo se establece con el otro tal cual es.

Muchas de nuestras relaciones afectivas están predeterminados por un vínculo primario e intentamos que ese vínculo se repita, por eso constantemente estamos demandando amor a personas que no lo pueden propiciar. El análisis permite eso, dar cuenta que detrás de cada vínculo se esconde un fantasma y que es preciso atravesarlo para poder acceder al otro en lo que es y no en lo que proyectamos de nosotros mismos en él.

Si de algo cura el psicoanálisis, escribió Lacan, es la cura de la ilusión, y precisamente qué mayor ilusión que la de creer que el otro proveerá la felicidad tan preciada. El psicoanálisis como ese dispositivo que permite ver al otro no como el producto de un conglomerado de introyecciones y proyecciones. El psicoanálisis abre la puerta para poder apreciar al otro tal cual, sin los restos que inconscientemente deseamos que se encarnen en él o ella.

Los vínculos afectivos tienen mucho de esto. Mucho de los pleitos, desacuerdos, desavenencias en las relaciones de pareja tiene que ver con lo que aquí se comenta, la pareja espera que la felicidad provenga del otro, como alguna vez la felicidad provino de ese vínculo que se estableció con el padre/madre. También sucede que los reclamos dentro de la relación de pareja obedecen a conflictos no resueltos con el vínculo primario establecido con el padre/madre. ¿Qué hacer? Precisamente el psicoanálisis permite ese paso necesario para elaborar la ilusión del Edipo y poder acceder a un vínculo afectivo con mayor plenitud.

1 Greenson, Ralph. Técnica y práctica del psicoanálisis. ed. Siglo XXI, tercera reimpresión, 2014, p. 182

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El síntoma y el deseo  

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

“Pero estos elementos (los de la infancia) se han ordenado en una nueva trama

y se han transferido a otras personas”

S. Freud

¿Cómo podemos leer el síntoma del paciente? ¿Cómo leer el propio padecimiento que atraviesa la subjetividad y crea el malestar por el cual nos quejamos? Sigmund Freud en su libro la Interpretación de los sueños, escribe lo siguiente: “pero estos elementos (los de la infancia) se han ordenado en una nueva trama y se han transferido a otras personas”,1 haciendo referencia a que las vivencias de la infancia se vuelven a presentar en la vida adulta en tramas similares en donde lo único que cambia son los personajes.

¿Cuál es la relevancia de esto? Es importante saber que el malestar que nos aqueja (depresión, fobia, obsesión, estrés, angustia, relaciones interpersonales fallidas, etc.,) tiene su modelo precisamente en los vínculos afectivos de la más tierna infancia, es por eso que la “compulsión a la repetición” tiene su lugar, en donde lo que hacemos es repetir una escena, una vivencia que se ha quedado fijada en nuestro inconsciente y desde allí intenta manifestarse.

Sigmund Freud en el mismo libro ya citado líneas arriba, escribe: “El psicoanálisis demuestra que también los sueños de displacer son cumplimientos de deseo”.2 Toda conducta se lleva a cabo porque está al servicio de un deseo, es una máxima dentro del psicoanálisis; por lo tanto, habrá que analizar eso de lo que tanto nos quejamos al servicio de qué está, es decir, qué deseo se está cumpliendo en eso de lo que tanto nos quejamos. ¿Cuál es el deseo oculto detrás de esas conductas que llamamos autodestructivas? ¿Al servicio de qué deseo inconsciente es que llevamos a cabo acontecimientos que van en contra de la pulsión de vida?

La experiencia analítica da cuenta de ello; el proceso analítico visto como esa elaboración en tres momentos: quejarse del otro, quejarse de uno mismo y saber qué hacer con eso que se revela para poder dar paso a otro momento: poder bien-decir.

En eso consiste la resiliencia como la concibe el psicoanalista Boris Cyrulnik; no todo está perdido, es cierto que en la infancia se estructura la personalidad (“Lo que llamamos nuestro carácter se basa en las huellas mnémicas de nuestras impresiones; y por cierto las que nos produjeron un efecto más fuerte, las de nuestra primera juventud, son las que casi nunca devienen conscientes”.)2 pero precisamente el psicoanálisis apuesta a que el sujeto puede hacer consciente todos esos elementos inconscientes y hacer algo con ello, quizá comenzar a construir una existencia de acuerdo al propio deseo y no tanto de acuerdo al mandato del Otro.

El síntoma como el resultado de una relación de compromiso entre el deseo y el deber.

Al síntoma se le puede abordar como si fuera un sueño, es decir, el paciente acude a psicoanálisis o cualquier otra denominación psi en busca de alivio, de lo que debe enterarse es de que ese síntoma obedece al inconsciente. Muchas de las veces el paciente se sorprende diciendo: “es que no sé por qué me sucede esto” o “no sé por qué no puedo dejar de hacer esto”, precisamente hasta ese lugar debemos de acudir para encontrar el origen del malestar. El síntoma como un sueño que requiere de interpretación. El psicoanálisis intenta revelar el deseo oculto detrás del síntoma.

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Los estragos del inconsciente

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“En el inconsciente a nada pude ponerse fin, nada es pasado ni está olvidado” 

S. Freud

Somos el resultado de los deseos que nos habitan. Vivimos la existencia de acuerdo al deseo que habita en nuestro inconsciente. Como escribiera Sigmund Freud en su libro La interpretación de los sueños: “En el inconsciente a nada pude ponerse fin, nada es pasado ni está olvidado1, es decir, líneas más arriba, en la misma página Freud escribe: “Los deseos inconscientes permanecen siempre alertas”,2 y yo añadiría, alertas esperando manifestarse, y así lo hacen, se manifiestan a través de los sueños y del síntoma en general, claro, en este último, el deseo se topa con una contrafuerza que le obliga a utilizar una máscara, precisamente lo que conocemos como síntoma.

El deseo en psicoanálisis ha sido un referente constante para poder desentrañar la condición humana. “Sujeto deseante” pareciera ser la definición quiditativa del ser humano. ¿Por qué deseamos? Porque vivimos en la constante y eterna carencia, en la falta consustancial.

¿Qué implicaciones tiene el deseo en la vida cotidiana? Freud explica que precisamente es el deseo el motor de nuestras acciones, por ejemplo, si aceptamos el deseo que nos constituye quizá podemos encontrar algo de bienestar, sin embargo, si no se acepta el deseo que nos habita, muy probablemente surja un mecanismo que lo sofoque, un mecanismo que lo trasforme en lo contrario, con esto podemos comprender mejor los casos de homofobia, en donde el sujeto al sentir un deseo homosexual, no lo acepta y lo transforma en su contrario. Lo mismo puede ser en los seres humanos que hacen de su vida una constante lucha por algún ideal, etc. Mismo caso sucede con las madres sobreprotectoras que su proceder se pudiera explicar de la siguiente manera: al sentir el deseo de muerte hacia su hijo, lo transforman en lo contrario y se convierten en madres que sobreprotegen, ¿por qué? no vaya a salir el demonio que se lleva dentro y el cual ya dio señales de que allí está, listo para emerger.

El mismo mecanismo opera en las ideas obsesivas o delirantes, en donde el sujeto ya se percató de que le brotan pensamientos que son mal vistos por la sociedad; “opta” por reprimirlos, y en el intento de negarlos es cuando surge como resultado de la disputa un compromiso: las ideas obsesivas, que nos estarían indicando que se está tratando de ocultar lo que realmente se piensa.

Cuanto más empuje el deseo, mayor será la defensa: entre mayor sea el deseo, mayor gasto se tendrá que hacer para sofocarlo, eso provocará en el sujeto una inhibición y por lo tanto un síntoma que se vivirá como angustia. “Contra un deseo desenfrenado se eleva una poderosa moción de defensa.”3

Por lo tanto, ¿en qué consisten esos estragos del inconsciente? escribe Freud: “solamente un deseo puede impulsar a trabajar a nuestro aparato anímico4, es decir, con esto se comprende que todo síntoma, toda decisión, la vida misma está sustentada en el deseo que nos habita y que desde allí dirige nuestro proceder. Vivimos la vida que deseamos, no hay de otra, y si esa existencia que se vive es tormentosa, hasta allá habrá que ver por qué se desea vivir así.

¿Qué nos queda? Quizá tratar de comprender el deseo que habita a cada uno y ver la manera de darle cumplimiento, y si no se puede tal cual, encontrar la manera de sublimar; “un rodeo para el cumplimiento de deseo.5

¿Y qué es ese deseo que nos habita? “Es el intento de restablecer la situación de la satisfacción primera. Una moción de esa índole es lo que llamamos deseo6

Nadie escapa al deseo que le habita.

1 Freud, S. La interpretación de los sueños, 1900, AE, V, p. 569

2 ídem, p. 569

3 ídem, p. 561

4 ídem, p. 559

5 ídem, p. 558

6 ídem, p. 557

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Dime lo que sueñas y te diré quién eres

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

“El estado del dormir posibilita la formación del sueño por cuanto rebaja la censura endopsíquica”.

(S. Freud)

 

“Dime lo que sueñas y te diré quién eres”. ¿Qué nos puede aportar la interpretación de los sueños al conocimiento propio? “Conócete a ti mismo” decía Sócrates. Sigmund Freud postula en su libro La interpretación de los sueños que tanto un síntoma como un sueño nos dicen mucho de nuestra condición humana. En el prefacio del libro “Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción” podemos leer: “Sólo mediante las formaciones del inconsciente (sueño, acto fallido, síntoma) sabemos quiénes somos. Si no atendemos a lo que estas revelaciones nos anuncian, estamos destinados a vivir como ignorantes de nuestra verdadera naturaleza (condición humana). Es por eso que la vía regia al inconsciente se convierte también en la vía regia al conocimiento de nosotros mismos. El sueño, lo mismo que la locura, nos desenmascara, nos arranca la careta de la “normalidad” y nos muestra tal como somos.” 1

El ser humano es un perverso, sólo que a través de la cultura se ha convertido en sujeto, en persona capaz de sublimar, reprimir, desplazar su perversión; sin embargo, la condición humana se manifiesta constantemente durante el sueño. Lo que el neurótico sueña el perverso lo lleva a cabo. Quizá será por eso el odio que el neurótico tiene al perverso, porque el neurótico no se permite el goce al cual el perverso tiene acceso. El neurótico sólo tiene acceso al goce a través de la fantasía.

El epígrafe que utilizo para el presente texto, el aforismo freudiano: “El estado del dormir posibilita la formación del sueño por cuanto rebaja la censura endopsíquica”,2 ciertamente nos plantea que el ser humano necesita de una autocensura para poder acceder a la cultura, pero que es durante el sueño en donde se muestra tal cual, sin filtro. Será en el dispositivo psicoanalítico donde se desentrañan los deseos inconscientes reprimidos que se esconden detrás de la “figurabilidad” que se nos presenta como sueño manifiesto.

El psicoanalista Carlos Gaos escribe en el prólogo al libro Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción: “Freud propuso una nueva fórmula que inscribía el relato de esa experiencia insensata en las coordenadas de un historial ominoso, irreconocible para el propio narrador”.3 Precisamente eso fue lo que le llamó la atención a Freud, que dentro de cada uno de los seres humanos habita algo que aterra, pero que a la vez encanta.

Continuando con lo que escribe Carlos Gaos: “había una historia que hablaba por él, a través de él e incluso en su contra”. Es así como resulta el encuentro con el propio inconsciente, muchas de las veces no se está de acuerdo con el deseo que a uno le habita, pero ¿qué se le va a poder hacer a eso? ¿Ha usted actuado en conformidad con el deseo que lo habita?4 pregunta Lacan, para después rematar: “La única cosa de la que se puede ser culpable es de haber cedido en su deseo.”,5 es decir, saber y reconocer la propia condición humana, de qué se está hecho y tratar, en la medida de lo posible vivir de acuerdo al propio deseo tomando en cuenta la ética y la responsabilidad. ¿Qué hago con esto que tanto me aterra? Quizá aterra porque encanta.

Por lo tanto, la interpretación de los sueños, siguiendo con el discurso de Carlos Gaos: “Se trata de descender a los infiernos, de desentrañar la maligna podredumbre humana tras sus disfraces de insensatez o inocencia”.6 Nadie se salva de eso.

Por último, recurro una vez más al prologo escrito por el psicoanalista Carlos Gaos (Miembro fundador del Taller de Investigaciones Psicoanalíticas A.C.): “La interpretación de los sueños tiene la característica de que deja al humano en el desamparo ante las demoníacas fuerzas que lo habitan”,7 es decir, el inconsciente traza nuestro destino, como la tragedia de Edipo, así esa historia que se nos presenta como una “historia alterna” a la propia que vamos viviendo. Poner atención a los propios sueños y su interpretación desde el psicoanálisis, puede dar luz para poder comprender el propio malestar que aqueja.

¿Por qué la importancia de interpretar el sueño? Porque precisamente es allí donde nos topamos con nuestro verdadero deseo, que está íntimamente ligado a nuestra infancia.

Conforme el sujeto vaya adentrándose al análisis de su inconsciente, en esa medida podrá tener acceso a esa parte de sí mismo que no ha explorado, quitará poco a poco la censura y por consiguiente vivir en la apertura de dejar de engañarse a sí mismo.

1 España, Pablo y Alquicira, Mario. Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción, ed. CPM, 2001, p. 18

2 Freud, S. La interpretación de los sueños, 1900, AE, tomo V, p. 520

3 Carlos Gaos en prólogo al libro Tres grandes sueños de pasión, locura y seducción, CPM, 2001, p. 13.

4 Lacan, J. El Seminario VII, p. 373

5 Lacan, J. El Seminario VII, p. 382

6 Gaos, Carlos, ídem, p. 13

7 Gaos, Carlos, ídem, p. 14

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Rectificación subjetiva

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“Lo que Lacan llamaba rectificación subjetiva es pasar del hecho de quejarse de los otros para quejarse de sí mismo.”

(Jacques-Alain Miller en Introducción al método psicoanalítico, p. 69)

 

¿De quién habla el paciente cuando se queja? Dentro de la experiencia analítica podríamos encontrar un primer momento en donde el paciente dirige su malestar hacia el Otro, ese Otro encarnado en su pareja, en su trabajo, autoridades, hijos, familia, etc., en donde el paciente da cuenta de que su malestar es provocado por el otro, sin darse cuenta de que él o ella ha decidido no moverse de ese lugar.

En un segundo momento, si el paciente decide continuar con su análisis, da cuenta de que esa “queja” dirigida al sujeto del aquí y el ahora, no iba dirigida a él o ella, sino más bien representaba una queja no vertida en su momento, y muchas de las veces esa queja no dicha, tiene que ver con el vínculo con sus padres, es decir, el malestar del cual el paciente se queja surge en su presente como un fantasma que aún vive y se alimenta de las vivencias de su pasado.

Un tercer momento del proceso analítico tiene que ver con la “rectificación subjetiva” es decir: “¿cuál es tu propia parte en el desorden del que te quejas?”1 como escribiera Lacan en su lectura del caso Dora2 analizado por S. Freud. Es decir, hacerse cargo de la propia vida. Cito a Jacques-Alain Miller: “el acto analítico consiste en implicar al sujeto en aquello de lo que se queja, implicarlo en las cosas de las cuales se queja.3

El tercer momento en un análisis es un acontecimiento muy relevante, no se da durante las primeras sesiones, no se obtiene por arte de magia, se requiere de tiempo, dar tiempo al sujeto del inconsciente, saber qué hacer con eso que se va descubriendo a lo largo del análisis. Saber qué hacer con ese goce que nos constituye. Saber qué hacer con ese deseo que le habita. Implica un nuevo nacimiento. Un psicoanálisis es eso, nacer de nuevo, ver la vida con una nueva visión. Una paciente de S. Freud, cuando analizaban un sueño que implicaba agua, ella misma responde: “¿A caso por la cura no soy como nacida de nuevo”?4

Una paciente se queja de la “maldad” de su patrón, de la maldad de su pareja, de la maldad en la sociedad. Ya sabemos hacia dónde se está dirigiendo; hacia la propia maldad que le constituye pero que por el momento decide no ver.

Hasta que el sujeto no reconozca que su demanda tiene un origen más atrás y que no se origina en su situación actual, hasta ese momento el paciente puede comenzar a ver las cosas con mayor claridad, mientras no suceda ese acontecimiento, seguirá colgando medallitas en personas que no le corresponden; su malestar seguirá alimentándose de ese núcleo que se encuentra en su más tierna infancia. Lo demás es un eterno repetir.

La familia es lo que marca, es lo que troquela, y vamos por la vida amando, queriendo, odiando, decidiendo de esa única manera que ha quedado cincelada en nuestro inconsciente. Es por eso la importancia de resignificar el pasado, es por eso la importancia de la historia de vida dentro de un psicoanálisis. Habrá pacientes que no recuerden su pasado, quizá no es necesario que lo recuerden, ya que en el presente lo están viviendo.

El mandato del inconsciente no descansa, desde su lugar ordena las cosas, desde su lugar toma las decisiones más trascendentales y las más triviales (a través de errores, lapsus, olvidos) es decir, qué conveniente resulta olvidar algún evento, o cambiar un nombre por otro, cometer un acto fallido, etc., son y seguirán siendo manifestaciones del inconsciente.

Es por eso que si solamente en la psicoterapia se aborda el presente se deja de soslayo lo más importante. El discurso del inconsciente siempre encontrará la manera de manifestarse, de salir a la luz, ya sea a través de un síntoma, un malestar, un sueño, etc.

1 Lacan, J. Escritos 1, 1951, p. 213

2 Freud, S. Fragmento de un análisis de un caso de histeria (Dora) 1905, AE, volumen VII

3 Miller, Jacques-Alain. Introducción al método psicoanalítico. 1997. Ed paidos, p. 70.

4Freud, S. La interpretación de los sueños, segunda parte, 1900, AE, volumen V, p. 402

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Los mandatos del inconsciente

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“He hallado que las personas que se saben los preferidos o favorecidos por su madre dan pruebas en la vida de aquella particular confianza en sí mismos, de aquel inconmovible optimismo, que no rara vez aparecen como heroicos y llevan a un éxito real”

(S. Freud en La interpretación de los sueños, AE V, p. 401)

Dentro de la experiencia clínica, en el consultorio, el paciente plantea una problemática actual, ya sea con su pareja, en su trabajo, con sus hijos, consigo mismo, etc., sin embargo, a lo largo de la escucha va apareciendo el fantasma producto de la interacción que ha sostenido con sus padres, sus hermanos, su núcleo familiar más allegado durante sus primeros años de vida. Por lo tanto lo que el paciente cuenta en el consultorio de su problemática actual, tiene mucho que ver con cómo fue la relación, el vínculo afectivo con su padre/madre. S. Freud escribe en su libro la interpretación de los sueños lo siguiente: “Mis calurosas amistades como mis enemistades con personas de mi edad se remontan al trato que tuve en la niñez con un sobrino un año mayor que yo, en el que él era el que triunfaba y yo muy temprano debí aprender a defenderme; éramos inseparables y nos amábamos, pero entretanto, según lo sé por el testimonio de personas mayores, reñíamos y nos acusábamos. Todos mis amigos son en cierto sentido encarnaciones de esta primera figura que «antaño se mostró a mis opacos ojos»; son resucitados.” 1

La manera en que el ser humano intenta solucionar sus problemas o toma decisiones importa poco comparado con el deseo inconsciente de la madre, es decir, por mucho que el ser humano se aferre en trazar su propio camino, su propio destino, ese destino ya está predestinado desde la más tierna infancia, y sólo haciendo consciencia de eso (al más puro estilo de Edipo) se podrá comenzar a construir una historia alterna, ya no bajo la mirada del deseo del Otro, sino de acuerdo al propio deseo que le habita.

El síntoma que se viene arrastrando en la vida tiene que ver con eso que la madre/padre ha depositado en el hijo, lo que representaba. El hijo como significante. El paciente que se queja de algún malestar es que precisamente está llevando al pie de la letra el síntoma heredado por sus padres. Claro que ese “destino” se puede esclarecer y con ello comenzar a escribir un guion diferente, el primer paso es dar cuenta de que el malestar que lo paraliza no es propio, es una herencia.

¿Cómo se va constituyendo el deseo del padre/madre hacia sus hijos? Desde la más tierna infancia de los propios padres, es decir, cuando el padre/madre en la infancia recreaba las escenas al jugar ser papá o mamá, desde allí se iba estructurando ese deseo, desde allí se comenzaba a gestar la función paterna. Con el mismo esmero, pasión, dedicación que la niña juega a cuidar, amar, proteger a sus muñecas, será la misma entrega en su deseo de ser madre, lo mismo pasaría con el varón. Ahora bien, habrá casos en que el niño/niña renuncie al juego, quizá con ello está renunciando a su posible función paterna y con ello las consecuencias en la vida adulta.

El lugar que ocupaban los hijos en la fantasía de los padres en su propia infancia se cumplirá tal cual cuando crezcan y vean en sus hijos plasmados esos juegos que llevaban a cabo en su infancia. Es por eso la importancia de escuchar a los niños en sus juegos de fantasía sobre todo los que tienen que ver con los de rol padre/madre: “yo quiero tener tres o cuatro hijos”, es en ese momento, en el discurso del niño, que está comenzando a nacer el hijo en su fantasía.

Por lo tanto, irremediablemente, la vida del paciente, de quien acude al consultorio, es un reflejo de dichos acontecimientos de la primera infancia de sus propios padres.

1 Freud, S., La interpretación de los sueños, (1900), AE, volumen V. p. 479

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La verdad está en el inconsciente

Escribe: Carlos Arturo Moreno De la Rosa

 

“Atribuimos a la cultura y a la educación una gran influencia sobre el despliegue de la represión, y suponemos que sobreviene en la organización psíquica una alteración, a consecuencia de la cual lo que antes se sentía agradable aparece ahora desagradable y es desautorizado con todas las fuerzas psíquicas”

(S. Freud en El chiste y su relación con lo inconsciente, AE VIII, p 95)

El trabajo en un psicoanálisis consiste en desvelar -quitar el velo- que cubre el deseo del ser humano. ¿Por qué es necesario esto? Porque precisamente ese conflicto que se da entre lo que sucede en el interior del ser humano y lo que se le ha impuesto trae consigo el malestar.

La experiencia analítica encuentra su lugar cuando el paciente se permite decir todo cuanto se le ocurra, de esa manera el paciente se convierte en un analizante, es decir, en una persona que se va escuchando poco a poco y va construyendo un sujeto del inconsciente. ¿Cuál es la función del analista? El analista está allí para ser testigo de que se está llevando a cabo un análisis. La atención flotante del analista escucha lo que el inconsciente intenta trasmitir, ya sea a través de un lapsus, un olvido, un chiste, un sueño, que son propiamente las manifestaciones del inconsciente.

¿Por qué podríamos estar tan seguros de que en el inconsciente está la verdad? Recientemente leyendo el libro “El chiste y su relación con lo inconsciente” (1905) de Sigmund Freud, en donde escribe el famoso chiste del “famillonarmente”, un juego de palabras en donde se mezcla “familiar” con “millonario” es decir, a un sujeto lo trataron familiarmente por confundirlo con un millonario. Tratando de comprender el chiste, recurro a otra fuente: “El sur como disculpa” de Federico J. C. Soriguer Escofet, en donde nos cuenta que él había leído el chiste en una edición que por error había traducido la palabra “famillonarmente” por “familiarmente” perdiendo con ello el chiste.

Lo que llama la atención es la analogía que ocurre de ese error de edición. Así trabaja nuestra estructura psíquica. Dentro del ser humano existe una instancia que se va a encargar de censurar, corregir, borrar, reprimir, editar, etc. El Yo y lo que se desprende a la postre de él, el Superyó, hacen la función, entre otras cosas, de ser un “corrector de estilo” en donde dedica gran parte de su fuerza a corregir los “malos pensamientos y deseos” del sujeto, hasta en muchos casos hacerlo sentir miserable.

El yo cumple la función de editar el deseo que habita al ser humano. Se encarga de traducirlo, otras censurarlo, desplazarlo, sustituirlo, suplirlo, etc., pero muchas de las veces se le escapa y es allí donde el analista pone atención; el material que la razón desdeña, el analista lo recupera para ir construyendo junto con el paciente en su devenir como sujeto del inconsciente.

Por lo tanto, podríamos decir que el ser humano es un ser auténtico cuando se equivoca, cuando olvida algo, cuando cambia una palabra por otra, cuando está enojado y dice lo que siente. El ser humano es auténtico cuando duerme y sueña su deseo. El ser humano deja ver su parte auténtica cuando cuenta un chiste y deja entrever por dónde es que anda su inconsciente. El error, el olvido, el lapsus, el acto fallido nos dicen más de la persona que cualquier otra cosa.

El chiste, el sueño, el error, el acto fallido, un lapsus, un olvido, peculiaridades que son inservibles para el sistema, forman la piedra angular para el psicoanálisis. No hay lugar para la verdad en un sistema que se ufana de ser la sociedad del espectáculo, la cultura de la vacuidad, la civilización líquida.

La verdad está en el inconsciente. Diga todo cuanto se le ocurra, que tarde o temprano el inconsciente hará de las suyas.

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